#HilodeLolo

¡No te vas a creer lo que acabo de recoger del buzón! Una carta a mi nombre que parece tener cien años. Hace poco han cerrado el viejo edificio de Correos de mi ciudad. Quizá, en la mudanza, ha aparecido detrás de algún estante… Te voy contando en el #HilodeLolo #CentenarioLolo

Tengo las pulsaciones a 120. Mira que hace ilusión hoy en día recibir una carta que no sea de publicidad. Pero esto… 
¡Parece mi carta de Hogwarts! 
Pero no, en el remite no aparece la profesora Minerva McGonagall, sino un señor de Linares, un pueblo de Jaén, con un nombre de lo más corriente: Manuel Lozano Garrido

La verdad es que no tengo ni idea de quién puede ser. No recuerdo a ningún familiar lejano con esos apellidos. 
La carta huele a polvo y humedad ¿Qué misterio esconderá? No quiero abrirla para poder seguir disfrutando de esta sensación de intriga y suspense. 
El sello es ¡de 5 pesetas! Eso es garantía de antigüedad, porque hace ya casi 20 años que desaparecieron en favor del euro 
Le voy a pasar el reconocimiento de imágenes del móvil a ver si me dice de qué año es… 
Voila!


Según este coleccionista es del año 1966. O sea que la carta tiene más de medio siglo. ¡Madre mía! 
¿La abro o no la abro? 
Es que una vez abierta ya pierde la gracia. Escuché una vez que la felicidad está en la antesala de la felicidad. Voy a disfrutar más del momento. 
¿Y si Google me dice algo de mi remitente? 
¡Ahí está! Según el buscador se trata de un escritor. ¡Vamos a saber más de él!

¡Vaya sorpresa! Es todo un personaje. Su entrada en Wikipedia es muy completa, dice que era conocido como Lolo y que, efectivamente, ¡es de Linares! 
Bueno, es no, era, porque murió en 1971, antes de que yo naciera y poco después de enviarme esta carta. ¿Cómo es posible? 
Espera, espera, que hay algo más. Resulta que es beato y que está en proceso de canonización para llegar a ser santo. 
En wikipedia remiten a la «Asociación Amigos de Lolo» en cuya web hay un montón de información sobre él. Voy a informarme. 


El resumen de su vida es de lo más interesante. Periodista y escritor, estuvo en silla de ruedas durante casi 28 años y ciego sus últimos 9. Pero eso no le impidió escribir 9 libros y más de 300 artículos. 
Su enfermedad degenerativa le fue consumiento, pero su fuerza de voluntad se crece ante cada nueva dificultad. 
Cuanto pierde el movimiento de la mano derecha, aprende a escribir con la izquierda o a máquina, cuando no puede sostener el lápiz, se lo ata a la mano y cuando se queda ciego inventa unas guías de madera para escribir los renglones entre los huecos. 

Atento a las nuevas tecnologías, se hizo con un magnetófono para poder grabar sus ideas que luego su hermana o sus amigos pasaban a papel.

Pero empecemos por el principio. Nació en 1920 y, en la década de los 30, se formó en el centro de jóvenes de la Acción Católica. 
El ardor por compartir la alegría que él había encontrado en el Evangelio le marcó desde su juventud.

Siendo un muchacho, en época de persecución religiosa en España, llevaba clandestinamente la Eucaristía a los presos, lo que le costó ser también él encarcelado tres meses. 
En la Guerra Civil española, le tocó combatir en el lado republicano (que defendía un anticlericalismo radical) pero él no tenía problemas en que sus compañeros y mandos lo vieran, por ejemplo, rezando.

Pero en mitad de la guerra, cuando tenía 18 años, comenzaron los primeros síntomas de su enfermedad, por lo que tuvo que abandonar el frente. 
La enfermedad le hizo que tuviera que abandonar también su carrera como maestro y poco a poco se fue convirtiendo en un enfermo dependiente. 
No obstante, nunca perdió la alegría y aceptó como buena la voluntad de Dios para su vida, lo que él mismo titularía: «de profesión, paralítico». 
Son impactantes los testimonios de los médicos que estudiaron su caso. Algunos dicen de él que fue «un dolor viviente», que su enfermedad era «como si tuviera clavado un alfiler en cada célula de su cuerpo». 


No obstante, los que lo conocieron se admiran de su paciencia y alegría contagiosa frente al padecimiento.

Lo llamaron un «Job de nuestro tiempo» y en @LaVanguardia hablaban de él como «una fiesta del dolor» 
Hay gente que cree que los cristianos somos un poco masoquistas, porque siempre ponemos como ejemplo testimonios de gente que sufrió… 
Se equivocan mucho. 
No es que nos guste el dolor, ni sufrir inutilmente, sino que aceptamos que el sufrimiento es inherente a esta vida. ¿O no sufres tú por un simple padrastro? A mí me amarga la vida durante una semana 
La vida está llena de sufrimientos, depende de cómo los afronte cada uno, pero sufrir sufrimos todos. 
Desamor, inquietud ante el futuro, falta de reconocimiento, problemas económicos, baja autoestima… Seguro que tú sabes de esto 

Hay quien hasta se suicida por que le ha dejado el novio o porque lo han echado del trabajo. ¿No hay más motivos para vivir? El testimonio de gente como Lolo nos habla de la belleza de la vida humana, de su dignidad irrenunciable.

Pienso que en estos tiempos de pandemia, conocer su vida puede ayudarnos mucho. ¡Cuánto sufrimiento llevamos y cuánto nos queda por pasar! 
Casi 900.000 muertos en el mundo, más de 25 millones de contagiados, la mayor crisis de la economía global de la historia… 
¿Qué hacemos? ¿Enterrar la cabeza como las avestruces o mirar al frente y ver cómo somos capaces de seguir vivos, con ilusión, con esperanza y buscando la forma de levantarnos tras cada golpe del coronavirus? 
El Evangelio, para quien lo acepta como guía de su vida, es fuente de superación, de resilencia. Conocer a un Dios que ha sufrido como uno más de nosotros te cambia la perspectiva. 
No, ¡Dios no es malo por que exista el sufrimiento! Dios es buenísimo porque, en medio del dolor se viene a sufrir a nuestro lado sin tener por qué. 
Así lo explica el propio Lolo: «Desde que Cristo lloró en un olivar, las lágrimas redimen. Y si no vemos a Cristo delante de nosotros cuando sufrimos, es porque está a nuestro lado llorando también con nosotros». 
Quien lo dice lo sabe por experiencia propia pues estuvo 200.000 horas inmóvil, sin poder siquiera espantar una mosca. ¿Entiendes por qué la fe es un gran regalo? 


Pesaba entre 30 y 35 kilos, y la operación de acostarlo duraba una hora, hasta que su hermana conseguía colocar bien las distintas almohadas en sus doloridos miembros para que pudiera descansar.

Pero el Evangelio le daba las fuerzas para no preocuparse mucho de sí mismo, sino del dolor del mundo en el que vivía. 
Así pues, sus artículos eran muy comprometidos con la justicia social. 
Como gran conocedor de la Doctrina Social de la Iglesia, defendía a los obreros, a los más débiles, frente a los explotadores o a las leyes injustas. 
Escribió en muchos medios conocidos todavía hoy como como @ideal_jaen @DiarioJAENes @Revista21 @Revista_VN… 
Su denuncia profética le llevó a recibir algún que otro duro aviso desde algún estamento político durante el régimen de Franco. 
Consiguió muchos premios literarios, incluso fue nominado al prestigioso premio Nadal, pero el premio que más ilusión le hizo fue… 
¡El premio BRAVO, que da la Conferencia Episcopal! Fue el primer periodista en recibirlo. Wow, esto tiene mucho significado para mí. 
No aguanto más, la abro.  


No salgo de mi asombro. 
El sobre contiene una hoja mecanografiada con la «oración del periodista» firmada por él. Parece como si la hubieran sacado de un archivador y hecho algunas correcciones a mano antes de enviármela.

La oración habla de mi profesión, de la suya y de la de tantos otros compañeros que tratamos de contar al mundo con honestidad lo que sucede, y le pide al Señor abundantes gracias. 
Le pide para nosotros sabiduría, ternura, prudencia, justicia, valentía, don de consejo, optimismo, luz, fe y alegría. 
Me quedo con una frase que viene que ni pintada en estos momentos. Dice «Que cuando las masas griten y suenen puñetazos en las cafeterías, él (el/la periodista) hable con un vaso en la palma y el agua esté serena como la faz de un lago». 
Cuánta falta hace en momentos como los que estamos viviendo que los periodistas seamos moderados, que no nos dejemos llevar ni por unos ni por otros, que llamemos a la calma y al diálogo, que no seamos profetas de calamidades sino sembradores de esperanza. 
¡La carta está escrita hace 50 años para ser leída en nuestra realidad! 
Lolo tenía pasión por el periodismo y por los periodistas. Escribió un «decálogo del periodista» del que el papa Francisco se hizo eco el año pasado. Puedes leerlo aquí
vatican.va/content/france…
Y no solo eso, sino que fundó los grupos de oración Sinaí. Cada grupo estaba formado por 12 enfermos y un monasterio de clausura y a cada grupo le encomendaba la oración y el ofrecimiento de sus dolores por un determinado medio de comunicación. 


Benedicto XVI dijo que los periodistas podíamos encontrar en Lolo «un testimonio elocuente del bien que se puede hacer cuando la pluma refleja la grandeza del alma y se pone al servicio de la verdad y las causas nobles”

Alto, porque creo que estoy cayendo en un defecto que él mismo critica, el de elevar los hechos de la vida de los santos a tanta altura, que pareciera inalcanzable. 
¡Claro que no todo era perfecto en él! ¿Pecados? Por supuesto que tenía, debilidades y luchas contra sí mismo. 
Él mismo habla de sus fallos ¡Y ahí radica su grandeza, como en la de todos los santos, que su naturaleza es humana y por lo tanto pecadora! 
Escribió que «las criaturas que escenifican la dura pelea de sus tendencias corporales y espirituales junto al Ángel de Dios que asalta y coopera, están más cerca de la trayectoria dramática de la perfección que los relatos dulzones de las vidas de los santos». 
«Al santo –continúa Lolo– nos lo han presentado como una criatura rotunda y mitológica, sin escalones ni tendencias, que rueda por las páginas con esa limpia extrañeza de una raza Watusi, al margen de nuestra talla usual». 
Y termina diciendo: «La verdad es que a estos varones que ya son insuperables desde chicos se les acompaña con la desilusión y el desaliento de una copia imposible». 
¡Cuánta razón tiene Lolo! ¡Cuánto mal hacen algunas biografías de santos inimitables! ¡Y cuánto bien me hace escuchar los pecados de los santos porque me hace albergar la esperanza de serlo yo también algún día! 

Lo veo tan lejos y tan difícil, pero ¿y si el Señor me tiene misericordia y me quiere santo a pesar de mis pecados, que son negros como el tizón? ¿Y si donde abundó el pecado sobreabundó la gracia? 
Al fin y al cabo, sólo el Señor es el Santo, Santo, Santo. 
Pero me llama, me llama y me llama… 
y te llama, te llama y te llama. 

Por nuestro bautismo fuimos hechos ¡hijos de Dios! Miembros del pueblo santo, sacerdotes, profetas y reyes. Desde ese día estás llamado a ser santo, estás llamada a ser santa. 
¿Y sabes qué pasó un día como hoy hace 100 años? Pues que nuestro querido Lolo, beato Lolo, pronto quizá San Lolo, recibió el bautismo en su Linares natal. 
¿No es precioso el mensaje que nos ha mandado hoy, un siglo después? 
Hoy hemos recibido esa llamada a la santidad en forma de carta. Venía a mi dirección, pero Lolo sabía bien que yo no me iba a poder quedar callado y que la iba a compartir contigo. 

Que no te quepa duda de que no hemos recibido la carta de un muerto, sino de un vivo que disfruta ahora plenamente de lo que el Señor le regaló ya en esta vida ¡La fe! 
Porque siendo ciego, veía mejor que nosotros 
Porque no pudiendo mover sus miembros, tocaba mejor la realidad que tú y que yo. 
Porque siendo nada para el mundo, lo era todo para los suyos y para Dios. 
Porque sufriendo dolor en el cuerpo, recibía un inigualable gozo en el alma. 
Porque sin poder escribir a máquina, se hizo él mismo máquina de escribir en manos del Espíritu Santo. 

Se dejó golpear por su enfermedad, letra a letra, tipo a tipo, en un martillear incesante de casi 30 años que arroja miles y miles de páginas llenas de alegría y de luz. 
Páginas de carne como la propia vida de Lolo y páginas de papel como la que tú y yo hemos recibido hoy. 
50 años ha estado esta carta esperándonos en algún sucio y oscuro rincón para sacarnos ahora de la oscuridad con este rayo de luz que es Manuel Lozano Garrido 
Ojalá en cada golpe de la vida, en cada golpe de esta maldita pandemia, podamos sentir, como Lolo, que Dios está escribiendo sobre nosotros, que no nos ha abandonado y que, como toda buena carta de amor, acabará con un enorme TE QUIERO. #FINDELHILO 

P.D. Hoy comienzan en Linares los actos por el centenario del beato Lolo. Te invito a seguir todas las actividades y a participar en ellas. Tienes toda la información en www.amigosdelolo.com 

Si te ha gustado este hilo, puede que te gusten también los 40 publicados en el libro «La Caja de los hilos». Más abajo tienes cómo conseguirlo…

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