#HilodeFátima

Hoy, 13 de mayo, es la fiesta de Nuestra Señora de Fátima. Conozco a mucha gente a quien las historias de apariciones, aunque sean de la Virgen, les dan un poco de escalofríos. El mensaje de hoy es muy claro: ¡No temas! #HilodeFátima#VirgendeFátima

De pequeño me encantaban los programas de misterio, ¿os acordáis de Jiménez del Oso? Era el Iker Jiménez @navedelmisterio de nuestra generación. 

Era la época del Beta y el VHS, y ver películas de terror del videoclub era uno de los entretenimientos favoritos de los de nuestra generación. Pero luego, la verdad es que uno lo pasaba mal cuando se quedaba solo… ¿Te acuerdas? 

Fantasmas, apariciones, fenómenos paranormales, niñas endemoniadas… lo típico. Yo llegué al punto de pasar bastante miedo en algunas ocasiones cuando me quedaba a oscuras o solo en casa… Gracias a Dios, este miedo irracional fue desapareciendo conforme fue creciendo mi amistad con Jesús y conociéndolo racionalmente. 

Pero, ¿qué estás diciendo? ¿Cómo va a ser racional tener amistad con un humano fallecido hace 2.000 años? Te equivocas si crees que fe y razón son incompatibles.

Es mi razón la que me hace ver los signos inequívocos de la existencia de Dios en mi vida. En momentos puntuales, que tengo marcados como hitos en el camino, Dios me ha mostrado su fuerza, su poder y su amor. Mi razón me hace ver en la vida y en la muerte de Jesucristo la verdad más profunda del hombre, que no está en el poder humano, ni en el egoísmo, ni en el dinero, sino en la sencillez, en la entrega, en el amor. 

Cuando, con la ayuda de la gracia, yo he imitado esa vida desapegada de los bienes materiales, humilde y de entrega, he experimentado (¡Con mi razón, con qué si no!) una felicidad que no me ha aportado ninguna otra propuesta de las que abundan en nuestro mundo. Solo desde el método científico, o sea, experimentándolo por ti mismo y comprobándolo una y otra vez, puedes conocer que Dios existe verdaderamente y te ama. ¿Has hecho alguna vez la prueba de abandonarte a Él? Yo hice el salto al vacío y os prometo que aquello me cambió. 

Pero volvamos al tema. ¿Cómo ayuda la fe a perder el miedo? Pues principalmente porque te hace sentirte cuidado, acompañado en cada momento, nunca solo. Si Dios está conmigo, ¿qué podrá hacerme el hombre? La fe en la resurrección, la promesa de la vida eterna quita el miedo a la muerte y hace desvanecerse cualquier otra creencia extraña. Si la muerte ha sido vencida. ¿A qué otra cosa temer? Solo a una: a no ir al cielo. Porque el infierno no es un cuentito asustaviejas. Es real y una posibilidad que nunca hay que despreciar. No temo a que Dios me condene (¡Si Él es todo misericordia!), sino a perder yo el norte e irme por el mal camino, a torcer mi rumbo… 

Se empieza por no ver al hermano más cercano, su sufrimiento, su dolor. Se sigue centrándose uno solo en su bienestar, su placer, su gusto, su comodidad… y se termina endiosándose uno a sí mismo de tal manera que ya no ve a nadie más que a sí mismo. Si Dios no es necesario, porque yo soy Dios; una vez que se te acaba esta vida –porque a la hermana muerte, como la llamaba San Francisco, no la sortea nadie–, ¿cómo encontrar el camino al cielo? 

No puedes 

Y esa es más o menos mi idea del infierno, un laberinto infinito de soledad en el que no puedes contemplar la belleza, la bondad y el bien, porque solo puedes verte a ti mismo; y en el que das vueltas y vueltas ¡POR TODA LA ETERNIDAD! Un círculo vicioso del que es imposible salir y del que Dios no puede rescatarte porque dándote la libertad ha perdido, en cierta medida, su poder contigo. ¿A que eso sí da escalofríos? Un laberinto eterno de soledad… 

El camino contrario al infierno es la santidad. Por eso la evangelización, por eso la Iglesia, por eso el bautismo… «Sed santos porque yo, Yahveh, vuestro Dios, soy santo» (Lv 19,2) «Sed perfectos como vuestro padre celestial es perfecto» (Mt 5, 48) ¿Qué significa ser santos? Pues ser como Dios es. Recuperar esa «imagen y semejanza» del Génesis que perdimos por el pecado. Y Dios no se olvida del pequeño, del que sufre, del que menos tiene. Dios es compasivo ¿Lo eres tú con tu prójimo? Dios es generoso ¿Lo eres tú en esta pandemia? Dios no toma en cuenta el mal ¿Cómo te llevas con tu enemigo? Dios dio su vida por ti ¿La entregas tú por otros? Y por eso la llamada a la santidad que la Iglesia renueva constantemente. Todos estamos llamados a ser santos, no es algo para unos privilegiados. Ya he contado muchas veces que uno de los momentos cruciales de mi vida fue este:

Yo tenía 15 años y aluciné con estas palabras de San Juan Pablo II. ¿Yo ser santo? ¿Pero eso es para gente un poco rara no? Pero no, fíjate que relaciona santidad con libertad. Ser santo te hace auténticamente libre frente a las esclavitudes del mundo, frente a las esclavitud de mirarte solo a ti mismo.

 ¡No tengáis miedo! Volvemos al tema del principio del hilo. ¿Porqué vamos a temer a Dios? ¿Qué mal puede hacernos quien ha dado su vida por nosotros? ¿Sabes quién teme a Dios? El mal que habita en nosotros y que odia a Dios, no soporta su luz. Por eso trata 24/7 de apartarnos de Él y nos infunde miedo a hacer su voluntad, a seguirle… ¡No te dejes engañar! ¡No tengas miedo a tu padre bueno que solo quiere lo mejor para ti! La vida cristiana no quita nada, y lo da todo. La vida cristiana es garantía de felicidad. 

La vida cristiana es un fenómeno paranormal que está ocurriendo ahora mismo. Yo, quizá a miles de kilómetros de ti, estoy escribiendo esto que está removiendo tu espíritu y le está diciendo ¡sal de esa esclavitud, de ese pecado! y vuelve al encuentro con tu Padre. Él te espera con los brazos abiertos, quiere sacarte del infierno en que vives que es tu egoísmo, tu «yocentrismo» y quiere ponerte de cara a los demás, quiere que vuelvas a mirar al prójimo con la mirada de amor de la que Dios te dotó y que perdiste por el pecado 

Quiere que seas santo, que vayas al cielo con Él para siempre. Si un espíritu es capaz de hablar con otro a miles de kilómetros, ¿qué más película fantástica quieres ver? ¿Temor a las apariciones marianas? Bueno eso es normal porque no ocurren todos los días ni a todo el mundo. La Iglesia es muy prudente con estos fenómenos que no son dogma de fe. Reconoce en ellos (en muy pocos) la mano divina, pero no te obliga a creer en ellos porque todo lo que tenía que revelarnos Dios ya lo hizo de la mano de Jesucristo. Son divinos en tanto en cuanto nos llevan a Él. ¿Y qué les dice María a los pastorcillos?

Vamos a dejar a la propia Lucía (una de las videntes de Fátima) que lo cuente: «[…] vimos otro relámpago; y, dados algunos pasos más
adelante, vimos sobre una carrasca una Señora, vestida toda de blanco, más brillante que el sol, irradiando una luz más clara e intensa que un vaso de cristal, lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos del sol más ardiente. Nos detuvimos sorprendidos por la aparición. Estábamos tan cerca que nos quedábamos dentro de la luz que la cercaba, o que Ella irradiaba. Tal vez a metro y medio de distancia más o menos. Entonces Nuestra Señora nos dijo:
– No tengáis miedo. No os voy a hacer daño.
– ¿De dónde es Vd.? – le pregunté.
– Soy del Cielo».

Hasta aquí la cita. 

¡No tengáis miedo! Eso es lo primero que nos dice (que te dice hoy) María. No tengamos miedo de vivir la vida del espíritu, no tengamos miedo a poner a Dios en el centro de nuestra vida, no tengamos miedo a ser santos!!! ¿No te parece mucha casualidad ese «no tengáis miedo» de María y el de Juan Pablo II? ¿No vienen si acaso del mismo lugar? Te recuerdo que tal día como hoy, fiesta de Nuestra Señora de Fátima, en 1981, cuatro balas atravesaron el cuerpo del papa polaco y lo dejaron con una cuarta parte de su sangre. Una de ellas (la que casi lo mata) está engarzada en una de las coronas de la Virgen de Fátima

Él relata que fue «una mano materna» la que lo salvó entonces. También hoy, la mano materna de María, de nuestra Señora de Fátima, viene en nuestro auxilio. 

Viene a decirte: no tengas miedo a Dios, teme solo al infierno de no estar junto a Él. «Tuve miedo y me escondí», dijo el hombre en el paraíso nada más caer en el pecado. ¡Ves cómo el miedo no viene de Dios! 

Ella viene a calmar todos tus miedos, miedo al coronavirus, miedo a la crisis económica, miedo a contagiarte, miedo a perder a seres queridos… miedo, miedo, miedo. Y frente a este miedo que viene de nuestra debilidad, ella viene con su palabra de consuelo, la misma primera palabra que el ángel Gabriel le dijo nada más saludarla: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús» (Lc 1, 30). No temas (pon aquí tu nombre), porque has encontrado gracia ante Dios. Si quieres, si estás dispuesto a acogerlo, hoy puede nacer dentro de ti una criatura nueva. Es Jesús. Él te librará de todo miedo, de todo temor. 

¿Aceptas ser santo? ¿Quieres vivir esta vida nueva sin miedo? Pues contesta con María, con Nuestra Señora de Fátima: Hágase en mí según tu Palabra #FindelHilo

10 respuestas a «#HilodeFátima»

  1. Muchas gracias Antonio por estas palabras, escritas a unos tres mil kilómetros de mi, que han removido mi espíritu. Efectivamente la vida cristiana es un fenómeno paranormal que está ocurriendo ahora mismo. Un abrazo fraterno y que María, Nuestra Señora de Fátima nos ayuda a vivir nuestra vida nueva sin miedo contestando con Ella: Hágase en mí según tu Palabra.

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