
Quizá ni la propia Rosalía sabe la cantidad de citas bíblicas a las que remite su tema «Dios es un stalker». Salmos, profecías, cartas de San Pablo, palabras de Jesús y de los santos sustentan una letra doctrinalmente impecable. Te las desvelo en este #HilodeLUX
Si no conoces aún la canción, aquí la tienes. Pertenece a su último álbum, “LUX», y, en ella, la cantante pone voz a Dios en una auténtica declaración de amor al oyente. Esto es lo que te dice:
https://www.youtube.com/embed/fLmQbJ4SDTA
Dios se revela como un «stalker», del verbo “to stalk” (acechar, seguir a una persona sin ser vista). Es una palabra que, en la cultura digital, hace referencia a espiar las redes sociales de una persona sobre la que se tiene interés (normalmente amoroso) para conocerlo mejor.
El texto bíblico que más se le asemeja para quien tenga cierto conocimiento de Sagrada Escritura es el salmo 139 en el que David canta a la omniscencia y omnipresencia de Dios.
Pero vamos a ir paso a paso citando frases concretas de la Biblia. Por cuestión de espacio, las resumiré, pero si te producen curiosidad las puedes leer enteras buscando por libro, número de capítulo y de versículo en la Biblia oficial de la CEE: https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/
Vamos con la primera estrofa de la canción:

“Dios es un stalker” comienza hablando de la omnipresencia de Dios. Da igual adónde vayas: aunque no te enteres de su presencia, Él esta a tu lado.
Como decía antes, en el Salmo 139 (3.5) David lo expresa así: «distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares (…) me estrechas detrás y delante, me cubres con tu palma».
Y sigue (7-10): «¿Adónde iré lejos de tu aliento, adónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro; si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar, allí me alcanzará tu izquierda».
¡Un stalkeo en toda regla, vamos!
En la misma línea, Deuteronomio 32,10-11, afirma que Dios, a su pueblo (a ti y a mí), “lo rodeó cuidando de él y lo guardó como a las niñas de sus ojos”.
En la canción, Dios se define como “tu sombra”, algo que no se separa de ti, como un tatuaje; o también como alguien que no puede olvidarse de ti, como una madre respecto a su hijo recién nacido.
Esta imagen la podemos encontrar en el profeta Isaías 49,15-16: «¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré. Mira, te llevo tatuada en mis palmas».
También el Salmo 121 (3-6) detalla el férreo marcaje al que te somete Dios: «No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche»
Y sigue (7-8): «El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre».
Vamos con la segunda tanda en la que Dios explica el motivo de esa especie de obsesión que tiene por ti. Él te ha pensado, te ha creado por amor y anhela ser correspondido. Atenta:

Así expresa el profeta Jeremías (1, 5) cómo Dios lo ha “pensao”: «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré»; o, San Pablo, a los Efesios (1,4): «Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo».
¿Y lo de “te he extrañado”? ¿Puede Dios extrañar a alguien o anhelar ser amado por alguien? ¿No parecería como un defecto, una imperfección que no sería propia de un Dios todopoderoso y perfecto?
Pero es que, en cierta medida, así es el Dios revelado en Jesucristo si atendemos a las parábolas con las que hace referencia al amor a sus criaturas, sobre todo a las que más se han alejado de él en Lucas 15: la oveja y la moneda perdida, o la archiconocida del hijo pródigo.
Son parábolas que explican que Dios, por ti, lo dejaría todo. Anhela tanto tu amor que, aunque lo hayas abandonado, él te sigue esperando.
Mientras tanto, continuamos desgranando una letra que, de nuevo, nos remite a cantidad de fuentes bíblicas.

En cuanto a su capacidad para conocer “tus deseos indeseables”, volvemos al Salmo 139 (1-2): «Señor, tú me sondeas y me conoces. Me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos»
También si nos vamos al libro de Job (34,21): «Dios vigila el camino del hombre, sigue atento todos sus pasos; no hay sombra ni espesa tiniebla donde pueda esconderse el malvado».
O, el propio Jesús, en el Evangelio de San Lucas 8, 17: «Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público».
También en el de San Mateo (6,17-18): «Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».
La imagen del aliento de Dios como «el viento que te roza el pelo» también es muy sugerente desde el relato de la Creación, en el Génesis (2,7): «Entonces el Señor Dios modeló al hombre del polvo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo»
Pasando por el episodio en el que Elías buscaba al Señor que no estaba en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en «el susurro de una brisa suave» como recoge el primer libro de Reyes (19,11-13)
Dice Rosalía que el motivo del stalkeo es “por amor”, pero no confundamos el empeño amoroso de Dios por sus criaturas con el egoísmo de un fanático o un loco que busca satisfacer sus deseos, sino todo lo contrario.
Lo explica otra cita de la que parece beber la canción. Es de San Pablo a los Romanos (8,35) a quienes les pregunta: «¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?».
Y continúa en 38-39: «Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor».
El amor de Dios, por tanto, es tan generoso y falto de interés como el que manifestó Jesucristo muriendo en la cruz por cada hombre y mujer. Y es que «nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Juan 15, 13).
Entramos de lleno en el estribillo que explica el juego de seducción de Dios que quiere ser amado porque sabe que, en esa correspondencia amorosa, encontrarás tu felicidad, aunque no quiere forzarte para que sea un amor verdadero, libre.

Es lo que le pasó al profeta Jeremías (20,7) cuando el Señor le tiró la caña una vez y él lo rechazó, aunque, tras su insistencia, le contestó: «me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; has sido más fuerte que yo y me has podido».
Y es que, le dice San Pablo a Timoteo en su primera carta (2,4), el Señor «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad».
Él espera que vayas a Él como dice en Mateo 11,28-30: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré».
Pero quiere que vayas no de forma interesada, como en un matrimonio de conveniencia, sino como los verdaderos enamorados que no encuentran explicación a su amor. Por eso no le gusta “hacer intervención divina” que te obligaría a creer en Él.
Que esto es así lo vemos cuando Jesús se resistió como pudo antes de convertir el agua en vino en las bodas de Caná (Juan 2,3-4): «faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: “No tienen vino”. Jesús le dice: “Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora”».
Por su parte, Marcos (8, 11-12) nos cuenta cuando los fariseos, para poner a prueba a Jesús, «le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo: “¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación”».
A algunos les puede sorprender que Rosalía use un lenguaje de seducción amorosa para hablar de la existencia de Dios, pero lo cierto es que es este lenguaje el que mejor puede definir la experiencia de creer, que no es un simple conocimiento científico sino del corazón.
Dios quiere encontrarse con cada hombre, con cada mujer. Y, en este sentido, el lenguaje de seducción amorosa de Dios queda perfectamente recogido en el libro del Cantar de los Cantares donde se establece un diálogo de amantes entre Dios (que no es ni hombre ni mujer) y tú.
Por ejemplo en Cantar 1, 1-3: «¡Béseme con los besos de su boca! ¡Tus amores son más dulces que el vino! ¡Qué exquisito el olor de tus perfumes; aroma que se expande es tu nombre; por eso te aman las doncellas!»
y en 1,4: «Llévame contigo, ¡corramos!; condúzcame el rey a su alcoba; disfrutemos y gocemos juntos»
¿Y en cuanto al cariñoso y posesivo “mi baby”?
Pues también lo repite más de 30 veces el libro del Cantar, a su manera, cuando habla de “mi amado” o “amada mía”, por ejemplo, en 6,3: «Mi amado es mío y yo suya, ¡se deleita entre las rosas!»
Seguimos con un poco más de letra. Esta vez más difícil de descifrar:

Habría que preguntarle a la artista, pero con ese querer a su “manera, aquí y adonde sea” ¿No estará reflexionando sobre el problema del mal en el mundo por el que tantos no pueden creer en Él?
Muchos se preguntan: “si Dios nos quiere, ¿por qué las guerras, las catástrofes, las enfermedades en niños…? ¡Qué manera más cruel de querer! ¿Por qué me pasan cosas que no me gustan si Dios se supone que es bueno y lo puede todo?
En este sentido, la tradición se apoya en la fe en que Dios, que es el “dueño del mundo y de las ideas” permite el mal para sacar de él un mayor bien.
Eso lo sabe cualquiera que haya cumplido años y, mirando hacia atrás haya visto como aquel fracaso o hecho dramático del ayer es el origen de un bien del que disfrutamos hoy. Por ello no debemos juzgarlo sino confiar en que Él, que nos ama, sabrá sacar, del mal, un bien mayor.
«Porque –dice Isaías (55,8)– mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos».
Y San Pablo a los Romanos (11,33-34): «¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! En efecto, ¿quién conoció la mente del Señor?»
San Agustín, en su sermón 52 nos explica así la imposibilidad de meter a Dios en nuestra cabeza: «Entonces, ¿qué podemos decir, hermanos, de Dios? Si lo que quieres decir lo has comprendido, no es Dios; si pudiste como comprenderlo, has comprendido otra cosa en lugar de Dios».
Y sigue: «Si crees haberlo comprendido, te dejaste engañar por tu imaginación. Si lo has comprendido, entonces no es Dios; si en verdad se trata de él, no lo has comprendido. ¿Cómo, pues, quieres hablar de lo que no has podido comprender?»
Y es que la discreción, la no intervención ante el sufrimiento humano, el llamado silencio de Dios nos “golpea”, afirma Rosalía.
Lo experimentó el propio Jesus en la cumbre de su humanidad cuando, clavado en la cruz, recitó parte del salmo 22,2:
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? A pesar de mis gritos, no acudes a salvarme; Dios mío, de día te llamo y tú no respondes; de noche, y tú no me haces caso»
Este silencio que experimentamos lleva a la “noche oscura” de la que hablan los místicos y que la propia Rosalía cantó aquí en boca de San Juan de la Cruz.
https://www.youtube.com/embed/6s-MQzPZ6IE
El santo describe en ese cántico sublime esa respuesta de amor de quien se siente amado por Dios aunque no lo vea, aunque no lo entienda, por que “es de noche”. Y es que Dios, como buen stalker, no se deja ver pero eso no significa que no nos ame.
Él, que es “el dueño del mundo y de las ideas” como en el Apocalipsis (1,8). «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y ha de venir, el todopoderoso», sabrá hacer brotar, a su debido tiempo, el bien del mal.
Sus mejores promesas son, de hecho, como recogen las bienaventuranzas (Mateo 5, 1-12) para los pobres, para los que lloran, para los que tienen hambre y sed de justicia, para los perseguidos…
«Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo» dice. Habrá que esperar, por tanto, a ver el final de la historia.
Rosalía sigue explicando cómo es Dios en sus siguientes versos.

Y lo hace con un tono de cierto desprecio. La artista manifiesta el hartazgo de Dios hacia quienes lo buscan solo con intereses egoístas y le llenan el buzón de peticiones.
La Epístola de Santiago (4,3) lo explica así: «Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones».
Que Dios viva en el cielo es de todos conocido, pero ¿y eso del diablo “pressed” (presionado, apretado)?
Lo explica el mismo Jesús en Mateo 12, 28 cuando, al curar a un endemoniado, lo acusan de complicidad con el diablo.
Él les responde que todo lo contrario, pues lo tiene “atado”: «si yo expulso a los demonios por el Espíritu de Dios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios. ¿Cómo podrá uno entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse su ajuar, si no ata primero al fuerte?».
Y Marcos (1, 27) cuenta que, tras expulsar a otro demonio, «todos se preguntaron estupefactos: “¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen»
Y es que, aunque el diablo seguirá actuando hasta el fin de los tiempos, Dios lo tiene atado, está “pressed” bajo su dominio y lo obedece.
Dios es un stalker sigue dándonos datos sobre cómo nos corteja su protagonista en la siguiente estrofa:

Las carreras con el tiempo pueden hacer referencia a que la pregunta sobre Dios tiene que llegar antes o después en la historia de cada ser humano.
Él espera, paciente, porque es eterno, la dimensión temporal no le afecta como nos explica el samo 90 (2): «Antes que naciesen los montes o fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios».
Y continúa (3-4): «Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: “Retornad, hijos de Adán”. Mil años en tu presencia son un ayer que pasó; una vela nocturna».
Y, finalmente, en el versículo 12: «Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato».
A unos, la pregunta les cuestiona desde pequeños, pero otros es solo cuando llegan a viejos y empiezan a verle las orejas al lobo cuando comienzan a preguntarse sobre Dios.
El amor de Dios, continúa la letra, no es como el de “una zorra de un momento”, sino que es un amor fiel, para siempre.
Te lo dice San Mateo en el final de su evangelio (28,20): «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».
Y la imagen del “laberinto del que no puedes salir” (la cuestión sobre Dios siempre interpela siempre al hombre, aunque no quiera, en cualquier circunstancia histórica o cultural), te la deja también el libro de los Hechos de los Apóstoles.
La explicación te la ofrece concretamente San Pablo, ante el altar al Dios desconocido en Hechos 17, 28 cuando dice que «en él vivimos, nos movemos y existimos». Y es que no puedes huir de Él pues tú eres en tanto en cuanto Él es.
En las últimas frases del single, Rosalía lleva hasta el extremo el antropomorfismo divino aplicándole verbos que vuelven a denotar imperfección o debilidad como “acostumbrarse”, “agotarse”…

Es un Dios que se vuelve a quejar de que todo el mundo lo reclama, cansado de estar siempre pendiente de los que lo buscan solo para pedirle cosas cuando lo que Él busca es el amor gratuito de sus hijos.
Así lo dice en Isaías 1,14-15: «Vuestros novilunios y solemnidades los detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más. Cuando extendéis las manos me cubro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé».
El amor verdadero lo quiere vivir con toda la pasión de los amantes usando palabras fuertes como “secuestrar” o “perseguir sin piedad”. Así hizo con Jonás, como relatan los dos primeros capítulos del libro que lleva su nombre.
Queriendo huir de la misión que Dios le había encomendado, y habiendo caído al agua, el Señor lo “secuestró” en el vientre de un gran pez durante tres días hasta que finalmente este lo vomitó en tierra firme.
Dios nos persigue “sin piedad” porque de Él es la iniciativa. El autor de la 1ª Epístola de San Juan lo explica: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados».
Y eso es todo. Espero que te haya gustado este recorrido por las fuentes bíblicas de una canción con la que Rosalía actualiza realmente el núcleo del mensaje del Evangelio: el amor entrañable de Dios por cada una de sus criaturas.
No sé si mi interpretación responde a lo que ella había pensado cuando creó el tema, pero puede decirse sin lugar a dudas que “Dios es un stalker”, si se entiende y se explica bien, es un auténtico primer anuncio del “kerygma” válido para los jóvenes y los tiempos de hoy.
Así que, como creyente, no puedo más que dar gracias a Dios por haber inspirado esta canción y darle gracias a la artista porque con su LUX, como dice el salmo 36,10 «nos haces ver la luz». #FindelHilodeLUX
