#HilodeMercedes

Antonio Moreno

Te voy a contar hoy la vida de Mercedes. Una de esas mujeres que lo ha dado todo por su familia y por la sociedad. Seguro que la reconoces en alguien cercano. Cuando España está a punto de regular la ley de la #eutanasia creo que es bueno que conozcas su historia #HiloDeMercedes

Lo primero que te voy a desvelar es que su nombre auténtico no es Mercedes. Su padre la registró con el nombre de Libertad, según la costumbre de la España republicana de asignar nombres no religiosos a sus hijos A su madre, Amparo, la política ni le iba ni le venía. Criada en la malagueña plaza de la Merced, era muy devota de Ntra. Sra. de las Mercedes y así llamaba a la niña desde que nació. Esta advocación mariana se veneraba en la Iglesia que daba nombre a la plaza y que fue destruida en la famosa “quema de conventos” de Málaga, en 1931.

Amparo nunca perdonó a su marido que esa noche desapareciera de casa. «Lo que han hecho no tiene perdón de Dios», repetía. Pero él siempre negaba haber tenido nada que ver. Al pobre lo atropelló un tranvía al poco de nacer ella. La joven viuda se tuvo que poner a servir en una casa en el barrio de El Palo para criarla a ella y a su hermano Paquito, mayor que ella dos años y con una discapacidad psíquica. Desde que tiene uso de razón, Mercedes no recuerda otra cosa que trabajar. Dice que nació pegada a una escoba. Siendo muy niña se encargaba de barrer el patio de la casa donde trabajaba su madre y fregaba los cacharros de la cocina. 

Las manitas siempre las tenía ásperas y, en invierno, a veces le salían ampollas, pero no se quejaba. «¡Qué buena y obediente es esta niña!», decían siempre de ella. Recuerda como si fuera ayer el 8 de febrero de 1937. Los señores de la casa donde trabajaba, muy metidos en política, tuvieron que salir huyendo por el pánico a la represión de las tropas franquistas que atacaban la ciudad. Su madre y ella tuvieron que huir también por la carretera de Almería ayudándoles con los bártulos. Fue “la desbandá” recuerda con ojos muy abiertos y tono solemne.

Durante la guerra civil y la posguerra pasó mucha hambre. «Por eso me quedé tan chiquitilla», relata desde sus 1.52 de estatura. Logró sobrevivir gracias a un vecino que era estibador y les traía de vez en cuando un poco de arroz o un poco de trigo que recogía del suelo cuando descargaban los barcos graneleros. A los 16 años comenzó a hablarle Juan, un joven operario de los talleres de La Vers, una industria auxiliar del ferrocarril

Juan tenía planes de emigrar, porque no le gustaba el trabajo manual. Juntos soñaban “hacer las américas”, como se decía entonces, pero los planes se frustraron al quedarse embarazada ella y tener que casarse de urgencia. ¡La de barbaridades que les soltó el cura cuando fueron a pedir que los casara! ¡Qué malaje! ¡Y qué vergüenza pasó! Finalmente la ceremonia se celebró a una hora intempestiva (¡las 7.30 de la mañana!) para que pasara lo más desapercibida posible. No obstante, el día de su boda lo recuerda como el más feliz de su vida. Aunque llovía y el vestido no era blanco, recuerda como en una película a cámara lenta el brillo en los ojos y la sonrisa de su Juan y el sabor del chocolate con churros que se comieron después en Casa Aranda.

La sonrisa en la cara de su ya marido duró poco y apenas unas semanas después de la boda comenzó a maltratarla. Hacía culpables a ella y al bebé de no haber podido cumplir su sueño de hacerse rico en América. Tras una noche de borrachera y la consecuente paliza, Mercedes perdió al niño que esperaban y que se iba a llamar Juan, como su padre. Éste ya no volvió a levantarle la mano, pero desde entonces cayó en un profundo abismo. Vinieron luego 4 hijos más: 3 niños y 1 una niña.

Mercedes continuaba trabajando porque el sueldo del obrero se iba prácticamente entero en costear sus adicciones. Los niños tenían muchos problemas de bronquios y necesitaban medicaciones muy costosas. Pero lo peor eran las noches sin dormir, pendiente de que los niños no se ahogasen. Los inviernos eran horribles. Una noche sí y otra también la pasaba a los pies de la cama de alguno de ellos. Trabajaba limpiando oficinas y haciendo arreglos de costura porque tenía muy buena mano para la máquina de coser. 

Cuando su madre cayó enferma y no podía llevar adelante su casa, Mercedes tenía que ir por las tardes a limpiarle y a prepararle la comida a ella y a su hermano Paquito. A Mercedes le faltaban manos para atender a su marido alcohólico, a sus cuatro hijos, a su madre enferma y a su hermano incapaz de valerse por sí mismo, pero a todos los asistía con una sonrisa: «¡Por ellos, lo que haga falta!», repetía. Nunca se quejaba cuando las vecinas la abordaban diciendo «¡Ay que ver lo que te ha tocado!». Ella siempre respondía con evasivas y disculpaba a todos. Los niños crecieron y se fueron yendo de casa. Los dos mayores, a Suiza; y el tercero, a Alemania.

La pequeña, Carmen, se quedó terminando sus estudios de peluquería.Su casa era una vivienda social de la barriada de Carranque que ya estaba empezando a acusar los años, pero ella siempre decía que las reformas podían esperar, que había otras prioridades. Cuando la situación de su madre se hizo insostenible, se la tuvo que traer a casa, a la habitación de los niños que se había quedado vacía. Su hermano Paquito dormía en el salón. Ella le arreglaba por las noches el sofá-cama con todo su cariño. «¡Si es que mi Paquito es lo más guapo que hay!», le repetía pellizcándole la barbilla. Atendió a su madre hasta que falleció a la vez que trataba de enderezar a su hija que había comenzado a tener malas junteras. 

Eran los años duros de la heroína y la niña pasaba cada vez menos tiempo en casa. Empezaron a desaparecer cosas y Mercedes no podía dejar dinero en su bolso porque volaba. Lo que más le dolió fue cuando se esfumaron los pendientes de oro de su madre… 

Desde el cierre de La Vers, y tras muchos años en paro, su marido cayó en una depresión aún más profunda. Cuando subía del bar, sólo lloraba o dormía. Ella trataba de alegrarle poniéndole las cintas de Juanito Valderrama y Paco Gandía, hasta que un día desapareció también el radio cassette.

Tras una larga temporada huida de casa, la pequeña regresó embarazada de 8 meses. Dio a luz a dos preciosas mellizas que trajeron de nuevo la alegría a la casa: el abuelo empezó a sonreír y Mercedes se desvivía por atenderlas y que no les faltara de nada. “¡Por ellas, lo que haga falta!”, repetía. La cirrosis hepática de su marido comenzó a hacer estragos. Lo acompañó y cuidó durante largas estancias hospitalarias en Carlos Haya hasta que la enfermedad se lo llevó por delante. 

Lo bueno de aquellos días es que por fin bajó a verla su hijo desde Alemania que, como ella decía, era “el más descastado de todos”. Pero en cuanto cobró su parte de la herencia ya no volvió a saber de él ni a recibir una llamada suya. 

Una noche, cuando Mercedes llegaba de trabajar, se encontró con un panorama desolador: su hermano Paquito aporreando la puerta del cuarto de baño llamando a “la niña” y sus dos nietas, que ya habían cumplido 7 años, gritando asustadas porque su madre no salía. Una sobredosis había acabado con la vida de Carmen que, consumida por los efectos de la droga, apenas pesaba ya 35 kilos. En la empresa en la que Mercedes trabajaba de limpiadora, le dejaron a regañadientes unas horas para ir al entierro de su hija y regresar a la faena. “¡En la calle hay cola de mujeres esperando entrar!” le espetó su jefe, que era de Misa diaria. Aunque la pena y la artrosis la consumían, el trabajo nunca fue pesado para ella. Manejaba la mopa con gracia y a veces cuando nadie la veía, tomaba el palo de la fregona como un pie de micro e imaginaba que era una folclórica en el escenario Los dos hijos mayores habían vuelto de Suiza, se habían casado aquí y trabajaban en la empresa textil Intelhorce.

Con muchas dificultades, Mercedes logró sacar adelante a las mellizas. Una se colocó en un supermercado y, la otra montó una peluquería. Desde que se jubiló, se encargaba de recoger a sus otros nietos del colegio, darles de comer y tenerlos en casa toda la tarde de donde los recogían ya sus madres casi de noche Ella lo hacía todo lo bien que sabía, pero sus nueras muchas veces le regañaban porque maleducaba a los nietos, les compraba muchas chucherías y les dejaba ver demasiada tele. 

Tras el cierre de Intelhorce, en 2004, los dos hijos se quedaron en la calle a una edad muy complicada Gracias a su pensión de jubilación, a la de su hermano Paquito y a algunos trabajos de costura que aún le encargaban, mantenía su casa y ayudaba en las de sus hijos. “¡Por ellos, lo que haga falta!”, repetía. Paquito murió hace unos años, sin hacer ruido. Una noche se acostó y ya no se levantó. “¡Se ha ido lo más bonito de mi vida!”, gemía Mercedes en su entierro. Pero las desgracias nunca vienen solas.

Tras venir del cementerio recibió una llamada de su hijo desde Alemania. Ni le preguntó por su tío. Sólo le dijo que se había metido en deudas de juego y que su vida corría peligro. Necesitaba 30.000 euros. Mercedes pasaba las noches en vela pensando de dónde sacar tanto dinero, hasta que encontró la solución: vendería su casa, que se le había quedado grande al estar ya sola, la cambiaría por un piso más pequeño y la diferencia se la mandaría a su hijo. En la inmobiliaria del barrio le hicieron todos los papeles de la compraventa previa suculenta comisión, pero ella consiguió el dinero que necesitaba su hijo. 

En el nuevo piso echaba de menos su antiguo patio, sus geranios, la luz que inundaba la casa por las mañanas… Y al no tener ascensor, no podía venir muy cargada del mercado porque subir la compra a veces era una odisea. Pero la sonrisa no la perdía: “¡Por ellos, lo que haga falta!”, pensaba mientras hacía una parada en el descansillo para coger aire.

Hasta durante el confinamiento iba y venía al supermercado. Sus hijos se ofrecieron a llevarle la compra, pero ella se lo prohibió. Decía que no le tenía miedo al coronavirus, que si no se murió del tifus que cogió de pequeña, no se iba a morir de esto. En realidad, le quería evitar a sus hijos el riesgo, porque ambos sufrían de problemas respiratorios desde chicos. Y no solo compraba para ella, sino que además solía traer algunos recados a su vecina Antonia, que también vivía sola y que era de alto riesgo al ser diabética. 

Hace unas semanas, precisamente subiendo a casa de su vecina Antonia a llevarle un poco de fruta, Mercedes se rompió la cadera. No recuerda más que un crujido y que, tras él, no podía mantenerse en pie, desplomándose escaleras abajo. A sus 89 años, Mercedes apenas ha pisado la consulta del médico. Es un prodigio natural. Si le dolía la cabeza, cantaba una copla; si le dolían los huesos, cantaba dos. “¡Lo barata que le he salido a la Seguridad Social!”, bromeaba tras haber cotizado casi 50 años. Gracias a la hospitalización, le han detectado una afección cardiaca oculta que desaconseja la operación para la colocación de una prótesis. Mercedes no podrá volver a andar… Nunca. A los hijos no les ha sentado nada bien la noticia. «¡Esta mujer es que no tiene cabeza!», le gritan. «¿No sabes que ya no puedes andar por ahí como cuando eras joven?». «¡Qué tenías tú que llevar la compra a nadie!». Mercedes agacha la cabeza y asiente, avergonzada. Se siente culpable. 

Es consciente de que la situación de los hijos es complicada para hacerse cargo de ella. El mayor abrió un bar que le exige trabajar de sol a sol. Ahora le va bien por fin. Se ha comprado un Audi nuevo. Al segundo también le va bien ahora porque se metió en política y consiguió un buen puesto en la administración. Tiene una nueva mujer, una compañera de partido que ha intentado arreglarle la ayuda a la dependencia. A pesar de su influencia, hasta dentro de un año o año y medio no podrán contar con una ayuda a domicilio para cuidarla. Con el de Alemania, no puede contar. En tres días le darán el alta, y Mercedes no sabe aún quién la va a cuidar. Los hijos vienen ya poco y sólo recibe a diario la llamada de sus nietas mayores que no pueden acercarse al hospital al tener niños muy pequeños y vivir lejos. ¡Soy un estorbo! Se repite una y otra vez durante las largas horas de soledad. La otra noche le faltaba la respiración y sentía una opresión en el pecho descomunal, como si tuviera un elefante sentado encima. 

Han tenido que medicarla contra la ansiedad. ¡No está acostumbrada a no hacer nada por los demás y a que se lo hagan todo! Aturdida por los fármacos recuerda escuchar a su hijo hablar con el médico: “a mi madre deberían dejarla ustedes morir en paz, vivir así es un suplicio, que descanse tranquila. ¿No existe ningún modo…?” Ella está también convencida: “Lo mejor que nos puede pasar a todos es que yo me muera –dice–. ¿Para qué vivir siendo un estorbo? ¿Qué va a ser de mis hijos?” 

Gracias a Dios, la solución parece estar cerca. Su nuera se lo ha explicado: «Mercedes, ya no hay que esperar a morir para morirse, como antiguamente. Hay una nueva ley para que los pobres no tengáis que ir a Suiza a hacéroslo». «Yo en su día estaba en contra, por disciplina de partido. Pero mira, cada uno debemos ser libres de elegir cuándo queremos dejar de vivir y que nadie decida por nosotros ¿verdad?». 

A Mercedes no le gustaba mucho la nueva nuera, porque era un poquito pija, pero reconoce que tenía razón. No hay sufrimiento en la muerte cuando el vivir es morir. Mercedes lo tiene claro: un par de mentirijillas en los papeles, unas lagrimitas en la valoración psiquiátrica y hecho. Todo listo para solicitar la “ayuda para morir”. 

Mientras el suero entra en sus venas, Mercedes da gracias a Dios por los “inventos modernos”. Recuerda la escoba con la que barría el patio de casa de los señores, la espantá, los malos tratos, los cinco partos, los pinchazos con la máquina de coser, las noches sin dormir junto a la cama de los niños, las vejaciones de sus jefes, la muerte de Paquito… 

Recuerda cuando desaparecieron los pendientes de oro de su madre, el desprecio de sus nueras, su hija consumida por la droga, cuando dejó su casa de Carranque con sus geranios, aquellas escaleras cargada con la compra, los gritos de sus hijos: “¡esta mujer no tiene cabeza!”… Y con su último latido, un susurro entre sus labios: «¡Por mis hijos, lo que haga falta!» #Findelhilo

#HilodeLolo

¡No te vas a creer lo que acabo de recoger del buzón! Una carta a mi nombre que parece tener cien años. Hace poco han cerrado el viejo edificio de Correos de mi ciudad. Quizá, en la mudanza, ha aparecido detrás de algún estante… Te voy contando en el #HilodeLolo #CentenarioLolo

Tengo las pulsaciones a 120. Mira que hace ilusión hoy en día recibir una carta que no sea de publicidad. Pero esto… 
¡Parece mi carta de Hogwarts! 
Pero no, en el remite no aparece la profesora Minerva McGonagall, sino un señor de Linares, un pueblo de Jaén, con un nombre de lo más corriente: Manuel Lozano Garrido

La verdad es que no tengo ni idea de quién puede ser. No recuerdo a ningún familiar lejano con esos apellidos. 
La carta huele a polvo y humedad ¿Qué misterio esconderá? No quiero abrirla para poder seguir disfrutando de esta sensación de intriga y suspense. 
El sello es ¡de 5 pesetas! Eso es garantía de antigüedad, porque hace ya casi 20 años que desaparecieron en favor del euro 
Le voy a pasar el reconocimiento de imágenes del móvil a ver si me dice de qué año es… 
Voila!


Según este coleccionista es del año 1966. O sea que la carta tiene más de medio siglo. ¡Madre mía! 
¿La abro o no la abro? 
Es que una vez abierta ya pierde la gracia. Escuché una vez que la felicidad está en la antesala de la felicidad. Voy a disfrutar más del momento. 
¿Y si Google me dice algo de mi remitente? 
¡Ahí está! Según el buscador se trata de un escritor. ¡Vamos a saber más de él!

¡Vaya sorpresa! Es todo un personaje. Su entrada en Wikipedia es muy completa, dice que era conocido como Lolo y que, efectivamente, ¡es de Linares! 
Bueno, es no, era, porque murió en 1971, antes de que yo naciera y poco después de enviarme esta carta. ¿Cómo es posible? 
Espera, espera, que hay algo más. Resulta que es beato y que está en proceso de canonización para llegar a ser santo. 
En wikipedia remiten a la «Asociación Amigos de Lolo» en cuya web hay un montón de información sobre él. Voy a informarme. 


El resumen de su vida es de lo más interesante. Periodista y escritor, estuvo en silla de ruedas durante casi 28 años y ciego sus últimos 9. Pero eso no le impidió escribir 9 libros y más de 300 artículos. 
Su enfermedad degenerativa le fue consumiento, pero su fuerza de voluntad se crece ante cada nueva dificultad. 
Cuanto pierde el movimiento de la mano derecha, aprende a escribir con la izquierda o a máquina, cuando no puede sostener el lápiz, se lo ata a la mano y cuando se queda ciego inventa unas guías de madera para escribir los renglones entre los huecos. 

Atento a las nuevas tecnologías, se hizo con un magnetófono para poder grabar sus ideas que luego su hermana o sus amigos pasaban a papel.

Pero empecemos por el principio. Nació en 1920 y, en la década de los 30, se formó en el centro de jóvenes de la Acción Católica. 
El ardor por compartir la alegría que él había encontrado en el Evangelio le marcó desde su juventud.

Siendo un muchacho, en época de persecución religiosa en España, llevaba clandestinamente la Eucaristía a los presos, lo que le costó ser también él encarcelado tres meses. 
En la Guerra Civil española, le tocó combatir en el lado republicano (que defendía un anticlericalismo radical) pero él no tenía problemas en que sus compañeros y mandos lo vieran, por ejemplo, rezando.

Pero en mitad de la guerra, cuando tenía 18 años, comenzaron los primeros síntomas de su enfermedad, por lo que tuvo que abandonar el frente. 
La enfermedad le hizo que tuviera que abandonar también su carrera como maestro y poco a poco se fue convirtiendo en un enfermo dependiente. 
No obstante, nunca perdió la alegría y aceptó como buena la voluntad de Dios para su vida, lo que él mismo titularía: «de profesión, paralítico». 
Son impactantes los testimonios de los médicos que estudiaron su caso. Algunos dicen de él que fue «un dolor viviente», que su enfermedad era «como si tuviera clavado un alfiler en cada célula de su cuerpo». 


No obstante, los que lo conocieron se admiran de su paciencia y alegría contagiosa frente al padecimiento.

Lo llamaron un «Job de nuestro tiempo» y en @LaVanguardia hablaban de él como «una fiesta del dolor» 
Hay gente que cree que los cristianos somos un poco masoquistas, porque siempre ponemos como ejemplo testimonios de gente que sufrió… 
Se equivocan mucho. 
No es que nos guste el dolor, ni sufrir inutilmente, sino que aceptamos que el sufrimiento es inherente a esta vida. ¿O no sufres tú por un simple padrastro? A mí me amarga la vida durante una semana 
La vida está llena de sufrimientos, depende de cómo los afronte cada uno, pero sufrir sufrimos todos. 
Desamor, inquietud ante el futuro, falta de reconocimiento, problemas económicos, baja autoestima… Seguro que tú sabes de esto 

Hay quien hasta se suicida por que le ha dejado el novio o porque lo han echado del trabajo. ¿No hay más motivos para vivir? El testimonio de gente como Lolo nos habla de la belleza de la vida humana, de su dignidad irrenunciable.

Pienso que en estos tiempos de pandemia, conocer su vida puede ayudarnos mucho. ¡Cuánto sufrimiento llevamos y cuánto nos queda por pasar! 
Casi 900.000 muertos en el mundo, más de 25 millones de contagiados, la mayor crisis de la economía global de la historia… 
¿Qué hacemos? ¿Enterrar la cabeza como las avestruces o mirar al frente y ver cómo somos capaces de seguir vivos, con ilusión, con esperanza y buscando la forma de levantarnos tras cada golpe del coronavirus? 
El Evangelio, para quien lo acepta como guía de su vida, es fuente de superación, de resilencia. Conocer a un Dios que ha sufrido como uno más de nosotros te cambia la perspectiva. 
No, ¡Dios no es malo por que exista el sufrimiento! Dios es buenísimo porque, en medio del dolor se viene a sufrir a nuestro lado sin tener por qué. 
Así lo explica el propio Lolo: «Desde que Cristo lloró en un olivar, las lágrimas redimen. Y si no vemos a Cristo delante de nosotros cuando sufrimos, es porque está a nuestro lado llorando también con nosotros». 
Quien lo dice lo sabe por experiencia propia pues estuvo 200.000 horas inmóvil, sin poder siquiera espantar una mosca. ¿Entiendes por qué la fe es un gran regalo? 


Pesaba entre 30 y 35 kilos, y la operación de acostarlo duraba una hora, hasta que su hermana conseguía colocar bien las distintas almohadas en sus doloridos miembros para que pudiera descansar.

Pero el Evangelio le daba las fuerzas para no preocuparse mucho de sí mismo, sino del dolor del mundo en el que vivía. 
Así pues, sus artículos eran muy comprometidos con la justicia social. 
Como gran conocedor de la Doctrina Social de la Iglesia, defendía a los obreros, a los más débiles, frente a los explotadores o a las leyes injustas. 
Escribió en muchos medios conocidos todavía hoy como como @ideal_jaen @DiarioJAENes @Revista21 @Revista_VN… 
Su denuncia profética le llevó a recibir algún que otro duro aviso desde algún estamento político durante el régimen de Franco. 
Consiguió muchos premios literarios, incluso fue nominado al prestigioso premio Nadal, pero el premio que más ilusión le hizo fue… 
¡El premio BRAVO, que da la Conferencia Episcopal! Fue el primer periodista en recibirlo. Wow, esto tiene mucho significado para mí. 
No aguanto más, la abro.  


No salgo de mi asombro. 
El sobre contiene una hoja mecanografiada con la «oración del periodista» firmada por él. Parece como si la hubieran sacado de un archivador y hecho algunas correcciones a mano antes de enviármela.

La oración habla de mi profesión, de la suya y de la de tantos otros compañeros que tratamos de contar al mundo con honestidad lo que sucede, y le pide al Señor abundantes gracias. 
Le pide para nosotros sabiduría, ternura, prudencia, justicia, valentía, don de consejo, optimismo, luz, fe y alegría. 
Me quedo con una frase que viene que ni pintada en estos momentos. Dice «Que cuando las masas griten y suenen puñetazos en las cafeterías, él (el/la periodista) hable con un vaso en la palma y el agua esté serena como la faz de un lago». 
Cuánta falta hace en momentos como los que estamos viviendo que los periodistas seamos moderados, que no nos dejemos llevar ni por unos ni por otros, que llamemos a la calma y al diálogo, que no seamos profetas de calamidades sino sembradores de esperanza. 
¡La carta está escrita hace 50 años para ser leída en nuestra realidad! 
Lolo tenía pasión por el periodismo y por los periodistas. Escribió un «decálogo del periodista» del que el papa Francisco se hizo eco el año pasado. Puedes leerlo aquí
vatican.va/content/france…
Y no solo eso, sino que fundó los grupos de oración Sinaí. Cada grupo estaba formado por 12 enfermos y un monasterio de clausura y a cada grupo le encomendaba la oración y el ofrecimiento de sus dolores por un determinado medio de comunicación. 


Benedicto XVI dijo que los periodistas podíamos encontrar en Lolo «un testimonio elocuente del bien que se puede hacer cuando la pluma refleja la grandeza del alma y se pone al servicio de la verdad y las causas nobles”

Alto, porque creo que estoy cayendo en un defecto que él mismo critica, el de elevar los hechos de la vida de los santos a tanta altura, que pareciera inalcanzable. 
¡Claro que no todo era perfecto en él! ¿Pecados? Por supuesto que tenía, debilidades y luchas contra sí mismo. 
Él mismo habla de sus fallos ¡Y ahí radica su grandeza, como en la de todos los santos, que su naturaleza es humana y por lo tanto pecadora! 
Escribió que «las criaturas que escenifican la dura pelea de sus tendencias corporales y espirituales junto al Ángel de Dios que asalta y coopera, están más cerca de la trayectoria dramática de la perfección que los relatos dulzones de las vidas de los santos». 
«Al santo –continúa Lolo– nos lo han presentado como una criatura rotunda y mitológica, sin escalones ni tendencias, que rueda por las páginas con esa limpia extrañeza de una raza Watusi, al margen de nuestra talla usual». 
Y termina diciendo: «La verdad es que a estos varones que ya son insuperables desde chicos se les acompaña con la desilusión y el desaliento de una copia imposible». 
¡Cuánta razón tiene Lolo! ¡Cuánto mal hacen algunas biografías de santos inimitables! ¡Y cuánto bien me hace escuchar los pecados de los santos porque me hace albergar la esperanza de serlo yo también algún día! 

Lo veo tan lejos y tan difícil, pero ¿y si el Señor me tiene misericordia y me quiere santo a pesar de mis pecados, que son negros como el tizón? ¿Y si donde abundó el pecado sobreabundó la gracia? 
Al fin y al cabo, sólo el Señor es el Santo, Santo, Santo. 
Pero me llama, me llama y me llama… 
y te llama, te llama y te llama. 

Por nuestro bautismo fuimos hechos ¡hijos de Dios! Miembros del pueblo santo, sacerdotes, profetas y reyes. Desde ese día estás llamado a ser santo, estás llamada a ser santa. 
¿Y sabes qué pasó un día como hoy hace 100 años? Pues que nuestro querido Lolo, beato Lolo, pronto quizá San Lolo, recibió el bautismo en su Linares natal. 
¿No es precioso el mensaje que nos ha mandado hoy, un siglo después? 
Hoy hemos recibido esa llamada a la santidad en forma de carta. Venía a mi dirección, pero Lolo sabía bien que yo no me iba a poder quedar callado y que la iba a compartir contigo. 

Que no te quepa duda de que no hemos recibido la carta de un muerto, sino de un vivo que disfruta ahora plenamente de lo que el Señor le regaló ya en esta vida ¡La fe! 
Porque siendo ciego, veía mejor que nosotros 
Porque no pudiendo mover sus miembros, tocaba mejor la realidad que tú y que yo. 
Porque siendo nada para el mundo, lo era todo para los suyos y para Dios. 
Porque sufriendo dolor en el cuerpo, recibía un inigualable gozo en el alma. 
Porque sin poder escribir a máquina, se hizo él mismo máquina de escribir en manos del Espíritu Santo. 

Se dejó golpear por su enfermedad, letra a letra, tipo a tipo, en un martillear incesante de casi 30 años que arroja miles y miles de páginas llenas de alegría y de luz. 
Páginas de carne como la propia vida de Lolo y páginas de papel como la que tú y yo hemos recibido hoy. 
50 años ha estado esta carta esperándonos en algún sucio y oscuro rincón para sacarnos ahora de la oscuridad con este rayo de luz que es Manuel Lozano Garrido 
Ojalá en cada golpe de la vida, en cada golpe de esta maldita pandemia, podamos sentir, como Lolo, que Dios está escribiendo sobre nosotros, que no nos ha abandonado y que, como toda buena carta de amor, acabará con un enorme TE QUIERO. #FINDELHILO 

P.D. Hoy comienzan en Linares los actos por el centenario del beato Lolo. Te invito a seguir todas las actividades y a participar en ellas. Tienes toda la información en www.amigosdelolo.com 

Si te ha gustado este hilo, puede que te gusten también los 40 publicados en el libro «La Caja de los hilos». Más abajo tienes cómo conseguirlo…

#HilodelaAsunción2

En esta fiesta de la Asunción de María, te voy a contar algo que a lo mejor desconoces. Celebramos que la Virgen, terminada su vida, fue asunta al cielo junto a su Hijo. Pero, ¿sabías que hay quien dice que también San José los acompaña en cuerpo y alma? #HilodelaAsunción2

Esta creencia piadosa no tiene la categoría de dogma, como el de la Asunción de María que ya te expliqué en el primer #HilodelaAsunción, pero es muy interesante porque nos ayuda a comprender la importancia de este santo. Si quieres recordar aquel hilo pincha aquí.

San José el esposo de María, es patrono universal de la Iglesia, uno de los santos a quien mayor número de cristianos se ha encomendado alguna vez en la vida.

Muchos santos han sido grandes devotos de San José. Pienso por ejemplo en Santa Teresa de Jesus, que decía: «Querría yo persuadir a todos fuesen muy devotos de este glorioso Santo, por la experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios».

También los papas han querido mucho al padre de Jesús.

Francisco tiene en su escritorio una imagen como esta de él durmiendo. Dice que, cuando tiene un problema, lo pone en una nota debajo de él para que lo «sueñe», para que lo arregle.

Te voy a desvelar un secreto personal. También yo soy muy devoto de San José. Hace casi 10 años le hice una promesa, la cumplió y por eso me dejé la barba que ves que sigo llevando…

Otro día os contaré cuál fue el milagro que hizo 😉

El caso es que este santo tan popular, este santo tan universal, este santo tan famoso y querido no cuenta con una tumba a la que poder peregrinar, un sepulcro en el que descansen sus restos y al que sus devotos puedan acudir a orar.

¿Dónde está el cuerpo de José? ¿Por qué, como planteé en el otro hilo con el cuerpo de María, los primeros cristianos no conservaron esta reliquia como sí hicieron con las de otros santos menos importantes?

Tengo 46 años, todos ellos recibiendo catequesis, 24 de ellos estudiando teología y trabajando en la Iglesia y os puedo asegurar que hasta este año no se me había ocurrido plantearme esto. Perdonad mi ignorancia.

Y cuando indagué un poco, me pasó esto…

Resulta que es un problema que ya se plantearon los padres de la Iglesia. Y que desde entonces ya empezaron a plantear como solución que San José está, como Jesús y como María, ¡resucitado en cuerpo y alma en el cielo!

Sí, sí, existe una tesis consistente sobre la «Asunción de San José». Que se basa, no en un texto apócrifo, no en una antigua tradición; sino (¡esto es de traca!) en el mismísimo Evangelio.

Ciertamente yo había leído ese pasaje cientos de veces, pero nunca le había prestado atención.

Se trata de Mateo 27, 52-53

Justo tras la muerte de Jesús en el Gólgota y tras un gran terremoto, dice que «Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron. Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos».

Algunos, como San Agustín, interpretaron que se trataba de una resurrección temporal, como la de Lázaro, de quienes luego morirían de nuevo.

Pero otros muchos afirmaban que no, que se trataba ya de una Resurrección para la vida eterna. Y, puestos a elegir a los primeros que resucitarían y subirían gloriosos en cuerpo y alma al cielo, ¿Cómo no iba a estar el padre de Jesús a quien él llamaba abba?

El insigne teólogo Juan Gerson, a caballo entre los siglos XIV y XV, no se atreve a decir que San José fuera uno de ellos, pero fantasea con que pudiera serlo, añadiendo que se apareció luego a la Virgen para consolarla y subir posteriormente al cielo.

Un poco más adelante, San Bernardino de Sena le echa valor diciendo que: «Piadosamente se ha de creer, pero no asegurar, que el piadosísimo Hijo de Dios, Jesús, honrase con igual privilegio que a su santísima Madre, a su padre putativo».

Ya en el XVI-XVII, el doctor de la Iglesia San Francisco de Sales es más categórico: «¿Qué nos queda ya que decir sino que no debemos dudar ni en un punto que este glorioso santo tenga gran valimiento con aquel que lo magnificó hasta llevárselo consigo en cuerpo y alma al cielo?»

Y sigue: «Si es verdad lo que debemos creer que en virtud del Santísimo Sacramento que recibimos en nuestros corazones, nuestros cuerpos resucitarán en el día del juicio… ¿Cómo podemos dudar que nuestro Señor haría subir consigo al cielo en cuerpo y alma al glorioso San José, que mereció la honra y la gracia de llevar con tanta frecuencia en sus benditos brazos a Jesús que en ellos tanto se complacía?… ¡Cuántos besos le dio tiernísimamente con su boca bendita para recompensar en algún modo sus trabajos! Luego, sin duda ninguna, San José está en el cielo en cuerpo y alma». Hasta aquí la cita.

Y la Iglesia oficial ¿Se ha pronunciado?

¡Pues sí!

El papa San Juan XXIII, poco antes de abrir el Concilio Vaticano II, en una homilía con motivo de la canonización del beato Gregorio Barbarigo, lo dejó blanco sobre negro en un texto del magisterio ordinario. Aquí lo tienes en la web del Vaticano:
c.vatican.va/content/john-x…

Dice que entre los cuerpos de los santos resucitados que narran los evangelios corresponde a los más próximos a Jesús (Juan Bautista y José de Nazaret) el honor y el privilegio de abrir este admirable acompañamiento por los caminos del cielo.

«Así piadosamente lo podemos creer», afirma «el papa bueno» dejando fuera de toda duda la legitimidad de esta creencia de que San José también fue asunto al cielo, que nadie está obligado por otra parte a secundar.

En esta fiesta de la Virgen, me ha gustado acercarme a la figura de José.

Porque detrás de una gran mujer, siempre hay un gran hombre. Y la Sagrada Familia estaría incompleta en el cielo sin el justo y bueno de José.

Si no eras muy devoto, espero que tras leer este hilo comiences a apasionarte, como yo, por este hermano nuestro a quien Dios encomendó una tarea tan difícil.

Si fue capaz de cuidar de Dios mismo y de su madre enfrentándose al mismísimo Herodes, ¿cómo no va a ser capaz de cuidar de ti en tu día a día por grande que sea tu problema?

Encomiéndate a él siempre que lo necesites y, de vez en cuando, mirando el cuadro de Raúl Berzosa con el que comencé el hilo u otra imagen de la Sagrada Familia que tengas, dirígete a esa trinidad humana (junta ya en el cielo) y diles: «¿Me vais haciendo hueco?» #FindelHilo

#HilodeSanLorenzo

En el día de San Lorenzo, me gustaría recordar su vida y la actualidad absoluta de su mensaje.

¿Te apetece? Abro hilo 👇👇👇

Lorenzo era uno de los siete diáconos de Roma y, como tal, encargado del servicio a la Iglesia y a los pobres Detenido, fue llevado ante las autoridades que le exigieron entregar todas las riquezas y tesoros que habían oído que poseía la Iglesia. Lorenzo obedeció y se presentó al día siguiente acompañado de la multitud de pobres a los que asistía ya en aquel entonces (s III) la comunidad cristiana. Lleno de cólera, el prefecto lo mandó asar en una parrilla a fuego lento. Lorenzo soportó el martirio lleno de fe y (cuentan) que incluso le llegaron las fuerzas para pedirle a los verdugos que le dieran la vuelta para terminar de hacerse por el otro lado. La cantinela de «las riquezas de la Iglesia» sigue hoy sonando tan fuerte como en aquel entonces. Es normal entre la personas para quienes lo único importante en la vida es el dinero.

No pueden entender que un sacerdote renuncie a su carrera profesional y se dedique a atender una parroquia con un sueldo de obrero.

Piensan: aquí hay gato encerrado. No entienden que tras el ciertamente ingente patrimonio inmobiliario de la Iglesia (2.000 años de historia y devoción dan para mucho) lo que hay es una enorme carga para poder mantenerlo.

Hablamos de joyas artísticas como catedrales y de otras menos ricas desde el punto de vista artístico, pero de un altísimo valor sentimental, como las parroquias, santuarios y ermitas de pequeños pueblos y aldeas. ¡Los hay a miles!

Un patrimonio que ciertamente es de la Iglesia, pero en el sentido más estricto de la misma: es del Pueblo de Dios, de la comunidad cristiana, de todos los bautizados, no solo de la jerarquía, por lo que esta no puede disponer de ellos tan alegremente.

La mayoría de ellos son edificios muy antiguos que necesitan constantes reparaciones y rehabilitaciones, así como costosísimas restauraciones en caso de contar con piezas de valor artístico.

¿Imaginas un Monopoly donde tienes un montón de propiedades pero en las que te toca pagar cada vez que un contrincante cae en en una de ellas?. Pues más o menos así es el tema patrimonial de la Iglesia.

Aquellos para quienes solo existe el dinero y no las personas, no pueden entender que la Iglesia sostenga todo este patrimonio sin convertirlo en cash, e imaginan y propagan viejos bulos que ya dan hasta arcadas escucharlos por viejunos y falsos.

Conspiranoicos que ven solo sotanas ávidas de riquezas y lujos. No seré yo quien ponga la mano en el fuego por todos los miembros de la Iglesia, porque ha habido tristes ejemplos de quienes han sucumbido ante la tentación de la riqueza.

¡Pero generalizar es de locos!

¿Cuántos millones, sí, millones de cristianos (sacerdotes, monjas y, por supuesto y sobre todo, seglares) en el mundo trabajan día a día y luchan por la dignidad de la persona, por el valor de la vida, por una sociedad más justa y solidaria?

¿Cuántas instituciones como la Iglesia pueden presumir de contar con cientos de miles de «sucursales» (parroquias, templos, capillas…) dónde la gente sabe que puede acudir a encontrar consuelo, esperanza, compañía y ayuda de todo tipo a través de Cáritas?

¿Cuántas instituciones pueden presumir de contar con la pluralidad de centros que posee la Iglesia en los ámbitos de salud, educación, formación profesional, investigación o atención social?

¿Cuántos de los que hablan de las riquezas de la Iglesia conocen de verdad la labor de los miles de misioneros y misioneras en los países más pobres?

¿Cuántos de ellos conocen la labor de las Caritas en cada pueblo, en cada barrio, junto a quienes nadie quiere, junto a quienes nadie escucha, porque como no tienen dinero nadie se fija en ellos?

¿Muy pocos verdad?

Por eso nos toca seguir soportando la mentira que ya en el siglo III tuvo que soportar San Lorenzo.

Dejándonos asar por ella a fuego lento mientras continuamos con nuestro trabajo silencioso en favor de toda la humanidad, sobre todo de los que más lo necesitan.

Y cuando alguien te vuelva a dar la brasa con la cantinela de las riquezas de la Iglesia dile, como dicen que dijo San Lorenzo: «dame la brasa por el otro lado que por este ya estoy un poco quemado». #Findelhilo

#HilodeMiCorazón

Permíteme que hoy te abra mi corazón y te cuente mi vida. Voy a hablarte de un amigo, un muy buen amigo de la familia con quien no me he portado nada bien. Os contaré nuestra historia pero podría ser también la tuya… #HilodeMiCorazón

Nuestros padres tenían amistad, así que nos conocemos prácticamente de toda la vida.
En el colegio fuimos compañeros desde Primaria. Era un niño listo y obediente. Los profesores estaban encantados con él y estaba superintegrado en la clase. Todos querían ser sus amigos.
Pero en la adolescencia la cosa cambió. Muchos comenzaron a darle de lado porque, la verdad, era un poco friki. No se dejaba llevar por las modas ni se llevaba bien con los más populares y a veces se juntaba con lo peor del instituto.
Yo reconozco que también me alejé un poco de él porque, ya sabes lo que pasa a esas edades, si te ven con un rarito enseguida te tachan a ti también…
Fui un poco estúpido, porque él siempre se había portado muy bien conmigo.
Recuerdo aquel día que un grupo de matones me acorraló en el aparcamiento a la salida del colegio acusándome de haberles robado dinero y él apareció providencialmente, hablando con el profesor de matemáticas, de camino al coche de este.
Al verme en dificultad, me guiñó un ojo y, en vez de chivarse al profe, que habría sido al final peor para mí, se sacó una tiza del bolsillo y se puso a escribir una fórmula en el asfalto mientras le preguntaba una duda.
El de mates tomó la tiza y empezó a resolver el problema. Como la fórmula se alargaba, llegó hasta donde estábamos nosotros haciendo que los matones se olvidaran de mí y se marcharan. Nunca volvieron a molestarme.
Otro día, después de una fiesta de fin de curso, en la que yo acabé bastante mal, me recogió del suelo de la discoteca, me cargó sobre sí, me metió en su coche y me llevó hasta mi casa. Yo, por supuesto, no me acuerdo de aquello, me lo contaron después mis amigos.
Siempre me recuerda cómo le dejé el coche!!!😱😱
No sé cómo lo hacía, pero en los momentos en los que me metía en líos, aparecía de una u otra manera a rescatarme.
Él era bastante popular entre las chicas y yo lo tenía por un donjuán, pero nada más lejos. Las respetaba un montón. A veces me advertía cuando yo empezaba a tontear con alguna. Me decía: ¡ojo, no te pases con ella que es amiga mía!
Precisamente una de aquellas amigas suyas es actualmente mi mujer y fue ella la que volvió a unirnos un poco más, ya en la facultad, después de esa época de distanciamiento.
Hoy es el gran amigo de mi familia. Mis hijos lo adoran y lo llaman «el padrino».
Nos ha ayudado siempre: cuando nos casamos, fue él y un grupo de amigos que se buscó quien nos ayudó a arreglar nuestra casa.
Cuando necesitamos un coche nos prestó el suyo. Y en varias ocasiones en las que los hijos nos exigían algunos gastos extras, él siempre nos ha dejado el dinero: «No os preocupéis, ya me lo devolveréis, ¿cómo no me voy a fiar de vosotros?», nos decía.
Y él no es que nade en la abundancia, pero es capaz de quitarse de lo suyo para darlo a los demás…
Cuando tuvimos necesidad de una casa más grande, él fue quien nos la buscó, quien se pateó las inmobiliarias y las webs de compra-venta hasta encontrarla.
Hace unos años tuve una afección bastante grave en el corazón. Los médicos casi me desahuciaron. Mi mujer estaba echa polvo, mis hijos aún eran pequeños…
Tendríais que haberlo visto, a mi lado, en la habitación del hospital, noche tras noche.
No permitió que mi mujer se quedara ni una sola. «¡Vete a tu casa a dormir y a cuidar de tus hijos, que de tu marido me ocupo yo!», la obligaba.
No le preocupaba dejar sola a su madre que se había quedado viuda hacía poco. «Ella está bien, no te preocupes», me tranquilizaba.
Yo creo que logré salir de aquello gracias a él. A su compañía, a su oración…
En otra ocasión en la que el embarazo de uno de mis hijos se complicó bastante, él consiguió buscar al mejor médico para que lo ayudara a nacer. Nació sano y, tras él, y contra todo diagnóstico, varios hermanos más.
En algunos momentos, en los que mi matrimonio ha ido mal, él ha venido a buscarme al trabajo.
Me cantaba las cuarenta y me hacia ver no solo la mota en el ojo de mi mujer, sino la viga en el mío.
Su concepto de amistad no es el de seguirme la corriente si la cago, sino de ponerme en mi sitio si ve que lo estoy haciendo mal.
El día que murió mi padre estuvo también a mi lado. En cuanto se enteró de que estaba ya agonizando se presentó en casa y se quedó en un rincón, llorando, sin llamar la atención.
Ahora me veo de nuevo en una cama de hospital. Hace dos meses me detectaron un agravamiento de mi anomalía cardiaca que me llevará a la muerte si no aparece un donante compatible antes de una o dos semanas.
«Su corazón está a punto de estallar», así de gráficamente me lo explicaron los médicos.
¿Quién creéis que me ha acompañado este tiempo, quién ha hablado con todos los cardiólogos de la ciudad?
Así es.
Precisamente anoche me llamó desde Córdoba adonde ha ido a buscar al mejor especialista del tipo de transplante que yo necesito.
Perdonadme, os dejo, que han llegado un montón de médicos de repente.
–¿Cómo te encuentras esta mañana? ¿Has podido dormir algo? –Me pregunta con una sonrisa de oreja a oreja la más joven del equipo, la doctora Márquez–.
-Pues la verdad es que no, aquí estoy escribiendo mi diario en twitter, porque la cabeza no para de dar vueltas –contesto yo–
–Pues tenemos que darte una buena noticia. Ha aparecido un donante y estamos preparando el quirófano –me corta el doctor de la Peña, otro residente–.
–¿Y a que nos sabes quién viene también de camino? –continúa– La doctora Bermúdez, la mejor especialista en transplantes cardiacos del Reina Sofía de Córdoba. No sabemos cómo pero se ha ofrecido a hacértelo ella.
–Ehh, pero… –La verdad es que estoy sin palabras. Aunque estoy contento porque se abre la posibilidad de mi curación, enfrentarme al quirófano me da bastante miedo…–
–Tú no te preocupes por nada. Se ve que tienes buenos amigos que han luchado por tu vida, y encima has tenido la suerte de que apareciera un donante compatible –continúa de la Peña–.
Si todo va bien, mañana despertarás con un corazón nuevo y sano. Enseguida vendrán a prepararte.
Efectivamente, ha sido salir el equipo médico y entrar las enfermeras que, sin dilación, han empezado con el preoperatorio.
De camino al quirófano pienso en mi mujer, en mis hijos, en cómo será mi calidad de vida tras la operación, en si podré volver a tomar cerveza, en si podré volver a trabajar…
¡Ah, sí! Y en cómo se las había apañado mi amigo para que se interesara por mi caso toda una eminencia en transplantes.
Menos mal que la anestesia me ha quitado pronto las ganas de pensar en mis cosas, solo pienso en dormir…
en dormir…


Los recuerdos del postoperatorio en la UCI son muy confusos. Pero al primero que vi al despertar fue a mi amigo, sonriéndome y animándome como siempre, hablándome con señas llevándose el puño al pecho como diciéndome que me lleva en el corazón.
En los días posteriores recuerdo ver a mi mujer, a mi madre, a mis suegros…
En los días posteriores recuerdo a mi mujer, a mi madre, a mis suegros…
En la UCI tuve tiempo para pensar mucho, para reflexionar sobre mi vida y avergonzarme de muchas cosas.
Y es que yo no he sido buen amigo de mi mejor amigo, ni lo podré ser jamás.
¿Os acordáis de aquella vez que me salvó el pellejo en el parking del instituto?
Pues… efectivamente, yo le había robado a aquellos chicos. Y sé, me lo contó luego uno de ellos con el que coincidí en un encuentro de antiguos alumnos, que me dejaron ir porque él les dio el dinero que me reclamaban.
Aquella vez que me recogió borracho del suelo, le dije de todo. ¿Sabeis que los borrachos dicen lo que piensan? Pues yo lo insulté como al peor enemigo.
Le dije que era un friki, puse en duda su hombría por no enrollarse con las tías que se le ponían a tiro, creo que incluso le pegué…
Yo me aproveché de que, efectivamente, tengo lagunas mentales de lo que pasó esa noche, para hacer como si no hubiera pasado y él jamás me volvió a hacer la más mínima referencia al triste episodio.
A algunas de sus amigas las traté mal. He sido siempre un egoísta y me he aprovechado de quien he podido.
Cuando fue él el que enfermó (estuvo varios meses ingresado) fui a verlo apenas dos veces un ratito. Puse como excusa que tenía a los niños pequeños…
La misma excusa que puse cuando él se quedó en paro o tuvo que hacer su mudanza… «¡No te preocupes, tú atiende a tus hijos que son lo primero!», me dijo.
La única vez que hice algo por él fue cuando le pagué una fianza. Lo detuvieron por ayudar a unos inmigrantes que se encontró mientras hacía pesca deportiva en su pequeña barca. Naufragaron muy cerca de la playa y él los rescató.
Se la pagué porque me acababa de tocar un pequeño premio de la lotería que, por cierto, no le dije que me había tocado para que el gesto pareciera más generoso por mi parte.
Así de miserable soy. Y no había sido capaz de verme tal como era hasta entonces; y no había sido capaz de ver cuánto me había querido mi amigo hasta aquellos días.
Así que, cuando por fin me subieron a planta, por el primero que pregunté fue por él. «No, no ha podido venir, le ha salido un trabajo», me dijeron.
Los días siguientes, que tenía algo de tos y que temía tener el coronavirus y contagiarme.
La recuperación ha ido a buen ritmo y pronto me darán el alta. ¿Y sabéis qué? Tengo ganas de verlo y abrazarlo y agradecerle todo lo que ha hecho por mí toda mi vida y pedirle perdón por haber sido tan egoísta.
Algo ha cambiado dentro de mí. Esta dura experiencia me ha servido para valorar más la vida, la amistad, veo las cosas de otra manera, tengo más ganas de darme, de entregarme a los demás…
Parece que este nuevo corazón me ha insuflado mejores sentimientos, ver la vida y a los demás en toda su belleza…
Esta mañana me han hecho un electro y funciono de maravilla. «¡Pareces un chaval de 20 años!», me ha dicho Carmen, la enfermera.
Si todo va bien, hoy, después de la reunión del equipo médico, me darán el alta.
Estoy deseándolo, para poder ver a mis niños (aunque ya he hablado con ellos por Skype), pero sobre todo para ver a mi amigo del alma y contarle todo esto y decirle que lo echo de menos.
Ya están entrando. ¡Uy, viene toda la comitiva! Hasta la doctora Bermúdez ha venido desde Córdoba.
Es mi mujer la primera que se acerca y me dice:
–Cariño, hoy te van a dar el alta, pero antes de que nos vayamos de aquí, los doctores querían quedarse tranquilos de que tú ibas a estar bien del todo cuando te contara una cosa que no te he querido contar hasta asegurarme de que tu corazón estaba fuerte.
–No entiendo, ¿qué me tenéis que contar? No estoy curado, hay alguna dificultad con el transplante. ¡Yo me siento más fuerte que nunca! –contesto–
–No, no cariño, tú estás perfectamente, por eso sabemos que podemos decirte esto. Verás, está aquí la madre de tu donante.
–Ehh, ¿cómo? Pero eso no puede ser –respondo– hay unos protocolos de confidencialidad… Yo estoy muy agradecido pero…
–No, no, los protocolos se han seguido escrupulosamente. Pero a esta mujer la ibas a tener que ver más tarde o más temprano y hemos preferido que la veas aquí en el hospital… Pasa, adelante, entra –la invita mirando hacia la puerta de la habitación–
Tras la barrera del equipo médico aparece ella, con los ojos empapados en lágrimas pero con una gran sonrisa de alegría al verme. ¡Es la madre de mi amigo!
–Pero… es imposible. Él no puede haber muerto, lo vi en la UCI, al despertar ¡Lo vi! –grito–
–Las drogas que te pusimos para que estuvieras relajado tras la intervención son muy fuertes –contesta de la Peña– muchos pacientes tienen alucinaciones mientras están allí.
–El hecho de que fueras tú el receptor del corazón de mi hijo fue una casualidad –me explica la madre–. Porque él no me había contado que tú estabas esperando un transplante y tu mujer no se había enterado aún del accidente de mi hijo.
Fue luego, cuando ya te habían transplantado, cuando nos dimos cuenta de que había sido una bendita casualidad –concluye tiernamente–.
–Un accidente dice usted ¿y cómo fue? –le pregunto–
La doctora Bermúdez sale al quite:
–Él había venido a Córdoba a contarme tu caso porque teníamos un amigo común. A la vuelta, un conductor suicida invadió la autovía en sentido contrario.
Para evitar que chocara contra un autobús que iba en el carril de al lado, aceleró, y se adelantó a la colisión llevándose él el golpe frontal.
Llegó al hospital con muerte cerebral.
El conductor del autobús (era una excursión de un colegio, iba lleno de niños) nos lo contó todo. Dice que es un milagro que él se interpusiera, porque el coche iba directo hacia ellos. El conductor suicida también salió ileso.
Un hondo sentimiento de pena me acaba de invadir en ese instante. Mi amigo ha muerto salvando a muchos y, muriendo, me ha salvado a mí. ¡Cómo podré pagarle tanto amor, tanta entrega?
Quizá solo honrando el corazón que ahora bombea mi sangre.
Quizá solo siendo sus pies y sus manos, abandonando mi vida egoísta y miserable y convirtiéndola en una vida plena y generosa.
Ahora llevo yo ese corazón capaz de amar tanto. El corazón de un santo, de alguien capaz de dar la vida por sus amigos. Un corazón sagrado.
Por cierto, no he tenido aún oportunidad de decirte su nombre.
Se llamaba Jesús. Pero como su corazón sigue latiendo en mí, podemos decir que se sigue llamando Jesús.
Un corazón sagrado el suyo y ahora el mío. Es el Sagrado Corazón de Jesús. #SagradoCorazóndeJesús #FinDelHilo

P.D. Espero que os haya gustado este hilo de ficción, con el que he tratado de actualizar y profundizar en una advocación que a veces nos puede parecer lejana como es la del #SagradoCorazóndeJesús

Una advocación que nos habla de un hombre real, Jesús, cuyo amor y misericordia no tienen límites, que perdona nuestras faltas y desprecios sin límite y que continúa vivo en ti, y también en mí.

No es un Dios lejano el nuestro, sino que lo tienes al lado tantas veces sin darte cuenta. Repasa ahora el hilo poniendo tu historia en lugar de esta. Seguro que lo ves aparecer en cada momento.

Si te ha gustado este hilo, tienes 264 páginas de ellos en #LaCajadelosHilos

#HilodeBabel

Déjame que te cuente hoy una de las historias más fabulosas de la historia de la humanidad. Un relato actual con un mensaje absolutamente necesario para salir de la crisis. Y lo haré con la ayuda de este cuadro de Pieter Brueghel el Viejo. Es el #HilodeBabel#HiloLargo

Seguro que la oíste de pequeño. Te la contaron tus padres, tu profesor, o la leíste en alguna biblia infantil. Seguro que en tu imaginación aún la recuerdas como una historia fantástica. Si no te suena, te la recuerdo rápidamente. 

La recoge el capitulo 11 del libro del Génesis, que, como su propio nombre indica, es el libro que explica el comienzo de todo, los más ancestrales relatos contados de generación en generación.

Anoche mismo, se leyó en muchas parroquias, en la Vigilia de Pentecostés. Miles y miles de años de tradición oral y luego escrita llegan a nuestros oídos hoy con una fuerza brutal; cargados de sabiduría para explicarnos cosas que en la actualidad toda nuestra tecnología y conocimientos científicos no pueden explicar. 

Dice la Biblia que «Toda la tierra hablaba la misma lengua con las mismas palabras. Al emigrar del oriente, los hombres encontraron una llanura en el país de Senaar y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros: «Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos». Emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de cemento. Y dijeron: «Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance al cielo, para hacernos famosos, y para no dispersarnos por la superficie de la tierra». «El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres; y se dijo: «Son un solo pueblo con una sola lengua. Si esto no es más que el comienzo de su actividad, nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Voy a bajar y a confundir su lengua, de modo que uno no entienda la lengua del prójimo». El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad. Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra». Hasta aquí la cita. 

El cuadro de Brueghel el Viejo (se le llama «el Viejo» para diferenciarlo de sus hijos que también fueron grandes pintores) es una auténtica obra maestra y actualiza a su época (s XVI) el relato bíblico, como voy a hacer yo hoy. Si te fijas tiene cientos de personajes repartidos por todo el cuadro en diferentes planos. Algunos comparan los cuadros de este autor con el moderno género del cómic.

Y es que ciertamente puedes pasarte una tarde entera contemplando este cuadro escena a escena, viñeta a viñeta Si quieres contemplar el cuadro al más mínimo detalle, y tienes espacio en el disco duro, te invito a descargarte esta versión de 218 megas y disfrutarlo en pantalla grande upload.wikimedia.org/wikipedia/comm… 

Yo lo he hecho y me he tirado horas con él, zoom arriba y zoom abajo. Mira, por ejemplo estas 3 escenas. Son cada una un cuadro en sí mismas. Pero ¿en qué parte del cuadro están? ¿Jugamos a «Where’s Wally?»? A ver si las encuentras…

¡Hay hasta un caganer! Y es que Brueghel era muy bromista. Busca, busca 😜 El pintor actualiza el mensaje bíblico y planta la torre en mitad de una ciudad de su tiempo. Parece que podría ser Amberes, una de las urbes que mejor conoció el pintor. Una ciudad cosmopolita gracias a su afamado puerto comercial, donde se hablarían decenas de lenguas. En primer plano, Brueghel nos presenta a un rey con su cohorte visitando las obras mientras los canteros le rinden pleitesía.

Aunque la Biblia no lo dice directamente, la tradición atribuía al rey Nemrod, bisnieto de Noé, la construcción de la torre. Pero el rey que nos muestra el cuadro va vestido como los reyes del renacimiento. Y es que, con este cuadro, al parecer Brueghel quiere hacer una crítica a la poderosa dinastía de los Habsburgo. Si ahondamos un poco podemos ver muchas pistas de que esto es así. Ojo, no soy historiador, ni sé nada de arte, es una suposición que podéis rebatirme perfectamente. Os ruego que lo hagáis si me equivoco, que lo hago seguro. 

Pero dejadme aventurar… 

Los Habsburgo habían querido mantener a toda costa la unidad católica en su imperio, pero la reforma luterana sumió a Europa en una profunda crisis y finalmente tuvieron que ceder firmando la famosa paz de Augsburgo (1555). Con este documento, sellado por el representante del emperador Carlos V y la Liga de Esmalcalda (nobles protestantes opositores al rey) se permitía que cada príncipe eligiera para su Estado la confesión que quisiera. 

Y los súbditos tenían que acatar la decisión bajo la frase: «cuius regio, eius religio». Algo así como: «según quien sea tu rey, esa será tu religión». En caso de no estar de acuerdo, se les permitía, eso sí, mudarse. Entiendo que a Brueghel, como católico, no le haría ninguna gracia esa decisión. Así que… 

¿Y si «La torre de Babel» que Brueghel pintó en 1563 fuera su particular visión sobre la descomposición de la unidad católica? Porque, ¿no fue acaso el escándalo de la venta de indulgencias papales uno de los motivos que esgrimió Lutero para enfrentarse a Roma? ¿Y para qué se vendían estas bulas? ¡Ajá! Para construir el mayor edificio de la historia de la cristiandad, la imponente Basílica de San Pedro. Una imagen de la Torre de Babel. 

¿Y qué otro motivo enfrentó a Lutero con Roma? ¿No fue su particular traducción de la Biblia del latín al alemán? Como en Babel, la maldición de las lenguas que son origen de divisiones y faltas de comunión. Repito que hablo sin conocimiento, pero a mí hasta me parece ver en el consejero que acompaña al rey y que le dirige la palabra una caricatura (Brueghel, ya lo he dicho, era muy aficionado a la sátira) del mismísimo Lutero. Aquí os pongo un retrato de él para que me digáis si podría ser o no…

No sería la primera vez que lo hacía porque también le atribuyen otra caricatura del monje alemán en un cuadro suyo anterior, «El combate entre don Carnal y doña Cuaresma». Os pongo el detalle de la supuesta caricatura.

El rey del cuadro estaría prestando oídos a las nuevas ideas de su particular «asesor» y obligando a sus súbditos a obedecerle. Pero dejemos las elucubraciones y vayamos a lo que sí vemos en el cuadro sin ningún género de dudas. La torre es imponente, absolutamente descomunal, los hombres parecen hormigas, los castillos, murallas, iglesias, naves y edificios de todo tipo que podemos ver en el cuadro parecen ridículos al lado de esa gran mole. 

Sin embargo, lejos de despertar admiración, la torre ofrece una imagen lamentable. No se sabe si se está construyendo o demoliendo. Aunque parece estar cimentada sobre roca, su aspecto es inestable. Pareciera estar a punto de colapsar sobre la ciudad que le da cobijo. 

Mientras algunos se afanan por rematar la cima más allá de las nubes, algunos están todavía trabajando en los cimientos. Están, como se suele decir, comenzando la casa por el tejado. Un caos. La metáfora de la ruina del hombre que se cree como Dios, que quiere ocupar el lugar de Dios, que quiere que los hombres se arrodillen ante él antes que ante Dios. 

La metáfora de lo efímero del esfuerzo humano, de la locura de la vanidad y la soberbia que ciegan la razón y nos ofrecen promesas que son humo. Investigando en las posibles inspiraciones que sirvieron a Brueghel para realizar la obra, encontramos más significado aún. La torre recuerda a los zigurats, esos templos en forma de pirámide de la antigua mesopotamia en los que centran sus investigaciones los que pretenden encontrar la torre de Babel original.

Pero si te digo que nuestro amigo «el Viejo» estuvo algunos años trabajando en Roma… ¿Qué gran edificio de la ciudad eterna crees que le pudo servir de inspiración? Fíjate en los arcos, en las estructuras internas… ¡Efectivamente! Este

Y es que las ruinas del Coliseo son otro gran símbolo de la soberbia de quienes pensaban que su obra duraría para siempre; de quienes, enfrentándose a Dios (en su arena encontraron la muerte numerosos mártires), terminaron cayendo. En el cuadro vemos los efectos de la desunión, de la falta de comunión entre los hombres: la ruina y el caos. 

Pero vamos a explicar bien, ya no el cuadro, sino el pasaje bíblico. Si no eres creyente, hasta aquí hemos llegado con el hilo de hoy; algunas curiosidades y datos de la obra y poco más, pero si eres creyente o al menos estás abierto a descubrir cosas nuevas, ahora viene lo bueno. 

Porque como cuento para explicar a los niños el porqué de la pluralidad de lenguas es estupendo, pero seguro que a ti, ya como adulto, no te convence. Y es que no, la Biblia no es un libro de historia (aunque la contiene), ni es un libro científico (aunque tiene aspectos útiles). Ni la historia ni la ciencia son sus objetivos. 

Es un libro en el que Dios se autorevela, nos habla de quién es y nos ofrece el camino para llegar a Él, puesto que Él es la respuesta a todas nuestras dudas, no históricas, ni científicas; sino personales, sociales y existenciales. Y es que Él es la respuesta a nuestro anhelo de amor, de felicidad y de eternidad. Lo explica el Concilio Vaticano II diciendo que «dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo» y que, por esta revelación, «Dios invisible habla a los hombres como amigos movido por su gran amor». 

Sin embargo, cuando leemos la historia de la Torre de Babel, como ocurre con algunos otros pasajes bíblicos, encontramos a un Dios poco amoroso, que castiga las malas acciones de los hombres. En este caso es evidente. La soberbia es castigada con la división de lenguas. Pero hay que entender que, para la mentalidad semítica, todo viene de Dios: lo bueno y lo malo es de Dios. Dios premia y castiga.

Una buena salud es el premio de Dios a una moral recta, mientras que la enfermedad es el castigo por el pecado. 

Jesús se encarga de explicar bien que esto no es así (Dios se va revelando poco a poco desde tiempos remotos y llega a su plenitud en Jesús que es la Palabra hecha carne). Y lo hace en el pasaje en el que cura al ciego de quien le preguntan si pecó él o sus padres para estar así. «Ni pecó este ni sus padres, sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él», les responde. Dios quiere que todos los hombres se salven, y las cosas aparentemente malas que nos ocurren en la vida están para ayudarnos a llegar a Él. 

Como expliqué en el #HilodelCoronavirus, Dios no nos ha castigado con una pandemia por nuestro pecado como algunos erróneamente creen. Ese no es la forma de hablar «a los hombres como amigos movido por su gran amor». Pero claro que hay un mensaje detrás. Con ese fenómeno natural, no directamente provocado sino como parte de la contingencia de la creación, sí que nos está mandando un mensaje. Un mensaje que ya estaba escrito desde antes de que existiera el planeta tierra. El mensaje es: no construyas tu casa sobre arena, porque viene una crecida y de un plumazo todo en lo que habías puesto tu vida (salud, dinero, bienes materiales), desaparece, como nos ha pasado ahora. 

Cuando construyas, hazlo sobre la roca que es Dios. Si lo metes en la ecuación, podrás pasar por encima de crecidas y torrentes, porque tu vida no se apoyará sobre cosas que se pueda llevar el agua. El episodio de Babel también tenía escrito un mensaje previo. Pero para entenderlo bien hay que escudriñar un poco más la escritura. Según la traducción que hemos leído, los hombres querían hacerse «famosos», pero el texto hebreo dice exactamente que querían «hacerse un nombre». ¿Qué es «hacerse un nombre»? Una forma de perpetuarse, de hacerse inmortales.

Es el mismo pecado de Adán y Eva a quien la serpiente le prometió «ser como dioses» si accedían a comer el fruto del árbol. Ponerse por encima de Dios, tratar de vivir sin Él, intentar independizarnos de quien es el origen y sentido de nuestra vida nos lleva (de forma consecuente, no por «castigo directamente infligido») a la desgracia, a la desolación, a la muerte. Y es que ¿sabes qué nombre nos da verdaderamente la inmortalidad? ¿qué nombre nos otorga hacernos «famosos» en el sentido de perpetuarnos para siempre? 

El «nombre sobre todo nombre» del que habla San Pablo a los Filipenses: el nombre de Jesús, muerto y resucitado para siempre y que ha abierto el cielo para nosotros. Dice Pablo en esa carta (Cap 2) que, a Jesús, Dios «lo exaltó hasta lo sumo» (lo más alto de la torre) «para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla» (las de los obreros, las del rey Nemrod y las de los reyes de todas las épocas) «y toda lengua (atención, ¡toda lengua!) confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre».

Madre mía, qué concordancia. 

Y otra cosa a tener en cuenta del texto es que dice que los hombres decidieron hacer la torre con ladrillos en lugar de con piedras. Otro rasgo de soberbia: querer igualarse a Dios usando la materia prima con la que él nos hizo, el barro. Tocar al ser humano, el culmen de la creación, es uno de los pecados más graves; y hoy en día, la vida de muchos hermanos nuestros no vale un céntimo.

No te hablo solo de los abusos en bioética, sino en la economía, en los derechos humanos… Comencé el hilo (y ya estoy acabando) diciendo que la Torre de Babel nos puede ayudar a salir de la crisis. ¿Cómo? La fiesta de hoy, Pentecostés, nos lo explica. Y es que, junto a esta lectura de la Torre en la vigilia, en la Misa del día se ha leído el pasaje de los Hechos de los Apóstoles en el que estos reciben el Espíritu Santo. Se manifiesta en forma de viento fuerte y fuego y les hace hablar lenguas extrañas de forma que cada uno que lo oía lo hacía en su propio idioma. 

La «maldición» de la separación de los hombres, de la imposibilidad de entenderse unos con otros, desaparece al soplo del Espíritu. Pentecostés cura a Babel. Frente a la confusión, comunión. El Espíritu (Dios) nos ayuda a entrar en comunión unos con otros, nos ayuda a entendernos aunque seamos cada uno de ideas distintas, de distintas formas de ser, aunque tengamos distintas concepciones del mundo… 

Para salir de la crisis hay que construir una torre que nos proteja del coronavirus. Pero podemos construir una ruinosa o una verdaderamente eficiente. Por muchos millones de dólares o de euros que los bancos centrales inyecten, por muchos planes de recuperación que se pongan en marcha, por muy rápido que salga la vacuna, por muy alta que sea esta torre, todo puede quedar en nada si no lo hacemos en comunión. Yo sé que si no eres creyente todo esto de contar con Dios te sonará a chino.

¡Uy, perdón por la frase hecha en este contexto! 😅 Pero mira, también con los chinos hay que entenderse para salir de esta. 😉 ¿No fueron precisamente las dificultades de comunicación de China con el resto del mundo y del resto de las naciones entre sí las que provocaron que la epidemia se convirtiera en pandemia? ¿No son los deseos de cada potencia de estar por encima de las demás, de construir la torre más alta los que nos están llevando a una situación de crispación y crisis diplomática? ¿No es increíble que en la época en la que más avanzados son los medios de comunicación sea cada vez más difícil encontrar en ellos la verdad? La paradoja de la comunicación digital ¿Qué nos está pasando?

Que, sin Dios, estamos como los personajes del cuadro, trabajando cada uno por su lado, afanados en lo que no tiene futuro. Nos falta perspectiva. Tu verdad no es la verdad, ni la del presidente chino, ni la del presidente norteamericano, español, mexicano o colombiano.

Para eso hay que escuchar, tenemos que bajar cada uno de nuestra torre y escuchar. Y si escuchamos con el corazón blando, no buscando dónde está el fallo del otro sino dónde puede estar su parte de verdad y trabajamos juntos por ella, podremos salir de esta. Dentro de la Iglesia pasa lo mismo. Si no hacemos un esfuerzo por entendernos, si solo buscamos el conflicto creyéndonos todos saber más que el papa, nos volverá a pasar como en la época de Brueghel. 

Hace falta humildad para ver esto. Humildad para no creernos dioses, para saber que Dios, a través del Espíritu Santo, se hace presente en todos, en la humanidad entera. También en el que no piensa como nosotros, también en el que no cree como nosotros. Pasar del yo al nosotros, esforzarse por entender al otro en su idioma, pedir a Dios el don de su Espíritu, comprender que solo Dios puede darnos la verdadera fraternidad. 

Porque solo el mensaje de «amaos los unos a los otros como yo os he amado» puede salvarnos de la barbarie. Si no ponemos al hombre y a la mujer en el centro de nuestras políticas, si primamos el beneficio económico de unos pocos, la geopolítica o la ideología, construiremos de nuevo una aparentemente bella pero totalmente inestable torre. 

Que caerá, como parece que va a pasar en el cuadro de «el Viejo» encima de nuestra ciudad, aplastándola. Y es que solo podemos ser hermanos de verdad si reconocemos un padre común.

Si no, lo siento mucho, seguiremos construyendo unos contra otros, como en la magnífica Torre de Babel de Brueghel #FindelHilo

Recuerda que tienes 264 páginas de hilos en #LaCajadelosHilos. Consíguelo aquí

#HiloAPTC

Yo no sé si ha sido el confinamiento, pero esta Pascua se me ha pasado volando.

En el calendario cristiano vienen ahora unas fiestas llenas de significado. Con este hilo no se te olvidarán jamás. Te voy a explicar la regla del A-P-T-C ¿Te APeTeCe? #HiloAPTC #Ascensión

Bueno, ahí está la regla mnemotécnica para recordar las fiestas con las que se concluye el tiempo Pascual y que nos van a ocupar los cuatro próximos domingos: Ascensión, Pentecostes, Trinidad y Corpus. Sus iniciales forman la palabra «apetece» Ya os expliqué en el #HilodelaCeniza que la Pascua es la fiesta más grande del calendario cristiano y que todo el año litúrgico gira en torno a ella. Si lo queréis releer pincha en este enlace…
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Es tan importante, que se prepara durante 40 días antes (la Cuaresma) y se celebra durante 50 días después (el tiempo pascual). En total, una cuarta parte del año. Bueno, en realidad, la Pascua se celebra todo el año. Porque cada vez que celebramos la Eucaristía, estamos haciendo presente el misterio pascual de Cristo que ha muerto (muere en ese momento) y ha resucitado (resucita ahí, en directo). 

Esto es muy importante que lo sepas porque en la Eucaristía no solo «recordamos» la última cena, el sacrificio de Cristo en la Cruz muriendo por nosotros y resucitando, sino que ¡vuelve a suceder! ¡O sucede por primera vez! Uno de los documentos del Concilio Vaticano II lo expresa así: «La obra de nuestra redención se efectúa cuantas veces se celebra en el altar el sacrificio de la cruz, por medio del cual «Cristo, que es nuestra Pascua, ha sido inmolado»» (LG, 3) «Se efectúa», dice. 

A lo mejor vas a Misa como el que va al cine, ves la peli y te vas. Pero la Eucaristía es algo muy gordo, un misterio que pocas veces llegamos a entender del todo porque supera nuestras capacidades humanas. ¿O sea que Cristo no murió y resucitó por mí en el siglo I, sino que eso va a pasar hoy cuando vaya a Misa? Digamos que sí pero no. Efectivamente, Cristo murió y resucitó en el siglo I, pero como Él no está ya sometido a las leyes del espacio y del tiempo, quiso quedarse con nosotros PARA SIEMPRE, de esta forma, en un bucle infinito. 

O sea que no tienes que viajar hasta un agujero negro para comprobar la curvatura del espacio-tiempo, sino que aquí en la Tierra, abajo en tu parroquia, se están produciendo a diario fenómenos cósmicos y tú sin enterarte. Bueno, al lío, que pierdo el hilo Decía que la Pascua es el centro, y que el resto de las fiestas del año dependen de ella. Y para terminar el gran periodo festivo, la traca final que es la cincuentena Pascual, viene el remate de las 4 fiestas A-P-T-C Como esos truenos finales que rematan un espectáculo pirotécnico. 

La primera es la de la ASCENSIÓN, que en muchos países celebrasteis este jueves, pero que en otros muchos celebraremos hoy domingo. La Ascensión es la fiesta en la que conmemoramos que Jesús, tras resucitar y aparecerse durante cuarenta días a sus discípulos hablándoles del reino de Dios, ascendió a los cielos. Lo cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles (1, 1-11) Por eso, cae en jueves, 40 días de apariciones desde el domingo de Pascua (inclusive) Hay otra regla nemotécnica para recordar las fiestas cristianas que caen en jueves en forma de cancioncilla. Seguro que la conoces: 

Tres jueves hay en el año
que relucen más que el sol
Jueves Santo, Corpus Christi
y el Día de la Ascensión. 

En mi ciudad (como en muchos otros lugares del mundo) solo el Jueves Santo sigue celebrándose en jueves; las otras dos se trasladaron al domingo siguiente, para facilitar que los fieles podamos celebrarlas convenientemente, ya que no son festivos en el calendario laboral. Así pues, hoy domingo, VII de Pascua, muchos celebraremos la Ascensión del Señor. Con esta fiesta digamos que se completa el círculo. Dios ha «bajado» a la Tierra para salvar al hombre y ahora vuelve a «subir» al cielo a prepararnos sitio, marcándonos el camino que hemos de seguir. 

La Ascensión es una llamada a la santidad, a no quedarnos (como los discípulos en el episodio que narra Lucas en el libro de los Hechos) plantados mirando al cielo, sino a ponernos a trabajar para poder estar un día junto a Él. Fijaos que he entrecomillado los verbos subir y bajar porque obviamente Dios ni bajó ni subió físicamente.

El cielo no está arriba y nosotros abajo. Dios no contempla el planeta Tierra desde Ganímedes Son términos que se usan dentro de un lenguaje figurativo para explicarnos lo que no se puede explicar con palabras porque el cielo no es un lugar físico alejado de la Tierra, sino un estado del ser. El mismo lenguaje simbólico lo usamos cuando decimos «me he venido arriba», en el sentido de crecerse; o «qué subidón» cuando uno tiene la adrenalina alta. Son «elevaciones», «ascensiones» simbólicas. 

Y es que el Reino de los cielos ya ha llegado. Está aquí mismo, presente de forma misteriosa entre nosotros. Por eso podemos rezar y ser escuchados sin que nuestra voz tenga que viajar años luz para ser escuchada «allá arriba». Por eso, la experiencia creyente hace que nos sintamos acompañados y consolados sin que tenga que «venir» nadie, sino que notamos a Dios o a María o a los santos cerca. ¡Porque están aquí mismo! No tienen que viajar desde ningún sitio. La comunicación cielo-tierra no es vertical, es transdimensional. 

Bueno, pues después del domingo de la Ascensión, el siguiente será PENTECOSTÉS. Ya te expliqué también en el #HilodelRocío por qué es la segunda fiesta cristiana más importante (rivalizando con la Navidad). Para saber más, puedes leer el hilo aquí

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Hoy es el domingo de Pentecostés que marca el final de la cincuentena pascual, el tiempo litúrgico que sigue a la fiesta más importante del año para los cristianos: la Pascua de Resurrección del Señor.

En Pentecostés, concluimos el tiempo Pascual coincidiendo con los judíos, 50 días después de la Pascua. En esta fiesta celebraremos la «bajada» (otra vez entrecomillada) del Espíritu Santo sobre la Iglesia reunida en el cenáculo. Jesús se ha «ido», pero no nos deja solos, sino que nos envía a un abogado defensor (el paráclito, en griego) El Espíritu es absolutamente fundamental para la vida cristiana. No podemos vivir sin Él. 

Ni aunque vieras al Resucitado (como les pasó a los discípulos) tendrías una vida cristiana si no viniera sobre ti el Espíritu. El Espíritu es el que hace que Jesús nazca dentro de ti, te resucita por dentro. Ese Espíritu es el que te hace ver como actual el misterio de la muerte, resurrección y ascensión del Señor. Es Él quien le dice a tu corazón: Cristo está vivo, hoy, y te ama. Si tienes esta fe, el Espíritu habita en ti. No es mérito tuyo, sino un don del cielo. Por eso decimos en el Veni Creator (un himno antiquísimo) que el Espíritu es «don de Dios altísimo». 

Esto nos prepara para explicar la siguiente fiesta, que se celebra el domingo después de Pentecostés, ya fuera del tiempo pascual. Te hablo de la solemnidad de la SANTÍSIMA TRINIDAD 

Ya sabes que este es el gran misterio de la fe cristiana. Tres personas que son un solo Dios. ¿Cómo se explica? Imposible, muy difícil siquiera acercarnos. A mí me gusta decir que la Trinidad es la forma necesaria de ser de un Dios que es Amor. No es un Dios que ame, sino que ES amor. El amor no puede vivirse en soledad. Necesita de otra persona. Y para ser perfecto este amor mutuo, necesita no encerrarse sino abrirse a un tercero. 

¿Quieres saber qué es el amor? Mira a la Trinidad: comunidad perfecta de amor. Por eso, la familia cristiana (indisoluble, abierta a la vida…) es reflejo de la Trinidad: dos abiertos a un tercero (los hijos). 

Por eso, la familia está en el plan de Dios-Trinidad. Dios-Amor nos creó «a su imagen y semejanza». Por eso, la Iglesia se pone tan seria defendiendo a la familia, no por odio ni fobia contra quien no quiera aceptarla como modelo, sino porque quiere que los hombres y las mujeres experimenten la belleza del amor que Dios ha dejado inscrita en nuestros genes. 

La diferenciación sexual nos pone en relación al otro, nos llama naturalmente a la comunión con el otro, de la que brota un tercero. Tu ser hombre o ser mujer no es casual, ni fruto de un capricho de la naturaleza, sino una invitación al amor verdadero de quien es el Amor verdadero. 

Luego, tú haz lo que te dé la gana con tu vida, por supuesto, para eso Dios te ha dado la libertad. Dios te va a amar igual, pero te estarás perdiendo el regalo que Dios tenía pensado para ti Sobre esta llamada a la relación que todos tenemos, Benedicto XVI ahondaba diciendo que a Dios Trinidad «lo podemos intuir, en cierto modo, observando tanto el macro-universo —nuestra tierra, los planetas, las estrellas, las galaxias— como el micro-universo —las células, los átomos, las partículas elementales—.

En todo lo que existe, está grabado, en cierto sentido, el «nombre» de la Santísima Trinidad, porque todo el ser, hasta sus últimas partículas, es ser en relación y así se trasluce el Dios-relación, se trasluce en última instancia el Amor creador». 

«Todo proviene del amor, tiende al amor y se mueve impulsado por el amor», finaliza el papa emérito. Y aquí enganchamos también ya con la última de las fiestas, la del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, el CORPUS CHRISTI, en la que cantamos al «Amor de los Amores». 

Una fiesta grande grande en la que celebramos que Dios se hace pequeño pequeño. Dice el papa Francisco que «el amor hace obras grandes con lo pequeño. La Eucaristía nos los enseña: allí está Dios encerrado en un pedacito de pan. Sencillo y esencial, Pan partido y compartido, la Eucaristía que recibimos nos transmite la mentalidad de Dios» ¿Y cuál es la mentalidad de Dios?

La Trinidad nos lo explicaba, la de entregarnos a los demás, la donación al otro. Dice el papa que la Eucaristía es «antídoto contra el “lo siento, pero no me concierne”, contra el “no tengo tiempo, no puedo, no es asunto mío». En tiempos duros como los que estamos viviendo y nos quedan por vivir, la Eucaristía es el alimento que necesitamos para llevar el consuelo de Dios al mundo. 

En el «dadles vosotros de comer» que pide Jesús a sus discípulos, encuentra sentido toda la labor que la Iglesia a través de Cáritas y tantas instituciones católicas realiza por los más vulnerables. 

Cáritas es Eucaristía, Cáritas es amor trinitario, Cáritas es el soplo del Espiritu que nos hace salir de nuestro egoísmo, Cáritas es la presencia diaria de Cristo entre nosotros. 

Lo escucharemos en el Evangelio de hoy, fiesta de la Ascensión, primera de las cuatro del APTC: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos». Ya sabes, Él ha «ascencido», pero está contigo todos los días: está en la Palabra de Dios, está en la Eucaristía, está en la familia, está en el hermano que sufre… 

Si quieres, puedes «subir» donde Él. ¿Qué dices? ¿Te APTC? #FindelHilo.

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#HilodeFátima

Hoy, 13 de mayo, es la fiesta de Nuestra Señora de Fátima. Conozco a mucha gente a quien las historias de apariciones, aunque sean de la Virgen, les dan un poco de escalofríos. El mensaje de hoy es muy claro: ¡No temas! #HilodeFátima#VirgendeFátima

De pequeño me encantaban los programas de misterio, ¿os acordáis de Jiménez del Oso? Era el Iker Jiménez @navedelmisterio de nuestra generación. 

Era la época del Beta y el VHS, y ver películas de terror del videoclub era uno de los entretenimientos favoritos de los de nuestra generación. Pero luego, la verdad es que uno lo pasaba mal cuando se quedaba solo… ¿Te acuerdas? 

Fantasmas, apariciones, fenómenos paranormales, niñas endemoniadas… lo típico. Yo llegué al punto de pasar bastante miedo en algunas ocasiones cuando me quedaba a oscuras o solo en casa… Gracias a Dios, este miedo irracional fue desapareciendo conforme fue creciendo mi amistad con Jesús y conociéndolo racionalmente. 

Pero, ¿qué estás diciendo? ¿Cómo va a ser racional tener amistad con un humano fallecido hace 2.000 años? Te equivocas si crees que fe y razón son incompatibles.

Es mi razón la que me hace ver los signos inequívocos de la existencia de Dios en mi vida. En momentos puntuales, que tengo marcados como hitos en el camino, Dios me ha mostrado su fuerza, su poder y su amor. Mi razón me hace ver en la vida y en la muerte de Jesucristo la verdad más profunda del hombre, que no está en el poder humano, ni en el egoísmo, ni en el dinero, sino en la sencillez, en la entrega, en el amor. 

Cuando, con la ayuda de la gracia, yo he imitado esa vida desapegada de los bienes materiales, humilde y de entrega, he experimentado (¡Con mi razón, con qué si no!) una felicidad que no me ha aportado ninguna otra propuesta de las que abundan en nuestro mundo. Solo desde el método científico, o sea, experimentándolo por ti mismo y comprobándolo una y otra vez, puedes conocer que Dios existe verdaderamente y te ama. ¿Has hecho alguna vez la prueba de abandonarte a Él? Yo hice el salto al vacío y os prometo que aquello me cambió. 

Pero volvamos al tema. ¿Cómo ayuda la fe a perder el miedo? Pues principalmente porque te hace sentirte cuidado, acompañado en cada momento, nunca solo. Si Dios está conmigo, ¿qué podrá hacerme el hombre? La fe en la resurrección, la promesa de la vida eterna quita el miedo a la muerte y hace desvanecerse cualquier otra creencia extraña. Si la muerte ha sido vencida. ¿A qué otra cosa temer? Solo a una: a no ir al cielo. Porque el infierno no es un cuentito asustaviejas. Es real y una posibilidad que nunca hay que despreciar. No temo a que Dios me condene (¡Si Él es todo misericordia!), sino a perder yo el norte e irme por el mal camino, a torcer mi rumbo… 

Se empieza por no ver al hermano más cercano, su sufrimiento, su dolor. Se sigue centrándose uno solo en su bienestar, su placer, su gusto, su comodidad… y se termina endiosándose uno a sí mismo de tal manera que ya no ve a nadie más que a sí mismo. Si Dios no es necesario, porque yo soy Dios; una vez que se te acaba esta vida –porque a la hermana muerte, como la llamaba San Francisco, no la sortea nadie–, ¿cómo encontrar el camino al cielo? 

No puedes 

Y esa es más o menos mi idea del infierno, un laberinto infinito de soledad en el que no puedes contemplar la belleza, la bondad y el bien, porque solo puedes verte a ti mismo; y en el que das vueltas y vueltas ¡POR TODA LA ETERNIDAD! Un círculo vicioso del que es imposible salir y del que Dios no puede rescatarte porque dándote la libertad ha perdido, en cierta medida, su poder contigo. ¿A que eso sí da escalofríos? Un laberinto eterno de soledad… 

El camino contrario al infierno es la santidad. Por eso la evangelización, por eso la Iglesia, por eso el bautismo… «Sed santos porque yo, Yahveh, vuestro Dios, soy santo» (Lv 19,2) «Sed perfectos como vuestro padre celestial es perfecto» (Mt 5, 48) ¿Qué significa ser santos? Pues ser como Dios es. Recuperar esa «imagen y semejanza» del Génesis que perdimos por el pecado. Y Dios no se olvida del pequeño, del que sufre, del que menos tiene. Dios es compasivo ¿Lo eres tú con tu prójimo? Dios es generoso ¿Lo eres tú en esta pandemia? Dios no toma en cuenta el mal ¿Cómo te llevas con tu enemigo? Dios dio su vida por ti ¿La entregas tú por otros? Y por eso la llamada a la santidad que la Iglesia renueva constantemente. Todos estamos llamados a ser santos, no es algo para unos privilegiados. Ya he contado muchas veces que uno de los momentos cruciales de mi vida fue este:

Yo tenía 15 años y aluciné con estas palabras de San Juan Pablo II. ¿Yo ser santo? ¿Pero eso es para gente un poco rara no? Pero no, fíjate que relaciona santidad con libertad. Ser santo te hace auténticamente libre frente a las esclavitudes del mundo, frente a las esclavitud de mirarte solo a ti mismo.

 ¡No tengáis miedo! Volvemos al tema del principio del hilo. ¿Porqué vamos a temer a Dios? ¿Qué mal puede hacernos quien ha dado su vida por nosotros? ¿Sabes quién teme a Dios? El mal que habita en nosotros y que odia a Dios, no soporta su luz. Por eso trata 24/7 de apartarnos de Él y nos infunde miedo a hacer su voluntad, a seguirle… ¡No te dejes engañar! ¡No tengas miedo a tu padre bueno que solo quiere lo mejor para ti! La vida cristiana no quita nada, y lo da todo. La vida cristiana es garantía de felicidad. 

La vida cristiana es un fenómeno paranormal que está ocurriendo ahora mismo. Yo, quizá a miles de kilómetros de ti, estoy escribiendo esto que está removiendo tu espíritu y le está diciendo ¡sal de esa esclavitud, de ese pecado! y vuelve al encuentro con tu Padre. Él te espera con los brazos abiertos, quiere sacarte del infierno en que vives que es tu egoísmo, tu «yocentrismo» y quiere ponerte de cara a los demás, quiere que vuelvas a mirar al prójimo con la mirada de amor de la que Dios te dotó y que perdiste por el pecado 

Quiere que seas santo, que vayas al cielo con Él para siempre. Si un espíritu es capaz de hablar con otro a miles de kilómetros, ¿qué más película fantástica quieres ver? ¿Temor a las apariciones marianas? Bueno eso es normal porque no ocurren todos los días ni a todo el mundo. La Iglesia es muy prudente con estos fenómenos que no son dogma de fe. Reconoce en ellos (en muy pocos) la mano divina, pero no te obliga a creer en ellos porque todo lo que tenía que revelarnos Dios ya lo hizo de la mano de Jesucristo. Son divinos en tanto en cuanto nos llevan a Él. ¿Y qué les dice María a los pastorcillos?

Vamos a dejar a la propia Lucía (una de las videntes de Fátima) que lo cuente: «[…] vimos otro relámpago; y, dados algunos pasos más
adelante, vimos sobre una carrasca una Señora, vestida toda de blanco, más brillante que el sol, irradiando una luz más clara e intensa que un vaso de cristal, lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos del sol más ardiente. Nos detuvimos sorprendidos por la aparición. Estábamos tan cerca que nos quedábamos dentro de la luz que la cercaba, o que Ella irradiaba. Tal vez a metro y medio de distancia más o menos. Entonces Nuestra Señora nos dijo:
– No tengáis miedo. No os voy a hacer daño.
– ¿De dónde es Vd.? – le pregunté.
– Soy del Cielo».

Hasta aquí la cita. 

¡No tengáis miedo! Eso es lo primero que nos dice (que te dice hoy) María. No tengamos miedo de vivir la vida del espíritu, no tengamos miedo a poner a Dios en el centro de nuestra vida, no tengamos miedo a ser santos!!! ¿No te parece mucha casualidad ese «no tengáis miedo» de María y el de Juan Pablo II? ¿No vienen si acaso del mismo lugar? Te recuerdo que tal día como hoy, fiesta de Nuestra Señora de Fátima, en 1981, cuatro balas atravesaron el cuerpo del papa polaco y lo dejaron con una cuarta parte de su sangre. Una de ellas (la que casi lo mata) está engarzada en una de las coronas de la Virgen de Fátima

Él relata que fue «una mano materna» la que lo salvó entonces. También hoy, la mano materna de María, de nuestra Señora de Fátima, viene en nuestro auxilio. 

Viene a decirte: no tengas miedo a Dios, teme solo al infierno de no estar junto a Él. «Tuve miedo y me escondí», dijo el hombre en el paraíso nada más caer en el pecado. ¡Ves cómo el miedo no viene de Dios! 

Ella viene a calmar todos tus miedos, miedo al coronavirus, miedo a la crisis económica, miedo a contagiarte, miedo a perder a seres queridos… miedo, miedo, miedo. Y frente a este miedo que viene de nuestra debilidad, ella viene con su palabra de consuelo, la misma primera palabra que el ángel Gabriel le dijo nada más saludarla: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús» (Lc 1, 30). No temas (pon aquí tu nombre), porque has encontrado gracia ante Dios. Si quieres, si estás dispuesto a acogerlo, hoy puede nacer dentro de ti una criatura nueva. Es Jesús. Él te librará de todo miedo, de todo temor. 

¿Aceptas ser santo? ¿Quieres vivir esta vida nueva sin miedo? Pues contesta con María, con Nuestra Señora de Fátima: Hágase en mí según tu Palabra #FindelHilo

#HilodelosPolíticos

El pasado Viernes Santo, en la tradicional oración universal me quedé parado en la de los gobernantes. ¿Rezar yo por (pon aquí el nombre del político que te cae mal)? ¡Jamás! Pues no es eso lo que nos enseña Jesús, hoy, en su fiesta de la Divina Misericordia #HilodeLosPolíticos

Cuando se mezcla política y religión, lo normal es que salten chispas.
Al igual que las creencias religiosas, las ideas políticas tocan lo más íntimo de cada uno de nosotros. Aquel lugar donde se mezclan tus ilusiones, tus esperanzas, tus deseos, tu forma de entender el mundo y al ser humano, tus planteamientos morales…
Así que espero no levantar ampollas, no herirte con mis palabras. Si lo hago, desde ya, mis disculpas.

Y es que, en muchas personas, creencias y opción política se llegan a asimilar de tal forma que se confunden.
Twitter es un lugar muy dado a esa confusión y salta a la vista especialmente en algunos perfiles.
Critican la opción contraria al cristianismo del político del otro bando, pero disculpan la del que sí pertenece a su partido.
Cuando en las propuestas de su partido hay aspectos contrarios al cristianismo se hacen los suecos, pero cuando estos aspectos son propuestos por el otro bando son el demonio personificado.
Muchos son apocalípticos y ven al anticristo en cualquier decisión política del gobernante que no es de su línea…
Quizá te pasa a ti, a lo mejor me pasa también a mí.
Es normal porque somos humanos.

A mí se me iluminó también este problema meditando ese mismo Viernes Santo un fragmento del relato de la Pasión según san Juan que leímos aquí en casa en los oficios domésticos.
Y luego por la noche, esa misma escena en la película la Pasión de Mel Gibson, que pusieron en Paramount y que vimos toda la familia.
Uf, hace más de una semana ya de aquello. Perdón por no haber publicado antes el hilo, pero a pesar del confinamiento, no he tenido un rato tranquilo…

Te hablo del diálogo de Jesús con Pilato.
Dice que este lo llamó y le dijo:
«¿Eres tú el rey de los judíos?»
Jesús le contestó:
«¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»
Pilato replicó:
«¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»
Jesús le contestó:
«Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».
Pilato le dijo:
«Conque, ¿tú eres rey?»
Jesús le contestó:
«Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he  venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»
Pilato le dijo:
«Y, ¿qué es la verdad?»
Luego intentó de todo por salvarlo, ver si lo podía liberar como era costumbre por Pascua, pero el pueblo pidió que mejor a Barrabás; lo azotó para ver si viéndolo machacado se daban por satisfechos.. pero nada.
De nuevo entra en el pretorio y le dice:
«¿De dónde eres tú?»
Pero Jesús no le dio respuesta.
Y Pilato le dijo:
«¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?»
Jesús le contestó: «No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».
¡Madre mía, cuánto que aprender de aquí!

En primer lugar, “mi reino no es de este mundo”, esto debería bastar para aclarar todas esas confusiones entre ser seguidor de Cristo y de tal o cual partido.
¿Cristo es el rey de tu vida? Estupendo. Pero no ensucies su majestad poniéndolo al nivel del “rey” o grupo de seguidores del “rey” que tú quieres encumbrar, porque Jesús no ha venido a establecer una política o una ideología.
Ojo, que no estoy diciendo que los cristianos no deban entrar en política y llevar el Evangelio a sus decisiones e impregnar de la luz de la fe todas y cada una de sus acciones.
Eso no es solo bueno, sino que es incluso un camino de santidad. Una “forma eminente de caridad”, llamó Pablo VI a la política.
Estoy hablando de otra cosa.
Estoy hablando de que tu verdad, tus ideas políticas, esas que tú crees que son la única verdad. Esa verdad que tú ves claramente y que matarías por defender, no son el Evangelio, no son La Verdad.
La Verdad nos trasciende, la Verdad es inalcanzable…
“¿Qué es la verdad?”, se pregunta Pilato, y la tiene delante: la Verdad es Cristo humillado: ¡Ecce homo! Un misterio.

Por eso todas esas ideologías, todos esos partidos, de izquierdas o de derechas, de arriba o de abajo, de adelante y de atrás que se arrogan el nombre de Cristo para machacar al contrario, ya van mal.
Por eso vas mal cuando, en lugar de rezar por tus gobernantes, rezas “contra” ellos.
Que sí, que sé que lo haces… 😉
¿No te das cuenta de que tu alcalde, tu presidente o gobernador regional, federal, nacional o supranacional, tu rey o tu primer ministro, dependiendo del lugar desde el que me leas, es un pobre hombre o una pobre mujer igual que tú?
¿No has descubierto, con el Evangelio delante, que no tendrían “ninguna autoridad” si no se les hubiera “dado de lo alto”?
Por eso, aunque sean injustos, como lo fue Pilato, rezamos por ellos «para que Dios, nuestro Señor, según sus designios, los guíe en sus pensamientos y decisiones hacia la paz y libertad de todos los hombres» (así reza la oración por ellos del Viernes Santo)
Rezad «por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad», pedirá San Pablo.

¿Rezar por este, que tiene a su pueblo hundido en la miseria? ¿Rezar por aquella que nos va a llevar a la ruina? ¿O por aquel otro, que tiene las manos manchadas de sangre?
¡Pues con cuánta más razón! ¿No estarán entonces más necesitados?
Otra cosa distinta es que no creas en el poder de la oración, en el poder de Dios, y que lo quieras conseguir todo con tus puños.
Es lo que le pasó a Judas. Confundió fe y política. No entendía cómo Jesús no se rebelaba, no mandaba llamar a su ejército celestial. Y el pobre acabó tristemente, porque antepuso su verdad (la única que él veía) a la Verdad.
Incluso, recomienda el papa Francisco, haz penitencia por ese presidente, por aquella ministra… ofrece un pequeño sacrificio por él o por ella.
Porque es fácil criticar desde el sofá a los políticos: “son unos ladrones, no buscan el bien del pueblo, anteponen sus intereses al de su país”… Pero olvidamos que son de la misma carne que tú y que yo.
Que tienen debilidades humanas, luchas internas dentro de sus partidos, vanidad, miedos, afán de ser reconocidos y también les gusta el dinero ¿a quién no?
Soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula y pereza…
¿Te suenan?
¿Podrías decirme cuál de los 7 pecados capitales no tienes tú?
Yo no pondría la mano en el fuego por mí mismo. ¿Tú sí? Poco te conoces. (1 Jn 1, 7-8)
Bastaría dejarme el sillón de mando un par de semanas para que enseguida empezara a aflorar quién soy realmente. Todas mis debilidades.

Por eso, si tuviera esa responsabilidad, me gustaría que rezaran por mí. Por eso, como no la tengo, rezo por los gobernantes, porque entiendo que, la mayoría, trata de hacerlo bien.
Hasta los más crueles y mezquinos, en su cabeza, creen que hacen lo que deben. Pobrecillos, en el Juicio tendrán que dar cuenta de todo.
También Jesús rezó por ellos: ¡Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen!
Es la Divina Misericordia que celebramos hoy. ¿Incomprensible, verdad? Un misterio.
El problema es de los que sí saben lo que hacen, de los que sí conocen la verdad y, conscientemente, van contra ella: “Por eso, el que me ha entregado a ti –contesta Jesús a Pilato– tiene un pecado mayor”
¿Habrá un mal mayor que ordenar ejecutar a un hombre justo como hizo Pilato? ¿Habrá un pecado mayor que ordenar matar a Dios, al que es Amor?

Pues sí lo hay, el de quienes lo entregaron.
¿Y quiénes lo entregaron? Los miembros del Sanedrín, los “justos”, los “religiosos”, los “practicantes”…
Ahí es donde tienes que poner el ojo de tu crítica. ¿Eres un buen cristiano que ejerce como tal en todos los ámbitos de tu vida? ¿Es intachable tu conducta?
Porque a lo mejor eres un “cumplidor” pero eres sordo a la palabra de Dios, tu corazón está duro y no puedes reconocerlo en el hermano, en el que piensa distinto a ti.
¿Ves bien la viga en tu ojo antes de ver la mota en el ojo del político de turno?
Yo supongo que no, como me pasa a mí. Pero menos mal que tenemos a Dios, cuya Divina Misericordia hoy celebramos y es infinita.
Acógete hoy a ella y pide perdón por las veces en que quieres rebajar a Cristo a reyezuelo de este mundo.
Anímate a entrar en política si crees que es lo tuyo, que lo harías mejor que otros y que podría ser un servicio al prójimo. Y, si no, se prudente a la hora de criticar.
Critica de forma constructiva y no entres en el juego de ridiculizar al contrario porque es tu hermano y necesita, como tú, conversión, inteligencia, sabiduría…
Esos dones vienen desde arriba, pídeselos a Dios para ese que no te cae bien.
Hoy, los políticos del mundo se enfrentan a un cataclismo como nunca antes.
Como ciudadano, apóyalos más o menos, critícalos más o menos; pero como cristiano, implora para ellos esos dones necesarios para hacer las cosas “como Dios manda”.
“Paz a vosotros”, le dice en el Evangelio de hoy el Resucitado a los apóstoles encerrados en una casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
El mundo entero hoy está igual. Encerrado en su casa por miedo al coronavirus. ¿Cuál es la misión del cristiano? Ser portadores de su paz. Esa es la misión confiada a la Iglesia:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo», dice Jesús al entrar.

Seamos pues agentes de paz en el ámbito político, ayudando a distender en lugar de crispar; siendo cortafuegos en esas cadenas de wassap con campañas o memes agresivos ¡o falsos!
Seamos portadores de paz en las redes, siendo capaces de dialogar, de confrontar nuestras ideas y abrirnos a que el otro pueda tener parte de razón porque la verdad no la tengo toda yo.
Seamos instrumento de reconciliación entre los pueblos. Es el momento de grandes pactos, de grandes alianzas nacionales e internacionales. ¡Hemos de salir juntos de esto! Sin dejar a nadie atrás, poniendo primero a los más pobres y desvalidos…
Si eres capaz de no entrar en el juego de la confrontación que no conduce a nada, si no das RT o reenvías a tus contactos todo lo que va contra los “enemigos”, si apoyas las buenas decisiones vengan de donde vengan, …
y criticas las opciones contrarias a la dignidad del hombre, vengan de donde vengan, quizá alguno se pregunte de ti, como Pilato de Jesús: «¿De dónde es este?»
Y tú sabrás entonces, con gran paz, que no merece la pena contestar. #FindelHilo