#HilodeTheChosen

En este día de San Mateo, aprovecho para dar mi opinión sobre la serie #TheChosen que acabo de terminar de ver; la última producción sobre la vida de Jesús, en la que este apóstol y evangelista interpretado por Paras Patel es uno de los personajes principales #HilodeTheChosen

Para quienes no conozcáis aún la serie, os cuento que no se emite en ninguna de las plataformas habituales, ni Netflix, ni HBO, ni Prime Video, ni Disney+… 

Las dos temporadas que han salido hasta ahora se han financiado con el método del crowdfunding, es decir, son los propios espectadores los que, mediante pequeños donativos, van cubriendo los costes de producción del siguiente capítulo, de la siguiente temporada… 

Aun así, la serie se puede ver completamente gratis y el donativo se presenta solo como una opción de forma poco invasiva. ¿Pero cómo verlo? Pues muy fácil, es una App. Solo tienes que bajártela de Play Store o App Store buscándola por su nombre: “The Chosen” para poder verla en tu móvil, tablet o SmartTV. 

Googleando encontraréis muchos más datos y críticas de gente que sabe mucho más que yo. Pero, como os decía, a mí lo que me interesa hoy es hablar de Mateo. Un personaje que se ha abordado en la serie, en mi opinión, con una extraordinaria originalidad y audacia. 

En primer lugar, hay que dejar claro que The Chosen es ficción. Novela sustentada, eso sí, sobre la base firme de los relatos evangélicos. Su pretensión, por tanto, no es tanto contarnos lo que pasó, sino ayudarnos a meditar y reflexionar sobre los evangelios que, recuérdalo, tampoco son exactamente crónicas periodísticas sino que tienen un componente catequético. 

Las investigaciones actuales dan por sentado, por ejemplo, que no se puede identificar a Mateo el apóstol, llamado antes Leví, con el autor del “Evangelio según San Mateo”. Sin embargo, la serie une estas dos figuras (evangelista y apóstol) tal y como la tradición cristiana ha recogido durante siglos y como el mismo martirologio romano (guía oficial de santos que celebra la Iglesia) dice hoy de esta fiesta que celebramos. 

La historia de Mateo, ya la conoces. Era un judío recaudador de impuestos para los romanos, lo que se conocía como un publicano, alguien despreciado por los suyos por venderse a la nación ocupante. Los publicanos eran absolutamente apartados de toda interacción social e incluso comercial. Y uno siempre se había preguntado. ¿Qué lleva a una persona a querer perder toda posibilidad de integración social? ¿Solo el amor al dinero? ¿Para qué quieres tanto dinero si no lo puedes disfrutar en compañía de nadie, si no puedes gastarlo en ningún sitio porque no te lo aceptan…? 

La solución que aporta The Chosen me parece absolutamente genial. Mateo es un ser que ya sufre ese rechazo social y por lo tanto no tiene ningún apego a él pues ya es un descartado, diríamos hoy en palabras de Francisco. Y es que el apóstol Mateo que nos presenta esta serie sufre una especie de trastorno del espectro autista y síndrome del sabio. 

Si has visto algún capítulo de The Good Doctor, y te fijas en el protagonista, sabrás de qué te hablo. A mí me parecen dos personajes muy parecidos.

San Mateo en «The Chosen»
Doctor Shaun Murphy en «The Good Doctor

Los síntomas de ese trastorno pasan por dificultades para la interacción social; problemas para mostrar los sentimientos propios y entender los de los demás; comportamientos repetitivos u obsesivos; todo ello combinado con la sobredotación intelectual. 

Tanto San Mateo, como el doctor Shaun Murphy de la otra serie, son dos inadaptados, dos frikis, en un mundo donde nadie les entiende, y donde tienen que sufrir la burla, el arrinconamiento y el desprecio de quienes se creen superiores por ser “normales”. Ambos, también han encontrado en su sobredotación intelectual una forma de expandirse, un lugar donde realizarse y donde sentirse cómodos ante su fracaso en el resto de habilidades. 

El doctor Shaun hace diagnósticos a los que ni los más experimentados colegas son capaces de llegar y San Mateo aprovecha su extraordinaria capacidad de cálculo para gestionar la compleja hacienda local él solo sin necesidad de ordenadores. ¡Feliz él y felices los romanos! Sin embargo, la vida de Mateo da un vuelco cuando Jesús lo llama. Hace unos años escribí otro hilo dedicado a la vocación de San Mateo basándome en el famoso cuadro de Caravaggio.

Si quieres leerlo aquí lo tienes.

En The Chosen, Mateo es, uno de esos “chosen”, es decir, “elegidos” para formar parte del grupo de los doce a quien acompañan algunas mujeres. Y, en la comunidad, pone sus dones al servicio, organizando, por ejemplo, la economía del grupo, pasando a punzón y tablilla las enseñanzas del Maestro o ayudándole incluso directamente a realizar alguna de sus grandes obras (lo dejo ahí para no destripar la serie). 

Si hay que sacarle algo negativo, para mí, es sobre todo la ambientación histórica y cultural. En ocasiones, los escenarios y las situaciones son difícilmente compatibles, en mis cortos conocimientos, con la mentalidad y costumbres judías. Pero quizá esta cercanía al modo de vida occidental pueda servir a algún espectador para sentir más cercano el mensaje del Evangelio que siempre es actual. 

En cualquier caso, la figura de Jesús es impresionante. Un auténtico Verbo encarnado con todas las consecuencias. Un hombre, hombre; alejado de esas representaciones de un Jesús afectado, “con cara de estampita”, que han conseguido alejar a mucha gente de su figura. Y es que fue, precisamente, su perfecta humanidad la que escandalizó a la élite religiosa y provocó su condena a muerte por blasfemia. 

¿Cómo este, que no se distingue en nada de ninguno de nosotros, va diciendo por ahí que es Hijo de Dios? ¡Crucifícalo! Pues así es el Jesús que nos presenta

The Chosen: un hombre normal, sencillo, cercano a todos, que ríe, llora, trabaja, ama, canta, baila, come, bebe, hace bromas, juega con los niños…

Fotograma de The Chosen en el que Jesús baila junto a sus amigos en las bodas de Caná

Un Jesús empático, que no condena al pecador sino que se compadece de él, que sufre con él esa separación de Dios. 

De la magnífica interpretación del actor Jonathan Roumie me quedo con los momentos en los que su enormes ojos se llenan de emoción ante el milagro de la fe, ante el momento milagroso en el que una persona reconoce a Jesús como Dios y cree. 

Viendo el gesto de @JonathanRoumie te das cuenta de cuán “necesitado” está Dios de que lo amemos, de cuánto anhela nuestro amor.

Jesús dialogando con un paralítico en el momento en el que este lo reconoce como el Mesías

Porque solo en Él, hombres y mujeres encontramos la plenitud, la felicidad, la vida.Y es que, hay más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no necesitan convertirse. 

Otros personajes como María Magdalena, Nicodemo, Pedro y su mujer Edén son muy destacables, pero yo (hasta esta segunda temporada) me quedo con Mateo. Y es que: No importa cuánto mal hayas hecho. No importa cuán despreciado, marginado o friki seas. No importa cuántas sean tus manías, defectos o carencias. 

Lo que importa es que, para Jesús, siempre, siempre, serás necesario. Para Él, eres especial, su criatura favorita. Por eso te llama a cambiar de vida junto a Él. La serie nos muestra que, en la comunidad de Jesús, en la de los “elegidos” (la Iglesia), siempre habrá un sitio para ti en el que no se te juzgará, en el que podrás sentirte a gusto poniendo tus pobres dones al servicio. “The Chosen” es, en sí misma, una serie friki que no está en los grandes contenedores de contenidos, aunque casi 300 millones de frikis como yo ya la hayamos visto. 

Así que, si te sientes raro en este mundo, si crees que has hecho algo imperdonable, si piensas que nadie te entiende o te podrá querer jamás, si sufres injusticias o te rebelas contra ellas, si lloras… Felicidades. Eres como Mateo. Y es precisamente su evangelio el que contiene la mejor versión del que es considerado como núcleo de todas las enseñanzas de Jesús: el sermón de la montaña. Ahora callo y dejo que sea el propio Mateo el que nos ayude a recordarlo fielmente en boca de Jesús: 

Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. 

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. 

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. 

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. 

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. 

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. 

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. 

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. 

Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. #FindelHilo

P.D. Por favor, si vais a ver la serie, hacedlo en versión original. Si no, imposible captar los matices. 

#HilodelaVirgenMaría

Algunos le gritan ¡guapa!, otros la distinguen con el tratamiento de Señora o le añaden el de Santísima. En esta fiesta de la Asunción, el conocido como “Día de la Virgen”, las mil y una formas de dirigirnos a María #HilodelaVirgenMaría

A los no creyentes les llama la atención y es una de las preguntas típicas de los niños de catequesis: con tantas vírgenes con nombres y rostros distintos ¿cuántas existieron en realidad? 
Lo cierto es que la María histórica es solo una. Natural de Nazaret, vivió terrenalmente en el cambio del siglo I a.C. al I d.C.; pero a esta misma mujer la llamamos y la representamos de miles de formas distintas. 
Son las llamadas advocaciones marianas, las distintas maneras que tenemos de representarla, de llamarla, de pedir su protección. 
La raíz de la palabra advocación, de hecho, se encuentra en el verbo latino advocare, que significa dar asistencia legal, de donde viene el término español abogado (advocatus), que es quien defiende a una persona. 
En la conocida oración de la Salve, llamamos a María directamente «abogada nuestra» aunque, como decimos, hay innumerables formas de pedirle ayuda. 
Pero, si rezamos a María, ¿no estamos en cierto modo comparándola con Dios? ¿no estamos tratando como a una diosa a quien, a pesar de sus privilegios, no es más que una mujer? 


El Catecismo nos aclara que «Jesús, el único Mediador, es el Camino de nuestra oración»; mientras que «María, su Madre y nuestra Madre es pura transparencia de Él: María “muestra el Camino” [Odighitria], es su Signo, según la iconografía tradicional de Oriente y Occidente». 
Se refiere a un tipo de iconos de la Virgen en los que María nos señala con su mano el camino, que no es otro que a su Hijo. La Virgen de Czestochowa, por ejemplo, de la que era tan devoto San Juan Pablo II, es un icono del modelo denominado Odighitria.

La devoción a María solo tiene sentido en su Hijo. Ella únicamente nos muestra el Camino. La tradición católica lo ha resumido en la expresión “A Jesús, por María”. 

En esta fiesta de la Asunción celebramos, precisamente esa “transparencia” de María con su Hijo. 
La «llena de gracia» no podía más que seguir los pasos de su Hijo que, tras su resurrección, ascendió a los cielos. Por eso creemos que ella también está ya en cuerpo y alma junto a Él. 
Y de ahí que nos dirijamos a ella de forma especial implorando su intercesión. 
Rezándole a María no estamos más que siguiendo los pasos de su propio Hijo que fue, de hecho, el inventor de las peticiones a la Virgen. 


¿Quién si no su Hijo fue el primero en pedirle y en decirle cosas bonitas? 
“Mamá, pan”; “Mamá, agua”; “Mamá, pupa”; “Mamá, ven que tengo miedo”; “Mamá guapa”; “Mamá, te quiero”…

Al pie de la cruz, Jesús encargó a María ser la madre de su discípulo amado y, con él representando a toda la Iglesia, los cristianos acogemos a María también como nuestra madre. 
Jesús nos la entregó: “ahí tienes a tu madre”, y por eso podemos, con Él, decirle mamá y pedirle, con Él, por nuestras necesidades y miedos. 
En la Asunción celebramos que ella vive por siempre, y que vive en cuerpo y alma. Y es que ella es 100% humana, en todo igual a nosotros, excepto en el pecado. 
Por eso hay tantas formas de representar a María, pues la adoptamos como madre según la estética o sensibilidad de cada pueblo y de cada momento histórico. 
Y por eso podemos llamar a María de tantas maneras como circunstancias humanas se nos ocurran. 
Invocamos a María con los nombres de los lugares donde se la venera: Guadalupe, Fátima, Lourdes, Carmen (Monte Carmelo)… 
También con los de los sentimientos humanos por los que atravesamos: Virgen de la Alegría, de los Dolores, de la Amargura, de la Dulce Espera… 
Muchos nombres de la Virgen tienen su origen en misterios de fe como es el caso del de la Asunción, de la Natividad, de la Anunciación, de la Encarnación… 
Otras veces, los nombres provienen de virtudes o atributos de María: Virgen del Socorro, de los Remedios, Desatanudos, de la Piedad, Auxiliadora, Madre de Dios… 
o de distintos elementos naturales: del Mar, de la Montaña, del Río, de la Fuente, de la Peña, de las Nieves, de la Cueva… 


Una clasificación exhaustiva de todas las advocaciones es imposible de realizar porque la creatividad de los creyentes no tiene límites, 
pero en este día de la Virgen, donde miles y miles de pueblos en todo el mundo celebran sus fiestas patronales, podemos tratar de hacer un homenaje a nuestra madre recopilando cuantas más mejor. ¿Os parece? 
Se trataría de responder a este tuit con el nombre de la advocación mariana de nuestro pueblo o a la que le tenemos más devoción y, si es posible, una fotografía y una breve explicación para que todos la conozcamos. A ver cuántas somos capaces de reunir. Empiezo yo: 
Santa María de la Victoria, patrona de mi diócesis. Una imagen traída por los Reyes Católicos en el siglo XV y venerada desde entonces por mis paisanos de Málaga. RUEGA POR NOSOTROS

Si quieres compartir tu devoción mariana, entra en twitter con tu cuenta y sigue las instrucciones al final de este hilo.

#HilodelaSagradaFamilia

(El hilo original publicado en twitter está en este enlace)

El Evangelio de este domingo me va a servir para bajar a los bajos fondos y hablaros de algo de lo que nunca he oído hablar a nadie: de «los pecados de la Sagrada Familia». A partir de hoy, olvidarás esta imagen idílica de ellos. #HilodelaSagradaFamilia

La gente de su pueblo no creía a Jesús. Decían «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?» Siempre me ha chocado esta respuesta del pueblo de Nazaret porque si la Sagrada Familia fuera tal y como nos la han pintado siempre en las estampitas, lo normal es que la gente pensara que Jesús era un profeta desde chico. Esa familia que parece hablar casi en verso, que flota en vez de caminar, siempre amables, complacientes, ese niño que habla con los pajaritos… 

Son, claro, imágenes idealizadas de la santidad: la aureola, los gestos, las flores, las palomas… quieren expresar realidades sobrenaturales, pero no físicas. Pero para una generación como la nuestra, que ha crecido viendo fotografías de su familia que recogen solo la realidad natural y nada de realidad sobrenatural, las imágenes piadosas distorsionan lo que debemos aprender de Jesús, María y José. 

Y es que a veces confundimos “no pecar” con “ser buena persona”. En cierto modo, hay correspondencia, pero no siempre. Porque una cosa es ser buena persona y otra cosa es que una persona sea buena. Me explico: Por “buenas personas” entendemos personas que caen bien a todos, porque son generosos, atentos, amables… Hacen sentir bien a quienes les rodean y eso es valorado por todos. Una persona buena es la que busca siempre el bien, y eso, a veces, conlleva enfrentarse con el otro, no aprobar ciertas actitudes, poner en la verdad a quien se equivoca… 

Esta diferencia la vemos muchas veces en el noticiario cuando entrevistan a los vecinos de un asesino o de un estafador. Suelen decir: “No podemos creernos que haya hecho eso. Es un vecino ejemplar, siempre atento, buena persona…”. ¿A que lo has oído? 

El malvado sabe camuflarse, sabe complacer a quienes tiene alrededor para ganar sus simpatías y poder seguir haciendo el mal. De hecho, no le importa nada la gente y su amabilidad es un medio para alcanzar sus metas egoístas. 

En política saben esto también 😉 

Una persona buena no busca tanto quedar bien como hacer el bien, aunque los efectos de ese bien no sean inmediatos y llamativos, a veces tardan años en descubrirse. ¿O nunca has pensado eso de «¡Cuánta razón tenían mis padres cuando me decían aquello…!?» Y “aquello” era algo que a nosotros no nos gustaba nada, pero que nuestros padres sabían que era un bien. 

No les importaba que pensáramos mal de ellos, perder nuestro afecto, porque ellos buscaban nuestro bien. Eran “personas buenas” para nosotros. Quiero decir que el hecho de que Jesús y María estuvieran libres de pecado, no significa que, como personas fueran bien consideradas a su alrededor, idílicas, como en las estampas… De hecho, Jesús se ganó el odio de los judíos precisamente por ser una persona buena, es más, por ser la persona más buena de la historia. Y por lo tanto es normal que sus paisanos no creyeran su predicación porque, probablemente, a muchos de ellos no les cayera bien. Quizá (aventuro) algún vecino que le encargó un trabajo a San José le pidió factura sin IVA y este se negó; o alguna vecina de María empezó a malmeter contra otra y la Virgen la rechazó; o algún niño no aceptó que Jesús no quisiera ser cómplice de un robo… 

No sé, se me ocurren mil situaciones en las que los demás te piden hacer el mal para complacerles y hay que enfrentarse para no caer detrás. Y hablamos de que Jesús y María no tenían pecados, pero el bueno de San José, siendo un privilegiado por la gracia de Dios, no estaba libre y caería, como todos caemos, en los siete pecados capitales. En el Evangelio, los vecinos también sacan a relucir a los “hermanos” y “hermanas” (la Sagrada Familia extensa: tíos, primos…) y ahí, también habría de todo claro…

Y se escandalizan. No pueden entender que Dios se haya hecho hombre, pero hombre normal, no hombre con aureola. Hombre que tiene que levantarse con el sol para ganar el pan con el sudor de su frente, hombre que tiene que huir cuando los soldados de Herodes vienen a por él, hombre que no siempre es simpático, hombre que tiene necesidades fisiológicas… ¡Es un escándalo!

 

Hoy pasa igual con el mensaje que porta la Iglesia. La Iglesia no siempre es simpática. A veces, buscando el bien de la persona, no su reconocimiento, tiene que ser antipática. Y cae mal a unos y otros por su moral sexual, por su moral pro-vida, por su moral económica, por su moral ecológica, por su moral social con especial acento en las migraciones… 

¡Y encima los pecados de la familia! Que si abusos sexuales, que si corrupción, que si luchas de poder… Horroroso. Como a los de Nazaret, a la gente de hoy también le cuesta separar los pecados de “algunos” de la familia de los de toda la familia. Seguro que Jesús no tenía que ver con los pecados, quizá públicos, de sus primos y primas, pero son las consecuencias de la encarnación. Ser hombre es ser parte de una familia donde hay de todo. ¿No es maravilloso? 

La santidad de estampita es una aberración. La santidad se vive en el día a día, está mezclada con el pecado, los santos están lleno de barro, crecen como espigas entre cizaña. Y ahí viene San Pablo, también hoy, a hablarnos de la gracia que reciben los santos en medio de su debilidad. «Por eso –dice– muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo».

¿Que la Iglesia es pecadora? Bendito sea Dios, porque eso nos hace ser conscientes de la necesidad de estar cerca de nuestros hermanos pecadores (yo el primero) y con la vista puesta en quien nos da la gracia para salir de ahí. ¿Que no cae bien? Lástima para quien se escandalice, porque en ellos (como en los de Nazaret) no se podrán hacer los milagros que sí se hacen en quien cree la Palabra a pesar de las apariencias. ¿Que la Sagrada Familia (excepciones teológicas aparte) tenía pecados y no levitaba continuamente? Así es, porque eso es ser humano: ser débil, necesitado de Dios. Porque es ahí, en esa realidad cotidiana sin aureola, como la tuya, donde se hace presente la fuerza de Cristo. Porque cuando se es débil es cuando, con San Pablo, entonces se es fuerte. #FindelHilo

Herederos #HilodelEvangelio

«»Usted no lo sabe, pero es heredero de una fortuna”. Todo comienza con una frase de este estilo. A un lado del teléfono, un particular sorprendido e incrédulo. Al otro, un abogado que intenta convencerle de que no es una estafa ni una broma» #HilodelEvangelio 

Así comienza este reportaje de @el_pais sobre los cazaherencias, abogados que se encargan de buscar beneficiarios de herencias no reclamadas.

El suculento negocio de los abogados ‘cazaherencias’Estos letrados pueden cobrar hasta el 30% del patrimonio heredado del clientehttps://cincodias.elpais.com/cincodias/2019/09/13/legal/1568378407_203736.html

¿Te imaginas que te llamaran a ti? ¿Cómo te sentirías? Un alegrón ¿verdad? Con la que está cayendo

 

Por lo tanto, ser heredero de Dios significa ser, en potencia, dueño de todo cuanto existe. Por eso el papa insiste tanto en la necesidad del cuidado de la creación. Tenemos que cuidar el planeta como cuidamos nuestra casa porque ¡Es nuestro! 

Pero ¿Cómo es mío? ¿Mío y solo mío y no de nadie más? Ahí está la trampa. El pecado nos esclaviza a nosotros mismos, a nuestro egoísmo, poniéndonos en el centro y excluyendo a los demás. 

Queremos ser millonarios para tener más que los demás, para separarnos del resto en nuestra urbanización «exclusiva», ir en nuestro jet «privado», llevando nuestro coche de «lujo» o nuestra ropa de «marca» «Exclusivo», de excluir
«Privado», de privar
«Lujo», del latín luxus (salirse del resto. De ahí, luxación de un hombro)
«Marca», de marcar lo que es distinto a lo común.

Son todos adjetivos que hablan de separarnos de los demás. En realidad nos gusta ser «distinguidos» Pero Dios, aunque nos ama a cada uno independientemente, ha pensado en nosotros y nos ha creado, no distinguidamente, sino como una gran familia, como miembros de un pueblo, somos el Pueblo de Dios.

De ahí que los relatos de Génesis nos hablen de esa pareja primordial, Adán y Eva, que nos emparenta a todos, nos hace a todos hijos de una misma familia. 

Somos hijos de Dios porque somos de su familia, creados «a su imagen y semejanza». Él, que es Trinidad, no nos ha creado solos, sino en comunidad, tal y como vive Él mismo. 

En este sentido, dice San Pablo, que hemos recibido, «no un espíritu de esclavitud para recaer en el temor», sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre) 

El que trata de vivir como si los demás no existieran, distinguiéndose, en realidad está esclavo, está lleno de miedo, por eso busca seguridades en las cosas que pasan: dinero, afectos… 

Seguridades que se demuestran falibles como dejan patente los sonados divorcios de los multimillonarios más mediáticos. Pero el que se sabe miembro de un pueblo y trata de vivir así, no pensando tanto en sí mismo sino en los que lo rodean, ese sí es auténticamente libre. 

Y ser auténticamente libre es ser como Dios, por eso, el que es capaz de verlo puede gritar «¡Abba!!», que no es un grupo de música sueco, sino la forma cariñosa de decir papá en arameo. 

En este día de la Santísima Trinidad, Papá Dios nos hace de su familia trinitaria, nos inserta en su árbol genealógico, firma a nuestro nombre su testamento y nos invita a vivir como Dios, dando nuestra vida por todos. ¡Esa es la auténtica fortuna! #FindelHilo

En el templo

La liturgia de la Semana Santa es riquísima, pero a la vez muy desconocida. La sección «En el templo» publicada en Diario Sur ofreció unas pinceladas de lo que se celebra cada día y del significado de los principales ritos y signos que vemos estos días en las parroquias.

Domingo de Ramos. Las iglesias, ‘Jerusalenes vivientes’

Lunes Santo. Los colores de la Semana Santa

Martes Santo. El Via Crucis, una peregrinación virtual a Jerusalén

Miércoles Santo. La Misa Crismal, el aceite de la vida

Jueves Santo. El Día de la Eucaristía

Viernes Santo. El Día de la Cruz y de la Madre

Domingo de Pascua. La mayor fiesta cristiana

#HilodeReyesMagos

Como siempre, soy el primero que se ha despertado en casa. Esta noche habrán venido los Reyes Magos, pero no me atrevo a salir de mi habitación, así que voy a escribir un hilo para hacer tiempo. #HilodeReyesMagos

¡Qué bonito es este día, ¿verdad?! 

Todo el mundo lo llama día de Reyes, pero su nombre verdadero es día de la Epifanía (manifestación) del Señor. Y es que, claro, los importantes no son los Reyes que van a ver al niño sino que es el niño Dios el que se manifiesta a todos los pueblos del mundo, representados en los magos. 

El Evangelio no nos dice que fueran reyes, ni cuántos eran, pero sí nos dice que llevaron tres regalos: oro. incienso y mirra, por lo que la tradición ha considerado que eran tres. Con respecto a su identificación con la estirpe real, lo debemos al salmo 71, el que se canta hoy en Misa, que dice: 

Los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
postrense ante él todos los reyes,
y sirvanle todos los pueblos. 

Los santos padres vieron aquí una clara alusión a la adoración de los magos. Así que desde hace muchos siglos, los magos de oriente son identificados con esos reyes de naciones lejanas. ¿Y qué importancia tiene? Pues muchísima, porque el Mesías ha nacido, no solo para salvar a su pueblo (Israel), sino para salvar a todas las naciones, a la humanidad entera, ¡al mundo mundial! Que sepas que esto no debería ser así, porque el Señor escogió al pueblo de Israel, entre todos los pueblos de la tierra, para hacerlo suyo. Así que, a menos que seas judío, no te correspondía la salvación. Pero el Señor ha tenido misericordia y te ha injertado a ti, que eres gentil, rama silvestre, en el buen olivo. 

A muchos, como en el tiempo de Herodes, les pasará desapercibida hoy esta gran noticia, pero la Iglesia se encarga de repetirla, año tras año: ¡Que el mensaje de Jesús es para todos los hombres y mujeres de la tierra! 

Sea cual sea tu lengua, raza, pueblo o nación, estás llamado a pertenecer al pueblo santo de Dios. Muchos abrirán hoy sus regalos, y mañana los descambiarán por otra talla ajenos al verdadero regalo del que nos habla la fiesta de hoy. 

En ese pijama o en esa bufanda que te espera tras el envoltorio deberías ver el calorcito del amor que te tiene Dios. 

En ese móvil nuevo o en ese ordenador, deberías ver un Dios que se te comunica, que quiere llamarte para decirte cuánto te ama. Y también una oportunidad para contarle a los demás esta buena noticia. 

En ese regalo para el ocio podrías ver cómo Dios quiere ser tu compañero de juego, estar siempre a tu lado, alegrarte la vida. 

En esa prenda de moda deberías contemplar la belleza de la obra de Dios en ti. Él te ha hecho perfecto, Él te ha hecho perfecta. Siempre lo somos a sus ojos. 

En ese perfume, podrás significar el buen olor de Cristo, una llamada a que tus obras «huelan» a santidad.

 En cada regalo que recibas hoy, caro o barato, grande o pequeño, deberías ver una epifanía, una manifestación de cariño de parte del niño Dios que se sirve de la gente que te quiere para encarnarse hoy también en el salón de tu casa. 

Por cierto, ya se oye ruido por los pasillos. Creo que voy a ir a ver. ¿Habrán llegado los reyes? ¿Me habrán traído lo que les pedí? –¡Pero si no pediste nada!, me responde mi mujer. No es verdad. Es que lo que me pedí ya me llegó en la noche de Navidad. ¡Me voy corriendo al salón a ver ahora cómo se ha manifiestado! #Findelhilo

#HilodeSoul

En esta Nochevieja, cuando todos nos hacemos própósitos para el año nuevo, os invito a reflexionar conmigo sobre el sentido de la existencia junto a la película Soul, de Pixar. Una película tan bella como peligrosa #HilodeSoul #SoulMovie

Antes de continuar, te advierto de que en este hilo destripo la película por lo que, si estás interesado en verla, mejor espérate a leerlo después. Y, si no te interese el cine, puedes seguir leyendo porque la película es solo una excusa para la reflexión #Spoiler


Soul es una nueva maravilla visual de los estudios Disney-Pixar que acaba de estrenarse en su plataforma digital Disney+. El coronavirus nos ha privado de poder ver esta obra de arte como se merece, en pantalla grande.
Como veis, mi opinión sobre la película es bastante positiva. Y lo es porque, visualmente es un derroche de estímulos de una belleza inédita. Hay escenas de un ultrarrealismo mágico, parecen más reales que la propia realidad.

Los personajes, los distintos planos existenciales, la ciudad de Nueva York, la luz, los detalles… no hay un pixel colocado al azar, y son muchos miles de millones de píxeles los que componen esta hora y tres cuartos de sensaciones.
Sin embargo, la califico también de peligrosa, y esto es lo que voy a tratar de explicar.
El peligro de Soul está en que nos presenta una antropología, una visión del hombre, errónea desde el punto de vista de la Revelación.
Y esto que, en una persona adulta y bien formada, es también un estímulo pues le permite confrontar otros conceptos, puede ocasionar un cacao mental en los niños o en las personas menos preparadas que los lleve a tener un concepto equivocado sobre sí mismos o los demás.
Lo cierto es que no es una película infantil. A mis hijos pequeños, por ejemplo, no les ha encantado.
Tenían muchas ganas de verla seducidos por la gran campaña publicitaria pero, una vez que la vieron, no han vuelto a ponerla, cuando lo normal con las películas Disney es machacarlas hasta la extenuación.
Se ha dicho que es la película más adulta de Disney y es lógico puesto que su trama gira en torno a la crisis de los 40. Por mucho que haya algunos personajes infantiles y un gato animado, el argumento es adulto.
Conste que cuando digo que la película es «peligrosa», lo hago con el miedo a parecerme a uno de esos censores que decidían qué se podía ver y qué no, con una actitud paternalista.

Puedes ver la película cuantas veces quieras y creerte los conceptos que expone si estás de acuerdo. Yo solo trato de advertir al incauto como haría cualquier persona de bien ante una alcantarilla sin tapa (guiño a la película).
Y lo hago, como no podía ser menos, desde la óptica que me da la fe, que nos da una visión del hombre y del mundo distinta a la que tienen otras personas, otras religiones, otras filosofías, otras culturas.
Muchas muy respetables, pero más lejos de la verdad del hombre que nos ha revelado Jesucristo porque, como nos recuerda el Concilio Vaticano II «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado».
El análisis en profundidad de la película daría para una tesis doctoral pero yo en este hilo me voy a parar solo en el concepto erróneo más evidente que es el del dualismo alma-cuerpo.
Resumiendo brevemente el argumento, la película plantea la historia de un músico de mediana edad que tiene que decidir si continuar con su sueño de ser un exitoso pianista de jazz o si asegurar su existencia con un aburrido trabajo como profesor de música.
Un accidente mortal lo transporta a la fila para ir al más allá de la que logra escaparse para colarse en el más atrás o el «gran antes», el lugar en el que las almas se preparan para bajar a la tierra y tomar un cuerpo.
En ese mundo es nombrado mentor de un alma nueva a la que tiene que ayudar a encontrar su vocación, lo que le hace replantearse la suya propia.

Esta idea base de la película parte de un dualismo platónico que hace ver la realidad dividida en dos ámbitos totalmente distintos e independientes: el mundo sensible y el mundo inmutable.
Estos dos mundos se encuentran unidos de forma circunstancial. El cuerpo sería una especie de cárcel temporal para el alma que es eterna. Una idea que choca con el concepto del hombre de la antropología cristiana.
¿Que no creemos los cristianos en el cuerpo y el alma? ¡Si eso es lo que siempre me han explicado!
Quietos, que sí, que también la fe nos habla del cuerpo y el alma, lo que pasa es que estas no son dos realidades separadas.
Dice el catecismo (la síntesis de las verdades que nos ha enseñado Jesús) que «La persona humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez corporal y espiritual».
Nuestra alma no preexiste, como afirma la película; sino que, en el momento de la concepción, Dios, con el concurso de los padres, nos crea en cuerpo y alma.
Somos, pues, seres corporales y espirituales a la vez y de forma inseparable. Esto puede parecerte una tontería pero es trascendental, porque dota al cuerpo de una dignidad única, mucho mayor que en otras religiones.
Por eso la vida humana es tan importante para los cristianos (y por ósmosis para la cultura occidental), porque el cuerpo, en cierta medida, también es inmortal: está llamado a resucitar en el último día.
«Creo en la resurrección de la carne», decimos en el credo. Algo que muchos bautizados no terminan de creer por el influjo de colonizaciones ideológicas, como las llama el Papa, como la de la doctrina de la reencarnación.
La muerte no es el final de una vida para pasar a otra distinta, es un acontecimiento en la vida para continuar con tu misma vida, pero transformados.
Como el parto para el feto y el bebé, que no dejan de ser la misma persona, es la muerte para el ser humano, un cambio de estado, pero no de vida.
Por eso también ese empeño en defender la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte, no se puede interrumpir por gusto.
No al aborto, no a la manipulación de embriones, no a la pena de muerte, no a la eutanasia, no a las armas… Todos estos noes son un gran sí a la vida.
¿Por qué hace la Iglesia hospitales por altruísmo? No, porque cada hombre que sufre no es solo una carcasa que hay que reparar, sino un ser eterno que necesita ser curado y aliviado en cuerpo y alma.
¿Por qué atiende la Iglesia a los pobres, a los hambrientos, a los desnudos? Porque en cada uno de ellos ve una realidad espiritual y eterna que hay que proteger, cuidar, ayudar…
Pero entonces, ¿dónde estaba yo antes de nacer?
Lo cierto es que antes de nuestra concepción no existíamos. Dios nos crea para la eternidad en el momento en que la fecundación provoca la aparición de un nuevo individuo. Si acaso, como se dice a los niños, existíamos en el «pensamiento de Dios».
Es decir, que como Él lo sabe todo y no está sometido al tiempo, ya nos conocía antes de nacer. ¿No se dice de alguien a quien se conoce muy bien: «Lo conozco como si lo hubiera parido»? Pues así o mejor nos conoce Dios antes de que nos parieran incluso.

Sugiere la película que es en esta preexistencia en la que el alma recibe su vocación, su para qué, su impulso vital. De ahí que unos seamos más alegres, otros más tristes, a unos les guste la música y a otros el baloncesto.

Para los guionistas de Soul, estaríamos predeterminados a ser algo y los conflictos de nuestra vida son, en cierta medida, los propios de no lograr encajar esa predeterminación con lo que somos realmente.
Para vender tazas con lemas de mister wonderful, este planteamiento está bien: «puedes conseguir todos tus sueños», «tu futuro es tuyo, depende de ti…», pero lo cierto es que la realidad nos demuestra que no es así.
Hay componentes genéticos, educacionales, experienciales, ambientales o del azar que condicionan nuestro futuro, que no está escrito.
Hay quien se empeña en conseguir su sueño y lo consigue, pero hay quien también se empeña y no lo consigue y no porque se haya empeñado menos o porque valga menos.
«Así es la vida», dice el sentido común, que es el menos común de los sentidos.
Dios no nos ha dejado escrito qué tenemos que ser cada uno. A cada uno, la vida (y nuestra libertad, vaya regalazo) nos lleva por uno u otro camino.
La única configuración de serie que llevamos preinstalada, la única vocación que tenemos es la misma para todos: el amor.
El amor que es donación, darse a los demás, es la vía para que el hombre se encuentre con su ser más íntimo. Ahí, cuerpo y alma entran en una comunión perfecta.
Somos hijos del amor de Dios y tendemos a Él. Como cada uno llegue a la meta, eso ya depende.
Habrá quien encuentre su vocación humana como músico, y si es capaz de poner su música al servicio del amor –imagina un gran compositor cuya música hace felices a millones– pues habrá encontrado su vocación plena.
Y habrá quien quería ser médica, pero la vida le ha llevado a tener que cuidar de su madre enferma y, si lo vive como una vocación al amor, pues habrá encontrado igualmente su vocación plena.
Porque, no te engañes, ese es el verdadero secreto de la felicidad: amar, dar la vida por los demás.
Es lo que nos enseñan los santos. Gente normal y corriente, con muchos fallos como tenemos tú y yo, pero que descubrieron ese secreto y pusieron su vida al servicio del amor.
Por eso llamamos santo (que designa una realidad espiritual, solo Dios es Santo) a un hombre o mujer concretos (como realidades corporales), porque en ellos se une perfectamente cuerpo y alma.

Por eso decimos que los santos están en el cielo, porque cuando estaban en la tierra ya prácticamente vivían allí. Y es que el cielo (y el infierno) están ya aquí como primicias.
En la película, el alma nueva que busca su vocación y el músico cuarentón tienen un nuevo accidente que provoca que la primera (con voz femenina) caiga sobre el cuerpo del músico, mientras que el alma de este termina cayendo sobre un gato.

Esta circunstancia da pie a multitud de situaciones muy divertidas pero a las que hay que trascender para que no nos liemos luego en el mundo real.
Podría entender alguna mente que busca respuestas que nuestra alma (que es independiente a nuestro cuerpo según la película) puede ser tanto masculina, como femenina como incluso animal y que es intercambiable.
Esta es la base de ideologías contrarias a la dignidad humana como la ideología de género o el animalismo radical.
Piensa la ideología de género que el cuerpo es un complemento circunstancial, separado del ser interior que es el auténtico y el que debe marcar la orientación de la carcasa externa.
Piensa el animalismo que el hombre tiene la misma dignidad que el animal puesto que al fin y al cabo, lo único que nos diferencia son las carcasas.
Su popularidad es lógica cuando la última generación occidental ha sido la primera en la historia de la humanidad alejada del trato diario con animales que no sean mascotas.
Y que su mayor contacto con ellos ha sido, principalmente, a través de películas animadas en las que, cada vez con mayor realismo, los animales son eso: personas con cuerpo animal.
Y no es así.
La Iglesia proclama la dignidad de los animales que son criaturas de Dios y a quienes debemos aprecio. «Se puede amar a los animales, pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos», advierte el catecismo.
Con respecto a la diferencia hombre-mujer, también nos lo aclara el catecismo, precisamente en el punto siguiente al que explica la unidad de alma y cuerpo.
Y es que somos creados hombre o mujer, no por un capricho del destino o por un accidente, sino como parte de nuestra misma vocación al amor.
Las circunstancias, la educación, los modelos a seguir hacen de cada hombre o mujer un mundo de diferencias. Hay características más comunes en unos que en otros, aunque eso no significa que sean estancas.
Hay hombres muy sensibles (una característica naturalmente más común en el sexo femenino) y eso no cambia su llamada a ser hombre y a amar y donarse como tal.
Lo mismo puede pasar con mujeres aguerridas llamadas a ser, eso aguerridas, pero sin dejar de ser mujer y donarse como tal.
La heteronormatividad –dice la ideología de género– es una imposición cultural y religiosa. Sin embargo, el Génesis nos habla de la bendición de ser hombres y mujeres, seres distintos creados a imagen y semejanza de Dios.
Y es que, cuando la Biblia dice aquello de: «Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó» no nos está contando un cuento, nos está hablando de una realidad profunda.
Nos está explicando que el hombre y la mujer somos imagen de Dios en tanto en cuanto somos «hombres» o «mujeres», porque Dios no es ni hombre ni mujer.
Es una llamada a la comunión, a la familia. El matrimonio entre hombre y mujer abierto a un tercero (los hijos) es, en ese sentido, la forma que Dios ha planteado para que realicemos nuestra vocación al amor.
La comunión en la familia humana es, en cierta medida, reflejo de la comunión de las tres personas de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Plantearnos que estamos «mal hechos», que estamos encerrados en un cuerpo equivocado, o que la sexualidad es solo una actividad recreativa y afectiva alejada de su verdadera naturaleza unitiva y procreativa es deformar el plan de Dios.
Por que Él, que se nos donó entero, quiere que nos parezcamos a Él que es la fuente de nuestra felicidad, que nos donemos, que entreguemos nuestra vida a los demás: a los hijos, los casados; al Reino, los célibes.

¿Que somos libres para hacerlo?, por supuesto. Repito que la libertad es un regalo que Él nos ha dado.
Pero podemos usarla mal y perdernos el otro gran regalo que él había pensado para nosotros dándonos un cuerpo específico con unas funciones específicas.
Hombres en cuerpo y alma, mujeres en cuerpo y alma, así quiere Dios hacernos como Él.
Y, para terminar ya con el hilo, que hay que brindar por el próximo año, la cuestión de los porqués.
¿Por qué venimos a este mundo? En la cinta de Pixar parece que somos fruto del azar. Los personajes que guían las almas antes de nacer deciden de forma un poco aleatoria el futuro de la gente: «vosotros cinco vais a ser abiertos, vosotros cuatro reservados»…
¡Pero eso no es verdad! ¡No somos fruto del azar!
Hay un padre bueno que nos crea por amor. Dios está loco de amor por nosotros.
Como una madre mira con ternura a su hijo recién nacido admirando cada pliegue de su piel, cada dedito, cada pelo de sus pestañas… Así te mira Dios desde que te creó.
Y no se ha conformado con crearte sino que, cuando nosotros le fallamos, él mismo se hizo carne, asumiendo nuestra naturaleza humana para rescatarla.
Pasando lo que pasó… Y resucitando también en cuerpo ya inmortal.
Por eso, con su encarnación, que estamos celebrando en este tiempo de Navidad, Dios se ha unido en cierto modo con todo hombre, también contigo.
Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros porque ¡nos ama!
Por eso, en este año 2021 que estamos a punto de recibir, yo te invito a un propósito de año nuevo, que descubras el amor de Dios y tu vocación al amor en cada cosa sencilla que te ocurra.
Como el personaje de la película acaba comprendiendo, es en las cosas sencillas de la vida donde se descubre el gusto, el sentido de esta.
Por eso, en este 2021 descubre el amor de Dios en el rayo de sol o en el copo de nieve; en el abrazo por Skype de tu madre y en el café caliente de la mañana; en la lectura edificante de un buen libro y en el mero hecho de tener ojos para leerlo…
Por eso, en este 2021, descubre tu vocación al amor en tu cuerpo de hombre y mujer llamado a la comunión y a dar vida; en tus brazos para ayudar al que lo necesita; en tus oídos para escuchar al que está solo; en tu arte para hacer sentir bien a la gente…
Y recibe mi felicitación para este nuevo año que empieza. ¡Feliz 2021, en cuerpo y alma! #Findelhilo

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#HilodelaNochedeNavidad

¡Manuel, despierta, que ya están aquí! –susurra Gonzalo–.

Manuel abre los ojos como platos, busca a tientas la dentadura en el vaso de la mesilla de noche, toma el bastón y sale disparado de la cama en dirección a la ventana.

¡Qué delincuentes, a las 2 de la madrugada para que nadie los vea! –le responde Manuel tras echar un vistazo al reloj y terminar de ajustárselo a la muñeca–.

Desde la ventana de su habitación de la residencia Vistahermosa, Manuel y Gonzalo contemplan cómo dos operarios con bata blanca descargan varias cajas de una furgoneta.
– Son las dosis letales. A los que no nos ha matado el coronavirus, nos van a dar un pinchacito y… Hala, a dejar de hacer gasto a la Seguridad Social.
– No digas tonterías, Manolo, por Dios. ¿Cómo te van a dar la eutanasia a ti si estás perfectamente? –le regaña Gonzalo–
– ¿Que no? Esos amigos tuyos del Gobierno es lo único que quieren: quitarse a los viejos de en medio y darse mientras la buena vida en sus chalés.
– Mira, chalés los que tienen tus amigos de la oposición a costa de explotar a la clase trabajadora y a los inmigrantes. Venga, vamos a dejar la política, que hoy es Nochebuena y no quiero que acabemos mal.
– Eso, eso –asiente Manuel, con desdén, sin dejar de mirar por la ventana esperando descubrir el contenido de las misteriosas cajas–.
– ¿Entonces qué? ¿Bajamos a acabar con esto o no?
– ¡Pues claro! No nos vamos a quedar aquí esperando que nos pongan la inyección.
–¿Pero sabes a lo que nos enfrentamos no? Doña Paquita, esa fascista autoritaria, lo dejó muy claro: «quien salga de su habitación sin autorización durante la pandemia será expulsado de la residencia».

– ¿Y tú cómo prefieres salir de aquí, con dignidad o con los pies por delante?
– ¡Con dignidad, desde luego que sí! –responde Gonzalo sacando pecho–. ¡Vamos!
Con el sigilo con el que un ladrón de guante blanco mueve la ruedecilla de la caja fuerte, Manuel gira el pomo de la puerta dejando entrar a la habitación en penumbra un fuerte rayo de luz blanca proveniente del pasillo.
Con los ojos aún entornados por el contraste, abre lentamente la puerta solo hasta que la abertura permite sacar fuera su cabeza. Un rápido movimiento de esta a derecha e izquierda le hace confirmar lo lógico:
–Despejado –susurra con tono de cuerpos especiales mientras tira de su amigo Gonzalo, agazapado detrás de él, hacia afuera de la habitación–.
Con una mano, empuja la espalda de su compañero contra la pared mientras se lleva la otra a la boca con el índice levantado para conminarlo a no hacer ruido.
–Si vamos pegados a la pared, la cámara no nos verá.
Aunque no es la primera vez que la pareja se escapa de noche y la advertencia es más que sabida, Manuel es de esas personas a quienes les gusta oírse repitiendo frases que han oído a otros y les han llamado la atención.
Esta la ha escuchado en una serie de un perro policía que ve a diario. Y repetirla en cada ocasión que puede le hace sentirse importante.
–¡Ya lo sé Manuel! –le responde Gonzalo condescendiente con las manías de su compañero de habitación–. No te preocupes que no me separo ni un milímetro de la pared.

Caminando por el pasillo como si de la estrecha cornisa de un rascacielos se tratara, los dos ancianos llegan a las escaleras en las que ya, por fin, libres de cámaras espía, podían distender su postura.
–Alto ahí, ¿has oído eso? Inquiere Manuel con el mismo tono que su detective televisivo favorito.
–¿El qué Manuel? Yo solo oigo los ronquidos de Bonifacio, ¡Que menos mal que lo bajaron a la planta de abajo!
–No hombre, ¿no lo oyes? Es como si alguien estuviera llorando.
Ciertamente, por el hueco de la escalera parece venir el sonido de un llanto reprimido. Movidos por la curiosidad, comienzan a bajar lentamente el primer tramo de escaleras.
Manuel, tomando el bastón en posición horizontal como si de un rifle de asalto se tratara, va el primero. Gonzalo, parapetado tras él, no puede ocultar el miedo en su rostro.
–¿Quién anda ahí? –pregunta Manuel en tono amenazante haciendo que el llanto sordo dé paso a un chillido nervioso.
Como si la artrosis se les hubiera curado de repente, los dos amigos bajan del tirón el segundo tramo de escaleras encontrando a dos asustadas residentes, en el descansillo.
–Carmiña, Lola, ¿qué hacéis fuera de vuestra habitación a estas horas de la noche? –aunque solo lo ha susurrado, el tono marcial empleado termina de asustar a Lola que rompe, ahora sí, a llorar a moco tendido–
–¡Te dije que no tendríamos que haber salido, Carmiña… que nos iban a pillar! Se lamenta la mujer mientras se suena con un kleenex que se saca de la manga del pijama.
–Shhh ¿Estás loca o qué? ¡No grites que entonces sí que nos van a pillar! ¿No ves que son Manolo y Gonzalo? Ellos no se van a chivar.
–¡Claro que no nos vamos a chivar, Lola por Dios, cálmate, que nos delatas!, trata de tranquilizarla Gonzalo posando la mano sobre su hombro. ¿Y qué hacéis aquí?
–¿Cómo que qué hacemos aquí? –regaña Carmiña– . Pues lo mismo que vosotros: impedir que nos liquiden. ¿O creíais que nos íbamos a quedar en nuestra habitación sin hacer nada?
–¡No quiero morir, no quiero que me maten! –Lloriquea Lola volviendo a subir el volumen de voz ante el enfado de sus compañeros de residencia que se abalanzan sobre ella para callarla–.
La salida nocturna secreta de ambas parejas de ancianos respondía al rumor que esa misma mañana había ido corriendo de boca en boca.
Martínez el teniente, uno de los compañeros más antiguos de la residencia y cuya veteranía le permitía ciertos privilegios, había logrado colarse en el office de los trabajadores donde había visto un aviso en la pizarra que, con la letra de la directora, decía:

Esta madrugada traerán los productos de la liquidación. Preparad operativo discretamente. ¡IMPORTANTE! Que ningún residente se percate.
La frase había generado la alarma entre los ancianos tras la reciente aprobación de la eutanasia por parte del Gobierno español.
–¡Silencio, se oyen pasos! -advierte Carmiña–
Efectivamente, por el pasillo se oye cómo alguien se acerca empujando una carretilla.
Los cuatro amigos se apiñan justo detrás de la puerta que comunica las escaleras con el pasillo permaneciendo inmóviles durante unos segundos que se les hacen eternos.
Desde esa posición pueden ver a un operario pasar, carretilla en mano, transportando varias cajas de corcho blanco, en dirección al almacén donde se guardan las provisiones.
Tiene un aspecto nada confiable. Lleva el mono arremangado dejando ver varios tatuajes con dibujos monstruosos, y su andar denota cierta cojera, que Manolo interpreta mentalmente como el resultado de un navajazo en una riña carcelaria.
Lo que ven después, les hace confirmar más su teoría de que el contenido de aquellas cajas no era nada bueno. Tras cerrar la puerta del almacén, ven cómo el operario se santigua y continua su camino.
–El hijo de la gran… ¡Pues no tiene cargo de conciencia y todo! –suelta Manuel–
–¡Asesinos, asesinos! –Farfulla Carmiña a la que el miedo ya no le deja ni llorar–.
–Vamos a ver –les tranquiliza Gonzalo– yo creo que nosotros no debemos preocuparnos por nada. No van a venir a liquidarnos a los que estamos bien. Como sabéis, yo estoy con vosotros en esta lucha, pero no por mí sino por mi Juanita.
Mientras dice esta última frase, a Gonzalo le tiembla la voz y se le inundan de lágrimas los ojos.
Juanita, la esposa de Gonzalo, vive en la misma residencia pero al ser muy alto su grado de dependencia, está en otro ala del edificio especializado en cuidados paliativos.
Gonzalo se desvivía por ella. Le daba de comer, ayudaba a vestirla y a peinarla, le hablaba sin parar, aunque ella ya no podía entenderle…
«¡Es toda mi vida! ¡No hay una mujer igual!», repetía a las auxiliares que admiraban cómo se preocupaba por ella pasando horas y horas al pie de su cama.
La epidemia del Covid, sin embargo, ha truncado su historia de amor. Los protocolos de seguridad impiden el contacto entre residentes de distintas alas y, aunque había solicitado que los pusieran juntos, los distintos grados de dependencia de ambos hacían imposible el traslado.
Solo podía ir a verla una vez por semana y sin traspasar la puerta de la habitación. Nueve meses sin un beso, ni un abrazo, ni un buen rato de conversación como a él le gustaba tener…

–Vamos, Gonzalo, no llores –lo consuela Carmiña–. Esta gente no le pondrá un dedo encima ni a Juanita, ni a Puri, ni a Francisco, ni a Bartolo mientras a mí me queden fuerzas.
Puri, Francisco y Bartolo eran algunos de los residentes más dependientes, cuyos hijos habían sugerido al equipo médico la posibilidad de «acelerar» el final cuando la ley entrara en vigor.
–Perdonadme –responde Gonzalo– pero me hierve la sangre nada más pensar que alguien crea que Juanita estaría mejor muerta. ¡No saben lo que dicen! ¿Está mejor una flor despachurrada porque no puede hablar ni oír?
¿Es menos valiosa la vida de una persona porque dependa de los demás? ¿Y quién no depende de alguien? Dicen que sufre cuando se da cuenta de su situación ¿y no sufro yo también por verla así?
¡Qué sabrá esta gente de lo que es sufrir con lo que Juanita y yo hemos sufrido juntos!
¡Pues más nos hemos querido y nos seguimos queriendo! Yo siempre he defendido la solidaridad y la compasión, pero estos camaradas míos creen en una solidaridad y compasión de pacotilla.
–Tranquilo Gonzalo. Que aquí estamos nosotros para evitar que le pongan un dedo encima a nadie. Vamos para allá –les anima Manuel mientras se cerciora de que no hay moros en la costa–.
El comando de veteranos de acción nocturna se dirige hacia la puerta del almacén con paso ligero. Una vez allí, Gonzalo saca del bolsillo del pecho del pijama una tira negra de plástico .
–Es un recorte de la radiografía que me hicieron cuando cogí el Covid –explica–. Ya veréis los milagros que hace la medicina moderna.
Con la decisión de un cerrajero profesional, introduce la tira por la rendija entre la puerta y el marco y, con un rápido giro de muñeca, hace saltar el resbalón de la cerradura que se termina abriendo instantáneamente.
–Voilá –sonríe satisfecho ante los ojos de admiración de sus amigos–
–¡Bravo, Gonzalo!, lo aclama su público.
–Venga, dejaos de celebraciones y meteos dentro –interrumpe Manuel– que aquí en el pasillo somos más vulnerables (la palabra vulnerable era otra de sus preferidas).
Cierran la puerta tras de sí y, efectivamente, allí se encuentran cara a cara con las cajas de corcho blanco con una pegatina roja en la que, con grandes letras blancas, aparece la palabra LIQUIDACIÓN.
–Estos hijos de perra han traído un cargamento para acabar con la residencia entera –reprende Carmiña mientras contempla las cajas apiladas–
–Mirad, esto nos servirá –propone Gonzalo mientras agarra la pata de una cama metálica desmontada que ocupaba uno de los rincones del almacén–. Id poniendo todas las cajas sobre el suelo que yo les voy a ir dando su merecido.
Mientras sus compañeros cumplen sus órdenes, Gonzalo comienza a practicar sus golpes al aire con el estilo de un leñador profesional.
–Dale a esta chiquitita primero que hará menos ruido –pide Gonzalo mientras coloca la caja más pequeña del lote frente a su compañero–.
–No, mejor empieza por las grandes y así, si nos pillan y no nos da tiempo a acabar con todas, habremos destruido el mayor número posible. Dale a esta –responde Carmiña mientras coloca su caja al frente de la fila–
–Una… Dos… ¡Y tres!
El primer golpe contra la primera de las cajas dispuestas sobre el suelo del almacén hace añicos en un instante la caja y todo su contenido. El sonido de cristales rotos les resulta normal, pero les parece sospechoso que no se haya derramado ningún líquido.
–¡Qué raro! –se extraña Lola– yo pensaba que eran inyecciones y que se iba a poner todo chorreando.
–A veces vienen en polvo y hay que mezclarlas con suero –responde Carmiña–
–No, pero, un momento –interrumpe Manuel–. Los trocitos de cristal que se han esparcido, no son transparentes, sino de colores… ¡Qué extraño! A ver, abre la caja.

Aunque a Gonzalo le fastidia que le interrumpan la operación destuctora que él está disfrutando como una excelente cura antiestrés, se agacha y retira los trozos de corcho blanco de la tapa dejando ver el contenido de la caja.
–¡Oh Dios mío! –gimotea Lola–.
Ante los ojos de la veterana cuadrilla aparecen un par de docenas de bolas de Navidad hechas añicos dentro de la caja de corcho blanco.
–¡Pero qué demonios es esto! ¿Han mezclado las dosis letales con adornos navideños? Abridlas antes para ver si hay más bolitas…
El asombro cundió entre los presentes en aquel oscuro almacén. Caja que abrían, caja que contenía piezas de un belén y algunos adornos navideños.
–¡Mirad qué San José tan guapo! –se admira Carmiña mientras va abriendo las distintas cajas– ¡Y esta tiene la Virgen, y esta el pesebre! ¡Qué obra de arte!
Un hipido lastimero interrumpe a la anciana haciendo que su mirada se dirija hacia Lola que, sorprendentemente ha dejado de llorar y está admirando, alegre, una caja llena de ovejitas. Es Manuel el que, con la caja pequeña entre sus manos, llora desconsolado.
–¡Manolo!, ¿pero qué te pasa? –se interesa su compañero de habitación–
–Lo íbamos a matar –solloza–. Lo íbamos a hacer añicos –se lamenta mientras le entrega la caja con delicadeza a Lola–.
En la caja pequeña hay un precioso Niño Jesús. Rollizo y sonrosado, tiene unos ojos alegres y una maravillosa sonrisa que transmiten felicidad. Sus manitas abiertas, como cuando un bebé pide a sus padres que lo tomen en brazos, invitan a acurrucarlo.
Conmovidos por tan linda imagen, por la ternura que despertaba el llanto del siempre duro Manuel y quizá un poco derrumbados por el miedo que habían pasado y por el fracaso de la operación, los tres compañeros se echan también a llorar mientras se funden todos en un abrazo.
-¡Pero qué es todo este escándalo! –la puerta del almacén se abre de golpe de la mano de Patricia, una de las enfermeras– ¡Don Gonzalo, Don Manuel, Doña Lola, Doña Carmiña! ¿Pero qué hacen aquí a estas horas?
La tierna escena de los cuatro ancianos abrazados, llorando, hace que Patricia cambie el tono de su discurso y pase de la regañina a mostrar preocupación.
–¿Están ustedes bien? ¿Qué les ha pasado? ¿Les ha ocurrido algo malo?
–No, no te preocupes Patricia, hija. Somos solo cuatro viejos asustados que hemos estado a punto de hacer una barbaridad –responde Manuel reponiéndose–.
–Ya veo que la han tomado contra los adornos de Navidad. ¿Por qué los han roto? –los interpela la sanitaria–.
–Verás –contesta Gonzalo mientras hace una pausa para sonarse la nariz con su pañuelo de tela que guarda en el bolsillo de la bata–, nos enteramos de que os iban a traer unos productos para liquidar a ancianos, y hemos querido destruirlos.
–¿Cómo que para liquidar ancianos? ¿Se ha vuelto usted loco Don Gonzalo? ¿Cómo vamos a querer nosotros liquidar a nadie?
–Vosotras no, ¡el Gobierno! –salta, exaltado, Manuel mientras Lola lanza, asustada, otro gemido–.
–Ni gobierno ni gobierna, Don Manuel. En esta residencia sabe usted que no permitiríamos nunca esa barbaridad. Para nosotros son ustedes nuestra vida. Es nuestra vocación cuidarles siempre, estén como estén. A ver, Don Gonzalo, ¿no cuidamos con cariño a Doña Juanita?
–¡Mejor que si fuerais sus hijas! –contesta Gonzalo–. Ella se siente querida, feliz aunque no se pueda mover y, cuando tiene dolores, enseguida vienen los de paliativos y la dejan tranquilita.
–¿Por qué entonces habían pensado que queríamos darles el pasaporte?
–Vimos en vuestra pizarra el aviso de que iban a traer los productos de liquidación y quisimos destruirlos antes de que los usaran –responde Manuel–.
La enorme carcajada de Patricia al escuchar sus razones casi le hace saltar la mascarilla de la cara y asusta a los ancianos que instintivamente vuelven a abrazarse.
–No me lo puedo creer, jajajaja –a la enfermera le cuesta trabajo seguir hablando por el ataque de risa–. Productos de liquidación, jajajaja.

A los cuatro residentes se les va pasando el susto y comienzan a dejarse contagiar por la risa de Patricia.
–¿Pero a qué tanta risa, Patri? Pregunta aún desconfiada Carmiña.
–Ay perdónenme ustedes, es que esto es de película. No se va a liquidar a nadie. Lo que se está liquidando es una tienda de objetos religiosos del centro de la ciudad.
Nosotros nos enteramos y encargamos uno de los belenes y algunos adornos que estaban muy rebajados.
Como este año el Belén lo hemos puesto en el otro ala y ustedes tienen prohibido ir a visitarlo, pensamos darles la sorpresa de que lo vieran hoy, ya montado, nada más despertarse.
–¡Pero cómo hemos podido ser tan tontos! –suelta Lola que acaba de pasar del ataque de llanto al ataque de risa, ante los atónitos ojos de sus compañeros–.
–Doña Lola, calle, que va a despertar a todo el mundo y va a desvelar la sorpresa. Venga, cada mochuelo a su olivo –les conmina la enfermera– que como se entere Doña Paquita de que han salido a los pasillos los echa a ustedes y a mí.
Anden, suban que yo me voy a poner a montar el Belén si queda algo de él.

–Con la sonrisa de oreja a oreja, los cuatro miembros del escuadrón de defensa de la ancianidad vuelven cada uno a su habitación con la alegría del deber cumplido, aunque la operación no haya salido como ellos esperaban.

El día de Nochebuena amanece luminoso y radiante. Cuando bajan a comer, los residentes se alegran mucho de ver, por fin, el Belén anunciando la Navidad a todos. Algunos grupos incluso le cantan villancicos al niño Dios, al pequeño y precioso niño Jesús de las manitas levantadas.
Manolo y Gonzalo han salido, como de costumbre tras la comida, a tomar un poco el sol de invierno al jardín trasero y a charlar de sus cosas.
–Así que el que estuviste a punto de “hacerle la eutanasia” al Niño Jesús poniéndome su caja delante fuiste tú, Manolo, ¡Con lo que eres tú! –se mofa Gonzalo–
–Calla, calla, no me lo recuerdes. Menos mal que Carmiña se me adelantó poniéndote delante su caja –responde su compañero de habitación mientras se santigua–. ¡Qué mal rato, qué sacrilegio!
–Anoche, cuando logré conciliar el sueño, tuve una pesadilla. Soñé que Doña Paquita y el ministro de Sanidad tenían cada uno una pata de una cama como la que encontré yo anoche e iban a usarla contra mi Juanita.
Pero, cuando empezaron a golpearla, Juanita se convirtió de repente en la figurita del niño Jesús del Belén que, esta vez sí, acabó pulverizada.
Cuando me desperté asustado, pensé que eso es acabar con la vida de un enfermo: destruir una caja que nos molesta o que creemos vacía e inservible, sin darnos cuenta de que, rompiendo la caja, estamos rompiendo también el interior, que tiene aún que cumplir su cometido.
Si hubiéramos roto al niño Jesús, creyendo que hacíamos un bien, habríamos privado de la alegría del belén a los compañeros de la residencia este año.
–Vaya, con lo ateo que eres, Gonzalo, no imaginé que tuvieras esa visión tan profunda.
–Yo nunca he dicho que sea ateo, leche, yo no creo en las religiones, pero sé distinguir la verdad de la mentira. Y mi Juanita, aunque su caja parezca inservible, tiene algo dentro que yo no quiero perder, es un tesoro que no se puede desperdiciar mientras pueda durar.
Cuando ya se tenga que ir, me tendré que conformar, ¿pero prescindir yo de mi camarada durante tantos años?
Hemos sufrido mucho juntos cuando tuvimos que emigrar, cuando nos despidieron de la fábrica, cuando se nos murió nuestra única hija…
Y siempre nos levantamos y seguimos adelante. ¡No vamos a tirar la toalla ahora que nos queda poco tiempo por vivir! Esto nos hace humanos, tener esperanza.
Ahora lo de la Covid, es otra dificultad más, pero yo no pierdo la esperanza de poder volver a besarla, a abrazarla…
El anciano interrumpe su discurso al sentir cómo su compañero le agarra fuertemente el brazo mientras le señala con la mirada hacia la puerta trasera de la residencia. Una furgoneta blanca, con el rótulo del Ministerio de Sanidad acaba de aparcar justo enfrente.
De ella se baja el conductor, con bata blanca, a cuyo encuentro sale el operario que vieron esa noche en el pasillo y que tan mala espina les dio.
Tras hacerle firmar unos papeles, saca de la parte de atrás de la furgoneta unas cajas de corcho blanco que coloca cuidadosamente en la carretilla y se marcha, mientras el misterioso hombre tatuado introduce la mercancía en la residencia.
–¿Ahora qué? ¿Otro Belén en liquidación que nos manda el Ministerio? ¡Ahora sí que nos van a dar matarile! –protestó Manuel levantando el bastón y poniéndose en pie–
–¡Vamos! –contesta su inseparable pareja, acompañándolo hasta llegar a la puerta por la que se había introducido la mercancía–.
–Cerrada, lo imaginé –afirma Manuel llevándose la manos a la barbilla y alzando la mirada en pose dramática televisiva–. Y tú te dejaste la radiografía en el bolsillo del pijama. Tenemos que buscar los puntos vulnerables del edificio.
–¿Los puntos vulnerables? Pues vamos por la puerta principal ¿no querrás escalar por los balcones?
Los dos amigos rodean el amplio jardín a la velocidad que sus torpes piernas les permiten.
ada más entrar por la puerta principal, se encuentran a Doña Paquita, la directora de la residencia, junto al operario y su cargamento, terminando de dar un discurso a los residentes y trabajadores congregados en torno a ella en el vestíbulo:
–…Así que agradecemos al Ministerio de Sanidad la rapidez en la entrega de las dosis para que puedan cumplirse lo antes posible los planes por ellos diseñados. ¡He dicho! –finaliza la directora ante el aplauso de todos los presentes que comienzan a cantar a coro un villancico–:
–Noche de Dios, noche de paz
Claro el Sol brilla ya
y los ángeles cantando están
Gloria a Dios gloria al rey celestial…
–Pero cómo puede aplaudir y cantar villancicos esta gente con esta noticia –reclama Manuel–.
–¡Se han vuelto todos locos! –responde Gonzalo–.
Carmiña y Lola, las dos compañera de aventura nocturna que los estaban viendo desde lejos, se les acercan a preguntarles:
–¿Qué os pasa? ¿Por qué no cantáis vejestorios?
–¿Vosotras también lo celebráis? Ahora que sí que han traído las dosis letales ¿les dais la bienvenida con palmas?
–Jajaja. Dosis letales –ríe Lola–
–¡Qué no Manolo, que vuelves a pensar mal! –grita Carmiña para hacerse oír sobre el canto de sus compañeros de residencia– ¡Que lo que nos han traído es la vacuna contra el coronavirus! ¡Nos la van a poner a todos!
–¿La vacuna? ¿Pero qué dices? –se pregunta Manuel sin salir de su asombro- Pero, la furgoneta del Ministerio, el delincuente de los tatuajes…
–Prejuicios, Manolo, prejuicios –le interrumpe Gonzalo que acaba de entenderlo todo–.
Fíjate en el de los tatuajes. En cuanto ha soltado las cajas de las vacunas, se ha puesto delante del Belén, se ha santiguado, ha pronunciado una oración en silencio y míralo, ahí está cantando villancicos al niño Jesús.
Está claro que nos dejamos llevar por nuestras ideas preconcebidas y esto nos hace pasar muchos malos ratos. ¿No somos amigos uno de derechas como tú y uno de izquierdas como yo?
–Bueno, pero por que tú eres respetuoso y no ofendes a nadie.
–Pues igual que tú Manolo, tú también tienes, para mí, un buen corazón…
Mira, yo rezar no rezo, pero miro al niño Jesús y le pido que en esta noche podamos todos respetarnos, que la política esté al servicio de la gente y nos dé soluciones para vivir no para morir…
que los viejos no seamos un estorbo, y que haya entendimiento entre derechas e izquierdas, cristianos, ateos, judíos y musulmanes…
que ninguno pongamos nuestros intereses por encima del de los demás y que –en ese momento comienza a vibrarle la voz– pueda darle pronto un beso a mi Juanita.
–¿Dónde están mis valientes guerrilleros? -se entromete Patricia, la enfermera– ¿Qué? ¿Recuperados de la juerga de anoche?
–Ay, perdona el mal rato que te dimos –le responde Lola–. ¿Cómo íbamos a saber?
–Nada nada, yo no vi nada ni a nadie anoche –contesta con una sonrisa cómplice–. Lo que vengo es a darle una buena noticia a usted, Don Gonzalo
–¿A mí? Cuenta, cuenta.
–¿A que no sabe quién va a ser la primera de toda la residencia a la que vamos a poner la vacuna?
A Juanita. Y después usted, a ver si se inmunizan ambos pronto y pueden volver a charlar juntos tanto como antes. Lo ha mandado Doña Paquita.
–¿Doña Paquita? ¿la fascista? –se sorprende Gonzalo emocionado por la noticia y sorprendido por las circunstancias–. Ya os decía yo que nunca había que perder la esperanza.
–Otro prejuicio que cae, Gonzalo, otro prejuicio que cae –le suelta su compañero dándole palmaditas en la espalda–.
Mientras, Gonzalo se aleja del grupo para ponerse justo al lado del portal de Belén. El coro de residentes continúa cantando el villancico: “…duerme el niño Jesus, duerme el niño Jesús…”
En tanto escucha el canto, Gonzalo extiende sus brazos respondiendo a la llamada del niño. Lo toma del Belén con mucho cuidado, como si fuera un bebé de verdad, lo acurruca entre sus brazos, lo besa y le susurra:
¡Cuántos prejuicios nos ha quitado esta noche niño Jesús! ¡Y cuántas cosas buenas nos has traído! Gracias Señor, gracias #FindelHilo

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SI quieres regalar hilos de Evangelio por Navidad, pinchando aquí tienes una recopilación de 40 de los más leídos.

#HiloGuadalupano

Hoy es la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Una de las advocaciones marianas más queridas del mundo. Pude visitarla en persona hace unos meses y lo que allí vi y viví no es explicable. Como hace 500 años, hoy la Virgen te lanza también a ti un mensaje en el #HiloGuadalupano.
La milagrosa historia de este icono mariano ya la conocéis seguro. Os la resumo.

La imagen es como un sello que garantiza la autenticidad de un total de 5 apariciones de Santa María de Guadalupe a San Juan Diego en diciembre de 1531.
Juan Diego pertenecía a la etnia de los chichimecas. Se bautizó ya de adulto junto a su mujer, atraído por la predicación de los padres franciscanos. Era un hombre sencillo, buen cristiano.
Curioso que su nombre antes del bautismo fuera Cuauhtlatoatzin, que significa «águila que habla» o «el que habla con un águila».
¿Recuerdas esa imagen del libro del Apocalipsis en la que a la «mujer vestida de sol con la luna bajo sus pies» (como aparece representada aquí María), se le dan «las dos alas del águila grande» para huir de la serpiente?
¿Y sabes que el autor del Apocalipsis es el mismo Juan del Evangelio del mismo nombre, cuya representación simbólica es tradicionalmente un águila?
¿Predestinación, casualidad? Entre juanes y águilas anda la cosa.
Se ve que a nuestro Juan Diego se le daba bien eso de hablar con aves porque un 9 de diciembre escuchó el canto de unos pájaros que lo llamaban por su nombre: «Juanito, Juan Dieguito»
Subió tras ellos a la cumbre del cerro de Tepeyac y allí vio a una señora cuyo vestido era brillante como el sol (igual que la imagen bíblica) que le dijo: «Hijito mío el más amado: yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdaderísimo Dios»

Juan Diego fue, obediente, al obispo a presentarle el mandato de la señora y, ante la negativa de aquel, volvió esa misma tarde a la cumbre del Tepeyac a pedirle a la señora que escogiera a otro mensajero ante su falta de efectividad.
La Virgen le insiste. «es indispensable que sea totalmente por tu intervención que se lleve a cabo mi deseo. Muchísimo te ruego y con rigor te mando, que mañana vayas otra vez a ver al Obispo».
El obispo se negó a creerlo por segunda vez y le pidió una señal. La Virgen se le aparece entonces por tercera vez y le dice que vuelva al día siguiente para recibir esa prueba para que el obispo no desconfiara.
Sin embargo, Juan Diego no pudo acudir a la cita porque su tío se puso muy enfermo.
Un día después y ante el agravamiento del tío, salió a buscar a un sacerdote y lo hizo dando un rodeo para que la señora no lo encontrara por el camino y retrasara su urgencia.
Pero la Virgen salió a su encuentro para tranquilizarlo por la enfermedad de su tío con una palabras que hoy vienen a consolar también tu corazón preocupado:
«¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? –le dijo– ¿no estás bajo mi sombra? ¿no soy yo tu salud? ¿no estás por ventura en mi regazo? ¿qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella».

Y le pidió que recogiera unas flores de lo alto del cerro y se las llevara al Obispo como prueba.
A pesar del frío invierno, Juan encontró varias flores, las recogió en su tilma (manto tradicional) y se las llevó al prelado, Fray Juan de Zumárraga (otra vez Juan).
El 12 de diciembre, tal día, como hoy de hace 489 años, Juan Diego desplegó su tilma delante del obispo y, ante el asombro de todos los presentes, las flores se esparcieron y en la tilma apareció estampada una imagen de la Virgen.
Image
Es la misma tilma que hoy, si no fuera por el Covid-19, irían a ver cientos de miles de fieles, pero que también podemos ver aquí en directo por Youtube.
Es increíble que se haya conservado tan bien después de casi 500 años.
Otros tejidos confeccionados de la misma fibra de izótl se descomponen en apenas dos décadas, se pudren; pero esta pieza, a pesar de haber estado expuesta durante muchos años al salitre y a la humedad, se conserva intacta.
Le ha caído incluso ácido sin ser dañada y sobrevivió sin un rasguño a un atentado de bomba. Este crucifijo que fotografié cuando visité su santuario fue el que se llevó la fuerza de la explosión. El Hijo protegió a la Madre.


La imagen está cargada de simbolismo, de detalles inexplicables que también hacen pensar que no es obra humana.
Ojo a la palabrería que hay en torno a ella, pues hay muchas leyendas y suposiciones que no están confirmadas y en las que prefiero no entrar. Y es que solo con lo que sí que sabemos seguro, ya hay suficiente para calificar la reliquia de absolutamente extraordinaria.
Para hacer este hilo, he tomado los datos del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos (morenita.mx), una asociación dependiente de la Arquidiócesis Primada de México.

Un centro cuya misión principal es investigar con la ayuda de expertos, historiadores, científicos, etc., todo lo relacionado con el gran acontecimiento guadalupano con verdad y responsabilidad sustentado en la fe y en la ciencia.
Es por tanto la fuente oficial más importante que existe.
La imagen de María impresa milagrosamente en la tilma de San Juan Diego es una Inmaculada Concepción, como te he contado antes, según la representación del apocalipsis, pero inculturada perfectamente en la cultura indígena.
Por eso se dice que es un «códice» que permite a los indígenas «leer» quién es esa mujer a primera vista y entender su mensaje.
Ellos captan a través de la imagen muchísimas cosas que, para los europeos, pasarían desapercibidas.
Por ejemplo, el manto azul verdoso que porta la Virgen de Guadalupe, para ellos es un mensaje muy importante, porque solo el emperador podía portar estos colores: el azul del cielo y el verde de la vida.

Primer mensaje: María es emperatriz.
En el manto aparecen 46 estrellas cuyo orden corresponde a la posición las constelaciones en el solsticio de invierno (la Navidad) de aquel 1531. María nos anuncia la llegada de su Hijo.

De su rostro, los indígenas podían aprender mucho, pues está inclinado en señal de humildad. Es una mujer que se para frente al sol, pisa la luna y se viste de estrellas, pero dice que hay alguien mayor que ella.

Sorprendentemente, la inclinación coincide con los mismos grados de inclinación de la tierra, 23,5 grados. María, madre terrestre del hijo de Dios

Su rostro es mestizo, símbolo de su maternidad universal. Como dice la tradición indígena: «su rostro no es ni de de ellos (los españoles), ni de nosotros (indígenas), sino de ambos». Por eso se le llama con cariño «la Morenita».
¡Ella es madre tuya también, sea cual sea tu color!
«Porque, en verdad, yo me honro en ser tu madre compasiva, tuya y de todos los hombres que vivís juntos en esta tierra, y también de todas las demás variadas estirpes de hombres, los que me amen», le dijo la Virgen a Juan Diego.
La Virgen de Guadalupe posa delante del sol, por lo que la rodean rayos de oro en forma de almendra, lo que significa divinidad para los indígenas.


Ellos decían que «su poderío es tal que se para frente al sol, nuestro dador de vida, y pisa la luna, que es nuestra guía en la lucha por la luz y se viste con las estrellas, que son las que rigen nuestra existencia y nos dicen cuándo debemos sembrar, doblar o cosechar.

Los ojos de María manifiestan misericordia y compasión. Son los ojos de una madre que te mira con cariño.

Pero son unos ojos especialmente vivos, pues reflejan la imagen que están viendo como hacen tus ojos o los míos.
En el caso de los de la Virgen de Guadalupe, ambos ojos reflejan las mismas imágenes teniendo en cuenta la perspectiva de cada uno y sus proporciones.
Hay quien incluso ha llegado a reconocer en dichos reflejos a los personajes que fueron testigos del milagro de la estampación de la imagen en la tilma.
La boca de María nos regala una tierna sonrisa gracias a la casualidad de que coincide sobre un nudo del tejido de la tilma.

Un nudo en los labios de quien «guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2, 19)
También su pelo nos lanza un mensaje, pues ese peinado partido a la mitad y peinado hacia abajo significa virginidad, ya que la casada tenía que hacerse un trenzado especial. María es Virgen.

Las manos de María están en oración al estilo europeo (juntas) pero, a la vez, al modo indígena (tomando un corazón en sus manos y presentándoselo a Dios).

Ellos lo explican así: “Nuestros mayores ofrecían corazones a Dios, para que hubiera armonía en la vida. Esta Mujer dice que, sin arrancarlos, le pongamos los nuestros entre sus manos, para que Ella los presente al verdadero Dios”.
La rodilla doblada en «paso de danza» nos confirma esta actitud orante de María según la costumbre indígena.
Una pregunta: ¿Sabes por qué se dice que una mujer embarazada esta encinta? Viene de la costumbre de anudar una cinta al vientre cuando una mujer estaba esperando el nacimiento de un hijo.
Pues la Virgen de Guadalupe está encinta. Es mujer de espera, de esperanza, de este tiempo de Adviento en el que estamos y en el que se apareció a Juan Diego.

El broche ovalado con la cruz en el centro recuerda a la piedra semipreciosa que los indígenas colocaban en sus ídolos de piedra y que denominaban el corazón de la divinidad. Lo pulían hasta verse reflejados en ella.

Es el lugar donde podemos vernos reflejados, la cruz, el sitio donde Cristo se ha ofrecido por cada uno de nosotros. Fue allí, al pie de la Cruz, donde nos entregó a María como madre.
Mientras que para los españoles los adornos del vestido de la Virgen eran solo flores ornamentales, para los indígenas tenían un mensaje añadido.

Todas las flores tienen su raíz en el cielo representado por el manto azul verdoso lleno de estrellas, lo que significa que es una flor que nace del cielo y crece en la tierra.
La flor tiene forma de cerro acabado en punta (Tepeyac –el lugar en el que se apareció– significa cerro punta), mientras que su tallo tiene forma de corriente de agua.
Para ellos, «flor y agua» quiere decir «civilización», lo que significa una civilización enraizada en lo celeste. ¡Somos ciudadanos del cielo caminando en la tierra!
La flor-cerro también tiene apariencia de corazón, arterias, sangre… lo que para ellos era el sustento de la divinidad.
La Virgen está también rodeada de nubes. Para los indígenas era muy importante la frase «entre nieblas y nubes», que significa:

  1. Alguien que viene de un lugar a todos desconocido (así saludó Moctezuma a Hernán Cortés)
  2. Abrir un cofre de riquezas espirituales
  3. Ser ojos, oído y boca de aquel invisible y espiritual que venía entre nubes.
    Así que María entre nubes significaría: «La que viene del lugar a todos desconocido, Ella abre un cofre de las riquezas espirituales y Ella es ojos, oído y boca de aquél invisible y espiritual, que en Ella se manifiesta visible».
    ¿Te parece poco claro el mensaje?
    Seguimos recorriendo la imagen deteniéndonos ahora en el angelito a sus pies.
    En la iconografía occidental, los ángeles son meras figuras acompañantes de María. Aquí es una figura central.

Es un cuauhtlatoatzin, que significa: águila que habla cosas divinas o preciosas, pues tiene alas de águila. (otro águila 😱)
La está presentando y, con Ella, a quien es el centro de la imagen que es Jesucristo dentro del vientre de María.
Con su mano derecha toma la punta del manto lleno de estrellas que significa el universo y con la izquierda sujeta la punta de la túnica rosa, que significa la tierra. Él une en armonía el cielo y la tierra. Así es como eran representadas las águilas en los códices.
Los colores azul, blanco y rojo de las alas junto con el negro de la luna; son los colores de los cuatro puntos cardinales el negro simboliza al Norte; el azul, al Sur; el blanco, al Oeste; y el rojo, al Este.
El mensaje de María es universal, para todos los hombres y mujeres, para todos los pueblos.
La calvicie del ángel también tiene su significado, pues para los indígenas simboliza ancianidad, sabiduría ancestral.
O sea: «hacedle caso, porque este sí que sabe…».
Y la luna, ¿por qué es negra?

Es negra porque está a contraluz con el sol, como ocurre en un eclipse.
Pero a diferencia de los eclipses que para sus culturas vaticinaban desgracias, esta mujer que tapa al sol, nos trae una nueva era gozosa.
María parece danzar (orar para los indígenas) sobre el centro de la luna. Atención, porque lo que viene es grande…
¿Sabes que la expresión «Me-xi-co» significa «en el centro de la luna» o «en el ombligo de la luna», lo que a su vez significa «en el hogar de la divinidad omnipotente»?
¡Es decir, que esta mujer encinta se encarna en el pueblo de México para anunciarnos que ella nos lleva al mismísimo Dios y lanza desde ahí su mensaje a todo el mundo!
Eso mismo explica esta flor de cuatro pétalos que está en el vientre de María.

Representa el Nahui Ollin y que significa: El verdaderísimo Dios por quien se vive.
Es pues el mensaje central de toda la imagen: Jesucristo, el hijo de María es Dios mismo, creador del Universo y viene a salvarnos en Navidad.
Viene a todos los hombres, a todas las razas, a todas las culturas… incluso a todas las religiones.
¿Por qué si no quiso llamarse a sí misma «Santa María de Guadalupe»?
María, nombre de origen hebreo y Guadalupe, nombre de origen árabe. Un nombre que coincide, además, con el de la advocación de la que eran devotos muchos de los conquistadores, de origen extremeño, Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de Extremadura.
Oriente y Occidente; Europa y América; indígenas y europeos; cristianos, judíos y musulmanes; todos los hombres y mujeres de la tierra estamos convocados hoy ante esta imagen a contemplar los misterios del cielo y a vivir con Esperanza.
Y es que muchos creen que el Apocalipsis es un libro trágico que nos anuncia males futuros, pero es todo lo contrario.
Es un libro con el que Juan quería animar a su comunidad a resistir frente a los males presentes (la persecución, Nerón…). Tiene un caracter positivo y gozoso, pero hay que saberlo interpretar.
La mujer del Apocalipsis que nos presenta la venerada y querida imagen guadalupana viene este año más que nunca a decirnos: ¡ánimo, que viene el Señor, que viene el Rey!
El coronavirus ha sumido al mundo en la desesperanza, la desilusión, la tristeza y la angustia.
Pero María viene a sacarnos de ahí y a animarnos a celebrar esta Navidad que viene como la mejor de nuestra vida.

Y, si miramos de nuevo a sus manos, nos indica cómo lograrlo.

En primer lugar, si te fijas, las manos parecen tener tonos distintos de piel. Nos traen un mensaje de unidad de los pueblos, unidad entre los pueblos. Solo unidos podremos salir de esta crisis mundial sin precedentes. Teniendo en cuenta al otro, sobre todo al más necesitado.
Y las manos orantes parecen invitarnos a construir una casita, como aquella que ella pidió que le construyeran, pero en el corazón de cada uno.
Va a llegar la Navidad, nos dice la morenita con su embarazo casi a término, su cinta, sus constelaciones navideñas en el manto, ¡prepara tu hogar para recibirlo!
Allí dentro, María y su hijo, como le dijo a San Juan Diego, estará «siempre dispuesta a escuchar tu llanto, tu tristeza, para purificar, para curar todas tus diferentes miserias, tus penas, tus dolores».
Celebra la Navidad como lo que es, la fiesta de la luz que brilla en las tinieblas y no temas. Al fin y al cabo, «¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?» #FindelHilo

#HilodelosExtraterrestres

En esta víspera de #TodosLosantos, te voy a contar un hecho sorprendente que le ocurrió a Carlos, el señor que duerme en el cajero automático que hay debajo de casa y que me ha hecho reflexionar sobre si realmente estamos solos o no en el universo. #HilodelosExtraterrestres

Carlos lleva siendo mi «vecino» poco más de un año.

Nunca ha molestado al vecindario. Llega por la noche con su mochila, prepara su «dormitorio», se acuesta y, muy temprano, antes de que llegue la limpiadora del banco, ya ha recogido sus cosas y se ha marchado.

Es una persona educada, culta, limpia, agradable en el trato…

No acepta ninguno de los recursos que le han ofrecido desde la administración y Cáritas para encontrar un hogar porque a él ya –asegura– le queda poco tiempo de dormir en la calle y habrá otras personas con más necesidad.

Alguna vez le he preguntado si necesitaba algo: comida, una manta, dinero… Nunca ha aceptado nada: «Gracias, Antonio, –me contestaba– tengo todo lo que necesito para vivir. ¡Hay tantas cosas que no son necesarias!».

El caso es que hace un rato, al bajar la basura, me lo he encontrado sentado en el escalón del banco y mirando al cielo extasiado.

Siguiendo su mirada me he encontrado con esta impresionante luna

–Wow, vaya espectáculo Carlos.

–¿Te das cuenta? Y hay gente que contrata la televisión de pago. ¡Qué imbéciles! Yo esta noche me la pasaría entera mirando a esta enorme señora azul.

–La verdad es que sí. Desde casa no me había fijado en lo bella que está hoy.

El incómodo silencio al quedarnos los dos inmóviles mirando al cielo lo ha venido a romper Claudia, la vecina del cuarto, que venía de pasear a su perrita:

-¿Qué hacéis ahí como dos pasmarotes?

–Shhh –le ha chistado Carlos con una mano, señalándole con la otra la luna y haciendo que sus grandes ojos azules se abrieran de par en par–.

Hasta la perrita de Claudia se ha sentado mirando fíjamente el satélite amagando una especie de canto con aullidos muy agudos

–Wow ¿Vosotros creéis que estamos solos en el Universo? –suelta así de sopetón la vecina–

–¿Cómo vamos a estar solos? –respondo–. No sabes lo que dices. Si la @NASA_es acaba de encontrar agua en la luna y fosfina en Venus. ¡Cuántas más posibilidades de vida habrá en los 3.000 millones de planetas parecidos a la tierra que hay solo en nuestra galaxia!

–¿Fosfina? ¿Qué es fosfina? –pregunta Claudia–

–Es un gas que producen ciertos microbios que viven en los pantanos o en los intestinos de los pingüinos lo que indicaría la existencia de vida bacteriana en Venus –resuelve Carlos con autoridad–.

–¿Entonces hay pingüinos en Venus? –ha dicho con asombro la vecina–

–No mujer, no digas tonterías –le he cortado–. Carlos, se ve que tú sí que sabes del tema…

–¿Que si sé del tema? He desperdiciado mi vida buscando signos de vida allí arriba sin darme cuenta de que los seres que necesitaban ser descubiertos estaban aquí abajo

–¿Eras astrólogo Carlos? –inquiere Claudia curiosa–

–Bueno –sonríe condescendiente con el insulto–, soy astrofísico. No, no me he dedicado a hacer horóscopos sino a estudiar las leyes que gobiernan el Universo.

En el fondo, desde pequeño, soñaba con ser el primer científico en contactar con otra civilización. ¡Tienen que estar arriba, por algún sitio y los voy a contactar!, me repetía cada noche.

Los últimos 20 años, antes de regresar a España hace un par de ellos, los dediqué a escrutar las estrellas desde el observatorio Steward, en Arizona.

Y ahora que preguntas lo de los extraterrestres, te voy a contar una historia de las que se suelen contar en días como hoy.

Una noche como esta, víspera de Todos los Santos, me tocó el turno de noche en el observatorio. En realidad lo pedí yo para hacerle un favor a mis compañeros que querían celebrar Halloween porque a mí era una fiesta que no me iba.

En torno a las 2 de la madrugada, las pantallas comenzaron a mostrar signos de algún evento fuera de lo normal. Una serie de pulsos estaba interfiriendo en el funcionamiento de los radiotelescopios.

Traté de contactar con alguno de mis colegas pero fue en vano, estaban todos de fiesta o con los móviles apagados.

¿Sería un mensaje desde el espacio exterior e iba a ser yo el único en ser testigo de un hecho tan trascendental?

De pronto, las señales dejaron de iluminar los sistemas de alerta de las computadoras y comenzaron a hacerse fuertes, cada vez más, pero dentro de mí.

Eran 30 pulsos fuertes y cortos y 2 silbidos largos y graves.

Vista, oído, olfato, gusto y tacto ¿a que son las únicas formas de contacto con el mundo exterior que tiene cualquier persona?

Pues aquella noche, se despertó en mí un sexto sentido. Una forma de percepción distinta que me hizo ver sin ver, oír sin oír, sentir sin sentir a una multitud innumerable.

Millones, miles de millones de seres a quienes me unía algo más que una amistad. Podría decir que fue como si, de repente, todos ellos fueran mi familia. No dejaba de ser yo, pero yo era un poco en ellos. Es difícil de explicar.

Sentía los pulsos como una enorme opresión en el pecho, como abrazos muy fuertes de alguien muy querido y los silbidos como una brisa fresca, que me llenaba de una felicidad interior… increíble.

No sé si aquello duró un minuto o toda la noche. Solo sé que, a la mañana siguiente, los registros del ordenador no habían grabado nada para poder mostrar a mis compañeros, que se mofaron creyendo que trataba de gastarles una típica broma de Halloween cuando se lo conté.

No obstante, la experiencia sensorial sí que se había grabado muy hondo en mi corazón y marcó mi existencia desde entonces.

Me obsesioné con la idea de volver a repetir esa experiencia de «comunión universal». Tanto que llegaba a pasar 15 horas diarias en el trabajo. Estaba convencido de que había tenido una experiencia de encuentro en la tercera fase.

No había visto a esos seres, pero los había sentido no sé si con la intuición o con qué otra capacidad desconocida de nuestro cerebro.

No descansaba ni los fines de semana, siempre buscando en las mismas frecuencias, calculando las fechas en las que se producían alineaciones similares de los astros…

Eso me costó el matrimonio y la salud.

Fue precisamente en el hospital de salud mental de Saint Francis donde, hace ya tres años, me dieron la llave para salir de la cárcel en la que me había encerrado.

Y no fueron los médicos, ni las drogas, sino la charla que mantuve con el capellán.

Era un jesuita cuarentón. Vestía con vaqueros y camiseta, lo que me producía cierto rechazo. Yo en el trabajo vestía siempre con bata ¿qué le impedía a este vestir de cura?

Luego me contó que era la forma de llamar menos la atención de los pacientes, y poder así acercarse a ellos, porque a algunos les ponía muy nerviosos verle con el clergyman. Al salir del hospital se lo ponía ¡Era muy inteligente y humano!

Yo le conté mi experiencia y mi convencimiento de que aquello que me pasó fue una forma de contacto con una civilización extraterrestre. Una civilización a miles de años luz en la que reinaba la paz, la fraternidad, la solidaridad… ¡Eran todo amor!

¡Tenía que volver a encontrarlos y presentárselos al mundo!

(…)
–Al escuchar a Carlos contar lo de los extraterrestres, la perrita de Claudia se ha puesto a hacer caca sin dejar de mirarlo. A mí también me ha dado algo de miedo. Pero estaba tan interesante la historia que no podía dejar de escucharla.

Lo mismo le ha debido pasar a Claudia, que ha recogido el «regalo» con una bolsita y, tras anudarla convenientemente, se la ha metido en el bolsillo sin dejar de prestar atención al relato.

Ajeno a lo que pasaba a su alrededor, imbuido en su propia historia y sin dejar de mirar de vez en cuando al firmamento, Carlos ha continuado:
(…)

–¿Es usted creyente? Me preguntó el cura.

–Supongo que como todos, de pequeño iba a Misa con mis padres pero al ir creciendo, perdí el contacto.

–Lo digo porque… no sé… esa experiencia de comunión, de vivir junto a una gran comunidad de hermanos es muy parecida a la que vivimos en la Iglesia.

–No lo dirá por su historia, porque está llena de cismas, guerras y enfrentamientos. Incluso hoy, a este papa hay algunos que no lo tragan.

–¡No, claro que no! –rió–. Es verdad que, en tantas ocasiones, no hemos sido ejemplo ni lo seguimos siendo, pero tu relato se parece mucho a lo que vivimos los cristianos y proclamamos en uno de los artículos del Credo, la comunión de los santos.

–¿Quiere decir que quienes me abrazaron fueron San Pancracio y Santa Rita? ¡Vamos hombre! Le estoy hablando de una civilización superior, mucho más avanzada que nosotros que quiere entrar en contacto con la tierra para ayudarnos a ser mejores. Están allá arriba, lo sé…

–No, no me refiero solo a San Pancracio o a Santa Rita, sino a todos los creyentes. Por eso, ese artículo del Credo se recita justo después del «Creo en la Iglesia Católica». Santos somos todos los miembros de la Iglesia.

Santos somos por el bautismo. La comunión de los santos es precisamente la Iglesia.

–Yo pensaba que todos los santos era el día de los muertos, cuando se va a los cementerios…

–No, se equivoca. Ese es el día 2 de noviembre, la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos. Ese día rezamos por ellos y pedimos que puedan vivir ya la vida eterna, porque algunos necesitan aún purificarse.

El día de Todos los Santos lo que celebramos es la comunión entre la Iglesia de la tierra y la del cielo. Nosotros creemos que nuestros amigos y familiares que han vivido realmente el mandamiento del Amor están ya glorificados, viviendo con Dios.

El que ha conocido el amor verdadero sabe que ese amor no muere nunca y que ni la muerte lo vence. Por eso, seguimos experimentando ese sentimiento de comunión con ellos. Los sentimos, como relataba usted, muy cerca, muy dentro, como un gran abrazo…

Y también aquí entre los vivos, a pesar de nuestros pecados y debilidades, los cristianos también sentimos muchas veces esa sensación de comunión con los hermanos de nuestra parroquia y de otros grupos, movimientos, realidades…

Incluso con miembros de otras confesiones. Jesús rezó y dijo: «Padre, que sean uno, como tú y yo somos uno». Pues esa es la comunión de los santos, sentirnos una única Iglesia, todos miembros y Cristo como cabeza.

El Día de Todos los Santos es el día de todos nosotros, los del cielo y los de la tierra que vivimos ya en primicia lo que viviremos después: una comunión plena y perfecta con Dios, nuestro Padre, quien nos creó, el que más nos ama.

–Vaya charlita me está soltando usted. La verdad es que echo de menos ese sentimiento de pertenencia a un grupo, a una familia, el barrio, la parroquia, la pandilla… Lo perdí cuando salí de mi casa a estudiar.

Luego, la vida profesional es muy exigente, te impide relacionarte con los tuyos, vas perdiendo contacto con unos y otros, solo piensas en ti, en tu carrera, en tus proyectos… Es una sociedad individualista la nuestra.

Al final, fíjese, me veo aquí, en un psiquiátrico, charlando con un cura que es el único amigo que tengo.

Paradójicamente, tras tantos años de investigación, lo que he descubierto es que estoy solo en el universo, justo la tesis contraria a lo que he dedicado todo mi tiempo y mis energías.

–No hombre, no estás solo. Seguro que en tu familia te reciben con los brazos abiertos en cuanto te decidas a volver, seguro que en tu pueblo, en tu parroquia estarán encantados de volver a verte en cuanto estés mejor… Siempre habrá alguien que te tienda una mano.

Y, quién sabe, puede que también haya otros seres inteligentes en otros planetas. ¿Fue Carl Sagan el que dijo aquello de si estamos solos en la inmensidad del universo, ¡cuánto espacio desaprovechado!?

Aunque si le digo la verdad, yo creo que esta es una frase muy pobre.

–Bueno, esa frase de Sagan es mítica, pero es más optimista de lo que la gente cree. No es tan fácil que haya vida inteligente por muy extraordinariamente grande que sea el universo. Nuestro planeta es una excepción.

La ilusión porque existan los extraterrestres, impulsada por la ciencia ficción, nos crea la falsa idea de que pronto los descubriremos. Pero es una falacia lógica, un fallo común de cálculo de nuestro cerebro.

Lo cierto es que las probabilidades de que existan civilizaciones extraterrestres son mínimas, infinitesimales.

No sé si conocerá, padre, la paradoja de Fermi, que viene más o menos a decir que es imposible que existan civilizaciones avanzadas en otros planetas puesto que no se han puesto en contacto con nosotros.

Luego está la ecuación de Drake, un astrofísico de la década de los 50 cuyos cálculos ya hablaban de la improbabilidad de la existencia de vida inteligente allá arriba y que ha sido recientemente recalculada a peor por científicos de Oxford.

Se habla de un número inferior a 0,00000001 posibles civilizaciones detectables al año.

También está la hipótesis de la «Tierra rara» que en resumen dice que sí, que hay billones de planetas parecidos a la tierra, pero que en ninguno se da el conjunto de excepcionalidades con que el azar ha dotado a nuestro planeta para que hayamos podido desarrollarnos nosotros.

Créame, padre, yo esto lo sé, lo he estudiado, pero es tan grande el impulso que siento desde pequeño a contactar con otros planetas, a conocer otros seres, que me he vuelto loco.

-¡No digas tonterias, tú no estás loco! Claro que puede haber vida inteligente en otros planetas, Dios es tan grande que puede haber extendido su obra creadora por toda la galaxia, por todo el universo, incluso por otros universos

Verás. Cuando he dicho que la frase de Sagan es pobre no lo decía en términos científicos. Yo de eso sé poco y tú me lo has explicado fenomenalmente que de eso entiendes mucho más que yo.

Yo me refería a que es la típica frase de un materialista. Alguien que solo cree en lo que puede ver, tocar, pesar y… comprar.

¿Espacio desaprovechado? ¿Por qué? Porque lo calcula en términos materialistas. Cuando yo construyo algo o compro algo, mido mis necesidades, quito lo que no me parece necesario, ajusto el presupuesto y lo ejecuto.

¿Para qué quiero un coche que corra a 250 km/h si solo voy por ciudad donde me limitan a 50? Lógico.

Pero eso es cuando yo construyo para mí y Dios no creó el universo para sí mismo, para darse el gusto. Él, que es amor, nos creó por amor, para amar. ¿Y cuál es la medida del amor?

¿Has amado alguna vez a alguien Carlos?–

Ya no pude aguantar más y me eché a llorar como un chiquillo. Las lágrimas caían a chorros por mis mejillas como cuando un dique se rompe por la presión de agua en una crecida. Años y años de sinsentido salieron a borbotones en un llanto liberador, purificador, casi místico

–Mi mujer me dijo eso mismo cuando me echó de casa. No he amado, la verdad es que no he amado a nadie más que a mí mismo en toda mi vida. Yo quería estar con ella, pero no la amaba, no podía amarla porque pensaba que era una pérdida de mi valioso tiempo

¿Cómo iba a estar con los niños, salir a cenar, compartir un rato de peli, sofá y manta con ella o irme de vacaciones cuando los extraterrestres estaban queriendo comunicarse con nosotros? ¡Qué tiempo más desaprovechado! ¡Y qué estúpido he sido! (continué llorando)

–Me alegra que haya llegado a esta conclusión por sí mismo, Carlos. Has descubierto lo que es amar.

Amar no es solo gastar «tiempo de calidad», como se suele decir ahora en términos materialistas, con tu familia, sino perder el tiempo, derrocharlo…

El amor no entiende de medidas, de precios, de cálculos, de calidades…

El amor lo da todo, lo espera todo, lo soporta todo, lo perdona todo…

No creo que Carl Sagan regalara a su mujer una plancha de segunda mano «por no desaprovecharla». Seguramente, si la quería de verdad, le regalaría en su aniversario algo que a ella le hiciera ilusión, no solo por su utilidad, y quizá alguna vez despilfarraría para demostrarle su amor.

-Bueno, Carl Sagan se casó tres veces. Quizá las dos primeras mujeres le pidieron el divorcio tras regalarle la plancha usada –le contesté pasando del llanto a la risa en décimas de segundo–.

–Jajajaja a lo mejor sí fue por eso.

No, ya en serio y dejemos al lado los personalismos, quizá fue un marido devoto, no lo sé. Lo que quiero decir es que cuando uno ama, derrocha. Y cuando uno derrocha amor, pues el resultado es un derroche de proporciones cósmicas.

Cuando Dios pensó al hombre y a la mujer no se conformó con crear un planeta, sino que generó la inmensidad del espacio y el tiempo, esperó 10.000 millones de años para que surgiera la vida y otros miles de millones para culminar su obra creándonos a nosotros.

Y nos creó, fíjese, qué importante esto con respecto a lo que hablábamos antes, en comunidad. No nos hizo individuos aislados, solitarios, sino que nos hizo pareja: «hombre y mujer los creó», dice el Génesis. La pareja como síntesis de la gran comunidad humana porque «no es bueno que el hombre esté solo».

Y es lógico porque también Dios es comunidad, es Trinidad y al fin y al cabo nos hizo «a imagen suya».

Observe cómo desde la creación del mundo la Iglesia, el pueblo de Dios, la comunidad de los santos, estaba prefigurada ya.

Dios se fijó en un planeta mediocre: ni el más grande ni el más chico de su sistema, que gira en torno a una estrella normalita en un borde de una galaxia también intermedia y eligió la Tierra para hacer su gran obra de amor.

Luego, le fallamos. Rompimos esa comunión entre nosotros y con Él para la que nos había creado, y lo tiramos todo por la borda. Pero aún así no dejó de amarnos.

Eligió de nuevo, entre todos los innumerables pueblos de la tierra, un pueblo normalito, no el más grande ni el más poderoso, un pueblo de nómadas como Israel para ser «su propiedad personal»

Y dentro de ese pueblo, eligió a muchos hombres y mujeres comunes: los patriarcas, los profetas… que fueron enseñando el camino de vuelta a Él, preparando el final de la historia.

Luego, entre ellos, eligió a una joven normal, desposada con un carpintero de tantos

Y luego eligió la aldea más normal que había: Belén; y dentro de Belén uno de los sitios más normales de la localidad: un establo.

Y quiso nacer así, como un niño normal, para enseñarnos lo que es no es normal: a amar como Él nos ama.

Luego abrió la puerta de su amor, no solo a los miembros de ese pueblo, sino a todos los pueblos de la tierra.

Muriendo, se solidarizó con toda la humanidad inaugurando el reino de los cielos. Un reino que está ya entre nosotros en misterio, como oculto, en la Iglesia, ojo al nombre, Universal.

Y todos los hombres estamos llamados a esta unión con Cristo, luz del mundo, de quien procedemos, por quien vivimos y hacia quien caminamos.

–Fijaos cómo me impresionaron las palabras que aquel día me dijo el capellán que, una semana después me habían dado el alta en el hospital.

Había entendido lo equivocado que estaba y que como ser humano necesitaba ser parte de una familia, de un pueblo.

Volví a casa y me reconcilié con mi mujer y mis hijos.

Regresamos a España hace un par de años y me puse a dar clases en la Universidad. Cumplía mis horarios y estaba mucho tiempo en casa, disfrutando de mi tiempo con mi mujer, con mis hijos… Volví a la parroquia y reinicié mi vida de fe.

Había descubierto una maravillosa civilización terrestre cuya bioquímica molecular era el amor.

Pero el descubrimiento me duró poco.

En septiembre del año pasado, de regreso de nuestras primeras vacaciones en la playa, tuvimos un accidente en el que mi mujer y mis dos hijos perdieron la vida.

No entré en crisis. Entendí que esa era la voluntad de Dios. Sabía que a pesar del dolor, Dios me amaba a mí y a ellos y sigo sintiéndolos vivos, aunque no los pueda ver.

Puedo decir que creo en la comunión de los santos. La comunión contigo, Antonio, contigo, Claudia, con mi familia que me espera en el cielo, mis padres, algunos buenos amigos…

No sé por qué el Señor me eligió a mí para sobrevivir, se ve que aún tenía que hacer algo aquí en la tierra. Quizá solo era contaros a vosotros dos hoy esta historia que no se la había contado a nadie aún.

Lo que sí sé es que ya me queda poco aquí, por eso he preferido renunciar a todos los afanes de la vida y vivir con lo justo. ¡Ya me he dado cuenta de lo que es importante y lo que no en esta vida!

-¡Cómo que te queda poco Carlos! –le he contestado interrumpiendo su relato– si estás hecho un chaval. Lo que tienes que hacer es volver a trabajar, alquilarte un piso, rehacer tu vida.

–Claro que sí –se ha sumado Claudia– no des por perdida tu vida aún. Si, como dices, existe un Dios, seguro que te ayuda a salir de esta. Bueno, yo me marcho que nos va a pillar el toque de queda. Gracias por contarme tu historia, Carlos, es preciosa.

–Adiós, Claudia.
Bueno, yo me marcho también –he respondido–. Me has hecho pensar mucho porque yo ando igualmente un poco despistado, y tu relato me ha hecho centrarme en lo importante. Por cierto, hace mucho que no llamo a mis padres. Voy a darles un toque…

–Adiós, amigo. A mí me queda aquí todavía un rato de charla con mi mujer y los niños mirando a la hermana luna.

He subido a casa dándole vueltas a la conversación de esta noche. He llamado a mis padres, me he tomado un vaso de leche con cacao calentito, he ido a darles un beso a los niños que ya estaban dormidos y me he puesto a hablar con mi mujer de nuestras cosas.

Nos hemos puesto a recordar cómo nos conocimos, por qué nos hicimos novios, qué nos llevó a casarnos… De cuántos momentos felices y no tan felices hemos pasado juntos… De repente, hemos oído un grito en la calle. ¡Socorro, socorro! ¡Ayuda!

Con el corazón en un puño me he asomado a la ventana y he visto a una chica joven en la puerta del banco llamando desde su móvil a emergencias: «He ido a sacar dinero y me lo he encontrado así. ¡Vengan rápido, que se está muriendo!», la oigo decir.

Sin pensármelo dos veces he bajado en pijama y me he encontrado a Carlos con muy mal aspecto agarrándose fuertemente el brazo izquierdo.

–Me voy ya amigo, me voy con ellos –me dice–. Seguiremos en contacto, yo allá arriba y tú aquí abajo, recuérdame cuando mires a la luna…

Han sido sus últimas palabras antes de perder el conocimiento. ¡Es un infarto!

Me he acordado de que, en estos momentos, es muy importante hacer la maniobra de reanimación cardiopulmonar antes de que llegue la ambulancia.

Lo he puesto boca arriba tal y como me enseñaron en el cursillo, con brazos y piernas alineados y el tórax al descubierto. He tirado de la frente hacia atrás, del mentón hacia arriba y le he insuflado aire hasta llenar sus pulmones

Me he acordado de la secuencia que me enseñaron a memorizar: 30 compresiones en el pecho y 2 insuflaciones.

Mientras apoyo mis dos muñecas, una sobre otra, sobre su esternón y empiezo el masaje cardiaco, recuerdo la historia que me ha contado él mismo hace un rato de aquel mensaje espacial que recibió en su radiotelescopio

Eran 30 pulsos fuertes y cortos y 2 silbidos largos y graves. Mientras continúo, me fijo en sus ojos que, muy abiertos, reflejan la gran luna, la estupenda luna azul de esta noche y sus labios esbozan una sonrisa.

La sonrisa del que ha encontrado, por fin, lo que anhelaba desde pequeño; el mensaje desde el cielo; el abrazo definitivo de todos los suyos y el soplo fresco del que es todo Amor que se derrocha… #Findelhilo

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