#HilodeBabel

Déjame que te cuente hoy una de las historias más fabulosas de la historia de la humanidad. Un relato actual con un mensaje absolutamente necesario para salir de la crisis. Y lo haré con la ayuda de este cuadro de Pieter Brueghel el Viejo. Es el #HilodeBabel#HiloLargo

Seguro que la oíste de pequeño. Te la contaron tus padres, tu profesor, o la leíste en alguna biblia infantil. Seguro que en tu imaginación aún la recuerdas como una historia fantástica. Si no te suena, te la recuerdo rápidamente. 

La recoge el capitulo 11 del libro del Génesis, que, como su propio nombre indica, es el libro que explica el comienzo de todo, los más ancestrales relatos contados de generación en generación.

Anoche mismo, se leyó en muchas parroquias, en la Vigilia de Pentecostés. Miles y miles de años de tradición oral y luego escrita llegan a nuestros oídos hoy con una fuerza brutal; cargados de sabiduría para explicarnos cosas que en la actualidad toda nuestra tecnología y conocimientos científicos no pueden explicar. 

Dice la Biblia que «Toda la tierra hablaba la misma lengua con las mismas palabras. Al emigrar del oriente, los hombres encontraron una llanura en el país de Senaar y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros: «Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos». Emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de cemento. Y dijeron: «Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance al cielo, para hacernos famosos, y para no dispersarnos por la superficie de la tierra». «El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres; y se dijo: «Son un solo pueblo con una sola lengua. Si esto no es más que el comienzo de su actividad, nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Voy a bajar y a confundir su lengua, de modo que uno no entienda la lengua del prójimo». El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad. Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra». Hasta aquí la cita. 

El cuadro de Brueghel el Viejo (se le llama «el Viejo» para diferenciarlo de sus hijos que también fueron grandes pintores) es una auténtica obra maestra y actualiza a su época (s XVI) el relato bíblico, como voy a hacer yo hoy. Si te fijas tiene cientos de personajes repartidos por todo el cuadro en diferentes planos. Algunos comparan los cuadros de este autor con el moderno género del cómic.

Y es que ciertamente puedes pasarte una tarde entera contemplando este cuadro escena a escena, viñeta a viñeta Si quieres contemplar el cuadro al más mínimo detalle, y tienes espacio en el disco duro, te invito a descargarte esta versión de 218 megas y disfrutarlo en pantalla grande upload.wikimedia.org/wikipedia/comm… 

Yo lo he hecho y me he tirado horas con él, zoom arriba y zoom abajo. Mira, por ejemplo estas 3 escenas. Son cada una un cuadro en sí mismas. Pero ¿en qué parte del cuadro están? ¿Jugamos a «Where’s Wally?»? A ver si las encuentras…

¡Hay hasta un caganer! Y es que Brueghel era muy bromista. Busca, busca 😜 El pintor actualiza el mensaje bíblico y planta la torre en mitad de una ciudad de su tiempo. Parece que podría ser Amberes, una de las urbes que mejor conoció el pintor. Una ciudad cosmopolita gracias a su afamado puerto comercial, donde se hablarían decenas de lenguas. En primer plano, Brueghel nos presenta a un rey con su cohorte visitando las obras mientras los canteros le rinden pleitesía.

Aunque la Biblia no lo dice directamente, la tradición atribuía al rey Nemrod, bisnieto de Noé, la construcción de la torre. Pero el rey que nos muestra el cuadro va vestido como los reyes del renacimiento. Y es que, con este cuadro, al parecer Brueghel quiere hacer una crítica a la poderosa dinastía de los Habsburgo. Si ahondamos un poco podemos ver muchas pistas de que esto es así. Ojo, no soy historiador, ni sé nada de arte, es una suposición que podéis rebatirme perfectamente. Os ruego que lo hagáis si me equivoco, que lo hago seguro. 

Pero dejadme aventurar… 

Los Habsburgo habían querido mantener a toda costa la unidad católica en su imperio, pero la reforma luterana sumió a Europa en una profunda crisis y finalmente tuvieron que ceder firmando la famosa paz de Augsburgo (1555). Con este documento, sellado por el representante del emperador Carlos V y la Liga de Esmalcalda (nobles protestantes opositores al rey) se permitía que cada príncipe eligiera para su Estado la confesión que quisiera. 

Y los súbditos tenían que acatar la decisión bajo la frase: «cuius regio, eius religio». Algo así como: «según quien sea tu rey, esa será tu religión». En caso de no estar de acuerdo, se les permitía, eso sí, mudarse. Entiendo que a Brueghel, como católico, no le haría ninguna gracia esa decisión. Así que… 

¿Y si «La torre de Babel» que Brueghel pintó en 1563 fuera su particular visión sobre la descomposición de la unidad católica? Porque, ¿no fue acaso el escándalo de la venta de indulgencias papales uno de los motivos que esgrimió Lutero para enfrentarse a Roma? ¿Y para qué se vendían estas bulas? ¡Ajá! Para construir el mayor edificio de la historia de la cristiandad, la imponente Basílica de San Pedro. Una imagen de la Torre de Babel. 

¿Y qué otro motivo enfrentó a Lutero con Roma? ¿No fue su particular traducción de la Biblia del latín al alemán? Como en Babel, la maldición de las lenguas que son origen de divisiones y faltas de comunión. Repito que hablo sin conocimiento, pero a mí hasta me parece ver en el consejero que acompaña al rey y que le dirige la palabra una caricatura (Brueghel, ya lo he dicho, era muy aficionado a la sátira) del mismísimo Lutero. Aquí os pongo un retrato de él para que me digáis si podría ser o no…

No sería la primera vez que lo hacía porque también le atribuyen otra caricatura del monje alemán en un cuadro suyo anterior, «El combate entre don Carnal y doña Cuaresma». Os pongo el detalle de la supuesta caricatura.

El rey del cuadro estaría prestando oídos a las nuevas ideas de su particular «asesor» y obligando a sus súbditos a obedecerle. Pero dejemos las elucubraciones y vayamos a lo que sí vemos en el cuadro sin ningún género de dudas. La torre es imponente, absolutamente descomunal, los hombres parecen hormigas, los castillos, murallas, iglesias, naves y edificios de todo tipo que podemos ver en el cuadro parecen ridículos al lado de esa gran mole. 

Sin embargo, lejos de despertar admiración, la torre ofrece una imagen lamentable. No se sabe si se está construyendo o demoliendo. Aunque parece estar cimentada sobre roca, su aspecto es inestable. Pareciera estar a punto de colapsar sobre la ciudad que le da cobijo. 

Mientras algunos se afanan por rematar la cima más allá de las nubes, algunos están todavía trabajando en los cimientos. Están, como se suele decir, comenzando la casa por el tejado. Un caos. La metáfora de la ruina del hombre que se cree como Dios, que quiere ocupar el lugar de Dios, que quiere que los hombres se arrodillen ante él antes que ante Dios. 

La metáfora de lo efímero del esfuerzo humano, de la locura de la vanidad y la soberbia que ciegan la razón y nos ofrecen promesas que son humo. Investigando en las posibles inspiraciones que sirvieron a Brueghel para realizar la obra, encontramos más significado aún. La torre recuerda a los zigurats, esos templos en forma de pirámide de la antigua mesopotamia en los que centran sus investigaciones los que pretenden encontrar la torre de Babel original.

Pero si te digo que nuestro amigo «el Viejo» estuvo algunos años trabajando en Roma… ¿Qué gran edificio de la ciudad eterna crees que le pudo servir de inspiración? Fíjate en los arcos, en las estructuras internas… ¡Efectivamente! Este

Y es que las ruinas del Coliseo son otro gran símbolo de la soberbia de quienes pensaban que su obra duraría para siempre; de quienes, enfrentándose a Dios (en su arena encontraron la muerte numerosos mártires), terminaron cayendo. En el cuadro vemos los efectos de la desunión, de la falta de comunión entre los hombres: la ruina y el caos. 

Pero vamos a explicar bien, ya no el cuadro, sino el pasaje bíblico. Si no eres creyente, hasta aquí hemos llegado con el hilo de hoy; algunas curiosidades y datos de la obra y poco más, pero si eres creyente o al menos estás abierto a descubrir cosas nuevas, ahora viene lo bueno. 

Porque como cuento para explicar a los niños el porqué de la pluralidad de lenguas es estupendo, pero seguro que a ti, ya como adulto, no te convence. Y es que no, la Biblia no es un libro de historia (aunque la contiene), ni es un libro científico (aunque tiene aspectos útiles). Ni la historia ni la ciencia son sus objetivos. 

Es un libro en el que Dios se autorevela, nos habla de quién es y nos ofrece el camino para llegar a Él, puesto que Él es la respuesta a todas nuestras dudas, no históricas, ni científicas; sino personales, sociales y existenciales. Y es que Él es la respuesta a nuestro anhelo de amor, de felicidad y de eternidad. Lo explica el Concilio Vaticano II diciendo que «dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo» y que, por esta revelación, «Dios invisible habla a los hombres como amigos movido por su gran amor». 

Sin embargo, cuando leemos la historia de la Torre de Babel, como ocurre con algunos otros pasajes bíblicos, encontramos a un Dios poco amoroso, que castiga las malas acciones de los hombres. En este caso es evidente. La soberbia es castigada con la división de lenguas. Pero hay que entender que, para la mentalidad semítica, todo viene de Dios: lo bueno y lo malo es de Dios. Dios premia y castiga.

Una buena salud es el premio de Dios a una moral recta, mientras que la enfermedad es el castigo por el pecado. 

Jesús se encarga de explicar bien que esto no es así (Dios se va revelando poco a poco desde tiempos remotos y llega a su plenitud en Jesús que es la Palabra hecha carne). Y lo hace en el pasaje en el que cura al ciego de quien le preguntan si pecó él o sus padres para estar así. «Ni pecó este ni sus padres, sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él», les responde. Dios quiere que todos los hombres se salven, y las cosas aparentemente malas que nos ocurren en la vida están para ayudarnos a llegar a Él. 

Como expliqué en el #HilodelCoronavirus, Dios no nos ha castigado con una pandemia por nuestro pecado como algunos erróneamente creen. Ese no es la forma de hablar «a los hombres como amigos movido por su gran amor». Pero claro que hay un mensaje detrás. Con ese fenómeno natural, no directamente provocado sino como parte de la contingencia de la creación, sí que nos está mandando un mensaje. Un mensaje que ya estaba escrito desde antes de que existiera el planeta tierra. El mensaje es: no construyas tu casa sobre arena, porque viene una crecida y de un plumazo todo en lo que habías puesto tu vida (salud, dinero, bienes materiales), desaparece, como nos ha pasado ahora. 

Cuando construyas, hazlo sobre la roca que es Dios. Si lo metes en la ecuación, podrás pasar por encima de crecidas y torrentes, porque tu vida no se apoyará sobre cosas que se pueda llevar el agua. El episodio de Babel también tenía escrito un mensaje previo. Pero para entenderlo bien hay que escudriñar un poco más la escritura. Según la traducción que hemos leído, los hombres querían hacerse «famosos», pero el texto hebreo dice exactamente que querían «hacerse un nombre». ¿Qué es «hacerse un nombre»? Una forma de perpetuarse, de hacerse inmortales.

Es el mismo pecado de Adán y Eva a quien la serpiente le prometió «ser como dioses» si accedían a comer el fruto del árbol. Ponerse por encima de Dios, tratar de vivir sin Él, intentar independizarnos de quien es el origen y sentido de nuestra vida nos lleva (de forma consecuente, no por «castigo directamente infligido») a la desgracia, a la desolación, a la muerte. Y es que ¿sabes qué nombre nos da verdaderamente la inmortalidad? ¿qué nombre nos otorga hacernos «famosos» en el sentido de perpetuarnos para siempre? 

El «nombre sobre todo nombre» del que habla San Pablo a los Filipenses: el nombre de Jesús, muerto y resucitado para siempre y que ha abierto el cielo para nosotros. Dice Pablo en esa carta (Cap 2) que, a Jesús, Dios «lo exaltó hasta lo sumo» (lo más alto de la torre) «para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla» (las de los obreros, las del rey Nemrod y las de los reyes de todas las épocas) «y toda lengua (atención, ¡toda lengua!) confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre».

Madre mía, qué concordancia. 

Y otra cosa a tener en cuenta del texto es que dice que los hombres decidieron hacer la torre con ladrillos en lugar de con piedras. Otro rasgo de soberbia: querer igualarse a Dios usando la materia prima con la que él nos hizo, el barro. Tocar al ser humano, el culmen de la creación, es uno de los pecados más graves; y hoy en día, la vida de muchos hermanos nuestros no vale un céntimo.

No te hablo solo de los abusos en bioética, sino en la economía, en los derechos humanos… Comencé el hilo (y ya estoy acabando) diciendo que la Torre de Babel nos puede ayudar a salir de la crisis. ¿Cómo? La fiesta de hoy, Pentecostés, nos lo explica. Y es que, junto a esta lectura de la Torre en la vigilia, en la Misa del día se ha leído el pasaje de los Hechos de los Apóstoles en el que estos reciben el Espíritu Santo. Se manifiesta en forma de viento fuerte y fuego y les hace hablar lenguas extrañas de forma que cada uno que lo oía lo hacía en su propio idioma. 

La «maldición» de la separación de los hombres, de la imposibilidad de entenderse unos con otros, desaparece al soplo del Espíritu. Pentecostés cura a Babel. Frente a la confusión, comunión. El Espíritu (Dios) nos ayuda a entrar en comunión unos con otros, nos ayuda a entendernos aunque seamos cada uno de ideas distintas, de distintas formas de ser, aunque tengamos distintas concepciones del mundo… 

Para salir de la crisis hay que construir una torre que nos proteja del coronavirus. Pero podemos construir una ruinosa o una verdaderamente eficiente. Por muchos millones de dólares o de euros que los bancos centrales inyecten, por muchos planes de recuperación que se pongan en marcha, por muy rápido que salga la vacuna, por muy alta que sea esta torre, todo puede quedar en nada si no lo hacemos en comunión. Yo sé que si no eres creyente todo esto de contar con Dios te sonará a chino.

¡Uy, perdón por la frase hecha en este contexto! 😅 Pero mira, también con los chinos hay que entenderse para salir de esta. 😉 ¿No fueron precisamente las dificultades de comunicación de China con el resto del mundo y del resto de las naciones entre sí las que provocaron que la epidemia se convirtiera en pandemia? ¿No son los deseos de cada potencia de estar por encima de las demás, de construir la torre más alta los que nos están llevando a una situación de crispación y crisis diplomática? ¿No es increíble que en la época en la que más avanzados son los medios de comunicación sea cada vez más difícil encontrar en ellos la verdad? La paradoja de la comunicación digital ¿Qué nos está pasando?

Que, sin Dios, estamos como los personajes del cuadro, trabajando cada uno por su lado, afanados en lo que no tiene futuro. Nos falta perspectiva. Tu verdad no es la verdad, ni la del presidente chino, ni la del presidente norteamericano, español, mexicano o colombiano.

Para eso hay que escuchar, tenemos que bajar cada uno de nuestra torre y escuchar. Y si escuchamos con el corazón blando, no buscando dónde está el fallo del otro sino dónde puede estar su parte de verdad y trabajamos juntos por ella, podremos salir de esta. Dentro de la Iglesia pasa lo mismo. Si no hacemos un esfuerzo por entendernos, si solo buscamos el conflicto creyéndonos todos saber más que el papa, nos volverá a pasar como en la época de Brueghel. 

Hace falta humildad para ver esto. Humildad para no creernos dioses, para saber que Dios, a través del Espíritu Santo, se hace presente en todos, en la humanidad entera. También en el que no piensa como nosotros, también en el que no cree como nosotros. Pasar del yo al nosotros, esforzarse por entender al otro en su idioma, pedir a Dios el don de su Espíritu, comprender que solo Dios puede darnos la verdadera fraternidad. 

Porque solo el mensaje de «amaos los unos a los otros como yo os he amado» puede salvarnos de la barbarie. Si no ponemos al hombre y a la mujer en el centro de nuestras políticas, si primamos el beneficio económico de unos pocos, la geopolítica o la ideología, construiremos de nuevo una aparentemente bella pero totalmente inestable torre. 

Que caerá, como parece que va a pasar en el cuadro de «el Viejo» encima de nuestra ciudad, aplastándola. Y es que solo podemos ser hermanos de verdad si reconocemos un padre común.

Si no, lo siento mucho, seguiremos construyendo unos contra otros, como en la magnífica Torre de Babel de Brueghel #FindelHilo

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2 respuestas a «#HilodeBabel»

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