#HilodeReyesMagos

Como siempre, soy el primero que se ha despertado en casa. Esta noche habrán venido los Reyes Magos, pero no me atrevo a salir de mi habitación, así que voy a escribir un hilo para hacer tiempo. #HilodeReyesMagos

¡Qué bonito es este día, ¿verdad?! 

Todo el mundo lo llama día de Reyes, pero su nombre verdadero es día de la Epifanía (manifestación) del Señor. Y es que, claro, los importantes no son los Reyes que van a ver al niño sino que es el niño Dios el que se manifiesta a todos los pueblos del mundo, representados en los magos. 

El Evangelio no nos dice que fueran reyes, ni cuántos eran, pero sí nos dice que llevaron tres regalos: oro. incienso y mirra, por lo que la tradición ha considerado que eran tres. Con respecto a su identificación con la estirpe real, lo debemos al salmo 71, el que se canta hoy en Misa, que dice: 

Los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
postrense ante él todos los reyes,
y sirvanle todos los pueblos. 

Los santos padres vieron aquí una clara alusión a la adoración de los magos. Así que desde hace muchos siglos, los magos de oriente son identificados con esos reyes de naciones lejanas. ¿Y qué importancia tiene? Pues muchísima, porque el Mesías ha nacido, no solo para salvar a su pueblo (Israel), sino para salvar a todas las naciones, a la humanidad entera, ¡al mundo mundial! Que sepas que esto no debería ser así, porque el Señor escogió al pueblo de Israel, entre todos los pueblos de la tierra, para hacerlo suyo. Así que, a menos que seas judío, no te correspondía la salvación. Pero el Señor ha tenido misericordia y te ha injertado a ti, que eres gentil, rama silvestre, en el buen olivo. 

A muchos, como en el tiempo de Herodes, les pasará desapercibida hoy esta gran noticia, pero la Iglesia se encarga de repetirla, año tras año: ¡Que el mensaje de Jesús es para todos los hombres y mujeres de la tierra! 

Sea cual sea tu lengua, raza, pueblo o nación, estás llamado a pertenecer al pueblo santo de Dios. Muchos abrirán hoy sus regalos, y mañana los descambiarán por otra talla ajenos al verdadero regalo del que nos habla la fiesta de hoy. 

En ese pijama o en esa bufanda que te espera tras el envoltorio deberías ver el calorcito del amor que te tiene Dios. 

En ese móvil nuevo o en ese ordenador, deberías ver un Dios que se te comunica, que quiere llamarte para decirte cuánto te ama. Y también una oportunidad para contarle a los demás esta buena noticia. 

En ese regalo para el ocio podrías ver cómo Dios quiere ser tu compañero de juego, estar siempre a tu lado, alegrarte la vida. 

En esa prenda de moda deberías contemplar la belleza de la obra de Dios en ti. Él te ha hecho perfecto, Él te ha hecho perfecta. Siempre lo somos a sus ojos. 

En ese perfume, podrás significar el buen olor de Cristo, una llamada a que tus obras «huelan» a santidad.

 En cada regalo que recibas hoy, caro o barato, grande o pequeño, deberías ver una epifanía, una manifestación de cariño de parte del niño Dios que se sirve de la gente que te quiere para encarnarse hoy también en el salón de tu casa. 

Por cierto, ya se oye ruido por los pasillos. Creo que voy a ir a ver. ¿Habrán llegado los reyes? ¿Me habrán traído lo que les pedí? –¡Pero si no pediste nada!, me responde mi mujer. No es verdad. Es que lo que me pedí ya me llegó en la noche de Navidad. ¡Me voy corriendo al salón a ver ahora cómo se ha manifiestado! #Findelhilo

#HilodeSoul

En esta Nochevieja, cuando todos nos hacemos própósitos para el año nuevo, os invito a reflexionar conmigo sobre el sentido de la existencia junto a la película Soul, de Pixar. Una película tan bella como peligrosa #HilodeSoul #SoulMovie

Antes de continuar, te advierto de que en este hilo destripo la película por lo que, si estás interesado en verla, mejor espérate a leerlo después. Y, si no te interese el cine, puedes seguir leyendo porque la película es solo una excusa para la reflexión #Spoiler


Soul es una nueva maravilla visual de los estudios Disney-Pixar que acaba de estrenarse en su plataforma digital Disney+. El coronavirus nos ha privado de poder ver esta obra de arte como se merece, en pantalla grande.
Como veis, mi opinión sobre la película es bastante positiva. Y lo es porque, visualmente es un derroche de estímulos de una belleza inédita. Hay escenas de un ultrarrealismo mágico, parecen más reales que la propia realidad.

Los personajes, los distintos planos existenciales, la ciudad de Nueva York, la luz, los detalles… no hay un pixel colocado al azar, y son muchos miles de millones de píxeles los que componen esta hora y tres cuartos de sensaciones.
Sin embargo, la califico también de peligrosa, y esto es lo que voy a tratar de explicar.
El peligro de Soul está en que nos presenta una antropología, una visión del hombre, errónea desde el punto de vista de la Revelación.
Y esto que, en una persona adulta y bien formada, es también un estímulo pues le permite confrontar otros conceptos, puede ocasionar un cacao mental en los niños o en las personas menos preparadas que los lleve a tener un concepto equivocado sobre sí mismos o los demás.
Lo cierto es que no es una película infantil. A mis hijos pequeños, por ejemplo, no les ha encantado.
Tenían muchas ganas de verla seducidos por la gran campaña publicitaria pero, una vez que la vieron, no han vuelto a ponerla, cuando lo normal con las películas Disney es machacarlas hasta la extenuación.
Se ha dicho que es la película más adulta de Disney y es lógico puesto que su trama gira en torno a la crisis de los 40. Por mucho que haya algunos personajes infantiles y un gato animado, el argumento es adulto.
Conste que cuando digo que la película es «peligrosa», lo hago con el miedo a parecerme a uno de esos censores que decidían qué se podía ver y qué no, con una actitud paternalista.

Puedes ver la película cuantas veces quieras y creerte los conceptos que expone si estás de acuerdo. Yo solo trato de advertir al incauto como haría cualquier persona de bien ante una alcantarilla sin tapa (guiño a la película).
Y lo hago, como no podía ser menos, desde la óptica que me da la fe, que nos da una visión del hombre y del mundo distinta a la que tienen otras personas, otras religiones, otras filosofías, otras culturas.
Muchas muy respetables, pero más lejos de la verdad del hombre que nos ha revelado Jesucristo porque, como nos recuerda el Concilio Vaticano II «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado».
El análisis en profundidad de la película daría para una tesis doctoral pero yo en este hilo me voy a parar solo en el concepto erróneo más evidente que es el del dualismo alma-cuerpo.
Resumiendo brevemente el argumento, la película plantea la historia de un músico de mediana edad que tiene que decidir si continuar con su sueño de ser un exitoso pianista de jazz o si asegurar su existencia con un aburrido trabajo como profesor de música.
Un accidente mortal lo transporta a la fila para ir al más allá de la que logra escaparse para colarse en el más atrás o el «gran antes», el lugar en el que las almas se preparan para bajar a la tierra y tomar un cuerpo.
En ese mundo es nombrado mentor de un alma nueva a la que tiene que ayudar a encontrar su vocación, lo que le hace replantearse la suya propia.

Esta idea base de la película parte de un dualismo platónico que hace ver la realidad dividida en dos ámbitos totalmente distintos e independientes: el mundo sensible y el mundo inmutable.
Estos dos mundos se encuentran unidos de forma circunstancial. El cuerpo sería una especie de cárcel temporal para el alma que es eterna. Una idea que choca con el concepto del hombre de la antropología cristiana.
¿Que no creemos los cristianos en el cuerpo y el alma? ¡Si eso es lo que siempre me han explicado!
Quietos, que sí, que también la fe nos habla del cuerpo y el alma, lo que pasa es que estas no son dos realidades separadas.
Dice el catecismo (la síntesis de las verdades que nos ha enseñado Jesús) que «La persona humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez corporal y espiritual».
Nuestra alma no preexiste, como afirma la película; sino que, en el momento de la concepción, Dios, con el concurso de los padres, nos crea en cuerpo y alma.
Somos, pues, seres corporales y espirituales a la vez y de forma inseparable. Esto puede parecerte una tontería pero es trascendental, porque dota al cuerpo de una dignidad única, mucho mayor que en otras religiones.
Por eso la vida humana es tan importante para los cristianos (y por ósmosis para la cultura occidental), porque el cuerpo, en cierta medida, también es inmortal: está llamado a resucitar en el último día.
«Creo en la resurrección de la carne», decimos en el credo. Algo que muchos bautizados no terminan de creer por el influjo de colonizaciones ideológicas, como las llama el Papa, como la de la doctrina de la reencarnación.
La muerte no es el final de una vida para pasar a otra distinta, es un acontecimiento en la vida para continuar con tu misma vida, pero transformados.
Como el parto para el feto y el bebé, que no dejan de ser la misma persona, es la muerte para el ser humano, un cambio de estado, pero no de vida.
Por eso también ese empeño en defender la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte, no se puede interrumpir por gusto.
No al aborto, no a la manipulación de embriones, no a la pena de muerte, no a la eutanasia, no a las armas… Todos estos noes son un gran sí a la vida.
¿Por qué hace la Iglesia hospitales por altruísmo? No, porque cada hombre que sufre no es solo una carcasa que hay que reparar, sino un ser eterno que necesita ser curado y aliviado en cuerpo y alma.
¿Por qué atiende la Iglesia a los pobres, a los hambrientos, a los desnudos? Porque en cada uno de ellos ve una realidad espiritual y eterna que hay que proteger, cuidar, ayudar…
Pero entonces, ¿dónde estaba yo antes de nacer?
Lo cierto es que antes de nuestra concepción no existíamos. Dios nos crea para la eternidad en el momento en que la fecundación provoca la aparición de un nuevo individuo. Si acaso, como se dice a los niños, existíamos en el «pensamiento de Dios».
Es decir, que como Él lo sabe todo y no está sometido al tiempo, ya nos conocía antes de nacer. ¿No se dice de alguien a quien se conoce muy bien: «Lo conozco como si lo hubiera parido»? Pues así o mejor nos conoce Dios antes de que nos parieran incluso.

Sugiere la película que es en esta preexistencia en la que el alma recibe su vocación, su para qué, su impulso vital. De ahí que unos seamos más alegres, otros más tristes, a unos les guste la música y a otros el baloncesto.

Para los guionistas de Soul, estaríamos predeterminados a ser algo y los conflictos de nuestra vida son, en cierta medida, los propios de no lograr encajar esa predeterminación con lo que somos realmente.
Para vender tazas con lemas de mister wonderful, este planteamiento está bien: «puedes conseguir todos tus sueños», «tu futuro es tuyo, depende de ti…», pero lo cierto es que la realidad nos demuestra que no es así.
Hay componentes genéticos, educacionales, experienciales, ambientales o del azar que condicionan nuestro futuro, que no está escrito.
Hay quien se empeña en conseguir su sueño y lo consigue, pero hay quien también se empeña y no lo consigue y no porque se haya empeñado menos o porque valga menos.
«Así es la vida», dice el sentido común, que es el menos común de los sentidos.
Dios no nos ha dejado escrito qué tenemos que ser cada uno. A cada uno, la vida (y nuestra libertad, vaya regalazo) nos lleva por uno u otro camino.
La única configuración de serie que llevamos preinstalada, la única vocación que tenemos es la misma para todos: el amor.
El amor que es donación, darse a los demás, es la vía para que el hombre se encuentre con su ser más íntimo. Ahí, cuerpo y alma entran en una comunión perfecta.
Somos hijos del amor de Dios y tendemos a Él. Como cada uno llegue a la meta, eso ya depende.
Habrá quien encuentre su vocación humana como músico, y si es capaz de poner su música al servicio del amor –imagina un gran compositor cuya música hace felices a millones– pues habrá encontrado su vocación plena.
Y habrá quien quería ser médica, pero la vida le ha llevado a tener que cuidar de su madre enferma y, si lo vive como una vocación al amor, pues habrá encontrado igualmente su vocación plena.
Porque, no te engañes, ese es el verdadero secreto de la felicidad: amar, dar la vida por los demás.
Es lo que nos enseñan los santos. Gente normal y corriente, con muchos fallos como tenemos tú y yo, pero que descubrieron ese secreto y pusieron su vida al servicio del amor.
Por eso llamamos santo (que designa una realidad espiritual, solo Dios es Santo) a un hombre o mujer concretos (como realidades corporales), porque en ellos se une perfectamente cuerpo y alma.

Por eso decimos que los santos están en el cielo, porque cuando estaban en la tierra ya prácticamente vivían allí. Y es que el cielo (y el infierno) están ya aquí como primicias.
En la película, el alma nueva que busca su vocación y el músico cuarentón tienen un nuevo accidente que provoca que la primera (con voz femenina) caiga sobre el cuerpo del músico, mientras que el alma de este termina cayendo sobre un gato.

Esta circunstancia da pie a multitud de situaciones muy divertidas pero a las que hay que trascender para que no nos liemos luego en el mundo real.
Podría entender alguna mente que busca respuestas que nuestra alma (que es independiente a nuestro cuerpo según la película) puede ser tanto masculina, como femenina como incluso animal y que es intercambiable.
Esta es la base de ideologías contrarias a la dignidad humana como la ideología de género o el animalismo radical.
Piensa la ideología de género que el cuerpo es un complemento circunstancial, separado del ser interior que es el auténtico y el que debe marcar la orientación de la carcasa externa.
Piensa el animalismo que el hombre tiene la misma dignidad que el animal puesto que al fin y al cabo, lo único que nos diferencia son las carcasas.
Su popularidad es lógica cuando la última generación occidental ha sido la primera en la historia de la humanidad alejada del trato diario con animales que no sean mascotas.
Y que su mayor contacto con ellos ha sido, principalmente, a través de películas animadas en las que, cada vez con mayor realismo, los animales son eso: personas con cuerpo animal.
Y no es así.
La Iglesia proclama la dignidad de los animales que son criaturas de Dios y a quienes debemos aprecio. «Se puede amar a los animales, pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos», advierte el catecismo.
Con respecto a la diferencia hombre-mujer, también nos lo aclara el catecismo, precisamente en el punto siguiente al que explica la unidad de alma y cuerpo.
Y es que somos creados hombre o mujer, no por un capricho del destino o por un accidente, sino como parte de nuestra misma vocación al amor.
Las circunstancias, la educación, los modelos a seguir hacen de cada hombre o mujer un mundo de diferencias. Hay características más comunes en unos que en otros, aunque eso no significa que sean estancas.
Hay hombres muy sensibles (una característica naturalmente más común en el sexo femenino) y eso no cambia su llamada a ser hombre y a amar y donarse como tal.
Lo mismo puede pasar con mujeres aguerridas llamadas a ser, eso aguerridas, pero sin dejar de ser mujer y donarse como tal.
La heteronormatividad –dice la ideología de género– es una imposición cultural y religiosa. Sin embargo, el Génesis nos habla de la bendición de ser hombres y mujeres, seres distintos creados a imagen y semejanza de Dios.
Y es que, cuando la Biblia dice aquello de: «Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó» no nos está contando un cuento, nos está hablando de una realidad profunda.
Nos está explicando que el hombre y la mujer somos imagen de Dios en tanto en cuanto somos «hombres» o «mujeres», porque Dios no es ni hombre ni mujer.
Es una llamada a la comunión, a la familia. El matrimonio entre hombre y mujer abierto a un tercero (los hijos) es, en ese sentido, la forma que Dios ha planteado para que realicemos nuestra vocación al amor.
La comunión en la familia humana es, en cierta medida, reflejo de la comunión de las tres personas de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Plantearnos que estamos «mal hechos», que estamos encerrados en un cuerpo equivocado, o que la sexualidad es solo una actividad recreativa y afectiva alejada de su verdadera naturaleza unitiva y procreativa es deformar el plan de Dios.
Por que Él, que se nos donó entero, quiere que nos parezcamos a Él que es la fuente de nuestra felicidad, que nos donemos, que entreguemos nuestra vida a los demás: a los hijos, los casados; al Reino, los célibes.

¿Que somos libres para hacerlo?, por supuesto. Repito que la libertad es un regalo que Él nos ha dado.
Pero podemos usarla mal y perdernos el otro gran regalo que él había pensado para nosotros dándonos un cuerpo específico con unas funciones específicas.
Hombres en cuerpo y alma, mujeres en cuerpo y alma, así quiere Dios hacernos como Él.
Y, para terminar ya con el hilo, que hay que brindar por el próximo año, la cuestión de los porqués.
¿Por qué venimos a este mundo? En la cinta de Pixar parece que somos fruto del azar. Los personajes que guían las almas antes de nacer deciden de forma un poco aleatoria el futuro de la gente: «vosotros cinco vais a ser abiertos, vosotros cuatro reservados»…
¡Pero eso no es verdad! ¡No somos fruto del azar!
Hay un padre bueno que nos crea por amor. Dios está loco de amor por nosotros.
Como una madre mira con ternura a su hijo recién nacido admirando cada pliegue de su piel, cada dedito, cada pelo de sus pestañas… Así te mira Dios desde que te creó.
Y no se ha conformado con crearte sino que, cuando nosotros le fallamos, él mismo se hizo carne, asumiendo nuestra naturaleza humana para rescatarla.
Pasando lo que pasó… Y resucitando también en cuerpo ya inmortal.
Por eso, con su encarnación, que estamos celebrando en este tiempo de Navidad, Dios se ha unido en cierto modo con todo hombre, también contigo.
Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros porque ¡nos ama!
Por eso, en este año 2021 que estamos a punto de recibir, yo te invito a un propósito de año nuevo, que descubras el amor de Dios y tu vocación al amor en cada cosa sencilla que te ocurra.
Como el personaje de la película acaba comprendiendo, es en las cosas sencillas de la vida donde se descubre el gusto, el sentido de esta.
Por eso, en este 2021 descubre el amor de Dios en el rayo de sol o en el copo de nieve; en el abrazo por Skype de tu madre y en el café caliente de la mañana; en la lectura edificante de un buen libro y en el mero hecho de tener ojos para leerlo…
Por eso, en este 2021, descubre tu vocación al amor en tu cuerpo de hombre y mujer llamado a la comunión y a dar vida; en tus brazos para ayudar al que lo necesita; en tus oídos para escuchar al que está solo; en tu arte para hacer sentir bien a la gente…
Y recibe mi felicitación para este nuevo año que empieza. ¡Feliz 2021, en cuerpo y alma! #Findelhilo

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#HilodelaNochedeNavidad

¡Manuel, despierta, que ya están aquí! –susurra Gonzalo–.

Manuel abre los ojos como platos, busca a tientas la dentadura en el vaso de la mesilla de noche, toma el bastón y sale disparado de la cama en dirección a la ventana.

¡Qué delincuentes, a las 2 de la madrugada para que nadie los vea! –le responde Manuel tras echar un vistazo al reloj y terminar de ajustárselo a la muñeca–.

Desde la ventana de su habitación de la residencia Vistahermosa, Manuel y Gonzalo contemplan cómo dos operarios con bata blanca descargan varias cajas de una furgoneta.
– Son las dosis letales. A los que no nos ha matado el coronavirus, nos van a dar un pinchacito y… Hala, a dejar de hacer gasto a la Seguridad Social.
– No digas tonterías, Manolo, por Dios. ¿Cómo te van a dar la eutanasia a ti si estás perfectamente? –le regaña Gonzalo–
– ¿Que no? Esos amigos tuyos del Gobierno es lo único que quieren: quitarse a los viejos de en medio y darse mientras la buena vida en sus chalés.
– Mira, chalés los que tienen tus amigos de la oposición a costa de explotar a la clase trabajadora y a los inmigrantes. Venga, vamos a dejar la política, que hoy es Nochebuena y no quiero que acabemos mal.
– Eso, eso –asiente Manuel, con desdén, sin dejar de mirar por la ventana esperando descubrir el contenido de las misteriosas cajas–.
– ¿Entonces qué? ¿Bajamos a acabar con esto o no?
– ¡Pues claro! No nos vamos a quedar aquí esperando que nos pongan la inyección.
–¿Pero sabes a lo que nos enfrentamos no? Doña Paquita, esa fascista autoritaria, lo dejó muy claro: «quien salga de su habitación sin autorización durante la pandemia será expulsado de la residencia».

– ¿Y tú cómo prefieres salir de aquí, con dignidad o con los pies por delante?
– ¡Con dignidad, desde luego que sí! –responde Gonzalo sacando pecho–. ¡Vamos!
Con el sigilo con el que un ladrón de guante blanco mueve la ruedecilla de la caja fuerte, Manuel gira el pomo de la puerta dejando entrar a la habitación en penumbra un fuerte rayo de luz blanca proveniente del pasillo.
Con los ojos aún entornados por el contraste, abre lentamente la puerta solo hasta que la abertura permite sacar fuera su cabeza. Un rápido movimiento de esta a derecha e izquierda le hace confirmar lo lógico:
–Despejado –susurra con tono de cuerpos especiales mientras tira de su amigo Gonzalo, agazapado detrás de él, hacia afuera de la habitación–.
Con una mano, empuja la espalda de su compañero contra la pared mientras se lleva la otra a la boca con el índice levantado para conminarlo a no hacer ruido.
–Si vamos pegados a la pared, la cámara no nos verá.
Aunque no es la primera vez que la pareja se escapa de noche y la advertencia es más que sabida, Manuel es de esas personas a quienes les gusta oírse repitiendo frases que han oído a otros y les han llamado la atención.
Esta la ha escuchado en una serie de un perro policía que ve a diario. Y repetirla en cada ocasión que puede le hace sentirse importante.
–¡Ya lo sé Manuel! –le responde Gonzalo condescendiente con las manías de su compañero de habitación–. No te preocupes que no me separo ni un milímetro de la pared.

Caminando por el pasillo como si de la estrecha cornisa de un rascacielos se tratara, los dos ancianos llegan a las escaleras en las que ya, por fin, libres de cámaras espía, podían distender su postura.
–Alto ahí, ¿has oído eso? Inquiere Manuel con el mismo tono que su detective televisivo favorito.
–¿El qué Manuel? Yo solo oigo los ronquidos de Bonifacio, ¡Que menos mal que lo bajaron a la planta de abajo!
–No hombre, ¿no lo oyes? Es como si alguien estuviera llorando.
Ciertamente, por el hueco de la escalera parece venir el sonido de un llanto reprimido. Movidos por la curiosidad, comienzan a bajar lentamente el primer tramo de escaleras.
Manuel, tomando el bastón en posición horizontal como si de un rifle de asalto se tratara, va el primero. Gonzalo, parapetado tras él, no puede ocultar el miedo en su rostro.
–¿Quién anda ahí? –pregunta Manuel en tono amenazante haciendo que el llanto sordo dé paso a un chillido nervioso.
Como si la artrosis se les hubiera curado de repente, los dos amigos bajan del tirón el segundo tramo de escaleras encontrando a dos asustadas residentes, en el descansillo.
–Carmiña, Lola, ¿qué hacéis fuera de vuestra habitación a estas horas de la noche? –aunque solo lo ha susurrado, el tono marcial empleado termina de asustar a Lola que rompe, ahora sí, a llorar a moco tendido–
–¡Te dije que no tendríamos que haber salido, Carmiña… que nos iban a pillar! Se lamenta la mujer mientras se suena con un kleenex que se saca de la manga del pijama.
–Shhh ¿Estás loca o qué? ¡No grites que entonces sí que nos van a pillar! ¿No ves que son Manolo y Gonzalo? Ellos no se van a chivar.
–¡Claro que no nos vamos a chivar, Lola por Dios, cálmate, que nos delatas!, trata de tranquilizarla Gonzalo posando la mano sobre su hombro. ¿Y qué hacéis aquí?
–¿Cómo que qué hacemos aquí? –regaña Carmiña– . Pues lo mismo que vosotros: impedir que nos liquiden. ¿O creíais que nos íbamos a quedar en nuestra habitación sin hacer nada?
–¡No quiero morir, no quiero que me maten! –Lloriquea Lola volviendo a subir el volumen de voz ante el enfado de sus compañeros de residencia que se abalanzan sobre ella para callarla–.
La salida nocturna secreta de ambas parejas de ancianos respondía al rumor que esa misma mañana había ido corriendo de boca en boca.
Martínez el teniente, uno de los compañeros más antiguos de la residencia y cuya veteranía le permitía ciertos privilegios, había logrado colarse en el office de los trabajadores donde había visto un aviso en la pizarra que, con la letra de la directora, decía:

Esta madrugada traerán los productos de la liquidación. Preparad operativo discretamente. ¡IMPORTANTE! Que ningún residente se percate.
La frase había generado la alarma entre los ancianos tras la reciente aprobación de la eutanasia por parte del Gobierno español.
–¡Silencio, se oyen pasos! -advierte Carmiña–
Efectivamente, por el pasillo se oye cómo alguien se acerca empujando una carretilla.
Los cuatro amigos se apiñan justo detrás de la puerta que comunica las escaleras con el pasillo permaneciendo inmóviles durante unos segundos que se les hacen eternos.
Desde esa posición pueden ver a un operario pasar, carretilla en mano, transportando varias cajas de corcho blanco, en dirección al almacén donde se guardan las provisiones.
Tiene un aspecto nada confiable. Lleva el mono arremangado dejando ver varios tatuajes con dibujos monstruosos, y su andar denota cierta cojera, que Manolo interpreta mentalmente como el resultado de un navajazo en una riña carcelaria.
Lo que ven después, les hace confirmar más su teoría de que el contenido de aquellas cajas no era nada bueno. Tras cerrar la puerta del almacén, ven cómo el operario se santigua y continua su camino.
–El hijo de la gran… ¡Pues no tiene cargo de conciencia y todo! –suelta Manuel–
–¡Asesinos, asesinos! –Farfulla Carmiña a la que el miedo ya no le deja ni llorar–.
–Vamos a ver –les tranquiliza Gonzalo– yo creo que nosotros no debemos preocuparnos por nada. No van a venir a liquidarnos a los que estamos bien. Como sabéis, yo estoy con vosotros en esta lucha, pero no por mí sino por mi Juanita.
Mientras dice esta última frase, a Gonzalo le tiembla la voz y se le inundan de lágrimas los ojos.
Juanita, la esposa de Gonzalo, vive en la misma residencia pero al ser muy alto su grado de dependencia, está en otro ala del edificio especializado en cuidados paliativos.
Gonzalo se desvivía por ella. Le daba de comer, ayudaba a vestirla y a peinarla, le hablaba sin parar, aunque ella ya no podía entenderle…
«¡Es toda mi vida! ¡No hay una mujer igual!», repetía a las auxiliares que admiraban cómo se preocupaba por ella pasando horas y horas al pie de su cama.
La epidemia del Covid, sin embargo, ha truncado su historia de amor. Los protocolos de seguridad impiden el contacto entre residentes de distintas alas y, aunque había solicitado que los pusieran juntos, los distintos grados de dependencia de ambos hacían imposible el traslado.
Solo podía ir a verla una vez por semana y sin traspasar la puerta de la habitación. Nueve meses sin un beso, ni un abrazo, ni un buen rato de conversación como a él le gustaba tener…

–Vamos, Gonzalo, no llores –lo consuela Carmiña–. Esta gente no le pondrá un dedo encima ni a Juanita, ni a Puri, ni a Francisco, ni a Bartolo mientras a mí me queden fuerzas.
Puri, Francisco y Bartolo eran algunos de los residentes más dependientes, cuyos hijos habían sugerido al equipo médico la posibilidad de «acelerar» el final cuando la ley entrara en vigor.
–Perdonadme –responde Gonzalo– pero me hierve la sangre nada más pensar que alguien crea que Juanita estaría mejor muerta. ¡No saben lo que dicen! ¿Está mejor una flor despachurrada porque no puede hablar ni oír?
¿Es menos valiosa la vida de una persona porque dependa de los demás? ¿Y quién no depende de alguien? Dicen que sufre cuando se da cuenta de su situación ¿y no sufro yo también por verla así?
¡Qué sabrá esta gente de lo que es sufrir con lo que Juanita y yo hemos sufrido juntos!
¡Pues más nos hemos querido y nos seguimos queriendo! Yo siempre he defendido la solidaridad y la compasión, pero estos camaradas míos creen en una solidaridad y compasión de pacotilla.
–Tranquilo Gonzalo. Que aquí estamos nosotros para evitar que le pongan un dedo encima a nadie. Vamos para allá –les anima Manuel mientras se cerciora de que no hay moros en la costa–.
El comando de veteranos de acción nocturna se dirige hacia la puerta del almacén con paso ligero. Una vez allí, Gonzalo saca del bolsillo del pecho del pijama una tira negra de plástico .
–Es un recorte de la radiografía que me hicieron cuando cogí el Covid –explica–. Ya veréis los milagros que hace la medicina moderna.
Con la decisión de un cerrajero profesional, introduce la tira por la rendija entre la puerta y el marco y, con un rápido giro de muñeca, hace saltar el resbalón de la cerradura que se termina abriendo instantáneamente.
–Voilá –sonríe satisfecho ante los ojos de admiración de sus amigos–
–¡Bravo, Gonzalo!, lo aclama su público.
–Venga, dejaos de celebraciones y meteos dentro –interrumpe Manuel– que aquí en el pasillo somos más vulnerables (la palabra vulnerable era otra de sus preferidas).
Cierran la puerta tras de sí y, efectivamente, allí se encuentran cara a cara con las cajas de corcho blanco con una pegatina roja en la que, con grandes letras blancas, aparece la palabra LIQUIDACIÓN.
–Estos hijos de perra han traído un cargamento para acabar con la residencia entera –reprende Carmiña mientras contempla las cajas apiladas–
–Mirad, esto nos servirá –propone Gonzalo mientras agarra la pata de una cama metálica desmontada que ocupaba uno de los rincones del almacén–. Id poniendo todas las cajas sobre el suelo que yo les voy a ir dando su merecido.
Mientras sus compañeros cumplen sus órdenes, Gonzalo comienza a practicar sus golpes al aire con el estilo de un leñador profesional.
–Dale a esta chiquitita primero que hará menos ruido –pide Gonzalo mientras coloca la caja más pequeña del lote frente a su compañero–.
–No, mejor empieza por las grandes y así, si nos pillan y no nos da tiempo a acabar con todas, habremos destruido el mayor número posible. Dale a esta –responde Carmiña mientras coloca su caja al frente de la fila–
–Una… Dos… ¡Y tres!
El primer golpe contra la primera de las cajas dispuestas sobre el suelo del almacén hace añicos en un instante la caja y todo su contenido. El sonido de cristales rotos les resulta normal, pero les parece sospechoso que no se haya derramado ningún líquido.
–¡Qué raro! –se extraña Lola– yo pensaba que eran inyecciones y que se iba a poner todo chorreando.
–A veces vienen en polvo y hay que mezclarlas con suero –responde Carmiña–
–No, pero, un momento –interrumpe Manuel–. Los trocitos de cristal que se han esparcido, no son transparentes, sino de colores… ¡Qué extraño! A ver, abre la caja.

Aunque a Gonzalo le fastidia que le interrumpan la operación destuctora que él está disfrutando como una excelente cura antiestrés, se agacha y retira los trozos de corcho blanco de la tapa dejando ver el contenido de la caja.
–¡Oh Dios mío! –gimotea Lola–.
Ante los ojos de la veterana cuadrilla aparecen un par de docenas de bolas de Navidad hechas añicos dentro de la caja de corcho blanco.
–¡Pero qué demonios es esto! ¿Han mezclado las dosis letales con adornos navideños? Abridlas antes para ver si hay más bolitas…
El asombro cundió entre los presentes en aquel oscuro almacén. Caja que abrían, caja que contenía piezas de un belén y algunos adornos navideños.
–¡Mirad qué San José tan guapo! –se admira Carmiña mientras va abriendo las distintas cajas– ¡Y esta tiene la Virgen, y esta el pesebre! ¡Qué obra de arte!
Un hipido lastimero interrumpe a la anciana haciendo que su mirada se dirija hacia Lola que, sorprendentemente ha dejado de llorar y está admirando, alegre, una caja llena de ovejitas. Es Manuel el que, con la caja pequeña entre sus manos, llora desconsolado.
–¡Manolo!, ¿pero qué te pasa? –se interesa su compañero de habitación–
–Lo íbamos a matar –solloza–. Lo íbamos a hacer añicos –se lamenta mientras le entrega la caja con delicadeza a Lola–.
En la caja pequeña hay un precioso Niño Jesús. Rollizo y sonrosado, tiene unos ojos alegres y una maravillosa sonrisa que transmiten felicidad. Sus manitas abiertas, como cuando un bebé pide a sus padres que lo tomen en brazos, invitan a acurrucarlo.
Conmovidos por tan linda imagen, por la ternura que despertaba el llanto del siempre duro Manuel y quizá un poco derrumbados por el miedo que habían pasado y por el fracaso de la operación, los tres compañeros se echan también a llorar mientras se funden todos en un abrazo.
-¡Pero qué es todo este escándalo! –la puerta del almacén se abre de golpe de la mano de Patricia, una de las enfermeras– ¡Don Gonzalo, Don Manuel, Doña Lola, Doña Carmiña! ¿Pero qué hacen aquí a estas horas?
La tierna escena de los cuatro ancianos abrazados, llorando, hace que Patricia cambie el tono de su discurso y pase de la regañina a mostrar preocupación.
–¿Están ustedes bien? ¿Qué les ha pasado? ¿Les ha ocurrido algo malo?
–No, no te preocupes Patricia, hija. Somos solo cuatro viejos asustados que hemos estado a punto de hacer una barbaridad –responde Manuel reponiéndose–.
–Ya veo que la han tomado contra los adornos de Navidad. ¿Por qué los han roto? –los interpela la sanitaria–.
–Verás –contesta Gonzalo mientras hace una pausa para sonarse la nariz con su pañuelo de tela que guarda en el bolsillo de la bata–, nos enteramos de que os iban a traer unos productos para liquidar a ancianos, y hemos querido destruirlos.
–¿Cómo que para liquidar ancianos? ¿Se ha vuelto usted loco Don Gonzalo? ¿Cómo vamos a querer nosotros liquidar a nadie?
–Vosotras no, ¡el Gobierno! –salta, exaltado, Manuel mientras Lola lanza, asustada, otro gemido–.
–Ni gobierno ni gobierna, Don Manuel. En esta residencia sabe usted que no permitiríamos nunca esa barbaridad. Para nosotros son ustedes nuestra vida. Es nuestra vocación cuidarles siempre, estén como estén. A ver, Don Gonzalo, ¿no cuidamos con cariño a Doña Juanita?
–¡Mejor que si fuerais sus hijas! –contesta Gonzalo–. Ella se siente querida, feliz aunque no se pueda mover y, cuando tiene dolores, enseguida vienen los de paliativos y la dejan tranquilita.
–¿Por qué entonces habían pensado que queríamos darles el pasaporte?
–Vimos en vuestra pizarra el aviso de que iban a traer los productos de liquidación y quisimos destruirlos antes de que los usaran –responde Manuel–.
La enorme carcajada de Patricia al escuchar sus razones casi le hace saltar la mascarilla de la cara y asusta a los ancianos que instintivamente vuelven a abrazarse.
–No me lo puedo creer, jajajaja –a la enfermera le cuesta trabajo seguir hablando por el ataque de risa–. Productos de liquidación, jajajaja.

A los cuatro residentes se les va pasando el susto y comienzan a dejarse contagiar por la risa de Patricia.
–¿Pero a qué tanta risa, Patri? Pregunta aún desconfiada Carmiña.
–Ay perdónenme ustedes, es que esto es de película. No se va a liquidar a nadie. Lo que se está liquidando es una tienda de objetos religiosos del centro de la ciudad.
Nosotros nos enteramos y encargamos uno de los belenes y algunos adornos que estaban muy rebajados.
Como este año el Belén lo hemos puesto en el otro ala y ustedes tienen prohibido ir a visitarlo, pensamos darles la sorpresa de que lo vieran hoy, ya montado, nada más despertarse.
–¡Pero cómo hemos podido ser tan tontos! –suelta Lola que acaba de pasar del ataque de llanto al ataque de risa, ante los atónitos ojos de sus compañeros–.
–Doña Lola, calle, que va a despertar a todo el mundo y va a desvelar la sorpresa. Venga, cada mochuelo a su olivo –les conmina la enfermera– que como se entere Doña Paquita de que han salido a los pasillos los echa a ustedes y a mí.
Anden, suban que yo me voy a poner a montar el Belén si queda algo de él.

–Con la sonrisa de oreja a oreja, los cuatro miembros del escuadrón de defensa de la ancianidad vuelven cada uno a su habitación con la alegría del deber cumplido, aunque la operación no haya salido como ellos esperaban.

El día de Nochebuena amanece luminoso y radiante. Cuando bajan a comer, los residentes se alegran mucho de ver, por fin, el Belén anunciando la Navidad a todos. Algunos grupos incluso le cantan villancicos al niño Dios, al pequeño y precioso niño Jesús de las manitas levantadas.
Manolo y Gonzalo han salido, como de costumbre tras la comida, a tomar un poco el sol de invierno al jardín trasero y a charlar de sus cosas.
–Así que el que estuviste a punto de “hacerle la eutanasia” al Niño Jesús poniéndome su caja delante fuiste tú, Manolo, ¡Con lo que eres tú! –se mofa Gonzalo–
–Calla, calla, no me lo recuerdes. Menos mal que Carmiña se me adelantó poniéndote delante su caja –responde su compañero de habitación mientras se santigua–. ¡Qué mal rato, qué sacrilegio!
–Anoche, cuando logré conciliar el sueño, tuve una pesadilla. Soñé que Doña Paquita y el ministro de Sanidad tenían cada uno una pata de una cama como la que encontré yo anoche e iban a usarla contra mi Juanita.
Pero, cuando empezaron a golpearla, Juanita se convirtió de repente en la figurita del niño Jesús del Belén que, esta vez sí, acabó pulverizada.
Cuando me desperté asustado, pensé que eso es acabar con la vida de un enfermo: destruir una caja que nos molesta o que creemos vacía e inservible, sin darnos cuenta de que, rompiendo la caja, estamos rompiendo también el interior, que tiene aún que cumplir su cometido.
Si hubiéramos roto al niño Jesús, creyendo que hacíamos un bien, habríamos privado de la alegría del belén a los compañeros de la residencia este año.
–Vaya, con lo ateo que eres, Gonzalo, no imaginé que tuvieras esa visión tan profunda.
–Yo nunca he dicho que sea ateo, leche, yo no creo en las religiones, pero sé distinguir la verdad de la mentira. Y mi Juanita, aunque su caja parezca inservible, tiene algo dentro que yo no quiero perder, es un tesoro que no se puede desperdiciar mientras pueda durar.
Cuando ya se tenga que ir, me tendré que conformar, ¿pero prescindir yo de mi camarada durante tantos años?
Hemos sufrido mucho juntos cuando tuvimos que emigrar, cuando nos despidieron de la fábrica, cuando se nos murió nuestra única hija…
Y siempre nos levantamos y seguimos adelante. ¡No vamos a tirar la toalla ahora que nos queda poco tiempo por vivir! Esto nos hace humanos, tener esperanza.
Ahora lo de la Covid, es otra dificultad más, pero yo no pierdo la esperanza de poder volver a besarla, a abrazarla…
El anciano interrumpe su discurso al sentir cómo su compañero le agarra fuertemente el brazo mientras le señala con la mirada hacia la puerta trasera de la residencia. Una furgoneta blanca, con el rótulo del Ministerio de Sanidad acaba de aparcar justo enfrente.
De ella se baja el conductor, con bata blanca, a cuyo encuentro sale el operario que vieron esa noche en el pasillo y que tan mala espina les dio.
Tras hacerle firmar unos papeles, saca de la parte de atrás de la furgoneta unas cajas de corcho blanco que coloca cuidadosamente en la carretilla y se marcha, mientras el misterioso hombre tatuado introduce la mercancía en la residencia.
–¿Ahora qué? ¿Otro Belén en liquidación que nos manda el Ministerio? ¡Ahora sí que nos van a dar matarile! –protestó Manuel levantando el bastón y poniéndose en pie–
–¡Vamos! –contesta su inseparable pareja, acompañándolo hasta llegar a la puerta por la que se había introducido la mercancía–.
–Cerrada, lo imaginé –afirma Manuel llevándose la manos a la barbilla y alzando la mirada en pose dramática televisiva–. Y tú te dejaste la radiografía en el bolsillo del pijama. Tenemos que buscar los puntos vulnerables del edificio.
–¿Los puntos vulnerables? Pues vamos por la puerta principal ¿no querrás escalar por los balcones?
Los dos amigos rodean el amplio jardín a la velocidad que sus torpes piernas les permiten.
ada más entrar por la puerta principal, se encuentran a Doña Paquita, la directora de la residencia, junto al operario y su cargamento, terminando de dar un discurso a los residentes y trabajadores congregados en torno a ella en el vestíbulo:
–…Así que agradecemos al Ministerio de Sanidad la rapidez en la entrega de las dosis para que puedan cumplirse lo antes posible los planes por ellos diseñados. ¡He dicho! –finaliza la directora ante el aplauso de todos los presentes que comienzan a cantar a coro un villancico–:
–Noche de Dios, noche de paz
Claro el Sol brilla ya
y los ángeles cantando están
Gloria a Dios gloria al rey celestial…
–Pero cómo puede aplaudir y cantar villancicos esta gente con esta noticia –reclama Manuel–.
–¡Se han vuelto todos locos! –responde Gonzalo–.
Carmiña y Lola, las dos compañera de aventura nocturna que los estaban viendo desde lejos, se les acercan a preguntarles:
–¿Qué os pasa? ¿Por qué no cantáis vejestorios?
–¿Vosotras también lo celebráis? Ahora que sí que han traído las dosis letales ¿les dais la bienvenida con palmas?
–Jajaja. Dosis letales –ríe Lola–
–¡Qué no Manolo, que vuelves a pensar mal! –grita Carmiña para hacerse oír sobre el canto de sus compañeros de residencia– ¡Que lo que nos han traído es la vacuna contra el coronavirus! ¡Nos la van a poner a todos!
–¿La vacuna? ¿Pero qué dices? –se pregunta Manuel sin salir de su asombro- Pero, la furgoneta del Ministerio, el delincuente de los tatuajes…
–Prejuicios, Manolo, prejuicios –le interrumpe Gonzalo que acaba de entenderlo todo–.
Fíjate en el de los tatuajes. En cuanto ha soltado las cajas de las vacunas, se ha puesto delante del Belén, se ha santiguado, ha pronunciado una oración en silencio y míralo, ahí está cantando villancicos al niño Jesús.
Está claro que nos dejamos llevar por nuestras ideas preconcebidas y esto nos hace pasar muchos malos ratos. ¿No somos amigos uno de derechas como tú y uno de izquierdas como yo?
–Bueno, pero por que tú eres respetuoso y no ofendes a nadie.
–Pues igual que tú Manolo, tú también tienes, para mí, un buen corazón…
Mira, yo rezar no rezo, pero miro al niño Jesús y le pido que en esta noche podamos todos respetarnos, que la política esté al servicio de la gente y nos dé soluciones para vivir no para morir…
que los viejos no seamos un estorbo, y que haya entendimiento entre derechas e izquierdas, cristianos, ateos, judíos y musulmanes…
que ninguno pongamos nuestros intereses por encima del de los demás y que –en ese momento comienza a vibrarle la voz– pueda darle pronto un beso a mi Juanita.
–¿Dónde están mis valientes guerrilleros? -se entromete Patricia, la enfermera– ¿Qué? ¿Recuperados de la juerga de anoche?
–Ay, perdona el mal rato que te dimos –le responde Lola–. ¿Cómo íbamos a saber?
–Nada nada, yo no vi nada ni a nadie anoche –contesta con una sonrisa cómplice–. Lo que vengo es a darle una buena noticia a usted, Don Gonzalo
–¿A mí? Cuenta, cuenta.
–¿A que no sabe quién va a ser la primera de toda la residencia a la que vamos a poner la vacuna?
A Juanita. Y después usted, a ver si se inmunizan ambos pronto y pueden volver a charlar juntos tanto como antes. Lo ha mandado Doña Paquita.
–¿Doña Paquita? ¿la fascista? –se sorprende Gonzalo emocionado por la noticia y sorprendido por las circunstancias–. Ya os decía yo que nunca había que perder la esperanza.
–Otro prejuicio que cae, Gonzalo, otro prejuicio que cae –le suelta su compañero dándole palmaditas en la espalda–.
Mientras, Gonzalo se aleja del grupo para ponerse justo al lado del portal de Belén. El coro de residentes continúa cantando el villancico: “…duerme el niño Jesus, duerme el niño Jesús…”
En tanto escucha el canto, Gonzalo extiende sus brazos respondiendo a la llamada del niño. Lo toma del Belén con mucho cuidado, como si fuera un bebé de verdad, lo acurruca entre sus brazos, lo besa y le susurra:
¡Cuántos prejuicios nos ha quitado esta noche niño Jesús! ¡Y cuántas cosas buenas nos has traído! Gracias Señor, gracias #FindelHilo

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SI quieres regalar hilos de Evangelio por Navidad, pinchando aquí tienes una recopilación de 40 de los más leídos.

#HiloGuadalupano

Hoy es la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Una de las advocaciones marianas más queridas del mundo. Pude visitarla en persona hace unos meses y lo que allí vi y viví no es explicable. Como hace 500 años, hoy la Virgen te lanza también a ti un mensaje en el #HiloGuadalupano.
La milagrosa historia de este icono mariano ya la conocéis seguro. Os la resumo.

La imagen es como un sello que garantiza la autenticidad de un total de 5 apariciones de Santa María de Guadalupe a San Juan Diego en diciembre de 1531.
Juan Diego pertenecía a la etnia de los chichimecas. Se bautizó ya de adulto junto a su mujer, atraído por la predicación de los padres franciscanos. Era un hombre sencillo, buen cristiano.
Curioso que su nombre antes del bautismo fuera Cuauhtlatoatzin, que significa «águila que habla» o «el que habla con un águila».
¿Recuerdas esa imagen del libro del Apocalipsis en la que a la «mujer vestida de sol con la luna bajo sus pies» (como aparece representada aquí María), se le dan «las dos alas del águila grande» para huir de la serpiente?
¿Y sabes que el autor del Apocalipsis es el mismo Juan del Evangelio del mismo nombre, cuya representación simbólica es tradicionalmente un águila?
¿Predestinación, casualidad? Entre juanes y águilas anda la cosa.
Se ve que a nuestro Juan Diego se le daba bien eso de hablar con aves porque un 9 de diciembre escuchó el canto de unos pájaros que lo llamaban por su nombre: «Juanito, Juan Dieguito»
Subió tras ellos a la cumbre del cerro de Tepeyac y allí vio a una señora cuyo vestido era brillante como el sol (igual que la imagen bíblica) que le dijo: «Hijito mío el más amado: yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdaderísimo Dios»

Juan Diego fue, obediente, al obispo a presentarle el mandato de la señora y, ante la negativa de aquel, volvió esa misma tarde a la cumbre del Tepeyac a pedirle a la señora que escogiera a otro mensajero ante su falta de efectividad.
La Virgen le insiste. «es indispensable que sea totalmente por tu intervención que se lleve a cabo mi deseo. Muchísimo te ruego y con rigor te mando, que mañana vayas otra vez a ver al Obispo».
El obispo se negó a creerlo por segunda vez y le pidió una señal. La Virgen se le aparece entonces por tercera vez y le dice que vuelva al día siguiente para recibir esa prueba para que el obispo no desconfiara.
Sin embargo, Juan Diego no pudo acudir a la cita porque su tío se puso muy enfermo.
Un día después y ante el agravamiento del tío, salió a buscar a un sacerdote y lo hizo dando un rodeo para que la señora no lo encontrara por el camino y retrasara su urgencia.
Pero la Virgen salió a su encuentro para tranquilizarlo por la enfermedad de su tío con una palabras que hoy vienen a consolar también tu corazón preocupado:
«¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? –le dijo– ¿no estás bajo mi sombra? ¿no soy yo tu salud? ¿no estás por ventura en mi regazo? ¿qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella».

Y le pidió que recogiera unas flores de lo alto del cerro y se las llevara al Obispo como prueba.
A pesar del frío invierno, Juan encontró varias flores, las recogió en su tilma (manto tradicional) y se las llevó al prelado, Fray Juan de Zumárraga (otra vez Juan).
El 12 de diciembre, tal día, como hoy de hace 489 años, Juan Diego desplegó su tilma delante del obispo y, ante el asombro de todos los presentes, las flores se esparcieron y en la tilma apareció estampada una imagen de la Virgen.
Image
Es la misma tilma que hoy, si no fuera por el Covid-19, irían a ver cientos de miles de fieles, pero que también podemos ver aquí en directo por Youtube.
Es increíble que se haya conservado tan bien después de casi 500 años.
Otros tejidos confeccionados de la misma fibra de izótl se descomponen en apenas dos décadas, se pudren; pero esta pieza, a pesar de haber estado expuesta durante muchos años al salitre y a la humedad, se conserva intacta.
Le ha caído incluso ácido sin ser dañada y sobrevivió sin un rasguño a un atentado de bomba. Este crucifijo que fotografié cuando visité su santuario fue el que se llevó la fuerza de la explosión. El Hijo protegió a la Madre.


La imagen está cargada de simbolismo, de detalles inexplicables que también hacen pensar que no es obra humana.
Ojo a la palabrería que hay en torno a ella, pues hay muchas leyendas y suposiciones que no están confirmadas y en las que prefiero no entrar. Y es que solo con lo que sí que sabemos seguro, ya hay suficiente para calificar la reliquia de absolutamente extraordinaria.
Para hacer este hilo, he tomado los datos del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos (morenita.mx), una asociación dependiente de la Arquidiócesis Primada de México.

Un centro cuya misión principal es investigar con la ayuda de expertos, historiadores, científicos, etc., todo lo relacionado con el gran acontecimiento guadalupano con verdad y responsabilidad sustentado en la fe y en la ciencia.
Es por tanto la fuente oficial más importante que existe.
La imagen de María impresa milagrosamente en la tilma de San Juan Diego es una Inmaculada Concepción, como te he contado antes, según la representación del apocalipsis, pero inculturada perfectamente en la cultura indígena.
Por eso se dice que es un «códice» que permite a los indígenas «leer» quién es esa mujer a primera vista y entender su mensaje.
Ellos captan a través de la imagen muchísimas cosas que, para los europeos, pasarían desapercibidas.
Por ejemplo, el manto azul verdoso que porta la Virgen de Guadalupe, para ellos es un mensaje muy importante, porque solo el emperador podía portar estos colores: el azul del cielo y el verde de la vida.

Primer mensaje: María es emperatriz.
En el manto aparecen 46 estrellas cuyo orden corresponde a la posición las constelaciones en el solsticio de invierno (la Navidad) de aquel 1531. María nos anuncia la llegada de su Hijo.

De su rostro, los indígenas podían aprender mucho, pues está inclinado en señal de humildad. Es una mujer que se para frente al sol, pisa la luna y se viste de estrellas, pero dice que hay alguien mayor que ella.

Sorprendentemente, la inclinación coincide con los mismos grados de inclinación de la tierra, 23,5 grados. María, madre terrestre del hijo de Dios

Su rostro es mestizo, símbolo de su maternidad universal. Como dice la tradición indígena: «su rostro no es ni de de ellos (los españoles), ni de nosotros (indígenas), sino de ambos». Por eso se le llama con cariño «la Morenita».
¡Ella es madre tuya también, sea cual sea tu color!
«Porque, en verdad, yo me honro en ser tu madre compasiva, tuya y de todos los hombres que vivís juntos en esta tierra, y también de todas las demás variadas estirpes de hombres, los que me amen», le dijo la Virgen a Juan Diego.
La Virgen de Guadalupe posa delante del sol, por lo que la rodean rayos de oro en forma de almendra, lo que significa divinidad para los indígenas.


Ellos decían que «su poderío es tal que se para frente al sol, nuestro dador de vida, y pisa la luna, que es nuestra guía en la lucha por la luz y se viste con las estrellas, que son las que rigen nuestra existencia y nos dicen cuándo debemos sembrar, doblar o cosechar.

Los ojos de María manifiestan misericordia y compasión. Son los ojos de una madre que te mira con cariño.

Pero son unos ojos especialmente vivos, pues reflejan la imagen que están viendo como hacen tus ojos o los míos.
En el caso de los de la Virgen de Guadalupe, ambos ojos reflejan las mismas imágenes teniendo en cuenta la perspectiva de cada uno y sus proporciones.
Hay quien incluso ha llegado a reconocer en dichos reflejos a los personajes que fueron testigos del milagro de la estampación de la imagen en la tilma.
La boca de María nos regala una tierna sonrisa gracias a la casualidad de que coincide sobre un nudo del tejido de la tilma.

Un nudo en los labios de quien «guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2, 19)
También su pelo nos lanza un mensaje, pues ese peinado partido a la mitad y peinado hacia abajo significa virginidad, ya que la casada tenía que hacerse un trenzado especial. María es Virgen.

Las manos de María están en oración al estilo europeo (juntas) pero, a la vez, al modo indígena (tomando un corazón en sus manos y presentándoselo a Dios).

Ellos lo explican así: “Nuestros mayores ofrecían corazones a Dios, para que hubiera armonía en la vida. Esta Mujer dice que, sin arrancarlos, le pongamos los nuestros entre sus manos, para que Ella los presente al verdadero Dios”.
La rodilla doblada en «paso de danza» nos confirma esta actitud orante de María según la costumbre indígena.
Una pregunta: ¿Sabes por qué se dice que una mujer embarazada esta encinta? Viene de la costumbre de anudar una cinta al vientre cuando una mujer estaba esperando el nacimiento de un hijo.
Pues la Virgen de Guadalupe está encinta. Es mujer de espera, de esperanza, de este tiempo de Adviento en el que estamos y en el que se apareció a Juan Diego.

El broche ovalado con la cruz en el centro recuerda a la piedra semipreciosa que los indígenas colocaban en sus ídolos de piedra y que denominaban el corazón de la divinidad. Lo pulían hasta verse reflejados en ella.

Es el lugar donde podemos vernos reflejados, la cruz, el sitio donde Cristo se ha ofrecido por cada uno de nosotros. Fue allí, al pie de la Cruz, donde nos entregó a María como madre.
Mientras que para los españoles los adornos del vestido de la Virgen eran solo flores ornamentales, para los indígenas tenían un mensaje añadido.

Todas las flores tienen su raíz en el cielo representado por el manto azul verdoso lleno de estrellas, lo que significa que es una flor que nace del cielo y crece en la tierra.
La flor tiene forma de cerro acabado en punta (Tepeyac –el lugar en el que se apareció– significa cerro punta), mientras que su tallo tiene forma de corriente de agua.
Para ellos, «flor y agua» quiere decir «civilización», lo que significa una civilización enraizada en lo celeste. ¡Somos ciudadanos del cielo caminando en la tierra!
La flor-cerro también tiene apariencia de corazón, arterias, sangre… lo que para ellos era el sustento de la divinidad.
La Virgen está también rodeada de nubes. Para los indígenas era muy importante la frase «entre nieblas y nubes», que significa:

  1. Alguien que viene de un lugar a todos desconocido (así saludó Moctezuma a Hernán Cortés)
  2. Abrir un cofre de riquezas espirituales
  3. Ser ojos, oído y boca de aquel invisible y espiritual que venía entre nubes.
    Así que María entre nubes significaría: «La que viene del lugar a todos desconocido, Ella abre un cofre de las riquezas espirituales y Ella es ojos, oído y boca de aquél invisible y espiritual, que en Ella se manifiesta visible».
    ¿Te parece poco claro el mensaje?
    Seguimos recorriendo la imagen deteniéndonos ahora en el angelito a sus pies.
    En la iconografía occidental, los ángeles son meras figuras acompañantes de María. Aquí es una figura central.

Es un cuauhtlatoatzin, que significa: águila que habla cosas divinas o preciosas, pues tiene alas de águila. (otro águila 😱)
La está presentando y, con Ella, a quien es el centro de la imagen que es Jesucristo dentro del vientre de María.
Con su mano derecha toma la punta del manto lleno de estrellas que significa el universo y con la izquierda sujeta la punta de la túnica rosa, que significa la tierra. Él une en armonía el cielo y la tierra. Así es como eran representadas las águilas en los códices.
Los colores azul, blanco y rojo de las alas junto con el negro de la luna; son los colores de los cuatro puntos cardinales el negro simboliza al Norte; el azul, al Sur; el blanco, al Oeste; y el rojo, al Este.
El mensaje de María es universal, para todos los hombres y mujeres, para todos los pueblos.
La calvicie del ángel también tiene su significado, pues para los indígenas simboliza ancianidad, sabiduría ancestral.
O sea: «hacedle caso, porque este sí que sabe…».
Y la luna, ¿por qué es negra?

Es negra porque está a contraluz con el sol, como ocurre en un eclipse.
Pero a diferencia de los eclipses que para sus culturas vaticinaban desgracias, esta mujer que tapa al sol, nos trae una nueva era gozosa.
María parece danzar (orar para los indígenas) sobre el centro de la luna. Atención, porque lo que viene es grande…
¿Sabes que la expresión «Me-xi-co» significa «en el centro de la luna» o «en el ombligo de la luna», lo que a su vez significa «en el hogar de la divinidad omnipotente»?
¡Es decir, que esta mujer encinta se encarna en el pueblo de México para anunciarnos que ella nos lleva al mismísimo Dios y lanza desde ahí su mensaje a todo el mundo!
Eso mismo explica esta flor de cuatro pétalos que está en el vientre de María.

Representa el Nahui Ollin y que significa: El verdaderísimo Dios por quien se vive.
Es pues el mensaje central de toda la imagen: Jesucristo, el hijo de María es Dios mismo, creador del Universo y viene a salvarnos en Navidad.
Viene a todos los hombres, a todas las razas, a todas las culturas… incluso a todas las religiones.
¿Por qué si no quiso llamarse a sí misma «Santa María de Guadalupe»?
María, nombre de origen hebreo y Guadalupe, nombre de origen árabe. Un nombre que coincide, además, con el de la advocación de la que eran devotos muchos de los conquistadores, de origen extremeño, Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de Extremadura.
Oriente y Occidente; Europa y América; indígenas y europeos; cristianos, judíos y musulmanes; todos los hombres y mujeres de la tierra estamos convocados hoy ante esta imagen a contemplar los misterios del cielo y a vivir con Esperanza.
Y es que muchos creen que el Apocalipsis es un libro trágico que nos anuncia males futuros, pero es todo lo contrario.
Es un libro con el que Juan quería animar a su comunidad a resistir frente a los males presentes (la persecución, Nerón…). Tiene un caracter positivo y gozoso, pero hay que saberlo interpretar.
La mujer del Apocalipsis que nos presenta la venerada y querida imagen guadalupana viene este año más que nunca a decirnos: ¡ánimo, que viene el Señor, que viene el Rey!
El coronavirus ha sumido al mundo en la desesperanza, la desilusión, la tristeza y la angustia.
Pero María viene a sacarnos de ahí y a animarnos a celebrar esta Navidad que viene como la mejor de nuestra vida.

Y, si miramos de nuevo a sus manos, nos indica cómo lograrlo.

En primer lugar, si te fijas, las manos parecen tener tonos distintos de piel. Nos traen un mensaje de unidad de los pueblos, unidad entre los pueblos. Solo unidos podremos salir de esta crisis mundial sin precedentes. Teniendo en cuenta al otro, sobre todo al más necesitado.
Y las manos orantes parecen invitarnos a construir una casita, como aquella que ella pidió que le construyeran, pero en el corazón de cada uno.
Va a llegar la Navidad, nos dice la morenita con su embarazo casi a término, su cinta, sus constelaciones navideñas en el manto, ¡prepara tu hogar para recibirlo!
Allí dentro, María y su hijo, como le dijo a San Juan Diego, estará «siempre dispuesta a escuchar tu llanto, tu tristeza, para purificar, para curar todas tus diferentes miserias, tus penas, tus dolores».
Celebra la Navidad como lo que es, la fiesta de la luz que brilla en las tinieblas y no temas. Al fin y al cabo, «¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?» #FindelHilo

#HilodelosExtraterrestres

En esta víspera de #TodosLosantos, te voy a contar un hecho sorprendente que le ocurrió a Carlos, el señor que duerme en el cajero automático que hay debajo de casa y que me ha hecho reflexionar sobre si realmente estamos solos o no en el universo. #HilodelosExtraterrestres

Carlos lleva siendo mi «vecino» poco más de un año.

Nunca ha molestado al vecindario. Llega por la noche con su mochila, prepara su «dormitorio», se acuesta y, muy temprano, antes de que llegue la limpiadora del banco, ya ha recogido sus cosas y se ha marchado.

Es una persona educada, culta, limpia, agradable en el trato…

No acepta ninguno de los recursos que le han ofrecido desde la administración y Cáritas para encontrar un hogar porque a él ya –asegura– le queda poco tiempo de dormir en la calle y habrá otras personas con más necesidad.

Alguna vez le he preguntado si necesitaba algo: comida, una manta, dinero… Nunca ha aceptado nada: «Gracias, Antonio, –me contestaba– tengo todo lo que necesito para vivir. ¡Hay tantas cosas que no son necesarias!».

El caso es que hace un rato, al bajar la basura, me lo he encontrado sentado en el escalón del banco y mirando al cielo extasiado.

Siguiendo su mirada me he encontrado con esta impresionante luna

–Wow, vaya espectáculo Carlos.

–¿Te das cuenta? Y hay gente que contrata la televisión de pago. ¡Qué imbéciles! Yo esta noche me la pasaría entera mirando a esta enorme señora azul.

–La verdad es que sí. Desde casa no me había fijado en lo bella que está hoy.

El incómodo silencio al quedarnos los dos inmóviles mirando al cielo lo ha venido a romper Claudia, la vecina del cuarto, que venía de pasear a su perrita:

-¿Qué hacéis ahí como dos pasmarotes?

–Shhh –le ha chistado Carlos con una mano, señalándole con la otra la luna y haciendo que sus grandes ojos azules se abrieran de par en par–.

Hasta la perrita de Claudia se ha sentado mirando fíjamente el satélite amagando una especie de canto con aullidos muy agudos

–Wow ¿Vosotros creéis que estamos solos en el Universo? –suelta así de sopetón la vecina–

–¿Cómo vamos a estar solos? –respondo–. No sabes lo que dices. Si la @NASA_es acaba de encontrar agua en la luna y fosfina en Venus. ¡Cuántas más posibilidades de vida habrá en los 3.000 millones de planetas parecidos a la tierra que hay solo en nuestra galaxia!

–¿Fosfina? ¿Qué es fosfina? –pregunta Claudia–

–Es un gas que producen ciertos microbios que viven en los pantanos o en los intestinos de los pingüinos lo que indicaría la existencia de vida bacteriana en Venus –resuelve Carlos con autoridad–.

–¿Entonces hay pingüinos en Venus? –ha dicho con asombro la vecina–

–No mujer, no digas tonterías –le he cortado–. Carlos, se ve que tú sí que sabes del tema…

–¿Que si sé del tema? He desperdiciado mi vida buscando signos de vida allí arriba sin darme cuenta de que los seres que necesitaban ser descubiertos estaban aquí abajo

–¿Eras astrólogo Carlos? –inquiere Claudia curiosa–

–Bueno –sonríe condescendiente con el insulto–, soy astrofísico. No, no me he dedicado a hacer horóscopos sino a estudiar las leyes que gobiernan el Universo.

En el fondo, desde pequeño, soñaba con ser el primer científico en contactar con otra civilización. ¡Tienen que estar arriba, por algún sitio y los voy a contactar!, me repetía cada noche.

Los últimos 20 años, antes de regresar a España hace un par de ellos, los dediqué a escrutar las estrellas desde el observatorio Steward, en Arizona.

Y ahora que preguntas lo de los extraterrestres, te voy a contar una historia de las que se suelen contar en días como hoy.

Una noche como esta, víspera de Todos los Santos, me tocó el turno de noche en el observatorio. En realidad lo pedí yo para hacerle un favor a mis compañeros que querían celebrar Halloween porque a mí era una fiesta que no me iba.

En torno a las 2 de la madrugada, las pantallas comenzaron a mostrar signos de algún evento fuera de lo normal. Una serie de pulsos estaba interfiriendo en el funcionamiento de los radiotelescopios.

Traté de contactar con alguno de mis colegas pero fue en vano, estaban todos de fiesta o con los móviles apagados.

¿Sería un mensaje desde el espacio exterior e iba a ser yo el único en ser testigo de un hecho tan trascendental?

De pronto, las señales dejaron de iluminar los sistemas de alerta de las computadoras y comenzaron a hacerse fuertes, cada vez más, pero dentro de mí.

Eran 30 pulsos fuertes y cortos y 2 silbidos largos y graves.

Vista, oído, olfato, gusto y tacto ¿a que son las únicas formas de contacto con el mundo exterior que tiene cualquier persona?

Pues aquella noche, se despertó en mí un sexto sentido. Una forma de percepción distinta que me hizo ver sin ver, oír sin oír, sentir sin sentir a una multitud innumerable.

Millones, miles de millones de seres a quienes me unía algo más que una amistad. Podría decir que fue como si, de repente, todos ellos fueran mi familia. No dejaba de ser yo, pero yo era un poco en ellos. Es difícil de explicar.

Sentía los pulsos como una enorme opresión en el pecho, como abrazos muy fuertes de alguien muy querido y los silbidos como una brisa fresca, que me llenaba de una felicidad interior… increíble.

No sé si aquello duró un minuto o toda la noche. Solo sé que, a la mañana siguiente, los registros del ordenador no habían grabado nada para poder mostrar a mis compañeros, que se mofaron creyendo que trataba de gastarles una típica broma de Halloween cuando se lo conté.

No obstante, la experiencia sensorial sí que se había grabado muy hondo en mi corazón y marcó mi existencia desde entonces.

Me obsesioné con la idea de volver a repetir esa experiencia de «comunión universal». Tanto que llegaba a pasar 15 horas diarias en el trabajo. Estaba convencido de que había tenido una experiencia de encuentro en la tercera fase.

No había visto a esos seres, pero los había sentido no sé si con la intuición o con qué otra capacidad desconocida de nuestro cerebro.

No descansaba ni los fines de semana, siempre buscando en las mismas frecuencias, calculando las fechas en las que se producían alineaciones similares de los astros…

Eso me costó el matrimonio y la salud.

Fue precisamente en el hospital de salud mental de Saint Francis donde, hace ya tres años, me dieron la llave para salir de la cárcel en la que me había encerrado.

Y no fueron los médicos, ni las drogas, sino la charla que mantuve con el capellán.

Era un jesuita cuarentón. Vestía con vaqueros y camiseta, lo que me producía cierto rechazo. Yo en el trabajo vestía siempre con bata ¿qué le impedía a este vestir de cura?

Luego me contó que era la forma de llamar menos la atención de los pacientes, y poder así acercarse a ellos, porque a algunos les ponía muy nerviosos verle con el clergyman. Al salir del hospital se lo ponía ¡Era muy inteligente y humano!

Yo le conté mi experiencia y mi convencimiento de que aquello que me pasó fue una forma de contacto con una civilización extraterrestre. Una civilización a miles de años luz en la que reinaba la paz, la fraternidad, la solidaridad… ¡Eran todo amor!

¡Tenía que volver a encontrarlos y presentárselos al mundo!

(…)
–Al escuchar a Carlos contar lo de los extraterrestres, la perrita de Claudia se ha puesto a hacer caca sin dejar de mirarlo. A mí también me ha dado algo de miedo. Pero estaba tan interesante la historia que no podía dejar de escucharla.

Lo mismo le ha debido pasar a Claudia, que ha recogido el «regalo» con una bolsita y, tras anudarla convenientemente, se la ha metido en el bolsillo sin dejar de prestar atención al relato.

Ajeno a lo que pasaba a su alrededor, imbuido en su propia historia y sin dejar de mirar de vez en cuando al firmamento, Carlos ha continuado:
(…)

–¿Es usted creyente? Me preguntó el cura.

–Supongo que como todos, de pequeño iba a Misa con mis padres pero al ir creciendo, perdí el contacto.

–Lo digo porque… no sé… esa experiencia de comunión, de vivir junto a una gran comunidad de hermanos es muy parecida a la que vivimos en la Iglesia.

–No lo dirá por su historia, porque está llena de cismas, guerras y enfrentamientos. Incluso hoy, a este papa hay algunos que no lo tragan.

–¡No, claro que no! –rió–. Es verdad que, en tantas ocasiones, no hemos sido ejemplo ni lo seguimos siendo, pero tu relato se parece mucho a lo que vivimos los cristianos y proclamamos en uno de los artículos del Credo, la comunión de los santos.

–¿Quiere decir que quienes me abrazaron fueron San Pancracio y Santa Rita? ¡Vamos hombre! Le estoy hablando de una civilización superior, mucho más avanzada que nosotros que quiere entrar en contacto con la tierra para ayudarnos a ser mejores. Están allá arriba, lo sé…

–No, no me refiero solo a San Pancracio o a Santa Rita, sino a todos los creyentes. Por eso, ese artículo del Credo se recita justo después del «Creo en la Iglesia Católica». Santos somos todos los miembros de la Iglesia.

Santos somos por el bautismo. La comunión de los santos es precisamente la Iglesia.

–Yo pensaba que todos los santos era el día de los muertos, cuando se va a los cementerios…

–No, se equivoca. Ese es el día 2 de noviembre, la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos. Ese día rezamos por ellos y pedimos que puedan vivir ya la vida eterna, porque algunos necesitan aún purificarse.

El día de Todos los Santos lo que celebramos es la comunión entre la Iglesia de la tierra y la del cielo. Nosotros creemos que nuestros amigos y familiares que han vivido realmente el mandamiento del Amor están ya glorificados, viviendo con Dios.

El que ha conocido el amor verdadero sabe que ese amor no muere nunca y que ni la muerte lo vence. Por eso, seguimos experimentando ese sentimiento de comunión con ellos. Los sentimos, como relataba usted, muy cerca, muy dentro, como un gran abrazo…

Y también aquí entre los vivos, a pesar de nuestros pecados y debilidades, los cristianos también sentimos muchas veces esa sensación de comunión con los hermanos de nuestra parroquia y de otros grupos, movimientos, realidades…

Incluso con miembros de otras confesiones. Jesús rezó y dijo: «Padre, que sean uno, como tú y yo somos uno». Pues esa es la comunión de los santos, sentirnos una única Iglesia, todos miembros y Cristo como cabeza.

El Día de Todos los Santos es el día de todos nosotros, los del cielo y los de la tierra que vivimos ya en primicia lo que viviremos después: una comunión plena y perfecta con Dios, nuestro Padre, quien nos creó, el que más nos ama.

–Vaya charlita me está soltando usted. La verdad es que echo de menos ese sentimiento de pertenencia a un grupo, a una familia, el barrio, la parroquia, la pandilla… Lo perdí cuando salí de mi casa a estudiar.

Luego, la vida profesional es muy exigente, te impide relacionarte con los tuyos, vas perdiendo contacto con unos y otros, solo piensas en ti, en tu carrera, en tus proyectos… Es una sociedad individualista la nuestra.

Al final, fíjese, me veo aquí, en un psiquiátrico, charlando con un cura que es el único amigo que tengo.

Paradójicamente, tras tantos años de investigación, lo que he descubierto es que estoy solo en el universo, justo la tesis contraria a lo que he dedicado todo mi tiempo y mis energías.

–No hombre, no estás solo. Seguro que en tu familia te reciben con los brazos abiertos en cuanto te decidas a volver, seguro que en tu pueblo, en tu parroquia estarán encantados de volver a verte en cuanto estés mejor… Siempre habrá alguien que te tienda una mano.

Y, quién sabe, puede que también haya otros seres inteligentes en otros planetas. ¿Fue Carl Sagan el que dijo aquello de si estamos solos en la inmensidad del universo, ¡cuánto espacio desaprovechado!?

Aunque si le digo la verdad, yo creo que esta es una frase muy pobre.

–Bueno, esa frase de Sagan es mítica, pero es más optimista de lo que la gente cree. No es tan fácil que haya vida inteligente por muy extraordinariamente grande que sea el universo. Nuestro planeta es una excepción.

La ilusión porque existan los extraterrestres, impulsada por la ciencia ficción, nos crea la falsa idea de que pronto los descubriremos. Pero es una falacia lógica, un fallo común de cálculo de nuestro cerebro.

Lo cierto es que las probabilidades de que existan civilizaciones extraterrestres son mínimas, infinitesimales.

No sé si conocerá, padre, la paradoja de Fermi, que viene más o menos a decir que es imposible que existan civilizaciones avanzadas en otros planetas puesto que no se han puesto en contacto con nosotros.

Luego está la ecuación de Drake, un astrofísico de la década de los 50 cuyos cálculos ya hablaban de la improbabilidad de la existencia de vida inteligente allá arriba y que ha sido recientemente recalculada a peor por científicos de Oxford.

Se habla de un número inferior a 0,00000001 posibles civilizaciones detectables al año.

También está la hipótesis de la «Tierra rara» que en resumen dice que sí, que hay billones de planetas parecidos a la tierra, pero que en ninguno se da el conjunto de excepcionalidades con que el azar ha dotado a nuestro planeta para que hayamos podido desarrollarnos nosotros.

Créame, padre, yo esto lo sé, lo he estudiado, pero es tan grande el impulso que siento desde pequeño a contactar con otros planetas, a conocer otros seres, que me he vuelto loco.

-¡No digas tonterias, tú no estás loco! Claro que puede haber vida inteligente en otros planetas, Dios es tan grande que puede haber extendido su obra creadora por toda la galaxia, por todo el universo, incluso por otros universos

Verás. Cuando he dicho que la frase de Sagan es pobre no lo decía en términos científicos. Yo de eso sé poco y tú me lo has explicado fenomenalmente que de eso entiendes mucho más que yo.

Yo me refería a que es la típica frase de un materialista. Alguien que solo cree en lo que puede ver, tocar, pesar y… comprar.

¿Espacio desaprovechado? ¿Por qué? Porque lo calcula en términos materialistas. Cuando yo construyo algo o compro algo, mido mis necesidades, quito lo que no me parece necesario, ajusto el presupuesto y lo ejecuto.

¿Para qué quiero un coche que corra a 250 km/h si solo voy por ciudad donde me limitan a 50? Lógico.

Pero eso es cuando yo construyo para mí y Dios no creó el universo para sí mismo, para darse el gusto. Él, que es amor, nos creó por amor, para amar. ¿Y cuál es la medida del amor?

¿Has amado alguna vez a alguien Carlos?–

Ya no pude aguantar más y me eché a llorar como un chiquillo. Las lágrimas caían a chorros por mis mejillas como cuando un dique se rompe por la presión de agua en una crecida. Años y años de sinsentido salieron a borbotones en un llanto liberador, purificador, casi místico

–Mi mujer me dijo eso mismo cuando me echó de casa. No he amado, la verdad es que no he amado a nadie más que a mí mismo en toda mi vida. Yo quería estar con ella, pero no la amaba, no podía amarla porque pensaba que era una pérdida de mi valioso tiempo

¿Cómo iba a estar con los niños, salir a cenar, compartir un rato de peli, sofá y manta con ella o irme de vacaciones cuando los extraterrestres estaban queriendo comunicarse con nosotros? ¡Qué tiempo más desaprovechado! ¡Y qué estúpido he sido! (continué llorando)

–Me alegra que haya llegado a esta conclusión por sí mismo, Carlos. Has descubierto lo que es amar.

Amar no es solo gastar «tiempo de calidad», como se suele decir ahora en términos materialistas, con tu familia, sino perder el tiempo, derrocharlo…

El amor no entiende de medidas, de precios, de cálculos, de calidades…

El amor lo da todo, lo espera todo, lo soporta todo, lo perdona todo…

No creo que Carl Sagan regalara a su mujer una plancha de segunda mano «por no desaprovecharla». Seguramente, si la quería de verdad, le regalaría en su aniversario algo que a ella le hiciera ilusión, no solo por su utilidad, y quizá alguna vez despilfarraría para demostrarle su amor.

-Bueno, Carl Sagan se casó tres veces. Quizá las dos primeras mujeres le pidieron el divorcio tras regalarle la plancha usada –le contesté pasando del llanto a la risa en décimas de segundo–.

–Jajajaja a lo mejor sí fue por eso.

No, ya en serio y dejemos al lado los personalismos, quizá fue un marido devoto, no lo sé. Lo que quiero decir es que cuando uno ama, derrocha. Y cuando uno derrocha amor, pues el resultado es un derroche de proporciones cósmicas.

Cuando Dios pensó al hombre y a la mujer no se conformó con crear un planeta, sino que generó la inmensidad del espacio y el tiempo, esperó 10.000 millones de años para que surgiera la vida y otros miles de millones para culminar su obra creándonos a nosotros.

Y nos creó, fíjese, qué importante esto con respecto a lo que hablábamos antes, en comunidad. No nos hizo individuos aislados, solitarios, sino que nos hizo pareja: «hombre y mujer los creó», dice el Génesis. La pareja como síntesis de la gran comunidad humana porque «no es bueno que el hombre esté solo».

Y es lógico porque también Dios es comunidad, es Trinidad y al fin y al cabo nos hizo «a imagen suya».

Observe cómo desde la creación del mundo la Iglesia, el pueblo de Dios, la comunidad de los santos, estaba prefigurada ya.

Dios se fijó en un planeta mediocre: ni el más grande ni el más chico de su sistema, que gira en torno a una estrella normalita en un borde de una galaxia también intermedia y eligió la Tierra para hacer su gran obra de amor.

Luego, le fallamos. Rompimos esa comunión entre nosotros y con Él para la que nos había creado, y lo tiramos todo por la borda. Pero aún así no dejó de amarnos.

Eligió de nuevo, entre todos los innumerables pueblos de la tierra, un pueblo normalito, no el más grande ni el más poderoso, un pueblo de nómadas como Israel para ser «su propiedad personal»

Y dentro de ese pueblo, eligió a muchos hombres y mujeres comunes: los patriarcas, los profetas… que fueron enseñando el camino de vuelta a Él, preparando el final de la historia.

Luego, entre ellos, eligió a una joven normal, desposada con un carpintero de tantos

Y luego eligió la aldea más normal que había: Belén; y dentro de Belén uno de los sitios más normales de la localidad: un establo.

Y quiso nacer así, como un niño normal, para enseñarnos lo que es no es normal: a amar como Él nos ama.

Luego abrió la puerta de su amor, no solo a los miembros de ese pueblo, sino a todos los pueblos de la tierra.

Muriendo, se solidarizó con toda la humanidad inaugurando el reino de los cielos. Un reino que está ya entre nosotros en misterio, como oculto, en la Iglesia, ojo al nombre, Universal.

Y todos los hombres estamos llamados a esta unión con Cristo, luz del mundo, de quien procedemos, por quien vivimos y hacia quien caminamos.

–Fijaos cómo me impresionaron las palabras que aquel día me dijo el capellán que, una semana después me habían dado el alta en el hospital.

Había entendido lo equivocado que estaba y que como ser humano necesitaba ser parte de una familia, de un pueblo.

Volví a casa y me reconcilié con mi mujer y mis hijos.

Regresamos a España hace un par de años y me puse a dar clases en la Universidad. Cumplía mis horarios y estaba mucho tiempo en casa, disfrutando de mi tiempo con mi mujer, con mis hijos… Volví a la parroquia y reinicié mi vida de fe.

Había descubierto una maravillosa civilización terrestre cuya bioquímica molecular era el amor.

Pero el descubrimiento me duró poco.

En septiembre del año pasado, de regreso de nuestras primeras vacaciones en la playa, tuvimos un accidente en el que mi mujer y mis dos hijos perdieron la vida.

No entré en crisis. Entendí que esa era la voluntad de Dios. Sabía que a pesar del dolor, Dios me amaba a mí y a ellos y sigo sintiéndolos vivos, aunque no los pueda ver.

Puedo decir que creo en la comunión de los santos. La comunión contigo, Antonio, contigo, Claudia, con mi familia que me espera en el cielo, mis padres, algunos buenos amigos…

No sé por qué el Señor me eligió a mí para sobrevivir, se ve que aún tenía que hacer algo aquí en la tierra. Quizá solo era contaros a vosotros dos hoy esta historia que no se la había contado a nadie aún.

Lo que sí sé es que ya me queda poco aquí, por eso he preferido renunciar a todos los afanes de la vida y vivir con lo justo. ¡Ya me he dado cuenta de lo que es importante y lo que no en esta vida!

-¡Cómo que te queda poco Carlos! –le he contestado interrumpiendo su relato– si estás hecho un chaval. Lo que tienes que hacer es volver a trabajar, alquilarte un piso, rehacer tu vida.

–Claro que sí –se ha sumado Claudia– no des por perdida tu vida aún. Si, como dices, existe un Dios, seguro que te ayuda a salir de esta. Bueno, yo me marcho que nos va a pillar el toque de queda. Gracias por contarme tu historia, Carlos, es preciosa.

–Adiós, Claudia.
Bueno, yo me marcho también –he respondido–. Me has hecho pensar mucho porque yo ando igualmente un poco despistado, y tu relato me ha hecho centrarme en lo importante. Por cierto, hace mucho que no llamo a mis padres. Voy a darles un toque…

–Adiós, amigo. A mí me queda aquí todavía un rato de charla con mi mujer y los niños mirando a la hermana luna.

He subido a casa dándole vueltas a la conversación de esta noche. He llamado a mis padres, me he tomado un vaso de leche con cacao calentito, he ido a darles un beso a los niños que ya estaban dormidos y me he puesto a hablar con mi mujer de nuestras cosas.

Nos hemos puesto a recordar cómo nos conocimos, por qué nos hicimos novios, qué nos llevó a casarnos… De cuántos momentos felices y no tan felices hemos pasado juntos… De repente, hemos oído un grito en la calle. ¡Socorro, socorro! ¡Ayuda!

Con el corazón en un puño me he asomado a la ventana y he visto a una chica joven en la puerta del banco llamando desde su móvil a emergencias: «He ido a sacar dinero y me lo he encontrado así. ¡Vengan rápido, que se está muriendo!», la oigo decir.

Sin pensármelo dos veces he bajado en pijama y me he encontrado a Carlos con muy mal aspecto agarrándose fuertemente el brazo izquierdo.

–Me voy ya amigo, me voy con ellos –me dice–. Seguiremos en contacto, yo allá arriba y tú aquí abajo, recuérdame cuando mires a la luna…

Han sido sus últimas palabras antes de perder el conocimiento. ¡Es un infarto!

Me he acordado de que, en estos momentos, es muy importante hacer la maniobra de reanimación cardiopulmonar antes de que llegue la ambulancia.

Lo he puesto boca arriba tal y como me enseñaron en el cursillo, con brazos y piernas alineados y el tórax al descubierto. He tirado de la frente hacia atrás, del mentón hacia arriba y le he insuflado aire hasta llenar sus pulmones

Me he acordado de la secuencia que me enseñaron a memorizar: 30 compresiones en el pecho y 2 insuflaciones.

Mientras apoyo mis dos muñecas, una sobre otra, sobre su esternón y empiezo el masaje cardiaco, recuerdo la historia que me ha contado él mismo hace un rato de aquel mensaje espacial que recibió en su radiotelescopio

Eran 30 pulsos fuertes y cortos y 2 silbidos largos y graves. Mientras continúo, me fijo en sus ojos que, muy abiertos, reflejan la gran luna, la estupenda luna azul de esta noche y sus labios esbozan una sonrisa.

La sonrisa del que ha encontrado, por fin, lo que anhelaba desde pequeño; el mensaje desde el cielo; el abrazo definitivo de todos los suyos y el soplo fresco del que es todo Amor que se derrocha… #Findelhilo

P.D. Si te ha gustado este hilo, tienes una selección de los 40 más leídos en mi libro «La Caja de los Hilos».

#HilodelDomund

¿Conoces esos sorteos que se juegan en vez de con un número con una fecha? ¿Y si te digo que con la fecha de hoy, Día del DOMUND, podemos conseguir más dinero para los misioneros y misioneras que si nos tocara la lotería ¿Juegas? #HilodelDomund#Domund2020

El juego es muy sencillo. Se trata de adivinar un número. Un número que está oculto dentro de la propia fecha y del que puede depender gran parte de la labor que realizan los misioneros en los países más pobres del planeta. 

Los números son muy importantes para el Domund, te voy a dar algunos. Un total de 1.115 diócesis del mundo dependen de la colecta del Domund.

La ayuda del Domund es el apoyo anual que permite que la Iglesia pueda presentar la Buena Noticia en todo el mundo, y estar con los que más sufren, también en estos tiempos de pandemia del COVID-19. 

En estas 1.115 diócesis consideradas «Territorios de Misión» vive casi la mitad de la población mundial (45%)

¿Sabes que en España hay registrados casi 11.000 misioneros. De ellos. 8.000 están repartidos en 135 países y los otros 3.000 continúan trabajando desde aquí? Un total de 387 instituciones envían misioneros a la misión. Cada una con un carisma diferente, pero todas en comunión. 

La misión en España tiene rostro femenino, la mayoría de los misioneros son mujeres (54%)

En cuanto al estado de vida de los que están en tierras de misión, hay 93 obispos, 589 sacerdotes diocesanos, 2008 sacerdotes religiosos, 4.421 consagrados/as y 681 laicos/as. 

Allí, la Iglesia sostiene 119.200 escuelas y 27.000 instituciones sociales (hospitales, orfanatos, residencias de ancianos…)

¿Pero aquí hemos venido hoy a jugar no? 

Te dije al principio que íbamos a descubrir el número oculto tras la fecha de hoy 18/10/2020 

El número que yo voy a adivinar será el número central sobre el que construiremos el gran número final, el que nos dará el dinero, y en el que tendrás que poner a prueba tu ingenio. 

Te voy a pedir que pienses un número entre el 10 (del mes) y el 20 (del año). Podría ser el propio 18 (del día) u otro cualquiera en ese intervalo del 10 al 20, sin incluir estos dos. ¿Lo tienes? Ahora tendrás que realizar mentalmente 4 operaciones:

1⃣Suma los dos dígitos de ese número 

2⃣Réstale el resultado al número que habías pensado 

3⃣Si el resultado es menor de 10, continúa con el siguiente paso. Por el contrario, si es igual o mayor a 10, memorízalo ya y sáltate el 4º paso. 

4⃣Si has llegado hasta aquí, como es el paso 4, réstale 4 ¿Tienes ya el número en mente? Guárdalo ahí

Porque ese número te dije que es central para nosotros. Central porque indica el número de cifras que tiene el número final que buscamos y central porque está en el centro de ese número largo. 

Ya ves cómo me estoy acercando al número que tienes en mente, porque si hay una cifra en el centro es porque tu número es impar ¿A que sí? 

¿Quieres saber cuáles son las cifras a la derecha y a la izquierda para completar el número? 

Pues la pista nos la da también el año 2020 que es un jeroglífico que nos dice cuántas cifras van delante y qué digitos son, y cuántas cifras van detrás y qué digitos son.

Aquí entra tu ingenio Solo hay que saber leer correctamente el año 2020 Piensa: ¿Cómo se puede leer 2020 para que dé todos esos datos?

Se puede leer «dos mil veinte», el resultado sería 2000-X-20 

Pero entonces nuestra cifra no quedaría en el centro. 

O, como está ahora de moda decir, «veinte, veinte», el resultado sería entonces veinte cifras por delante y veinte por detrás… 

Tampoco nos valdría porque, aunque aquí sí quedaría en el centro, nos dice el número de cifras, 20 delante y 20 detrás, pero no cuáles son estas. 

O también se puede leer «dos, cero, dos, cero» 00-X-00 ¡Así sí! 

Bueno, y llega el momento de descifrar la X, el número oculto en la fecha del Domund. 

El número gracias al cual tantos misioneros podrán continuar haciendo su labor. 

Una labor que pasa por llevar la ayuda material tan necesaria, educación, sanidad, infraestructuras, servicios sociales… 

Pero que también pasa por llevar lo mejor que tienen que es el mensaje que inspira su vida de entrega y servicio, el mensaje del Evangelio. 

Ningún ser humano debería morir sin haber tenido la oportunidad de escuchar esta carta de amor de Dios a los hombres, aunque luego libremente decidiera guardarla en un cajón. 

Pues para llevar todo esto, los misioneros y misioneras necesitan recursos que pueden llegarles a través de cada uno de nosotros gracias al número que ya tienes en mente y que es… 

… 

00500

¿Y cómo hacer que este número genere ingresos para las misiones? ¿Hay que comprar lotería con ese número? 

¡Qué va! Es un código de Bizum, la plataforma que tantos usamos ya para enviar pequeñas cantidades de dinero desde nuestro móvil y que puedes usar desde España, sea cual sea tu banco. 

Es fácil, segura, gratuita y, en tiempos de Covid, cuando es tan difícil hacer colectas, supernecesaria. Si no la conoces, aquí tienes toda la info bizum.es

Aquí también tú eres misionero. Se trata de que lo difundas, que lo conozcan todos y que lo memoricen.

Puedes retuitear este hilo, inventarte otro, ponerlo en tu Facebook, en tu Instagram, pasarlo a tu grupo de wassap o imprimir tarjetas, yo qué sé, pero que todos sepan que el 00500 es el Bizum de @OMP_ES

Como sé que muchos me leéis desde fuera de España y Bizum es solo para cuentas de mi país, aquí os pongo el enlace para encontrar la delegación de Obras Misionales Pontificias del vuestro donde os dirán cómo podéis colaborar con el DOMUND

Las OMP en el mundoEl decreto conciliar Ad gentes, en el número 38, cuando trata los deberes de los Obispos con respecto a la misión universal, afirma: “promover entre …https://www.ppoomm.va/es/ppoomm-nel-mondo.html

Y ojo, que aunque es muy importante la colecta de hoy, y el 00500, no es solo dinero lo que necesitan los misioneros.

También necesitan de tu tiempo como voluntario y de tu oración. El tiempo lo puedes aportar haciendo una experiencia misionera (unas 10.000 personas en España, especialmente jóvenes dedican sus vacaciones a conocer y colaborar de primera mano con una misión). 

También puedes ser voluntario en tu delegación de misiones o en tu parroquia o desde tu casa moviendo el tema en redes. Es la «misión de retaguardia». 

Y en cualquier caso, también necesitan mucho, mucho de tu oración. La oración de la comunidad cristiana es la que sostiene en su día a día a estos hermanos que entregan su vida por la misión. 

No te olvides de ellos hoy y no olvides el 00500, el número con el que nuestros misioneros podrán seguir trabajando en los 5 continentes #FindelHilo#Domund2020

P.D. Gracias a @dani_Delos por su creatividad y sus ideas para hacer mágico este hilo y a @fdez_ana por empujarme a esta misión digital. 

#Hilodelas3Vírgenes

La mitad de mis amigos de twitter sois españoles; la otra mitad, latinoamericanos. En este día de la Hispanidad voy a tratar de aclarar una confusión muy común ¿Cuál es nuestra patrona: la Virgen del Pilar, la de Guadalupe o la Inmaculada? Lo deslío en el #Hilodelas3Vírgenes.

En España, no cabe duda: el 12 de octubre es el Día del Pilar. Una devoción mariana tan extendida que es raro el pueblo que no cuente con una imagen de ella. Además, es un nombre muy común, centenares de miles de mujeres lo lleváis, ¡Felicidades!. 

Al coincidir su fiesta el #12Octubre con el día de la llegada de Colón a América y día de la #FiestaNacional en España, muchos caen en el error de creerla patrona de España y de la Hispanidad, pero no es del todo así. 

La fiesta nacional es una fiesta civil, sin componente religioso, que se hizo coincidir con el de la llegada de Colón al nuevo mundo, lo que supuso un acontecimiento histórico clave en la historia de nuestro país, de nuestra cultura, de nuestro idioma… 

Es por tanto una fiesta civil, no religiosa. Y el Pilar no es la patrona de España, pero sí es considerada por muchos como patrona de la Hispanidad. Vamos a conocer su historia para entenderlo. Según una venerable tradición, la devoción a la Virgen del Pilar se remonta a los primeros años de la evangelización. 

El apóstol Santiago, hermano de Juan, hijo de Zebedeo, al poco de haber sido testigo de la Resurrección del Señor, habría recibido de este el mandato de acudir hasta tierras hispanas a traer la Buena Noticia. La Virgen en persona (todavía en carne mortal) lo bendijo y le pidió que en el lugar en el que convirtiera al mayor número de hombres a la fe edificara una iglesia en su memoria. 

Saliendo Santiago de Jerusalén predicó por diversos lugares de España con poco éxito, hasta que en la actual ciudad de Zaragoza, a orillas del río Ebro, convirtió a ocho hombres. Una noche se le apareció la Virgen (recuerda, aún viva) «entre dos coros de millares de ángeles, colocada sobre un pilar de mármol» y le indicó que ese lugar sería el idóneo para la construcción de una capilla donde «nunca faltarán adoradores de Cristo». 

Si esta piadosa tradición fuera cierta, estaríamos hablando del primer templo mariano del mundo, en torno al año 40. 

Esa fe de origen apostólico y mariano que prendió en España daría luego su fruto con sus ramas extendiéndose al otro lado del Atlántico. El influjo de la advocación del Pilar (no ya tanto de la imagen) en toda la hispanidad está, por tanto, perfectamente justificado. Aunque no he podido encontrar ningún nombramiento oficial como patrona de la hispanidad, sí que San Juan Pablo II se refirió así a ella en una visita que le hizo en 1984 .

Lo que sí está fuera de toda duda es que la devoción mariana en España es un pilar de su fe inmemorial, y que por algo esta porción del planeta es conocida, y reconocida como «tierra de María». No hay más que mirar la ingente aportación de los españoles a la liturgia y a la teología marianas. Destacó, por ejemplo, nuestro impulso a la doctrina sobre la Inmaculada Concepción de María. 

Es tal la pasión de los españoles por esta advocación mariana que, en 1760, el papa Clemente XIII la proclamó patrona principal «de todos los reinos de España e Indias». La Inmaculada es, ciertamente, y aunque muchos lo desconozcan, la auténtica patrona de España, pero ya no necesariamente de los territorios que pertenecieron a su imperio, en muchos de los cuales continúa, eso sí, su devoción. 

Entonces, ¿Cuál es la patrona de la Hispanidad? ¿Qué Virgen congrega a todos los hispanohablantes a uno y otro lado del atlántico? 

Muchos lo tienen claro… La Virgen de Guadalupe. 

Pero ojo, que no es «la Morenita del Tepeyac» de México (o no exactamente ella)

Virgen de Guadalupe, patrona de México y de América

Sino otra «Morenita», llamada Nuestra Señora de Guadalupe cuya imagen está fechada en el siglo XII, que se venera en la provincia de Cáceres (Extremadura) y que este año precisamente está celebrando su año jubilar guadalupense .

Virgen de Guadalupe que se venera en Extremadura (España)

Tal día como hoy, de 1928 fue coronada canónicamente y proclamada «Reina de la Hispanidad» por el cardenal primado de España Pedro Segura como legado del Papa Pío XI. Su relación con la hispanidad es absoluta. La Reina Isabel la Católica era muy devota y visitó su santuario más de 20 veces.

También Colón, que puso el nombre de Guadalupe a una isla en su segundo viaje. Fueron muchos los extremeños que llevaron consigo su devoción a la Virgen de Guadalupe al Nuevo Mundo quedando reflejado en la abundante toponimia guadalupense en esas tierras. Cuando la UNESCO declaró el santuario de Guadalupe en España como patrimonio de la humanidad, destacó que «la famosa imagen de la Virgen de Guadalupe ha sido el símbolo más representativo de la cristianización de una gran parte del Nuevo Mundo» 

Sin embargo, la más popular Virgen de Guadalupe es hoy en día la que he mencionado en primer lugar y que se venera en México. Es la patrona del país y de toda América. No es casualidad que esta imagen haya mantenido este nombre de origen español. Como contó el propio San Juan Diego, a quien la Virgen habló y cuya imagen impresionó milagrosamente en su túnica, María le manifestó su voluntad de ser llamada «la Siempre Virgen Santa María de Guadalupe». 

Guadalupe, Inmaculada, Pilar…

La discusión sobre cuál de las tres es la legítima patrona de la hispanidad se la dejo a los historiadores. Que se peleen ellos, que yo me quedo con las tres. 

Más en estos momentos en los que la hispanidad está en horas bajas y las necesitamos a todas. 

Algunos rechazan la historia, destacando solo lo malo que el encuentro de los dos mundos trajo consigo. 

Otros quieren recuperar el sentimiento patriótico desde los nacionalismos excluyentes. 

La Iglesia, que busca la verdad y analiza el problema con honestidad y perspectiva histórica no ha tenido problema en pedir perdón por lo que hizo mal, pero ¿cuántos le agradecen lo que hizo bien? 

En su viaje a Ecuador, Bolivia y Paraguay, el Papa afirmó: «quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América». Pero también recuerda Francisco que «muchos misioneros llegaron allí con el Evangelio, dejando sus países y aceptando una vida austera y desafiante cerca de los más desprotegidos». Sabemos que no todos fueron ejemplares –continúa el papa argentino– pero la tarea de los que se mantuvieron fieles al Evangelio también inspiró «una legislación como las Leyes de Indias que protegían la dignidad de los indígenas contra los atropellos de sus pueblos y territorios» 

Hay mucha manipulación política y mucha leyenda negra detrás de los movimientos revisionistas. A nosotros en España nos pasó igual con los romanos.

Tuvimos que soportar «sus» saqueos, «sus» masacres y el sometimiento de «nuestra» población. No obstante, no les guardo rencor. No espero que el presidente de la república italiana me pida perdón hoy. Ni él ni yo tuvimos nada que ver con aquello, ni vamos a solucionar nada destruyendo estatuas de emperadores, teatros o acueductos, que nos recuerdan el poder que tuvieron y que ejercieron contra los habitantes de entonces. 

Es más, he puesto los pronombres «sus» y «nuestra» entre comillas porque seguramente yo tengo más genes de los conquistadores en mi sangre que él. Los opresores serían más mis abuelos que los suyos. Pero en fin, nadie sabe… 

Lo que sí tengo es mucho que agradecer a los romanos que, con ellos me trajeron el más bello idioma, la filosofía, el derecho, las carreteras… Y, con Santiago y María, desde el año 40, y el resto de misioneros que llegaron luego, la fe. 

Pero en vez de buscar la concordia que nos capacita para mirar al futuro y progresar, muchos se empeñan en bucear en el pasado con el único objetivo de remover heridas y dividirnos más para sacar réditos políticos. 

Advierte el papa en su reciente encíclica Fratelli Tutti de «algunas tendencias del mundo actual que desfavorecen el desarrollo de la fraternidad universal» (FT 9) 

«Durante décadas parecía que el mundo había aprendido de tantas guerras y fracasos y se dirigía lentamente hacia diversas formas de integración…» (FT 10) 

«Pero la historia da muestras de estar volviendo atrás. Se encienden conflictos anacrónicos que se consideraban superados, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos…» (FT 11) 

Y se pregunta: «En esta pugna de intereses que nos enfrenta a todos contra todos, donde vencer pasa a ser sinónimo de destruir, ¿cómo es posible levantar la cabeza para reconocer al vecino o para ponerse al lado del que está caído en el camino?» (FT 16) 

La respuesta nos la da la fiesta de hoy. La respuesta es María. María del Pilar, María Inmaculada, María de Guadalupe nos trae su mensaje de humildad y, sobre todo de fe. 

Fe en un Padre de todos que nos ama y que es el fundamento de la fraternidad universal, porque, como continúa diciendo el papa en Fratelli Tutti: «Sin una apertura al Padre de todos, no habrá razones sólidas y estables para el llamado a la fraternidad. Estamos convencidos de que «sólo con esta conciencia de hijos que no son huérfanos podemos vivir en paz entre nosotros» (FT 272) 

Porque «la razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad». 

Por eso, hermanos y hermanas de España, México, Colombia, Argentina, Venezuela, Ecuador, Perú, Guatemala, Costa Rica, Nicaragua, Chile, Brasil, Bolivia, Ecuador, Uruguay, El Salvador, Honduras, Paraguay, Estados Unidos… 

No celebremos hoy la división sino, con María, la comunión de hermanos hijos de un mismo Padre. Seamos, como ella, Iglesia en salida, casa de puertas abiertas, estemos atentos a las necesidades de nuestros hermanos, tendamos puentes, derribemos muros.

«Ella, con el poder del Resucitado –nos recuerda Francisco– quiere parir un mundo nuevo, donde todos seamos hermanos, donde haya lugar para cada descartado de nuestras sociedades, donde resplandezcan la justicia y la paz» (FT 278). 

Virgen del Pilar, «madre de la Hispanidad», tú que consolaste a Santiago y lo impulsaste a traernos la fe, consuélanos y espanta nuestro miedo para que seamos capaces de llevar el Evangelio, fundamento de fraternidad universal a nuestros hermanos. 

Virgen Inmaculada, patrona de «los reinos de España y las Indias», tú que pisas la cabeza de la serpiente, ayúdanos a pisar el mal de la indiferencia que acecha nuestro mundo y a hacernos prójimos de los que están caídos al borde del camino. 

Virgen de Guadalupe, «reina de la Hispanidad», tú que unes a los creyentes de uno y otro lado del océano, líbranos de las aguas de la división y haz que tu hijo transforme nuestra agua de muerte en vino nuevo con el que brindar juntos todos los pueblos latinos. 

Con María, todos hijos, todos hermanos, #FratelliTutti: ¡Feliz Día de la Hispanidad! #FindelHilo

#HilodeSanFrancisco

«Hermano coronavirus», así llamaría San Francisco de Asís a este pequeño microorganismo que ha puesto en jaque al mundo. Conociendo su vida comprenderás por qué. Te la cuento en el #HilodeSanFrancisco

Hijo de un rico comerciante de telas, creció como un hijo de papá, despreocupado de la vida y pendiente de los ideales caballerescos de su época. Tras una campaña militar, cayó prisionero y, al enfermar, fue liberado, regresando a casa

 Durante su convalecencia empezó a experimentar un cambio que lo llevaría a dejar de lado el estilo de vida mundano que llevaba hasta entonces, pasando a entregar toda su vida a Dios y a los hombres. 

En la cercana a su casa iglesita derruida de San Damián, Cristo en la cruz tomó vida en tres ocasiones y le dijo: “Ve, Francisco, y repara mi Iglesia en ruinas”.

Cruz de San Damiano que habló a San Francisco

Este llamamiento a construir lo que se había hundido físicamente tiene una connotación espiritual, sintiéndose llamado a reconstruir la Iglesia de aquel tiempo, en la que la vivencia de la fe dejaba mucho que desear. 

Francisco se sintió llamado a vivir en la pobreza y a dedicarse a la predicación, llegando a llevar el Evangelio hasta al mismísimo sultán musulmán Melek-el-Kâmel en plena época de las cruzadas. 

En contra de lo previsible, fue recibido y acogido benévolamente brindándonos un ejemplo de diálogo interreligioso desde el respeto y la comprensión mutua, desde el amor.

Abrazo entre San Francisco y el sultán de Egipto

Aquella siembra de la que acabamos de celebrar los 800 años, dio su fruto y, posteriormente, los franciscanos recibieron el permiso para custodiar y velar por los santos lugares en Tierra Santa, un servicio que permite que hoy en día podamos seguir visitándolos. De su profundo amor a Cristo, brotó el amor a toda la creación, que plasmó en su célebre Cántico de las criaturas; una obra de especial relevancia hoy, en nuestro planeta esquilmado por quienes nos hemos sentido dueños de él, en lugar de administradores. Su amor a la creación, a toda la creación, me ha hecho pensar sobre cómo viviría hoy San Francisco esta pandemia con los conocimientos que tenemos sobre los virus y la microbiología. 

Cuando a san Francisco le anunciaron que le quedaba apenas un mes de vida, dicen que exclamó: “¡Bienvenida, hermana muerte!”. Y no es que le agradara el trance, sino que en su certeza de la bondad de la voluntad divina, la muerte no era más que el último paso hacia el encuentro definitivo con el amado. Reconozcámoslo. El coronavirus nos ha hecho a todos pensar más en nuestra muerte. Los mensajes publicitarios del Gobierno han pasado del #TodoSaldráBien, a recordarnos que estamos en una batalla que se juega al “pito, pito gorgorito”. 

Hasta al hombre más poderoso y protegido del mundo, con el mayor ejército del planeta a su servicio, está batallando hoy contra este pequeño ser. 

Hoy puede ser tu vecino, mañana tu compañero de trabajo y pasado tú mismo quien sume una simple unidad a esa ya millonaria cifra de muertos por la pandemia. 

Y solo quien es capaz de descubrir en cada criatura, en cada acontecimiento, el mensaje de amor de Dios, como nos enseña a hacer San Francisco, puede llamar hermanos al lobo, a la muerte y hasta al hoy famosísimo coronavirus. #FindelHilo

#HilodeMercedes

Antonio Moreno

Te voy a contar hoy la vida de Mercedes. Una de esas mujeres que lo ha dado todo por su familia y por la sociedad. Seguro que la reconoces en alguien cercano. Cuando España está a punto de regular la ley de la #eutanasia creo que es bueno que conozcas su historia #HiloDeMercedes

Lo primero que te voy a desvelar es que su nombre auténtico no es Mercedes. Su padre la registró con el nombre de Libertad, según la costumbre de la España republicana de asignar nombres no religiosos a sus hijos A su madre, Amparo, la política ni le iba ni le venía. Criada en la malagueña plaza de la Merced, era muy devota de Ntra. Sra. de las Mercedes y así llamaba a la niña desde que nació. Esta advocación mariana se veneraba en la Iglesia que daba nombre a la plaza y que fue destruida en la famosa “quema de conventos” de Málaga, en 1931.

Amparo nunca perdonó a su marido que esa noche desapareciera de casa. «Lo que han hecho no tiene perdón de Dios», repetía. Pero él siempre negaba haber tenido nada que ver. Al pobre lo atropelló un tranvía al poco de nacer ella. La joven viuda se tuvo que poner a servir en una casa en el barrio de El Palo para criarla a ella y a su hermano Paquito, mayor que ella dos años y con una discapacidad psíquica. Desde que tiene uso de razón, Mercedes no recuerda otra cosa que trabajar. Dice que nació pegada a una escoba. Siendo muy niña se encargaba de barrer el patio de la casa donde trabajaba su madre y fregaba los cacharros de la cocina. 

Las manitas siempre las tenía ásperas y, en invierno, a veces le salían ampollas, pero no se quejaba. «¡Qué buena y obediente es esta niña!», decían siempre de ella. Recuerda como si fuera ayer el 8 de febrero de 1937. Los señores de la casa donde trabajaba, muy metidos en política, tuvieron que salir huyendo por el pánico a la represión de las tropas franquistas que atacaban la ciudad. Su madre y ella tuvieron que huir también por la carretera de Almería ayudándoles con los bártulos. Fue “la desbandá” recuerda con ojos muy abiertos y tono solemne.

Durante la guerra civil y la posguerra pasó mucha hambre. «Por eso me quedé tan chiquitilla», relata desde sus 1.52 de estatura. Logró sobrevivir gracias a un vecino que era estibador y les traía de vez en cuando un poco de arroz o un poco de trigo que recogía del suelo cuando descargaban los barcos graneleros. A los 16 años comenzó a hablarle Juan, un joven operario de los talleres de La Vers, una industria auxiliar del ferrocarril

Juan tenía planes de emigrar, porque no le gustaba el trabajo manual. Juntos soñaban “hacer las américas”, como se decía entonces, pero los planes se frustraron al quedarse embarazada ella y tener que casarse de urgencia. ¡La de barbaridades que les soltó el cura cuando fueron a pedir que los casara! ¡Qué malaje! ¡Y qué vergüenza pasó! Finalmente la ceremonia se celebró a una hora intempestiva (¡las 7.30 de la mañana!) para que pasara lo más desapercibida posible. No obstante, el día de su boda lo recuerda como el más feliz de su vida. Aunque llovía y el vestido no era blanco, recuerda como en una película a cámara lenta el brillo en los ojos y la sonrisa de su Juan y el sabor del chocolate con churros que se comieron después en Casa Aranda.

La sonrisa en la cara de su ya marido duró poco y apenas unas semanas después de la boda comenzó a maltratarla. Hacía culpables a ella y al bebé de no haber podido cumplir su sueño de hacerse rico en América. Tras una noche de borrachera y la consecuente paliza, Mercedes perdió al niño que esperaban y que se iba a llamar Juan, como su padre. Éste ya no volvió a levantarle la mano, pero desde entonces cayó en un profundo abismo. Vinieron luego 4 hijos más: 3 niños y 1 una niña.

Mercedes continuaba trabajando porque el sueldo del obrero se iba prácticamente entero en costear sus adicciones. Los niños tenían muchos problemas de bronquios y necesitaban medicaciones muy costosas. Pero lo peor eran las noches sin dormir, pendiente de que los niños no se ahogasen. Los inviernos eran horribles. Una noche sí y otra también la pasaba a los pies de la cama de alguno de ellos. Trabajaba limpiando oficinas y haciendo arreglos de costura porque tenía muy buena mano para la máquina de coser. 

Cuando su madre cayó enferma y no podía llevar adelante su casa, Mercedes tenía que ir por las tardes a limpiarle y a prepararle la comida a ella y a su hermano Paquito. A Mercedes le faltaban manos para atender a su marido alcohólico, a sus cuatro hijos, a su madre enferma y a su hermano incapaz de valerse por sí mismo, pero a todos los asistía con una sonrisa: «¡Por ellos, lo que haga falta!», repetía. Nunca se quejaba cuando las vecinas la abordaban diciendo «¡Ay que ver lo que te ha tocado!». Ella siempre respondía con evasivas y disculpaba a todos. Los niños crecieron y se fueron yendo de casa. Los dos mayores, a Suiza; y el tercero, a Alemania.

La pequeña, Carmen, se quedó terminando sus estudios de peluquería.Su casa era una vivienda social de la barriada de Carranque que ya estaba empezando a acusar los años, pero ella siempre decía que las reformas podían esperar, que había otras prioridades. Cuando la situación de su madre se hizo insostenible, se la tuvo que traer a casa, a la habitación de los niños que se había quedado vacía. Su hermano Paquito dormía en el salón. Ella le arreglaba por las noches el sofá-cama con todo su cariño. «¡Si es que mi Paquito es lo más guapo que hay!», le repetía pellizcándole la barbilla. Atendió a su madre hasta que falleció a la vez que trataba de enderezar a su hija que había comenzado a tener malas junteras. 

Eran los años duros de la heroína y la niña pasaba cada vez menos tiempo en casa. Empezaron a desaparecer cosas y Mercedes no podía dejar dinero en su bolso porque volaba. Lo que más le dolió fue cuando se esfumaron los pendientes de oro de su madre… 

Desde el cierre de La Vers, y tras muchos años en paro, su marido cayó en una depresión aún más profunda. Cuando subía del bar, sólo lloraba o dormía. Ella trataba de alegrarle poniéndole las cintas de Juanito Valderrama y Paco Gandía, hasta que un día desapareció también el radio cassette.

Tras una larga temporada huida de casa, la pequeña regresó embarazada de 8 meses. Dio a luz a dos preciosas mellizas que trajeron de nuevo la alegría a la casa: el abuelo empezó a sonreír y Mercedes se desvivía por atenderlas y que no les faltara de nada. “¡Por ellas, lo que haga falta!”, repetía. La cirrosis hepática de su marido comenzó a hacer estragos. Lo acompañó y cuidó durante largas estancias hospitalarias en Carlos Haya hasta que la enfermedad se lo llevó por delante. 

Lo bueno de aquellos días es que por fin bajó a verla su hijo desde Alemania que, como ella decía, era “el más descastado de todos”. Pero en cuanto cobró su parte de la herencia ya no volvió a saber de él ni a recibir una llamada suya. 

Una noche, cuando Mercedes llegaba de trabajar, se encontró con un panorama desolador: su hermano Paquito aporreando la puerta del cuarto de baño llamando a “la niña” y sus dos nietas, que ya habían cumplido 7 años, gritando asustadas porque su madre no salía. Una sobredosis había acabado con la vida de Carmen que, consumida por los efectos de la droga, apenas pesaba ya 35 kilos. En la empresa en la que Mercedes trabajaba de limpiadora, le dejaron a regañadientes unas horas para ir al entierro de su hija y regresar a la faena. “¡En la calle hay cola de mujeres esperando entrar!” le espetó su jefe, que era de Misa diaria. Aunque la pena y la artrosis la consumían, el trabajo nunca fue pesado para ella. Manejaba la mopa con gracia y a veces cuando nadie la veía, tomaba el palo de la fregona como un pie de micro e imaginaba que era una folclórica en el escenario Los dos hijos mayores habían vuelto de Suiza, se habían casado aquí y trabajaban en la empresa textil Intelhorce.

Con muchas dificultades, Mercedes logró sacar adelante a las mellizas. Una se colocó en un supermercado y, la otra montó una peluquería. Desde que se jubiló, se encargaba de recoger a sus otros nietos del colegio, darles de comer y tenerlos en casa toda la tarde de donde los recogían ya sus madres casi de noche Ella lo hacía todo lo bien que sabía, pero sus nueras muchas veces le regañaban porque maleducaba a los nietos, les compraba muchas chucherías y les dejaba ver demasiada tele. 

Tras el cierre de Intelhorce, en 2004, los dos hijos se quedaron en la calle a una edad muy complicada Gracias a su pensión de jubilación, a la de su hermano Paquito y a algunos trabajos de costura que aún le encargaban, mantenía su casa y ayudaba en las de sus hijos. “¡Por ellos, lo que haga falta!”, repetía. Paquito murió hace unos años, sin hacer ruido. Una noche se acostó y ya no se levantó. “¡Se ha ido lo más bonito de mi vida!”, gemía Mercedes en su entierro. Pero las desgracias nunca vienen solas.

Tras venir del cementerio recibió una llamada de su hijo desde Alemania. Ni le preguntó por su tío. Sólo le dijo que se había metido en deudas de juego y que su vida corría peligro. Necesitaba 30.000 euros. Mercedes pasaba las noches en vela pensando de dónde sacar tanto dinero, hasta que encontró la solución: vendería su casa, que se le había quedado grande al estar ya sola, la cambiaría por un piso más pequeño y la diferencia se la mandaría a su hijo. En la inmobiliaria del barrio le hicieron todos los papeles de la compraventa previa suculenta comisión, pero ella consiguió el dinero que necesitaba su hijo. 

En el nuevo piso echaba de menos su antiguo patio, sus geranios, la luz que inundaba la casa por las mañanas… Y al no tener ascensor, no podía venir muy cargada del mercado porque subir la compra a veces era una odisea. Pero la sonrisa no la perdía: “¡Por ellos, lo que haga falta!”, pensaba mientras hacía una parada en el descansillo para coger aire.

Hasta durante el confinamiento iba y venía al supermercado. Sus hijos se ofrecieron a llevarle la compra, pero ella se lo prohibió. Decía que no le tenía miedo al coronavirus, que si no se murió del tifus que cogió de pequeña, no se iba a morir de esto. En realidad, le quería evitar a sus hijos el riesgo, porque ambos sufrían de problemas respiratorios desde chicos. Y no solo compraba para ella, sino que además solía traer algunos recados a su vecina Antonia, que también vivía sola y que era de alto riesgo al ser diabética. 

Hace unas semanas, precisamente subiendo a casa de su vecina Antonia a llevarle un poco de fruta, Mercedes se rompió la cadera. No recuerda más que un crujido y que, tras él, no podía mantenerse en pie, desplomándose escaleras abajo. A sus 89 años, Mercedes apenas ha pisado la consulta del médico. Es un prodigio natural. Si le dolía la cabeza, cantaba una copla; si le dolían los huesos, cantaba dos. “¡Lo barata que le he salido a la Seguridad Social!”, bromeaba tras haber cotizado casi 50 años. Gracias a la hospitalización, le han detectado una afección cardiaca oculta que desaconseja la operación para la colocación de una prótesis. Mercedes no podrá volver a andar… Nunca. A los hijos no les ha sentado nada bien la noticia. «¡Esta mujer es que no tiene cabeza!», le gritan. «¿No sabes que ya no puedes andar por ahí como cuando eras joven?». «¡Qué tenías tú que llevar la compra a nadie!». Mercedes agacha la cabeza y asiente, avergonzada. Se siente culpable. 

Es consciente de que la situación de los hijos es complicada para hacerse cargo de ella. El mayor abrió un bar que le exige trabajar de sol a sol. Ahora le va bien por fin. Se ha comprado un Audi nuevo. Al segundo también le va bien ahora porque se metió en política y consiguió un buen puesto en la administración. Tiene una nueva mujer, una compañera de partido que ha intentado arreglarle la ayuda a la dependencia. A pesar de su influencia, hasta dentro de un año o año y medio no podrán contar con una ayuda a domicilio para cuidarla. Con el de Alemania, no puede contar. En tres días le darán el alta, y Mercedes no sabe aún quién la va a cuidar. Los hijos vienen ya poco y sólo recibe a diario la llamada de sus nietas mayores que no pueden acercarse al hospital al tener niños muy pequeños y vivir lejos. ¡Soy un estorbo! Se repite una y otra vez durante las largas horas de soledad. La otra noche le faltaba la respiración y sentía una opresión en el pecho descomunal, como si tuviera un elefante sentado encima. 

Han tenido que medicarla contra la ansiedad. ¡No está acostumbrada a no hacer nada por los demás y a que se lo hagan todo! Aturdida por los fármacos recuerda escuchar a su hijo hablar con el médico: “a mi madre deberían dejarla ustedes morir en paz, vivir así es un suplicio, que descanse tranquila. ¿No existe ningún modo…?” Ella está también convencida: “Lo mejor que nos puede pasar a todos es que yo me muera –dice–. ¿Para qué vivir siendo un estorbo? ¿Qué va a ser de mis hijos?” 

Gracias a Dios, la solución parece estar cerca. Su nuera se lo ha explicado: «Mercedes, ya no hay que esperar a morir para morirse, como antiguamente. Hay una nueva ley para que los pobres no tengáis que ir a Suiza a hacéroslo». «Yo en su día estaba en contra, por disciplina de partido. Pero mira, cada uno debemos ser libres de elegir cuándo queremos dejar de vivir y que nadie decida por nosotros ¿verdad?». 

A Mercedes no le gustaba mucho la nueva nuera, porque era un poquito pija, pero reconoce que tenía razón. No hay sufrimiento en la muerte cuando el vivir es morir. Mercedes lo tiene claro: un par de mentirijillas en los papeles, unas lagrimitas en la valoración psiquiátrica y hecho. Todo listo para solicitar la “ayuda para morir”. 

Mientras el suero entra en sus venas, Mercedes da gracias a Dios por los “inventos modernos”. Recuerda la escoba con la que barría el patio de casa de los señores, la espantá, los malos tratos, los cinco partos, los pinchazos con la máquina de coser, las noches sin dormir junto a la cama de los niños, las vejaciones de sus jefes, la muerte de Paquito… 

Recuerda cuando desaparecieron los pendientes de oro de su madre, el desprecio de sus nueras, su hija consumida por la droga, cuando dejó su casa de Carranque con sus geranios, aquellas escaleras cargada con la compra, los gritos de sus hijos: “¡esta mujer no tiene cabeza!”… Y con su último latido, un susurro entre sus labios: «¡Por mis hijos, lo que haga falta!» #Findelhilo

#HilodeLolo

¡No te vas a creer lo que acabo de recoger del buzón! Una carta a mi nombre que parece tener cien años. Hace poco han cerrado el viejo edificio de Correos de mi ciudad. Quizá, en la mudanza, ha aparecido detrás de algún estante… Te voy contando en el #HilodeLolo #CentenarioLolo

Tengo las pulsaciones a 120. Mira que hace ilusión hoy en día recibir una carta que no sea de publicidad. Pero esto… 
¡Parece mi carta de Hogwarts! 
Pero no, en el remite no aparece la profesora Minerva McGonagall, sino un señor de Linares, un pueblo de Jaén, con un nombre de lo más corriente: Manuel Lozano Garrido

La verdad es que no tengo ni idea de quién puede ser. No recuerdo a ningún familiar lejano con esos apellidos. 
La carta huele a polvo y humedad ¿Qué misterio esconderá? No quiero abrirla para poder seguir disfrutando de esta sensación de intriga y suspense. 
El sello es ¡de 5 pesetas! Eso es garantía de antigüedad, porque hace ya casi 20 años que desaparecieron en favor del euro 
Le voy a pasar el reconocimiento de imágenes del móvil a ver si me dice de qué año es… 
Voila!


Según este coleccionista es del año 1966. O sea que la carta tiene más de medio siglo. ¡Madre mía! 
¿La abro o no la abro? 
Es que una vez abierta ya pierde la gracia. Escuché una vez que la felicidad está en la antesala de la felicidad. Voy a disfrutar más del momento. 
¿Y si Google me dice algo de mi remitente? 
¡Ahí está! Según el buscador se trata de un escritor. ¡Vamos a saber más de él!

¡Vaya sorpresa! Es todo un personaje. Su entrada en Wikipedia es muy completa, dice que era conocido como Lolo y que, efectivamente, ¡es de Linares! 
Bueno, es no, era, porque murió en 1971, antes de que yo naciera y poco después de enviarme esta carta. ¿Cómo es posible? 
Espera, espera, que hay algo más. Resulta que es beato y que está en proceso de canonización para llegar a ser santo. 
En wikipedia remiten a la «Asociación Amigos de Lolo» en cuya web hay un montón de información sobre él. Voy a informarme. 


El resumen de su vida es de lo más interesante. Periodista y escritor, estuvo en silla de ruedas durante casi 28 años y ciego sus últimos 9. Pero eso no le impidió escribir 9 libros y más de 300 artículos. 
Su enfermedad degenerativa le fue consumiento, pero su fuerza de voluntad se crece ante cada nueva dificultad. 
Cuanto pierde el movimiento de la mano derecha, aprende a escribir con la izquierda o a máquina, cuando no puede sostener el lápiz, se lo ata a la mano y cuando se queda ciego inventa unas guías de madera para escribir los renglones entre los huecos. 

Atento a las nuevas tecnologías, se hizo con un magnetófono para poder grabar sus ideas que luego su hermana o sus amigos pasaban a papel.

Pero empecemos por el principio. Nació en 1920 y, en la década de los 30, se formó en el centro de jóvenes de la Acción Católica. 
El ardor por compartir la alegría que él había encontrado en el Evangelio le marcó desde su juventud.

Siendo un muchacho, en época de persecución religiosa en España, llevaba clandestinamente la Eucaristía a los presos, lo que le costó ser también él encarcelado tres meses. 
En la Guerra Civil española, le tocó combatir en el lado republicano (que defendía un anticlericalismo radical) pero él no tenía problemas en que sus compañeros y mandos lo vieran, por ejemplo, rezando.

Pero en mitad de la guerra, cuando tenía 18 años, comenzaron los primeros síntomas de su enfermedad, por lo que tuvo que abandonar el frente. 
La enfermedad le hizo que tuviera que abandonar también su carrera como maestro y poco a poco se fue convirtiendo en un enfermo dependiente. 
No obstante, nunca perdió la alegría y aceptó como buena la voluntad de Dios para su vida, lo que él mismo titularía: «de profesión, paralítico». 
Son impactantes los testimonios de los médicos que estudiaron su caso. Algunos dicen de él que fue «un dolor viviente», que su enfermedad era «como si tuviera clavado un alfiler en cada célula de su cuerpo». 


No obstante, los que lo conocieron se admiran de su paciencia y alegría contagiosa frente al padecimiento.

Lo llamaron un «Job de nuestro tiempo» y en @LaVanguardia hablaban de él como «una fiesta del dolor» 
Hay gente que cree que los cristianos somos un poco masoquistas, porque siempre ponemos como ejemplo testimonios de gente que sufrió… 
Se equivocan mucho. 
No es que nos guste el dolor, ni sufrir inutilmente, sino que aceptamos que el sufrimiento es inherente a esta vida. ¿O no sufres tú por un simple padrastro? A mí me amarga la vida durante una semana 
La vida está llena de sufrimientos, depende de cómo los afronte cada uno, pero sufrir sufrimos todos. 
Desamor, inquietud ante el futuro, falta de reconocimiento, problemas económicos, baja autoestima… Seguro que tú sabes de esto 

Hay quien hasta se suicida por que le ha dejado el novio o porque lo han echado del trabajo. ¿No hay más motivos para vivir? El testimonio de gente como Lolo nos habla de la belleza de la vida humana, de su dignidad irrenunciable.

Pienso que en estos tiempos de pandemia, conocer su vida puede ayudarnos mucho. ¡Cuánto sufrimiento llevamos y cuánto nos queda por pasar! 
Casi 900.000 muertos en el mundo, más de 25 millones de contagiados, la mayor crisis de la economía global de la historia… 
¿Qué hacemos? ¿Enterrar la cabeza como las avestruces o mirar al frente y ver cómo somos capaces de seguir vivos, con ilusión, con esperanza y buscando la forma de levantarnos tras cada golpe del coronavirus? 
El Evangelio, para quien lo acepta como guía de su vida, es fuente de superación, de resilencia. Conocer a un Dios que ha sufrido como uno más de nosotros te cambia la perspectiva. 
No, ¡Dios no es malo por que exista el sufrimiento! Dios es buenísimo porque, en medio del dolor se viene a sufrir a nuestro lado sin tener por qué. 
Así lo explica el propio Lolo: «Desde que Cristo lloró en un olivar, las lágrimas redimen. Y si no vemos a Cristo delante de nosotros cuando sufrimos, es porque está a nuestro lado llorando también con nosotros». 
Quien lo dice lo sabe por experiencia propia pues estuvo 200.000 horas inmóvil, sin poder siquiera espantar una mosca. ¿Entiendes por qué la fe es un gran regalo? 


Pesaba entre 30 y 35 kilos, y la operación de acostarlo duraba una hora, hasta que su hermana conseguía colocar bien las distintas almohadas en sus doloridos miembros para que pudiera descansar.

Pero el Evangelio le daba las fuerzas para no preocuparse mucho de sí mismo, sino del dolor del mundo en el que vivía. 
Así pues, sus artículos eran muy comprometidos con la justicia social. 
Como gran conocedor de la Doctrina Social de la Iglesia, defendía a los obreros, a los más débiles, frente a los explotadores o a las leyes injustas. 
Escribió en muchos medios conocidos todavía hoy como como @ideal_jaen @DiarioJAENes @Revista21 @Revista_VN… 
Su denuncia profética le llevó a recibir algún que otro duro aviso desde algún estamento político durante el régimen de Franco. 
Consiguió muchos premios literarios, incluso fue nominado al prestigioso premio Nadal, pero el premio que más ilusión le hizo fue… 
¡El premio BRAVO, que da la Conferencia Episcopal! Fue el primer periodista en recibirlo. Wow, esto tiene mucho significado para mí. 
No aguanto más, la abro.  


No salgo de mi asombro. 
El sobre contiene una hoja mecanografiada con la «oración del periodista» firmada por él. Parece como si la hubieran sacado de un archivador y hecho algunas correcciones a mano antes de enviármela.

La oración habla de mi profesión, de la suya y de la de tantos otros compañeros que tratamos de contar al mundo con honestidad lo que sucede, y le pide al Señor abundantes gracias. 
Le pide para nosotros sabiduría, ternura, prudencia, justicia, valentía, don de consejo, optimismo, luz, fe y alegría. 
Me quedo con una frase que viene que ni pintada en estos momentos. Dice «Que cuando las masas griten y suenen puñetazos en las cafeterías, él (el/la periodista) hable con un vaso en la palma y el agua esté serena como la faz de un lago». 
Cuánta falta hace en momentos como los que estamos viviendo que los periodistas seamos moderados, que no nos dejemos llevar ni por unos ni por otros, que llamemos a la calma y al diálogo, que no seamos profetas de calamidades sino sembradores de esperanza. 
¡La carta está escrita hace 50 años para ser leída en nuestra realidad! 
Lolo tenía pasión por el periodismo y por los periodistas. Escribió un «decálogo del periodista» del que el papa Francisco se hizo eco el año pasado. Puedes leerlo aquí
vatican.va/content/france…
Y no solo eso, sino que fundó los grupos de oración Sinaí. Cada grupo estaba formado por 12 enfermos y un monasterio de clausura y a cada grupo le encomendaba la oración y el ofrecimiento de sus dolores por un determinado medio de comunicación. 


Benedicto XVI dijo que los periodistas podíamos encontrar en Lolo «un testimonio elocuente del bien que se puede hacer cuando la pluma refleja la grandeza del alma y se pone al servicio de la verdad y las causas nobles”

Alto, porque creo que estoy cayendo en un defecto que él mismo critica, el de elevar los hechos de la vida de los santos a tanta altura, que pareciera inalcanzable. 
¡Claro que no todo era perfecto en él! ¿Pecados? Por supuesto que tenía, debilidades y luchas contra sí mismo. 
Él mismo habla de sus fallos ¡Y ahí radica su grandeza, como en la de todos los santos, que su naturaleza es humana y por lo tanto pecadora! 
Escribió que «las criaturas que escenifican la dura pelea de sus tendencias corporales y espirituales junto al Ángel de Dios que asalta y coopera, están más cerca de la trayectoria dramática de la perfección que los relatos dulzones de las vidas de los santos». 
«Al santo –continúa Lolo– nos lo han presentado como una criatura rotunda y mitológica, sin escalones ni tendencias, que rueda por las páginas con esa limpia extrañeza de una raza Watusi, al margen de nuestra talla usual». 
Y termina diciendo: «La verdad es que a estos varones que ya son insuperables desde chicos se les acompaña con la desilusión y el desaliento de una copia imposible». 
¡Cuánta razón tiene Lolo! ¡Cuánto mal hacen algunas biografías de santos inimitables! ¡Y cuánto bien me hace escuchar los pecados de los santos porque me hace albergar la esperanza de serlo yo también algún día! 

Lo veo tan lejos y tan difícil, pero ¿y si el Señor me tiene misericordia y me quiere santo a pesar de mis pecados, que son negros como el tizón? ¿Y si donde abundó el pecado sobreabundó la gracia? 
Al fin y al cabo, sólo el Señor es el Santo, Santo, Santo. 
Pero me llama, me llama y me llama… 
y te llama, te llama y te llama. 

Por nuestro bautismo fuimos hechos ¡hijos de Dios! Miembros del pueblo santo, sacerdotes, profetas y reyes. Desde ese día estás llamado a ser santo, estás llamada a ser santa. 
¿Y sabes qué pasó un día como hoy hace 100 años? Pues que nuestro querido Lolo, beato Lolo, pronto quizá San Lolo, recibió el bautismo en su Linares natal. 
¿No es precioso el mensaje que nos ha mandado hoy, un siglo después? 
Hoy hemos recibido esa llamada a la santidad en forma de carta. Venía a mi dirección, pero Lolo sabía bien que yo no me iba a poder quedar callado y que la iba a compartir contigo. 

Que no te quepa duda de que no hemos recibido la carta de un muerto, sino de un vivo que disfruta ahora plenamente de lo que el Señor le regaló ya en esta vida ¡La fe! 
Porque siendo ciego, veía mejor que nosotros 
Porque no pudiendo mover sus miembros, tocaba mejor la realidad que tú y que yo. 
Porque siendo nada para el mundo, lo era todo para los suyos y para Dios. 
Porque sufriendo dolor en el cuerpo, recibía un inigualable gozo en el alma. 
Porque sin poder escribir a máquina, se hizo él mismo máquina de escribir en manos del Espíritu Santo. 

Se dejó golpear por su enfermedad, letra a letra, tipo a tipo, en un martillear incesante de casi 30 años que arroja miles y miles de páginas llenas de alegría y de luz. 
Páginas de carne como la propia vida de Lolo y páginas de papel como la que tú y yo hemos recibido hoy. 
50 años ha estado esta carta esperándonos en algún sucio y oscuro rincón para sacarnos ahora de la oscuridad con este rayo de luz que es Manuel Lozano Garrido 
Ojalá en cada golpe de la vida, en cada golpe de esta maldita pandemia, podamos sentir, como Lolo, que Dios está escribiendo sobre nosotros, que no nos ha abandonado y que, como toda buena carta de amor, acabará con un enorme TE QUIERO. #FINDELHILO 

P.D. Hoy comienzan en Linares los actos por el centenario del beato Lolo. Te invito a seguir todas las actividades y a participar en ellas. Tienes toda la información en www.amigosdelolo.com 

Si te ha gustado este hilo, puede que te gusten también los 40 publicados en el libro «La Caja de los hilos». Más abajo tienes cómo conseguirlo…