#HiloAPTC

Yo no sé si ha sido el confinamiento, pero esta Pascua se me ha pasado volando.

En el calendario cristiano vienen ahora unas fiestas llenas de significado. Con este hilo no se te olvidarán jamás. Te voy a explicar la regla del A-P-T-C ¿Te APeTeCe? #HiloAPTC #Ascensión

Bueno, ahí está la regla mnemotécnica para recordar las fiestas con las que se concluye el tiempo Pascual y que nos van a ocupar los cuatro próximos domingos: Ascensión, Pentecostes, Trinidad y Corpus. Sus iniciales forman la palabra «apetece» Ya os expliqué en el #HilodelaCeniza que la Pascua es la fiesta más grande del calendario cristiano y que todo el año litúrgico gira en torno a ella. Si lo queréis releer pincha en este enlace…
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Es tan importante, que se prepara durante 40 días antes (la Cuaresma) y se celebra durante 50 días después (el tiempo pascual). En total, una cuarta parte del año. Bueno, en realidad, la Pascua se celebra todo el año. Porque cada vez que celebramos la Eucaristía, estamos haciendo presente el misterio pascual de Cristo que ha muerto (muere en ese momento) y ha resucitado (resucita ahí, en directo). 

Esto es muy importante que lo sepas porque en la Eucaristía no solo «recordamos» la última cena, el sacrificio de Cristo en la Cruz muriendo por nosotros y resucitando, sino que ¡vuelve a suceder! ¡O sucede por primera vez! Uno de los documentos del Concilio Vaticano II lo expresa así: «La obra de nuestra redención se efectúa cuantas veces se celebra en el altar el sacrificio de la cruz, por medio del cual «Cristo, que es nuestra Pascua, ha sido inmolado»» (LG, 3) «Se efectúa», dice. 

A lo mejor vas a Misa como el que va al cine, ves la peli y te vas. Pero la Eucaristía es algo muy gordo, un misterio que pocas veces llegamos a entender del todo porque supera nuestras capacidades humanas. ¿O sea que Cristo no murió y resucitó por mí en el siglo I, sino que eso va a pasar hoy cuando vaya a Misa? Digamos que sí pero no. Efectivamente, Cristo murió y resucitó en el siglo I, pero como Él no está ya sometido a las leyes del espacio y del tiempo, quiso quedarse con nosotros PARA SIEMPRE, de esta forma, en un bucle infinito. 

O sea que no tienes que viajar hasta un agujero negro para comprobar la curvatura del espacio-tiempo, sino que aquí en la Tierra, abajo en tu parroquia, se están produciendo a diario fenómenos cósmicos y tú sin enterarte. Bueno, al lío, que pierdo el hilo Decía que la Pascua es el centro, y que el resto de las fiestas del año dependen de ella. Y para terminar el gran periodo festivo, la traca final que es la cincuentena Pascual, viene el remate de las 4 fiestas A-P-T-C Como esos truenos finales que rematan un espectáculo pirotécnico. 

La primera es la de la ASCENSIÓN, que en muchos países celebrasteis este jueves, pero que en otros muchos celebraremos hoy domingo. La Ascensión es la fiesta en la que conmemoramos que Jesús, tras resucitar y aparecerse durante cuarenta días a sus discípulos hablándoles del reino de Dios, ascendió a los cielos. Lo cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles (1, 1-11) Por eso, cae en jueves, 40 días de apariciones desde el domingo de Pascua (inclusive) Hay otra regla nemotécnica para recordar las fiestas cristianas que caen en jueves en forma de cancioncilla. Seguro que la conoces: 

Tres jueves hay en el año
que relucen más que el sol
Jueves Santo, Corpus Christi
y el Día de la Ascensión. 

En mi ciudad (como en muchos otros lugares del mundo) solo el Jueves Santo sigue celebrándose en jueves; las otras dos se trasladaron al domingo siguiente, para facilitar que los fieles podamos celebrarlas convenientemente, ya que no son festivos en el calendario laboral. Así pues, hoy domingo, VII de Pascua, muchos celebraremos la Ascensión del Señor. Con esta fiesta digamos que se completa el círculo. Dios ha «bajado» a la Tierra para salvar al hombre y ahora vuelve a «subir» al cielo a prepararnos sitio, marcándonos el camino que hemos de seguir. 

La Ascensión es una llamada a la santidad, a no quedarnos (como los discípulos en el episodio que narra Lucas en el libro de los Hechos) plantados mirando al cielo, sino a ponernos a trabajar para poder estar un día junto a Él. Fijaos que he entrecomillado los verbos subir y bajar porque obviamente Dios ni bajó ni subió físicamente.

El cielo no está arriba y nosotros abajo. Dios no contempla el planeta Tierra desde Ganímedes Son términos que se usan dentro de un lenguaje figurativo para explicarnos lo que no se puede explicar con palabras porque el cielo no es un lugar físico alejado de la Tierra, sino un estado del ser. El mismo lenguaje simbólico lo usamos cuando decimos «me he venido arriba», en el sentido de crecerse; o «qué subidón» cuando uno tiene la adrenalina alta. Son «elevaciones», «ascensiones» simbólicas. 

Y es que el Reino de los cielos ya ha llegado. Está aquí mismo, presente de forma misteriosa entre nosotros. Por eso podemos rezar y ser escuchados sin que nuestra voz tenga que viajar años luz para ser escuchada «allá arriba». Por eso, la experiencia creyente hace que nos sintamos acompañados y consolados sin que tenga que «venir» nadie, sino que notamos a Dios o a María o a los santos cerca. ¡Porque están aquí mismo! No tienen que viajar desde ningún sitio. La comunicación cielo-tierra no es vertical, es transdimensional. 

Bueno, pues después del domingo de la Ascensión, el siguiente será PENTECOSTÉS. Ya te expliqué también en el #HilodelRocío por qué es la segunda fiesta cristiana más importante (rivalizando con la Navidad). Para saber más, puedes leer el hilo aquí

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Hoy es el domingo de Pentecostés que marca el final de la cincuentena pascual, el tiempo litúrgico que sigue a la fiesta más importante del año para los cristianos: la Pascua de Resurrección del Señor.

En Pentecostés, concluimos el tiempo Pascual coincidiendo con los judíos, 50 días después de la Pascua. En esta fiesta celebraremos la «bajada» (otra vez entrecomillada) del Espíritu Santo sobre la Iglesia reunida en el cenáculo. Jesús se ha «ido», pero no nos deja solos, sino que nos envía a un abogado defensor (el paráclito, en griego) El Espíritu es absolutamente fundamental para la vida cristiana. No podemos vivir sin Él. 

Ni aunque vieras al Resucitado (como les pasó a los discípulos) tendrías una vida cristiana si no viniera sobre ti el Espíritu. El Espíritu es el que hace que Jesús nazca dentro de ti, te resucita por dentro. Ese Espíritu es el que te hace ver como actual el misterio de la muerte, resurrección y ascensión del Señor. Es Él quien le dice a tu corazón: Cristo está vivo, hoy, y te ama. Si tienes esta fe, el Espíritu habita en ti. No es mérito tuyo, sino un don del cielo. Por eso decimos en el Veni Creator (un himno antiquísimo) que el Espíritu es «don de Dios altísimo». 

Esto nos prepara para explicar la siguiente fiesta, que se celebra el domingo después de Pentecostés, ya fuera del tiempo pascual. Te hablo de la solemnidad de la SANTÍSIMA TRINIDAD 

Ya sabes que este es el gran misterio de la fe cristiana. Tres personas que son un solo Dios. ¿Cómo se explica? Imposible, muy difícil siquiera acercarnos. A mí me gusta decir que la Trinidad es la forma necesaria de ser de un Dios que es Amor. No es un Dios que ame, sino que ES amor. El amor no puede vivirse en soledad. Necesita de otra persona. Y para ser perfecto este amor mutuo, necesita no encerrarse sino abrirse a un tercero. 

¿Quieres saber qué es el amor? Mira a la Trinidad: comunidad perfecta de amor. Por eso, la familia cristiana (indisoluble, abierta a la vida…) es reflejo de la Trinidad: dos abiertos a un tercero (los hijos). 

Por eso, la familia está en el plan de Dios-Trinidad. Dios-Amor nos creó «a su imagen y semejanza». Por eso, la Iglesia se pone tan seria defendiendo a la familia, no por odio ni fobia contra quien no quiera aceptarla como modelo, sino porque quiere que los hombres y las mujeres experimenten la belleza del amor que Dios ha dejado inscrita en nuestros genes. 

La diferenciación sexual nos pone en relación al otro, nos llama naturalmente a la comunión con el otro, de la que brota un tercero. Tu ser hombre o ser mujer no es casual, ni fruto de un capricho de la naturaleza, sino una invitación al amor verdadero de quien es el Amor verdadero. 

Luego, tú haz lo que te dé la gana con tu vida, por supuesto, para eso Dios te ha dado la libertad. Dios te va a amar igual, pero te estarás perdiendo el regalo que Dios tenía pensado para ti Sobre esta llamada a la relación que todos tenemos, Benedicto XVI ahondaba diciendo que a Dios Trinidad «lo podemos intuir, en cierto modo, observando tanto el macro-universo —nuestra tierra, los planetas, las estrellas, las galaxias— como el micro-universo —las células, los átomos, las partículas elementales—.

En todo lo que existe, está grabado, en cierto sentido, el «nombre» de la Santísima Trinidad, porque todo el ser, hasta sus últimas partículas, es ser en relación y así se trasluce el Dios-relación, se trasluce en última instancia el Amor creador». 

«Todo proviene del amor, tiende al amor y se mueve impulsado por el amor», finaliza el papa emérito. Y aquí enganchamos también ya con la última de las fiestas, la del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, el CORPUS CHRISTI, en la que cantamos al «Amor de los Amores». 

Una fiesta grande grande en la que celebramos que Dios se hace pequeño pequeño. Dice el papa Francisco que «el amor hace obras grandes con lo pequeño. La Eucaristía nos los enseña: allí está Dios encerrado en un pedacito de pan. Sencillo y esencial, Pan partido y compartido, la Eucaristía que recibimos nos transmite la mentalidad de Dios» ¿Y cuál es la mentalidad de Dios?

La Trinidad nos lo explicaba, la de entregarnos a los demás, la donación al otro. Dice el papa que la Eucaristía es «antídoto contra el “lo siento, pero no me concierne”, contra el “no tengo tiempo, no puedo, no es asunto mío». En tiempos duros como los que estamos viviendo y nos quedan por vivir, la Eucaristía es el alimento que necesitamos para llevar el consuelo de Dios al mundo. 

En el «dadles vosotros de comer» que pide Jesús a sus discípulos, encuentra sentido toda la labor que la Iglesia a través de Cáritas y tantas instituciones católicas realiza por los más vulnerables. 

Cáritas es Eucaristía, Cáritas es amor trinitario, Cáritas es el soplo del Espiritu que nos hace salir de nuestro egoísmo, Cáritas es la presencia diaria de Cristo entre nosotros. 

Lo escucharemos en el Evangelio de hoy, fiesta de la Ascensión, primera de las cuatro del APTC: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos». Ya sabes, Él ha «ascencido», pero está contigo todos los días: está en la Palabra de Dios, está en la Eucaristía, está en la familia, está en el hermano que sufre… 

Si quieres, puedes «subir» donde Él. ¿Qué dices? ¿Te APTC? #FindelHilo.

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