#HiloDelRocío

Qué pena que celebremos hoy la 3ª fiesta cristiana más importante (rivalizando con la Navidad en la 2ª posición) y sea tan desconocida para tantos. Por eso quiero explicar algunas cosas de ella con la ayuda de María y este #HiloDelRocío #Pentecostés #EspírituSanto #Rocio2019
Hoy es el domingo de Pentecostés que marca el final de la cincuentena pascual, el tiempo litúrgico que sigue a la fiesta más importante del año para los cristianos: la Pascua de Resurrección del Señor.
Pentecostés significa, de hecho quincuagésimo, el día 50.
Los cristianos conmemoramos el envío del Espíritu Santo sobre los discípulos reunidos. Pero, si leemos el libro de los Hechos de los Apóstoles que narra el episodio, ya dice que este sucedió “al llegar el día de Pentecostés”.
O sea, que la fiesta ya existía antes, pero con un significado distinto que ya estaban celebrando los apóstoles, junto con María, en el cenáculo.
Conocer las costumbres judías que Jesús, María, José y los apóstoles practicaban como buenos judíos, nos puede ayudar mucho a entender qué nos quieren decir hoy aquellos sucesos.
El “Pentecostés” judío se llama también Shavuot (que significa semanas), en referencia a las 7 semanas desde la Pascua, y conmemora la entrega de las tablas de la ley a Israel en el Sinaí tras su salida de Egipto y la elección de este pueblo como la “propiedad personal” de Dios.
También era una fiesta agrícola pues coincidía con la recogida de la cosecha. Esos primeros frutos de la tierra, las primeras “gavillas”, se presentaban en el Templo de Jerusalén. Por eso se llama también la “Fiesta de las Primicias”, que se entregaban a Dios.
El Shavuot era una fiesta judía de primer orden junto al Pesaj (la Pascua, que recuerda la salida de Egipto) y el Sucot (fiesta de las tiendas, que rememora los 40 años en el desierto)
Pesaj, Shavuot y Sucot son los “Shalosh Regalim” las tres peregrinaciones. Las tres fiestas judías más grandes en las que todo Israel peregrinaba al templo de Jerusalén.
Cuando digo todo Israel, digo todo Israel. Dicen que el país se quedaba prácticamente vacío durante estos días puesto que todos los judíos observantes de la ley acudían sin falta a la capital del reino.
Pero conozcamos mejor cómo eran aquellas peregrinaciones y lo vamos a hacer de la mano del Evangelio.
Recordarás, por ejemplo, que Lucas nos cuenta cómo José y María iban “todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua” (Lc 2, 41)
En una de estas, concretamente –narra Lucas– en la del año en que Jesús cumplió los 12, ocurrió el episodio del niño perdido y hallado en el templo.
Ya sabes: la Pascua terminó, los peregrinos emprendieron viaje de regreso, pero Jesús se quedó en Jerusalén.
José y María, “creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino y lo buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarlo se volvieron a Jerusalén en su busca”.
Hoy se nos pierde un niño de vista 5 minutos y nos creemos morir.
Pero Jesús y María (mejores padres no se pueden tener) estaban tranquilos, porque aquella forma de peregrinar era así. Todos eran parientes o conocidos, los niños iban jugando con los primos y los hijos de la vecina, se perdían un rato, y luego te los encontrabas más adelante.
En 2017 tuve la suerte de hacer el Camino de Santiago junto a mi mujer y mis hijos y 1.300 personas más en la gran peregrinación que organizó @ACGevangelizar
El ambiente era estupendo. Jóvenes de parroquias, familias con sus hijos… Los niños se juntaban con los de su edad iban más adelante o más atrás. Se ponían a cantar con unos, a charlar con otros…
Y los padres igual, pero al final, nos encontrábamos todos en la siguiente parada.
Esa peregrinación no fue solo un viaje personal al encuentro con Cristo (que también). Fue un viaje comunitario, como Iglesia, como pueblo de Dios.
No se puede amar a Dios a quien no vemos sin amar al hermano a quien vemos. Por eso, el componente de convivencia que lleva consigo toda peregrinación tiene también un sentido pedagógico muy serio. Buscamos a Dios, pero juntos, como hermanos.
Bueno, y todo esto, ¿a qué venía?😅
¡Ah, ya! Yo estaba explicando que Pentecostés era una fiesta en la que todos peregrinaban a Jerusalén y que por eso estaban allí todos, María y los apóstoles.
Nos lo cuenta también el evangelista Lucas que, por si no lo sabías, es el autor de los Hechos de los Apóstoles.
Y dice que, estando en la ciudad, «de repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban»…
«Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse»…
«Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar a cada uno en su propia lengua».
Impresionante ¿verdad?
Pero, ojo, que te puedes quedar solo en el hecho extraordinario, en los “efectos especiales”.
En ese caso te recomiendo que veas “Vengadores Endgame” que disfrutarás mucho más. Los de Hollywood son los auténticos especialistas en prodigios visuales.
Si lo que quieres, en cambio, es ver el verdadero milagro, el prodigio espiritual que sucedió esa noche, e ir más allá entendiendo lo que Lucas quiere explicar, sigue leyendo.
Porque aquí lo que está ocurriendo es un acontecimiento real que marcará un antes y un después en la historia humana, en tu historia personal.
Igual que la Pascua judía (la liberación del poder del faraón) adquiere un nuevo sentido en la Pascua de Resurreción del Señor (la liberación del poder de la muerte).
El Pentecostés judío (la entrega de la ley y la elección de Israel “entre todos los pueblos”) experimenta una “cristianización” (la entrega de la fuerza para cumplir esa ley y una nueva elección sobre el pueblo real y sacerdotal: la Iglesia)
Y se ve en los paralelismos entre ambas “teofanías” (entre ambas manifestaciones divinas).
En el Sinaí (Ex 19-20), cuando Dios entrega la ley a Moisés 50 días después de la Pascua, desciende “en el fuego” y manifiesta su poder con truenos, relámpagos y el sonar de la trompeta.
En el nuevo Pentecostés (Hch 2, 1-11), 50 días después de la Resurrección, Dios también desciende como fuego y en medio de un estruendo.
¿Sabes dónde está situado el cenáculo, el lugar donde ocurrió la bajada del Espíritu Santo? En un monte: en el Monte Sion. Si vas hoy a Tierra Santa puedes visitarlo. Montes Sinaí y Sión: otro paralelismo. Dios se manifiesta en «el monte»
Si anoche celebraste la vigilia extensa de Pentecostés, escucharías esta lectura del Éxodo que nos deja entrever su estrecha relación.
Y es que la ley, los mandamientos, son camino de vida para el hombre y la mujer. No son una imposición arbitraria, una norma de un Dios autoritario que quiere someternos a sus caprichos.
El decálogo es la lista de consejos de un padre bueno que quiere la felicidad para sus hijos y que, conociéndolos mejor que ellos mismos, les advierte de dónde pueden meter la pata y qué peligros deben evitar.
Sin embargo, si de verdad te conoces, te das cuenta de que eres incapaz de cumplirlos. Quieres, pero no puedes.
¿Qué necesitas para cumplir la ley?
¡El Espíritu Santo!
Los mismos discípulos que antes no podían cumplir el mandato de Jesús y huyen despavoridos en la Pasión, ahora salen con una fuerza nueva, a proclamar el Evangelio.
La ley escrita antes en piedra está ahora escrita en los corazones. El corazón de piedra se ha transformado en corazón de carne.
El mandamiento nuevo: “amaos los unos a los otros” no es una imposición. Nadie puede amar obligado, eso no sería amor.
Y es que el mandamiento nuevo, la nueva ley no empuja, atrae.
«El que me ama, guardará mi Palabra», dice el Señor en el Evangelio de hoy. No al revés que sería lo «lógico»
Es decir, que no tienes que cumplir nada para demostrarle tu amor; sino que, si tienes el Espíritu dentro de ti, si tienes la gracia de la fe, si sientes en tu corazón que Dios te ama, eres atraído por el bien; y el deseo de amar al prójimo mueve tu vida.
Nadie te empuja: cumples porque amas y no al contrario
Por eso decimos que Jesús no deroga la ley antigua del monte Sinaí, sino que le da cumplimiento. Y nos envía su Espíritu en el otro monte, el monte Sión, para que nosotros también podamos cumplirla.
Si estuviste atento anoche en la vigilia, la 4ª lectura ya lo decía, pero había que saber todo esto. Decía el profeta Joel: “Cuantos invoquen el nombre del Señor se salvaran. Porque en el monte de Sión, en Jerusalén quedará un resto”
¿Te pasó desapercibido a qué se refería con lo del monte de Sión? A mí también antes de empollarme todo esto para hacer el hilo. 😉
Pues bien, esa gracia del Espíritu no era la primera vez que se daba. Él ya se la había dado antes y de forma plena a su madre, la Virgen María. Ella es “llena de gracia” desde el momento de su Inmaculada Concepción.
Por eso al día siguiente de esta fiesta de Pentecostés se celebra una importantísima fiesta mariana: Ntra. Sra. del Rocío, cuya relación con el Espíritu Santo es también muy desconocida.
Para empezar, el nombre de Rocío es una mística alusión al Espíritu, cuya acción se representa con esta imagen del rocío que cubre de forma invisible los campos y fecunda y da vida.
En el clima desértico en el que vive gran parte del pueblo hebreo, el rocío es signo de la bendición de Dios. Por eso la Biblia lo identifica con el Espíritu.
«Destilad cielos como rocío de lo alto, derramad, nubes, la victoria. Ábrase la tierra y produzca salvación y germine juntamente la justicia», cantará Isaías.
¿Ves cómo la imagen se puede comparar también al Espíritu Santo? Viene de lo alto, de la nube, produce salvación…
También a la Virgen del Rocío se la aclama con el nombre de “Blanca Paloma”. De nuevo una imagen tradicional del Espíritu Santo: la paloma.
Al parecer, no era a la Virgen a la que se aclamaba con este nombre en un principio, sino a la paloma que aparece en el camarín de la Virgen y bordada en su palio, como tienen otras muchas imágenes marianas.
Por desconocimiento, los vivas a “esa blanca paloma”, se entendieron como vítores a María de tal manera que quedaron identificadas la Virgen y el Espíritu.
Y pensándolo bien no es tan grave la confusión. En los pueblos, era costumbre llamar a las esposas de los hombres importantes, con el nombre del esposo.
Si un terrateniente se llamaba Pascual, la gente conocía a su mujer como Pascuala. También se le decía alcaldesa a la esposa del alcalde…
¿Y no aclamamos a María como esposa del Espíritu Santo?
Así que, entendida popularmente, y sin confundir, ¿no crees que es propio llamar a María “Blanca Paloma”?
En España la advocación del Rocío es enormemente conocida, pero para los que me leéis desde América quizá no lo es tanto.
Esta virgen es muy famosa por la tradicional peregrinación a pie, a caballo, o en carretas tiradas por bueyes que se celebra en estos días y que congrega a alrededor de un millón de personas en la localidad de Almonte, en Huelva.
La peregrinación es dura, cientos de kilómetros para muchos, pero se hace en un ambiente festivo, de hermandad, cantando y bailando con los cantes y bailes populares andaluces.
Por cierto, que cada hermandad se identifica con su estandarte conocido como el “Simpecado”, que contiene el lema “Sine labe concepta” (Sin pecado concebida) y una imagen de la Inmaculada Concepción.
De nuevo, la referencia a la que está llena del Espíritu Santo desde su concepción.
Esta noche, de madrugada, todos los peregrinos (o romeros) se congregan y los vecinos del pueblo sacan a su Virgen en procesión. Para muchos es el día más grande del año.
Hay quien no entiende estas manifestaciones de religiosidad popular, porque se fijan solo en quienes van buscando los aspectos externos de la fiesta. Pero hay que profundizar para entender.
Para entender que Jesús, María y José también fueron romeros en Pentecostés.
Para entender que Jesús, María y José también se subían cada año a una carreta para hacer su camino al encuentro del Señor y vivir la alegría de la convivencia con los hermanos.
Para entender que Jesús, María y José cantarían durante el camino los cantos populares de su pueblo y no el gregoriano, que es muy propio para la liturgia en otro contexto.
Para entender que el Espíritu Santo que en Pentecostés se ha derramado en nuestros corazones se manifiesta en el pueblo santo, el predilecto de Dios, y en sus manifestaciones populares.
Para entender que Dios, que se hizo presente en el monte Sinaí y en el monte Sión, también ha podido escoger para manifestarse a los sencillos un pueblecillo llamado Almonte (en su origen árabe: el-Monte).
Para entender que el Espíritu Santo, que dio a los apóstoles el don de lenguas para hablar a cada uno según su idioma, se hace presente en múltiples formas culturales para que todos escuchen la buena noticia: partos, medos, elamitas, almonteños…
Por cierto que ayer el obispo de @DiocesisHuelva abrió en aquella aldea el año jubilar del Rocío con motivo del centenario de la coronación de la Virgen y a lo largo de todo el año se podrá ganar la indulgencia. Un nuevo motivo para peregrinar al Rocío, no solo en Pentecostés.
Ojalá hoy, después de leer este hilo, puedas pedir con fuerza que caiga sobre ti el rocío del Espíritu Santo que te fecunde y te capacite para cumplir el mandamiento nuevo del amor al prójimo.
Ojalá hoy, después de leer este hilo, puedas sentirte parte del pueblo predilecto de Dios, de la Iglesia santa, del Monte Sión en el que se juntan, no los perfectos y autosuficientes, sino quienes, llenos de miedo, esperan la fuerza del Espíritu Santo para ser Iglesia en salida
Ojalá hoy, después de leer este hilo, puedas gritar: ¡Viva la Blanca Paloma! #Findelhilo