#HiloDelMiserere

Hoy, Miércoles de Ceniza, en todas las iglesias del mundo se rezará el salmo 50. Un cántico compuesto por un miserable, un adúltero, un asesino… Y sin embargo, un “hombre según el corazón de Dios”. ¿Es posible esto? Abro hilo. #HiloDelMiserere #MiércolesDeCeniza #Cuaresma
El salmo 50, conocido también como “Miserere”, porque así comienza en latín, es uno de los más famosos textos de la liturgia. Se reza en laudes todos los viernes y hoy, Miércoles de Ceniza, además, en la Misa. Aquí tienes el texto:
Según la tradición, fue compuesto por el rey David, tras la denuncia que hizo sobre él el profeta Natán.
¿Y qué había hecho este rey, tenido por santo por el pueblo de Israel y por todo el orbe cristiano para ser denunciado? Pues ser un traidor, engañar a uno de sus hombres más fieles, acostarse con su mujer y luego matarlo para liquidar el asunto.
Una joyita vamos
La historia comienza durante el sitio de Rabbá. Ese día, el rey David decidió no ir a la batalla y quedarse durmiendo la siesta en su palacio (cosas de reyes). Salió a la terraza y vio bañándose a una mujer bellísima y se quedó prendado.
Era Betsabé, mujer de Urías, uno de sus mejores soldados. Pero eso no le importó lo más mínimo. La mandó traer a palacio y se acostó con ella, dejándola embarazada. ¿Cómo tapar ese pecado? Pues con otro, esta vez con una mentira.
Mandó traer a Urías del frente, lo agasajó y lo mandó a su casa de vacaciones, buscando que se acostara con su mujer para luego poder decir que el niño era suyo y quedar él impune.
Pero he aquí que Urías, teniendo a sus compañeros jugándose la vida en el frente, no quiso aprovechar el privilegio dado por el rey, sino que se quedó fuera de casa, durmiendo con la guardia y sin las comodidades y placeres de la vida hogareña.
Un soldado de los pies a la cabeza vamos, fiel a los suyos hasta cuando sus compañeros de filas no le veían.
La primera mentira falló. ¿Cómo taparla? Con otra más gorda. Ahora David le invitó a su casa, le montó una comilona falsificando su amistad y lo obligó a beber hasta emborracharse. Pero ni aun harto de vino, Urías bajó a su casa.
¿Y cómo tapar este nuevo pecado? Pues con otro más gordo, mandó a su general una carta para que lo pusieran en la primera línea de combate y, en lo más reñido de la batalla, se retiraran para que fuera exterminado por el enemigo.
Para obedecer esta orden del rey, el ejército tuvo además que iniciar una maniobra de ataque arriesgada que produjo varias bajas, además de la de Urías. Más muertes que sumar a la cadena de pecados, pero eso, a David, no le importó.
Bueno, sí le importó la derrota temporal, pero las penas desaparecieron cuando se enteró de la muerte de Urías en la batalla.
Pasado un tiempo prudencial fue, se llevó a Betsabé a su casa y el niño nació siendo ya ella su esposa.
¿Y aquí no ha pasado nada?
Nooo
Natán, el profeta, que sabía toda la verdad (porque la verdad al final se sabe, como se sabrá ese pecado tuyo), fue y le contó este cuento:
«Había dos hombres en una ciudad, el uno era rico y el otro era pobre. El rico tenía ovejas y bueyes en gran abundancia;
el pobre no tenía más que una corderilla, sólo una, pequeña, que había comprado. Él la alimentaba y ella iba creciendo con él y sus hijos, comiendo su pan, bebiendo en su copa, durmiendo en su seno igual que una hija.
Vino un visitante donde el hombre rico, y dándole pena tomar su ganado lanar y vacuno para dar de comer a aquel hombre llegado a su casa, tomó la ovejita del pobre, y dio de comer al viajero llegado a su casa»
David se encendió en gran cólera contra aquel hombre y dijo a Natán: «¡Vive Yahveh! que merece la muerte el hombre que tal hizo. Pagará cuatro veces la oveja por haber hecho semejante cosa y por no haber tenido compasión»
Entonces Natán dijo a David: «¡Tú eres ese hombre!»
Y David…
Y continuó anunciándole una serie de maldiciones consecuencia de ese gran pecado. Pero eso no nos interesa mucho. Lo que sí nos interesa saber hoy, miércoles de Ceniza, primer día de los cuarenta que conforman la Cuaresma, es que David reconoce que ha sido un grandísimo hijo de p
Perdón, se me acabaron los 280 caracteres en el tuit anterior
Decía que David se arrepiente profundamente y es entonces cuando entona el salmo 50. Ese que hoy nos ocupa y que San Juan Pablo II llamó la “más profunda meditación sobre la culpa y la gracia”
No sé si tú lo rezas habitualmente o es la primera vez que lo lees. En cualquier caso tú estás reflejado en él. Tú y yo podríamos cantar hoy este salmo, deberíamos cantar hoy este salmo sintiéndolo nuestro, como si brotara del fondo de nuestro corazón.
Porque cada vez que hemos buscado nuestro provecho sin tener en cuenta el de los demás hemos sido igual de traidores que David, porque hemos sido insolidarios, violentos, orgullosos, aduladores, lujuriosos, hemos engañado, mentido, murmurado, hemos despreciado y usado al otro…
También puedes decir: «¡Bah!, David era un corrupto y un pervertido, no tiene nada que ver conmigo que soy un hombre (o una mujer) honesto y fiel».
En ese caso, quizá la Cuaresma no esté hecha para ti. Pero te diré una cosa, no eres un hombre o una mujer “según el corazón de Dios”, que reconoce su culpa y que se sabe necesitado de la misericordia de Dios.
Porque sólo el que se conoce de verdad, es capaz de descubrir el pecado que habita en él de forma innata (“pecador me concibió mi madre” dice el salmo) y solo el que conoce a Dios es capaz de descubrir el milagro de la gracia que nos hace vencer esa debilidad.
Así que no te creas mejor que nadie porque, sin la gracia, caerías de cabeza, como David, una y otra vez.
Volviendo al Miserere, si nos fijamos en la primera parte (hasta el versículo 11) el salmo emplea, según los biblistas, tres vocablos hebreos para referirse al pecado y son muy curiosos.
El primero, “hattá”, que significa “no dar en el blanco”. El pecado hace que erremos el tiro. Satanás es como ese feriante que tima a los incautos con escopetas mal calibradas. Te promete la felicidad pero es imposible lograrla con los medios que él nos propone.
El segundo, “‘awôn”, que significa “torcer”, “doblar”, en referencia a un camino desviado. El pecado nos desorienta, nos mete en un camino tortuoso y sin salida. Mentira tras mentira. Tapando un pecado con otro más gordo.
Por eso, la conversión, esa que buscamos desde hoy y a lo largo de la la Cuaresma, es enderezar el rumbo, regresar a la casilla de salida y empezar de nuevo. El Señor te ofrece siempre (¡hoy también!) una nueva oportunidad.
El tercer término es “peshá” y se refiere a la rebelión del súbdito contra el rey. El pecado es, por tanto, también, una afrenta, un reto a Dios y a su proyecto de felicidad para nosotros. Somos como esos niños consentidos que no aceptan el bien que sus padres le proponen.
¿No te das cuenta de que todos los días, de pensamiento, palabra, obra y omisión fallas el tiro, tuerces el camino y te rebelas contra lo que Dios quiere para ti?
Si te duelen estas faltas, vas por buen camino. Ese es el sentido de la ceniza que hoy nos impondremos. Reconocer que, sin Dios, somos ceniza, polvo, nada.
Y entonces llega la segunda parte del salmo, de la “región tenebrosa del pecado” pasamos a la “región luminosa de la gracia”. Cuando confesamos nuestras culpas, milagrosamente, se abre para nosotros un horizonte nuevo
“Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces”, dice el Miserere
Si reconoces tu pecado, Dios puede hacer contigo, hoy mismo, una persona nueva. Te puede re-crear. Mira, te explico:
En el original hebreo, se repite tres veces la palabra “espíritu”: «Renuévame por dentro con espíritu firme; (…) no me quites tu santo espíritu; (…) afiánzame con espíritu generoso».
¿Recuerdas que, en el primer relato de la creación, el Espíritu “aleteaba” sobre las aguas? Pues, en cierta medida, esta triple invocación del Espíritu está hablando de hacer en nosotros una nueva creación.
Como el espíritu insuflado en la materia dio lugar al ser humano, el espíritu renueva, transfigura, crea de nuevo a la persona que se arrepiente y reconoce su pecado.
¿Y qué hace esta nueva criatura? Pues se pone a anunciar a los demás que ese cambio de vida es posible, que se puede empezar de nuevo, que de cara a Dios, la vida es más plena: canta “enseñaré a los malvados tus caminos” y “mi boca proclamará tu alabanza”.
Comenzamos, por tanto, esta Cuaresma 2019 con este día de penitencia en el que proclamamos que la misericordia de Dios es infinita para quien reconoce su debilidad: “Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias”.
Porque, como decía santa Faustina Kowalska, apóstol de la Divina Misericordia «Aunque nuestros pecados fueran negros como la noche, la misericordia divina es más fuerte. Hace falta una cosa: que el pecador entorne al menos un poco la puerta de su corazón… El resto lo hará Dios»
Así que, cuando hoy te impongas la ceniza, estarás entornando un poquito la puerta. No trates de hacer mucho más en este tiempo, déjate hacer. Ese es el sentido del ayuno, la oración y la limosna, cuaresmal, retirarnos nosotros para dejar a Dios dominar nuestra vida.
Si te dejas, Él, en su inmensa compasión borrará tu culpa.
¿Crees que es imposible que nadie puede perdonarte? Pues mira a David. De su descendencia posterior con Betsabé nacería el que luego salvaría a la humanidad entera: Jesucristo.
Del mal humano, Dios saca el Bien divino
También de ti y de mí, a pesar de nuestras obras malas, podrá Él sacar el bien. Solo hay que poner nuestro corazón en sintonía con el corazón de Dios y volver a cantar, con David: «Misericordia, Dios mío, por tu bondad…» #FindelHilo
P.D. Más hilos en antonio-moreno.es ¡Feliz Cuaresma!