#HilodelCoronavirus

Miles de muertos, cientos de miles de contagiados, supermercados arrasados, países enteros encerrados en sus casas… El coronavirus nos ha puesto ante una realidad: nuestra vida, sin Dios, pende de un hilo. #HilodelCoronavirus Aquí tienes lectura para la #CuarentenaCoronavirus

Situaciones parecidas a esta que estamos viviendo en países como España o Italia ya las conocíamos.

Nos las han mostrado las películas de Hollywood. ¡Pero pensábamos que eran solo ficción! ¡Que nunca iban a pasar! Y ahora resulta que no. Que un simple microorganismo saca lo peor de todos nosotros y nos lanza como hienas hacia las estanterías del Mercadona del barrio.

Es una reacción por otra parte muy humana. ¿Y si mañana no nos dejan salir ni al súper? Confieso que yo también he comprado un poco por encima de mis posibilidades por si acaso…

Por otra parte, sin dejarse llevar por ese miedo atávico, también es inteligente comprar un poco de más puesto que cuantas menos veces salgamos a la compra, menos posibilidades de contagio tendremos.

En los hospitales, la gente está muriendo. Y más que van a morir. Las familias no pueden ni siquiera celebrar un funeral en condiciones. Todos conocemos a un amigo o al amigo de un amigo que está infectado.

El virus nos ronda, nos acecha y el pánico empieza a hacer sus efectos en la gente más sensible.

Las medidas excepcionales de los gobiernos son inéditas: confinamiento, cierre de negocios, movilización de todos los recursos sanitarios y del ejército… No podemos salir a pasear, a tomar un café al bar, quedar con los amigos…

Los cimientos de nuestro estilo de vida se tambalean. Ojalá este tiempo que nos toca estar en casa, sin tantas obligaciones, sin tantas distracciones, nos ayude a reflexionar sobre cómo vivimos, sobre “para qué” vivimos.

Porque a lo mejor nos damos cuenta de que hasta ahora vivíamos en una mentira. Estudias 20 años, das lo mejor de ti en tu carrera profesional, trabajas para comprarte aquel coche y pagarte tus aficiones y ahora te encuentras encerrado en casa y sin saber de qué hablar con tus hijos que tampoco saben de qué hablar contigo.

Porque no te conocen. No los conoces. No te conoces.

A lo mejor tienes 45 años, o 70, o 30, y nunca te habías preguntado esto: «Yo, ¿para qué vivo?» Y basta con que una carta de este castillo de naipes que es la civilización occidental se caiga para que todo el edificio se nos derrumbe encima.

Al ciudadano medio, nos hacen creer (el mercado, los que manejan el cotarro) que todo está controlado. Como en aquella película de “El Show de Truman”, en el que la vida del protagonista no es más que un programa de televisión en el que todos están compinchados excepto él, cuidan de que no nos falte esa sensación de bienestar que nos hace “creer” que somos felices.

Nos dejan tener nuestra familia, nuestra casita, nuestro cochecito, nuestros hobbies…

Para que Truman no salga del enorme plató de televisión que han construido para el programa (¿no has visto la película? ¡tienes que verla!) le infunden el miedo al mar, pues ahí le hicieron creer que se ahogó su padre. De esta manera, nunca se le ocurriría atravesar el mar para huir.

Quizá tú tienes suerte y tienes un trabajo o una pensión que te da para ir al súper, tomarte unas cervezas, ir a la moda, salir a pasear con tus amigos, hacer vida más o menos familiar… Consumir en definitiva. Y para que no salgas de este gran “plató” en el que vives, te infunden miedo, un miedo enorme. Tan grande que impide siquiera que pienses en él.

Y es el miedo a la muerte.

Por miedo a la muerte trabajas día y noche, porque crees que, sin trabajo, te morirás de hambre y porque así puedes pagar el seguro privado (por si acaso), y los estudios de los niños para que ellos no se mueran cuando sean mayores…

Por miedo a la muerte tienes tus aficiones, tus pequeños (o grandes) vicios que te distraen, que te hacen no pensar en las cosas importantes…

Por miedo a la muerte no te das del todo a tu familia, a tus amigos, a la sociedad, porque si entregas tu vida, la pierdes ¿no?

Por miedo a la muerte buscas el dinero, la fama, el ser reconocido… Buscas que te quieran porque en realidad sabes que estás muerto. No tienes vida dentro y te la tienen que dar desde fuera.

Por miedo a la muerte, fíjate qué curioso, pedimos incluso que nos maten con la eutanasia. Porque le tenemos tanto miedo que no nos atrevemos ni siquiera a mirarla a la cara sino que preferimos que nos duerman y que pase rápido…

Ojo, que no estoy diciendo que haya que sufrir masoquistamente o que esté mal trabajar, ganar dinero legítimamente, hacer que los niños estudien o tener aficiones. Se me entiende ¿no? Lo que quiero decir es que el miedo nos paraliza y preferimos “entretenernos” con las cosas de “atrezzo”, con la decoración del plató en lugar de preguntarnos por el sentido de todo esto, por quién soy yo. ¿Para qué vivo? Por eso el mensaje del Evangelio es tan absolutamente revolucionario, porque nos quita el miedo a la muerte. Dios, hecho hombre, ha tomado nuestra muerte y la ha matado. Ha dado su vida por ti para que tú, hoy, no tengas miedo a morir y recuperes la libertad perdida.

Perder el miedo a la muerte te capacita para amar con toda tus fuerzas, con toda tu alma, con todo tu ser. ¡Ya no tienes miedo! No te aferras a las “cosas” porque no mueres, por eso puedes amar al insoportable de tu marido, a tu suegra, a aquel vecino…

Sin Dios, esto del coronavirus es un drama. ¡Qué miedo! Nuestra vida pende de un hilo. Con Dios, nuestra vida sigue pendiendo de un hilo, sí, pero abajo hay una gran red, que son sus brazos amorosos, lo que nos permite vivir todo esto con una gran confianza, con una gran esperanza. Pero, si Dios es bueno, pensarás tú, ¿porqué ha permitido que exista este virus mortal? Si nos ama, ¿por qué nos ha mandado este mal?¿No será que no es tan bueno o no es tan poderoso? Este es un dilema clásico de la teología, el problema del mal.

La respuesta no es sencilla, pero lo voy a intentar. Verás, el mal físico proviene de las imperfecciones propias de un mundo que tiende a la perfección, a la consumación, pero que está aún en “status viae” (dicen los teólogos) es decir, que todavía es limitado, caduco, provisorio.

Significa que la naturaleza tiene sus propias reglas. Lo llaman su «legítima autonomía». Una infección vírica es un proceso natural y no es, de por sí, un mal; un terremoto es, de por sí, una liberación de energía de las placas tectónicas que no pretende en principio destruir al hombre, aunque a veces lo haga.

Por tanto, no le podemos echar las culpas a Dios por ninguno de los males naturales. De hecho, si no hubiera sido por un gran terremoto, quizá los continentes no habrían emergido nunca del fondo de los océanos y por lo tanto no habríamos existido.

Sin virus tampoco seríamos lo que somos hoy puesto que casi un 10% de nuestro ADN está formado por ADN viral antiquísimo. Se cree que cuando los virus se insertaron en nuestro ADN dieron lugar a nuestra forma de reproducción sexual. Ellos le dieron al espermatozoide la capacidad de fusionarse con un óvulo. Como ellos entran en una célula y le transmiten su ADN, así nos dieron la capacidad de unir los dos gametos. Si quieres más datos pincha aquí.
The Ancient Gamete Fusogen HAP2 Is a Eukaryotic Class II Fusion Protein Gamete fusion across eukaryotic branches uses an ancient factor homologous to viral fusion proteins. https://www.cell.com/cell/fulltext/S0092-8674(17)30109-5?_returnURL=https%3A%2F%2Flinkinghub.elsevier.com%2Fretrieve%2Fpii%2FS0092867417301095%3Fshowall%3Dtrue

Es decir que… ¡Somos un poco virus! En definitiva, la creación en la que estamos insertos es un proceso dinámico, no estático.

No somos figuritas de un Belén en un paisaje muerto, sino que nuestro espíritu, nuestra biología, el medio ambiente, están entrelazados en un proceso hipercreativo propio solo de un genio Y este genio no se desentiende de sus criaturas sino que está creándonos y a la vez amándonos, entrelazando sus hilos con los nuestros…

Lo de que aún está en proceso (en “status viae” le dicen los teólogos) nos lo explica muy bien San Pablo en su epístola a los Romanos. Dice: «Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto». El virus, como el terremoto, como el tsunami, como el volcán, como el cáncer… no son más que dolores de parto, porque la culminación de la creación aún no ha llegado.

Si has parido sabes de qué te hablo. Cuánto dolor, cuánto sufrimiento ¿verdad? Pero qué bello regalo cuando abrazas a tu hijo, y lo hueles… Dios no es el autor del mal; Dios puede sacar, del mal, el bien. La creación, con sus imperfecciones, está lanzándonos un grito que dice: «ojo, que yo estoy sin acabar, que la vida verdadera está aún por llegar, no te aferres a mí…»

Como nos recuerda el Papa en Laudato Si’, Dios, «de algún modo, quiso limitarse a sí mismo al crear un mundo necesitado de desarrollo, (…) donde muchas cosas que nosotros consideramos males, peligros o fuentes de sufrimiento, en realidad son parte de los dolores de parto que nos estimulan a colaborar con el Creador»

¡Colaborar con Él! ¡Te das cuenta de a qué gran misión te está llamando! Él no es un guionista que te limita, te encasilla en tu papel… ¡Él te deja intervenir en el guión del show! Te deja que improvises. Porque solo el que te ama de verdad te da libertad, te permite equivocarte. Ahora, eso sí, la libertad tiene un precio. Puedes usarla solo en tu beneficio y ahí está el mal causado por el hombre y la mujer de hoy: guerras, violencias, explotación de los más débiles y de la propia creación… (ese sí es el mal que es imputable y fácilmente identificable, el que hacemos nosotros), …o para el bien, y ponerte al servicio de los demás porque, dando la vida, no la pierdes, sino que la ganas.

¿Nos daremos cuenta de esto cuando pase la crisis del #Coronavid19? ¿O volveremos a nuestro plató a seguir interpretando el papel cerrado que nos han dado los guionistas?

Ojalá estos días de confinamiento, de no poder abrazarnos, de no poder salir a tomar algo consigan hacernos más libres haciéndonos entender que esta vida es pasajera, caduca, limitada… Ojalá descubramos el para qué vivimos y descubramos a la gente que vive a nuestro alrededor y espera de nosotros que las queramos.

Ojalá rompamos la barrera del miedo que nos impide salir más allá del plató. Para ello tenemos una ayuda. Y es que estamos en Cuaresma. Un tiempo que empieza recordándonos que somos polvo y que nos prepara para la fiesta que nos libera del trauma de la muerte, la Pascua de Resurrección. En unas semanas celebraremos, como podamos, con o sin procesiones, con o sin celebraciones en los templos, otro tiempo en el que el calendario litúrgico sigue haciendo de pedagogo, la Semana Santa. Rememorando la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, se nos enseña de nuevo que Dios saca, del mal, el bien. Dice el Catecismo que, «del mayor mal moral que ha sido cometido jamás, el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los hombres… Dios, por la superabundancia de su gracia, sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención».

Nosotros lo matamos y él nos libró de la muerte. ¿Hay amor más grande? Es Cuaresma, tiempo de conversión. El coronavirus ha venido a sacar bien del mal, a hacernos más fuertes ayudándonos a entender la verdad más profunda de nuestra existencia. Que no es otra que la de saber que esta vida pasa, pero que nos esperan un cielo nuevo y una tierra nueva. En los que viviremos ya libres para siempre de virus, de terremotos, de enfermedad y de muerte.

Y que esa vida nueva podemos empezar ya a experimentarla si somos capaces de amar como Él nos amó, dando la vida por quienes nos rodean, no buscando nuestro propio interés sino el de nuestro prójimo.

Quedarse en casa para evitar extender la pandemia es una buena forma de amar; también poner nuestros dones al servicio de la comunidad; o cuidar de quienes lo están pasando mal… Sin miedo, con libertad, abriendo la puerta de lo desconocido, amando… Esa es la belleza de la vida cristiana #Findelhilo

#HilodelaCeniza

Miércoles de Ceniza. ¿Por qué miércoles? ¿Por qué no lunes o martes de ceniza? Hoy es día de ayuno y abstinencia ¿Por qué nos abstenemos de carne y no, por ejemplo, de chocolate? Esta y otras curiosidades de la #Cuaresma te las explico hoy en el #HilodelaCeniza#MiércolesdeCeniza

Siempre que llega este día me acuerdo de mi amigo Emilio Saborido (qepd) que siempre que se hablaba del tema hacía el chiste de decir: «el Miércoles de Ceniza, que este año cae en miércoles» Y ahí está la cuestión, ¿por qué otra vez cae en miércoles? Esta Navidad la hemos celebrado un miércoles, pero el año anterior fue un martes ¿por qué celebramos el Miércoles de Ceniza y no el martes de ceniza? La respuesta es muy sencilla y nos sitúa ya ante el verdadero significado del día de hoy: porque lo que celebramos es el inicio de los 40 días de preparación para el domingo de Pascua de Resurrección y en el cómputo desde el domingo hacia atrás, la cosa cae en miércoles. El domingo de Pascua es una fiesta variable, que otro día os explicaré cómo se calcula (tienen que ver la luna y las estaciones), el caso es que es el día más grande del calendario cristiano. No hay fecha más importante, no hay fiesta mayor que la Pascua. Ella da sentido a todo: a la Cuaresma, a la Navidad, a Pentecostés, al Corpus, al Jueves y Viernes Santo, a la Ascensión, a la Inmaculada Concepción, a la Encarnación y a todas las fiestas de santos y vírgenes que se te ocurran. Porque la Resurrección, amigo, ¡ay amigo! es lo que da sentido al cristianismo. Tanto que (nos dice san Pablo) sin ella, “vana es nuestra fe”. Si Cristo no ha resucitado, ¿qué sentido tiene todo esta parafernalia? ¡Señores, que hay uno que ha vuelto del cementerio! ¡Que la muerte ha sido vencida! ¡Que tú no mueres para siempre! ¡Que se te han regalado vidas infinitas! ¡Madre mía es tan grande esto que hasta me emociono de escribirlo! A lo mejor a ti no te dice nada, quizá es que has pensado poco en la muerte. Yo pienso bastante a menudo y, ¡puf! da mucho miedo. Por eso, es enormemente consolador y llena de sentido esta vida, saber que no acaba todo en ella, sino que estamos llamados a otra vida aún mejor, aún más plena y feliz. Con esto ahondamos en el significado del día de hoy. La ceniza que nos imponen sobre la cabeza hace referencia a la vanidad de las cosas terrenales. La ceniza es lo que queda después de quemar cualquier cosa. Es ¡nada! Un polvo fino que se lleva el viento. Esa es la materia que compone el mismo cerebro con el que desarrollamos fármacos contra el cáncer o diseñamos satélites artificiales; de eso están hechos los miembros que nos llevan a la cima del Everest… Todo lo humano, por muy espectacular que parezca, queda en nada al pasar por esta vida. Por eso, en este día reflexionamos sobre las cosas importantes, las que duran para siempre, las que no se lleva el viento. Y miramos a la Pascua con la esperanza de que, tras la muerte, tras el “fuego”, nos espera, no la nada sino el todo: vivir para siempre junto a Dios. –inciso– Esto de “junto a Dios” sé que es difícil de imaginar porque, si no conoces a este señor, puedes pensar: “bueno, no sé, puede ser un rollo una eternidad entera al lado de este”. Pero para que lo entiendas, Dios es la fuente de toda tu felicidad, aunque tú no lo hayas conocido personalmente. Y “estar junto a” Él significa ser completamente feliz, sentirte muy querido. Las cosas de la “otra vida” donde no sirven nuestras coordenadas espacio-temporales son difíciles de imaginar, por eso siempre hay que tirar de analogías, de ejemplos como… ¿Sabes ese abrazo de una madre donde se para el tiempo? Pues todavía mejor –cierro aclaración–. Por cierto, que el listo que todo lo sabe ya lleva un rato con la mano levantada. ¡A ver, dí! –Que si contamos 40 días hacia atrás desde el domingo de Pascua (este año el 12 de abril), no llegamos al 26 de febrero, sino al 3 de marzo. ¡Mira!

¡Y tiene razón el tío! ¿Será verdad que, este año, el Miércoles de Ceniza cae en martes? Este chivatazo del listo de la clase me va a servir para sacar el otro tema del que os quería hablar: el del ayuno y la abstinencia. Veréis. La Cuaresma es un tiempo de penitencia y conversión. ¿Qué quiere decir? Pues que es un tiempo de arrepentimiento, de reconocer nuestra realidad egoísta, nuestra debilidad (en cristiano, nuestro pecado), y regresar al buen camino. Y esta penitencia interior, se expresa exteriormente de tres formas según la Escritura y la Tradición: el ayuno, la oración y la limosna. Expresan la conversión (el cambio para bien) con relación a:
1. Uno mismo (AYUNO)
2. Dios (ORACIÓN)
3. Los demás (LIMOSNA) En resumen, nos privamos un poquito de nosotros mismos (ayunando) para estar más pendientes del importante, que es Dios (orando más intensamente), que se encarna en nuestros hermanos, sobre todo los más necesitados (y los hacemos presentes mediante la limosna). Pero hay un inconveniente. Está bien ayunar en este tiempo pero, ¿y el domingo? Si es el Día del Señor en el que celebramos la Resurrección ¿Tiene sentido ayunar? Como se pregunta Jesús en Mc 2, 19: «¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos?». Y Él mismo se contesta: «Mientras el esposo está con ellos no pueden ayunar». De ahí que, en el cómputo de los 40 días de penitencia para preparar la Pascua, haya que sacar los domingos correspondientes. Por eso, no es verdad que este año caiga en martes el Miércoles de Ceniza. Quitando los domingos, mira cómo queda:

Y ahí está el día de hoy marcando el inicio de estos 40 días (como los 40 días de Jesús en el desierto, como los 40 años del pueblo de Israel antes de llegar a la tierra prometida), de preparación para la Pascua. Concretando el tema del ayuno, os recuerdo que las normas del Código de Derecho Canónico obligan al ayuno y abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Mientras que el resto de viernes de la Cuaresma, solo es obligatoria la abstinencia. Lo de los viernes es porque es el día en que murió Jesús en la cruz, y lo recordamos de esta forma. ¿Y el ayuno cómo se hace? @confepiscopal propone hacer una sola comida al día, aunque no se prohibe tomar algo por la mañana o por la noche. Obviamente siempre y cuando la salud y la edad lo permitan. La abstinencia, por otra parte, consiste en no comer carne. Pero qué tontería no comer carne ¿entonces puedo comer chocolate que me gusta mucho más? Mira, puedes hacer lo que te dé la gana. Y si quieres comerte un jamón entero también. Porque si vas con esas preguntas es que no te enteras de nada, y hagas como hagas la abstinencia te va a dar igual. Si pretendes cumplir la letra de la ley y no el espíritu estarás haciendo un acto vacío y sin sentido que no te ayudará en nada. El espíritu de la abstinencia es, como su propio nombre indica, abstenernos, privarnos de algo especial y la carne era un manjar en nuestra cultura. En las fiestas de los pueblos se sacrificaba algún animal cebado para comerlo juntos –un cerdo, un ternero, un cordero, aunque fuera una gallina…–. No así con el pescado, porque se supone que es un tipo de alimento menos “festivo”, menos “enjundioso”… Por eso sí se puede comer pescado los viernes de Cuaresma. En este sentido, de poco vale no comer carne y hacer un festín con otro tipo de alimentos no cárnicos, porque de lo que se trata es de hacer un día de penitencia, no uno de fiesta con mariscos o postres delicatessen. Lo mismo que te digo esto, te digo que tampoco vale comer carne con la excusa de que “como de todas formas hoy en día tenemos a nuestro alcance diario tanto la carne como el pescado ¿qué mas da?” ¡No hijo no! Ese tampoco es el espíritu de la ley. Lo que nos dice la Iglesia es una obligación. ¡Uy, obligación, qué palabra más antigua! ¡Si lo que hay ahora solo son derechos! Sigues sin entender nada. A la Iglesia “le da lo mismo” que tú cumplas o no la obligación, porque la obligación (como la de ponerte el cinturón de seguridad) es en beneficio tuyo, no de ningún juez ávido de sancionar a quien la incumpla. La abstinencia es tan buena para nosotros, que (como Iglesia que somos) nos autoimponemos esa norma para vivir bien la Cuaresma y preparar bien la Pascua. Obedecer una norma (incluso una que puede parecer desfasada), es en sí mismo ya una abstinencia. Una forma de humildad, de aceptar que uno es ceniza, polvo, nada… A la abstinencia también se le llama “vigilia” (que significa estar despierto, en vela), porque nos ayuda a estar alerta. El hecho de saber que es Miércoles de Ceniza o viernes de Cuaresma y que no se puede comer carne (aunque hoy no sea un lujo comerla) ya nos mantiene en tensión, en perspectiva de la Pascua. Vas a desayunar, como siempre tu loncha de pavo o de bacon y tienes que decir, ¡uy, hoy no que es vigilia! Aquí cada uno tiene que discernir según su cultura, la dieta de su país, su situación económica… Porque también puede abstenerte uno de ese cigarrillo después del café, de esa cerveza del aperitivo, de ese capitulo de la telenovela, de ese vestido que te sienta tan bien, de esa siesta, de esa compra compulsiva… Hay que estar alerta, ser consciente del tiempo, de las horas, de los días. Porque Dios se encarna en tu historia, en tu tiempo, en la dimensión humana. Jesús era un gran pedagogo. ¿Tenía obligación Jesús (ojo, Dios), de ayunar, de cumplir la ley religiosa? Y sin embargo vemos cómo la cumplía, porque como hombre se sometió a los mandatos de su Padre. Y tú dices: «¿ayunar? ¡qué tontería!» ¡Pues tú te lo pierdes! Come, bebe, haz lo que quieras y no podrás disfrutar, como quien sí se “somete a la ley”, como quien sí se priva de algún manjar, de lo que significa conocerse bien a sí mismo, saber quién eres. Y seguirás engañándote a ti mismo creyéndote alguien en la vida, andando por el mundo como si fueras a vivir para siempre sin darte cuenta de que el tiempo se te acaba, de que el reloj ya marca la cuenta atrás… “Conviértete y cree en el Evangelio”, “recuerda que eres polvo y al polvo has de volver”. Sabias palabras que nos repetirán hoy en todas las parroquias del mundo. Te conviene hacerles caso porque hoy es un gran día. Hoy empieza el camino hacia la felicidad, hacia el abrazo infinito del Padre que se nos regala en la noche santa de la Pascua. Estás invitado. Solo si quieres, claro. #FindelHilo

Y si quieres una buena ayuda para la Cuaresma, en el libro #LaCajadeLosHilos encontrarás 40 hilos para estos 40 días. Lo puedes encontrar en librerías religiosas, en @PPCEspana, y en Amazon en el siguiente enlace

#HilodelaPresentación

–¡Tengo que lograr escapar! ¡Este no es mi sitio! ¡Tengo que entregar mi mensaje! –arrullaba nervioso en uno de los jaulones apilados en los aledaños del templo un joven palomo torcaz–
–¡He de llegar a mi destino! –seguía diciendo, mientras buscaba entre los finos barrotes, a izquierda y derecha, arriba y abajo, un lugar por el que poder salir volando–.
–¡Te quieres callar pichón! ¿No ves que nos estás poniendo nerviosos a todos –le contesta una vieja paloma, desde el jaulón contiguo–
–¡Eso eso! ¡Cállate un poco! –apoyaron varias de ellas–.
–¡No lo entendéis! Yo no soy un palomo normal, yo no he sido criado para los sacrificios en el templo. Yo soy un palomo mensajero y tengo que entregar el mensaje a mi dueño. Es urgente.
–¡Hemos dicho que te calles! –Gritaron desde todas las jaulas–.
–Haya paz, haya paz –calma una paloma blanca–. Ya sabemos, amigo, que a ti te crio y te entrenó un mago muy sabio de Persia…
Sabemos que él te había entregado hace varios meses a un pastor que había ido por aquel país y que te trajo hasta Jerusalén para que tú, llegado el momento, volaras de vuelta a casa de tu amo con el mensaje en tu pata de la mayor noticia jamás contada.
–¡Pero me han cazado por error! –replicó el palomo–.
–Siii. También sabemos que habías parado en la fuente a beber agua antes de meterte en el desierto y, en esas, ¡zas!, te cazó un chiquillo que luego te vendió por una moneda al comerciante de palomas…
Pero lo que queremos decirte es que, por más que grites, no vas a conseguir nada. Nada que no sea hacernos la vida imposible a las demás.
–¡Dejadla que se queje! –interrumpió una tórtola con una mancha marrón en las plumas de la cabeza con forma de capucha desde uno de los cajones superiores–.
Tiene derecho a querer cumplir su misión. Nosotras hemos nacido para esto, para dar nuestra vida en rescate por los pecados de los hombres, y a eso nos dedicamos. Pero ella…
–Tiene razón –continuó otra tórtola que tenía la misma mancha marrón–…
Nosotras no hemos seguido la costumbre de nuestras hermanas y no nos hemos emparejado (las tórtolas son el símbolo de la fidelidad en muchas culturas porque se unen a una pareja para toda la vida y no cambian ni aun tras la muerte de la compañera).
Nacimos para dar la vida por otros. Y a obedecer a este mandato dedicamos todas nuestras energías. No tenemos nada nuestro, ni nuestra propia vida. Este palomo nos necesita ahora. Allá vosotras si no la ayudáis.
–¡Haced lo que queráis con tal de que se calle de una vez! –contestaron las palomas en coro–
En eso, una joven pareja con un niño en brazos se paró ante el puesto del vendedor de aves y le pidió dos de las más baratas.
El comerciante sacó entonces de la jaula las dos tórtolas de la capucha marrón que, al unísono, picotearon con todas sus fuerzas las manos que las sostenían hasta lograr que las soltasen, yéndose a posar sobre el jaulón del palomo mensajero.
–¡Malditas tórtolas! –gritó el vendedor– mientras, de un salto, se abalanzó sobre ellas.
Logró atraparlas, pero tirando el jaulón al suelo y rompiéndolo en mil pedazos, momento que el palomo aprovechó para salir volando hasta el alero del templo.
Desde allí arriba pudo contemplar el final de la escena. El comerciante entregó las dos tórtolas a la familia, que entró en el templo.
Inmediatamente se les acercó un anciano que tomó al niño en brazos y se puso a bendecir a Dios diciendo: «¡Ahora Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz!»…
Aquellas palabras le recordaron la urgencia de entregar el mensaje que llevaba en su pata e inició su vuelo mientras veía cómo otra anciana, llena de alegría, se acercaba a contemplar al niño.
Durante los quince días que duró la travesía, el palomo no pudo dejar de pensar en las dos tórtolas, y en el sacrificio que hicieron por él y por aquella familia.
Pudiendo haberse escapado, prefirieron dejarse atrapar para salvarlo a él y para ofrecerse como víctimas en rescate por ellos.
En cuanto aterrizó en el palomar, el criado que lo atendía salió corriendo a buscar al señor de la casa y darle la noticia.
A pesar de los miles de kilómetros recorridos, nuestro intrépido palomo seguía en alerta. Prefería esperar a entregar su preciado mensaje antes de retirarse a descansar, pero enseguida llegó el dueño.
–¿Dónde estás palomo mío, mi más valiente guerrero? ¡Yo sabía que volverías pronto, que no me ibas a fallar! –lo halagaba, pletórico, mientras lo mecía con cariño pegándolo a su mejilla–. ¿A ver qué me has traído?
Con mucho cuidado, tomó el pequeño trozo de pergamino que venía liado a la pata del palomo, lo desenrolló y lo leyó con avidez:
«Querido Baltasar: Vuestra predicción tras ver la estrella es correcta. Los pastores confirman que ha nacido el Rey que esperaba el pueblo de Israel. Emprended el viaje previsto». #FindelHilo
P.D.: Dedicado a todos los consagrados que dedican su vida a liberar a los hombres y mujeres de las esclavitudes de hoy. Como las dos tórtolas, siguen ofreciendo su vida por Cristo, viviendo en castidad, obediencia y pobreza, y ayudando de forma anónima a llevar el mensaje de salvación a la humanidad entera.

#HilodelaEstrella

En la Epifanía del Señor celebramos que unos Magos (no creyentes) llegaron a Belén y adoraron al niño Dios. Quizá a ti te pase lo mismo que a ellos: eres hombre o mujer de ciencia, pero a Dios lo buscas y no lo encuentras. Hoy puede ayudarte este #HilodelaEstrella #ReyesMagos
Está basado en un cuento que me contó mi abuela Luisa y que a ella le había contado su abuela que a su vez lo había oído a “un cura de su pueblo que era muy santo”.
Y es la historia de la Estrella de Belén.
La Estrella de Belén, ya sabes, la que guió a los Reyes Magos hasta el niño Jesús, era una estrella muy fuerte, muy brillante. Tanto, que llamó la atención de Melchor, Gaspar y Baltasar.
Ninguno de los tres creía en Dios, pero sí que eran buscadores de la Verdad, hombres profundamente abiertos al misterio, a lo desconocido…
Y como observadores de la naturaleza y estudiosos de la filosofía y de las tradiciones más ancestrales, entendían que es necesaria una figura que explique el orden en medio del caos y que colme las más altas aspiraciones humanas.
Aquella estrella extraordinariamente brillante llamó su atención. Quizá conocían las profecías del pueblo judío que hablaban de la llegada de un Mesías y, con sus cálculos, interpretaron este fenómeno como una señal de su nacimiento.
Según el cuento del que es heredera mi familia, aquella estrella fulgurante fue elegida entre todas las demás para esta trascendental tarea por su fuerza, por su poderoso brillo:
–Tu misión será guiar a los Magos. Ese día tendrás que sacar lo mejor de ti –le guiñó Dios en el lenguaje de las estrellas–.
–No te arrepentirás, Señor. Confía en mí. No habrá punto más brillante en toda la galaxia –respondió la estrella en tono marcial–.
–Una cosa sí tengo que decirte –añadió el Todopoderoso– esta es una misión única en la historia que no se volverá a repetir nunca. ¿Conoces los riesgos?
–Sí, Señor. Nuestros instructores del ejército celestial nos prepararon para las misiones más difíciles. Sé a qué me expongo.
–Adelante, pues. Ve tomando posiciones y espera instrucciones.
–A tus órdenes, mi Señor.
La estrella partió entonces hacia la Tierra en un viaje de millones de años luz. Por el camino iba recibiendo el aplauso y la admiración de toda la galaxia:
–Miradla, por ahí va. Nadie brilla como ella, no hay otra mejor, gritó una supernova adolescente
–Me quedo embobado mirándola… ¡Ay, qué recuerdos cuando yo tenía tanta luz! –suspiraba un agujero negro–
–Y qué misión tan importante, qué porte lleva, con qué elegancia camina por el Universo –exclamó una enana roja–
El viaje duró unos millones de años (para las estrellas son como unos días para nosotros) hasta que por fin llegó a la Tierra y se situó en el punto indicado del firmamento, al Oriente.
Aquella noche reinaba la paz en el Universo. La hermana Sol se había escondido ya y todas las demás hermanas estaban en perfecto orden, dispuestas a tomarle el relevo y alumbrar aquel pequeño planeta que tanto amaba Dios.
Entonces llegó la orden:
–Atención, atención ¡Hora H! Repito ¡Hora H! Coros de los ángeles, anunciad la noticia a los pastores. Estrella de Oriente, lanza tu mensaje: ¡Hemos nacido! Esto no es un simulacro. Repito ¡Hemos nacido!
Había llegado la hora de darlo todo. ¡Tanto tiempo esperando este momento!
Nuestra estrella se concentró, recordó todo por lo que había estado tanto tiempo entrenándose y comenzó a sacar lo mejor de sí.
Su brillo se fue haciendo más y más intenso. Tanto, que las estrellas de alrededor comenzaron a desaparecer de la vista, apagadas por la extraordinaria fuerza de su compañera.
Incluso cuando Sol volvió a alumbrar el lugar y ya no era posible ver ninguna otra estrella desde la Tierra, muchos hombres puderon ver aún el brillo de nuestra estrella, en pleno día.
A las 24 horas, llegó la orden de retirada:
–¡Fin de la misión! La operación Navidad ha sido un éxito. Los pastores y los magos han sido contactados. Enhorabuena a todos.
Un gran clamor resonó a lo largo y ancho del universo. Todo había salido a la perfección. La misión había sido un éxito.
Nuestra estrella, completamente exhausta, respiró aliviada.
Nunca había tenido que sostener su brillo en posición máxima tanto tiempo.
Volvió a colocar su termostato en posición “NORMAL” y se durmió tranquilamente, con el gusto del trabajo bien hecho.
Lo había dado todo y aún le quedaba combustible para unos pocos millones de años más. En su sueño, disfrutaba de una jubilación apacible, tranquila, siendo admirado por todos como la gran heroína, la que más brilló nunca jamás…
Mientras tanto, los Magos, que habían contemplado el fenómeno cósmico y que lo habían interpretado como el nacimiento del nuevo rey de los judíos emprendieron su viaje hacia Israel.
Sus cálculos eran ciertos, sus investigaciones correctas, pero erraron creyendo que ese rey, el más grande rey nacido jamás, iba a ser como el resto de reyes del mundo.
Y fueron a buscarlo al palacio de Jerusalén.
¿Y allí a quién encontraron? A un rey corrupto: Herodes.
El rey se sobresaltó porque no quería que nadie le quitara su puesto de privilegio y mandó a los sumos sacerdotes y a los escribas que investigaran dónde había de nacer el niño.
Estos le indicaron que en Belén de Judea. Así que, sin más, nuestros tres reemprendieron la marcha hacia aquella ciudad.
Por el camino, comentaban lo rara que había sido la reacción de Herodes y les pareció que no era trigo limpio, por lo que comenzaron a preocuparse.
Temían no encontrar el lugar donde estaba el niño; temían que los guardias de Herodes lo encontraran antes que ellos; así que pensaron:
«Si este niño es el Mesías, el enviado por Dios para salvar al mundo, quizá este Dios poderoso y fuerte pueda ayudarnos».
Tomaron un poco de incienso del que llevaban y lo quemaron rogando a Dios una señal.
El humo del incienso subió hasta el cielo, tan alto tan alto, que llegó hasta nuestra estrella, despertándola de su profundo sueño.
–Cof, cof, tosió. ¿Qué pasa? ¿A qué tanto humo?
–Tranquila –respondió el Señor– es la oración de los magos que piden ayuda.
–Entiendo Señor. Respondió rauda mientras se acicalaba al darse cuenta de que estaba en la presencia del Altísimo.
–Verás… Mi Hijo recién nacido… necesitamos ayuda urgente para guiar a los magos. Estamos en peligro, Herodes nos quiere matar…
–¿Y qué puedo hacer yo, Señor? Estoy casi sin combustible. No podría sostener mi brillo máximo más que unos minutos…
–No te preocupes, no estábamos pensando en ti. Para esta misión no hay que ser especialmente brillante. Hemos pensado que, para indicar el lugar exacto a los Magos, la mejor manera de ayudarles sería que una de vosotras cayera a la Tierra, junto al lugar donde vivimos.
Solo la posibilidad de realizar esta misión llenó de desazón a nuestra amiga. ¿Dónde iba a quedar la reputación de la estrella que lo hiciera? Caer a la tierra como un vulgar meteorito… ¡Qué horror!
Esa jubilación honrosa que esperaba, rodeada de la admiración y el respeto de sus compañeras… ¿A la basura? Jamás habría imaginado poder acabar su carrera de una forma tan ignominiosa.
En ese momento, otra gran humareda volvió a hacerle toser.
–Cof, cof, cof
–Repito, no te preocupes –sonrió Dios comprensivo– se lo encargaremos a otra cualquiera, tú ya has hecho suficiente. Te agradecemos mucho tu trabajo. ¡Has sido fundamental!
Un millar de estrellas comenzaron entonces a tintinear ofreciéndose voluntarias para la misión que estaba requiriendo Dios, que comenzó a rebuscar con la mirada con cuál de ellas quedarse hasta que…
–¡Nada de eso, bajaré yo! –destelló nuestra estrella haciendo que todas las demás palidecieran de nuevo–.
–¿Y por qué tendríamos que elegirte a ti? Explícate –le preguntó el Altísimo–.
–Los magos me conocen a mí, saben que yo soy la señal que esperan. Ellos nos conocen bien. Otra estrella distinta los confundiría.
Además, si tú siendo el Todopoderoso, te has hecho uno de ellos, será porque esos seres son mucho más importantes de lo que nos imaginamos por aquí.
–¿Estás segura de lo que dices? ¿No te importa perder todo lo que tienes aquí, todo lo que habías creído importante hasta ahora?
–No, Señor. Yo sé que tú eres amor. Eres bueno y misericordioso. Yo sé que tú das el ciento por uno y que del mal sacas el bien. Yo sé que eres el Dios de las sorpresas.
–Pues no se diga más ¡Adelante!
Nuestra amiga comenzó entonces a brillar de nuevo en todo su esplendor e inició su descenso hacia la Tierra.
Los magos vieron pronto su luz en el cielo y ¡qué alegría mas grande les dio volver a verla!
–¡Es ella! Exclamaban mientras tomaban el rumbo que les marcaba su trayectoria descendente.
En su caída hacia el planeta azul, la estrella fue perdiendo más y más masa, haciéndose más y más pequeña. Tan pequeña como un planeta, tan pequeña como un cometa, tan pequeña como un vulgar meteorito…
Al pasar cerca de la luna solo le quedaba combustible para unos segundos, sabía que era el fin. Pensaba en el deber cumplido, en el amor que Dios tenía a aquellas criaturas, en poder dar un rayo más de luz para que los Magos pudieran conocerlo a Él…
Hasta que su brillo desapareció del firmamento.
Aunque los magos estaban ya en la aldea de Belén, buscarlo casa por casa les llevaría horas, y si Herodes se llegaba a impacientar lo encontraría antes que ellos…
¿Cómo iban a localizarlo sin la luz de la estrella?
De repente, un fuerte estruendo les hizo elevar la mirada. Allá en lo alto, un gran resplandor. ¡Era la estrella convertida en un bólido que bajaba a toda velocidad!
Al chocar contra la atmósfera, rompiéndose en mil pedazos, iluminó de nuevo el camino a los Magos que vieron cómo un gran fragmento cayó junto a un gran olivo que, al instante, comenzó a arder.
En pocos minutos, los Magos llegaron junto al olivo que estaba situado frente a un sencillo taller de carpintería en el que encontraron al Niño y a su madre.
Entraron en la casa y entonces lo entendieron todo. ¡Qué equivocados estaban!
Llevaban toda su vida buscando a Dios desde categorías humanas. Buscaban a un Dios poderoso, que arreglara los problemas del mundo; a un rey fuerte, que impidiera el mal; a un salvador rodeado de su cohorte y que se manifestara con poder, abiertamente.
Y a Dios, al Dios de las sorpresas, no se le encuentra por el camino habitual (el de Herodes) sino por un itinerario alternativo como el que ellos tomaron.
Hay que dar el rodeo de la humildad, de la sencillez, de la pobreza, del amor gratuito no interesado…
Fue entonces, cuando lo reconocieron como Dios, cuando lo adoraron, y le hicieron entrega de sus presentes: oro, incienso y mirra.
Y, avisados en sueños de que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino, siempre otro camino distinto al habitual. No sin antes tomar en sus lámparas de aceite la llama de aquel olivo que aún ardía.
A lo mejor a ti te ha pasado lo que a los Reyes: no encuentras a Dios porque has ido a buscarlo donde no está.
Buscas al Dios que tú te has construido en tu cabeza, como tú crees que debería ser.
Buscas a Dios donde tú crees que debería estar: en un palacio, sentado en su trono, rodeado de su corte.
Buscas a un Dios poderoso y fuerte, a un Dios que construya tu historia como tú piensas que debería ser, a un Dios que no permita que se mueran los buenos y que triunfen los malos…
Un Dios lógico, un Dios cuadriculado…
Pero resulta que Dios trastoca nuestros planes y se hace niño.
Pero un niño niño; no un niño que dispara rayos láser con los ojos o que levanta un camión con una mano.
Un niño humano con olor a caca de niño.
Y tú dices: «noooo, no puede ser. ¿Dios oliendo a pañal sucio? Ese no es Dios.
Lo tienes delante y no lo ves.
Te pasa igual cuando miras la Iglesia y ves sus pecados. ¡Tantas faltas graves por parte de muchos de sus miembros! Y dices: «ahí no puede estar Dios. Una Iglesia con «olor a humanidad» no puede ser de Dios».
Y ya no ves todo el bien que hacen los que sí son sal, los que sí son luz…
Y es que, en medio de esa basura, en ese olor pestilente a pañal sucio, se hace presente Dios.
¿No sabes que Dios ha escogido lo necio del mundo para confundir a los sabios?
Porque Dios se te propone, no se te impone.
Porque Dios no quiere deslumbrarte, quiere iluminar tu camino.
Porque Dios no quiere coartar tu libertad.
Porque Dios se deja perder contra ti, porque te ama.
Y solo el amor verdadero respeta la libertad del amante.
Pero para verlo, hay que hacer el camino de los Reyes, el camino de la Estrella.
Hacer un largo viaje, bajar desde lo alto de tu pedestal, bajar desde lo más alto del firmamento, echar abajo tus proyectos y arrodillarte ante un niño.
Por cierto, que no te he contado el final de la historia de la estrella.
En contra de lo que parecía, la estrella siguió viviendo, ¡sigue viviendo hoy y lo seguirá haciendo muchos miles de años más!
Porque las lámparas que encendieron los magos con su fuego y que llevaron a su país fueron conservadas por las primeras comunidades cristianas para encender sus cirios.
Y esa luz se ha ido transmitiendo ininterrumpidamente de generación en generación.
Todavía hoy puedes ver su llama si entras en cualquier Iglesia.
Junto al Sagrario, ese lugar en el que se guarda el pan eucarístico, hay siempre una pequeña luz que indica que Dios está ahí presente.
Otra vez de forma humilde, otra vez de forma alternativa para confundir a los sabios: Dios en un trozo de pan.
Y en esa pequeña luz, sigue brillando nuestra estrella, ahora muy humildemente, señalando el camino a los que buscan al Señor.
Y todas las estrellas del firmamento, cada noche, miran desde el cielo, por las ventanas de las iglesias para admirarla de nuevo.
Pues será para siempre la estrella más famosa. La estrella que guió a los magos y que sigue hoy guiando a hombres y mujeres del siglo XXI a la presencia del Señor del Universo.
Una estrella que fue potente y luminosa y que ahora es pequeñita y humilde como aquel Niño que nació en Belén #FindelHilo

#HilodeFindeAño

Si te enseño esta imagen y te digo que pienses en una sintonía, ya sabes de cuál te hablo. Lo que no sabrás es qué tienen que ver la imagen y la música con lo que el Papa va a celebrar esta tarde y mañana. Si quieres, te lo cuento en el #HiloDeFinDeAño Gracias 2019 #Feliz2020
Si me lees desde América, lo más probable es que no te suene de nada la imagen ni que sepas de qué tema musical te hablo. Te pongo en antecedentes:
Esta es la sintonía oficial con la que se abren las retransmisiones que se realizan a través de Eurovisión (red de televisiones públicas europeas y de parte de la cuenca del mediterráneo).
Gracias a Eurovisión, las emisoras de televisión comparten recursos. Hay retransmisiones deportivas, culturales…
Por ejemplo, mañana, el tradicional concurso de saltos de esquí o el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena los veremos a través de esa plataforma.
Pero la más famosa de todas sus retransmisiones es la del concurso anual de la canción, el festival de @Eurovision, todo un acontecimiento musical global.
Escuchar esta sintonía tiene un fuerte componente nostálgico para los de mi generación, porque era el preludio de un gran acontecimiento en el que todos nos sentábamos alrededor de la tele.
Por eso, aunque el grafismo ha evolucionado y hoy puedes buscar en Youtube versiones más modernas, a muchos nos gusta seguir viéndola y escuchándola tal que así. Seguro que te suena…
Bueno, pero ¿qué es lo que el Papa va a celebrar esta tarde?
Pues como todas las tardes del 31 de diciembre, el Papa acudirá a la Basílica de San Pedro para rezar las primeras vísperas de la solemnidad de Santa María Madre de Dios y proclamar el himno del Te Deum por el año que acaba.
Este himno es el que la Iglesia canta en momentos especiales para dar gracias a Dios.
Y el final del año civil (el año litúrgico acabó hace ya un mes, ya que la Iglesia comienza su año nuevo con el Adviento), es un momento propicio para dar gracias.
Una leyenda lo atribuía a San Ambrosio y a San Agustín. Sabes que el primero, obispo de Milán, fue el que llevó a la fe y bautizó al segundo, uno de los más grandes santos de todos los tiempos.
Contaban que Ambrosio iba improvisando versos y Agustín iba respondiéndole, hasta que se formó esta bella composición.
Por eso se le llama también «Himno Ambrosiano».
Pero lo cierto es que, estudios más recientes, se lo atribuyen a San Nicetas (Aniceto) de Remesiana, un autor del siglo IV.
¿Que no conoces este himno después de 16 siglos que llevamos cantándolo? Venga, que te lo pongo en 10 tuits. Recopila tu año 2019, piensa en el 2020 y di así:
1⃣«A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre, te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades te honran.
2⃣Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
3⃣A ti te ensalza
el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra,
te proclama:
4⃣Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
5⃣Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana
sin desdeñar el seno de la Virgen.
6⃣Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino del cielo.
Tú te sientas a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.
Creemos que un día
has de venir como juez.
7⃣Te rogamos, pues,
que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
8⃣Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
9⃣Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
?Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre».
¿Bonito eh?
Si te fijas, la estructura interna es muy parecida a la del Padrenuestro. Una primera parte en la que nos dirijimos a Dios y lo alabamos; y una segunda en la que le presentamos nuestra debilidad y nuestra consiguiente súplica.
En los dos casos, tuteamos a Dios (santificado sea tu nombre; a ti, oh Dios…). Porque Dios está cerca de ti. En Navidad se ha acercado tanto tanto, que se ha hecho uno como tú, uno incluso por debajo de ti.
El eterno se ha puesto a tu nivel, que eres polvo, para que puedas hablarle de tú a tú.
En los dos casos, la oración no es individual, sino comunitaria. (venga a nosotros tu reino… te alabamos…). Porque Dios nos ha elegido como miembros de un pueblo (la Iglesia) y es a través de ella como quiere llevarnos al cielo.
Dios es Trinidad, es comunidad, y pide que nos dirijamos a Ella en comunidad.
¿Por cuántas cosas tienes (tenemos) que dar gracias a Dios este año?
Sí, ya se que también te han pasado muchas cosas malas, pero si las pones en una balanza, seguro, SEGURO, que pesa más lo positivo.
En el mundo, igual. Las noticias negativas venden más, ocupan más minutos en los telediarios, pero ¡cuántas cosas buenas ocurren cada día que no salen en ningún periódico!
En el Te Deum (se llama así porque así se dicen en latín las palabras con las que empieza el himno: «A ti, oh Dios»), encontramos la mejor de las noticias.
Esa que hace que la balanza de cosas buenas y malas siempre se incline hacia las buenas. Y es cuando decimos que tú, Señor «abriste a los creyentes el Reino de los Cielos».
Esta esperanza en la Vida eterna es la principal fuente de nuestra alegría. ¡Cuánto te pierdes si no tienes esta luz al final del túnel!
Con la perspectiva del cielo, que pase el 2019, el 2020… y que venga lo que tenga que venir.
Pero, al grano, esto del Te Deum, ¿qué tiene que ver con Eurovisión?
Los entendidos en música seguro que ya lo saben.
Y es que la sintonía de Eurovisión es un Te Deum. Una composición musical para rezar este himno litúrgico.
Para ser exactos es el Rondó de preludio al Te Deum de Marc-Antoine Charpentier.
Su historia es muy curiosa, porque fue compuesta a finales del siglo XVII, pero permaneció siglos olvidada hasta que, en 1953, un musicólogo la encontró y la puso en valor, siendo seleccionada al año siguiente como sintonía de la Unión Europea de Radiodifusión (Eurovisión).
Es un Te Deum y por eso es tan brillante, tan triunfal. Es lo que expresamos en el himno: «¡Todos los cielos, todas las potestades te adoran! ¡Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los ejércitos!».
Pero aún hay más.
El logotipo clásico de Eurovisión, ahora ya desaparecido, con el que abrí el hilo… ¿Te has fijado en que estaba compuesto por 12 estrellas recordando a la bandera de la Unión Europea?
Para serte sincero yo no me había dado cuenta de que eran 12 hasta hoy.
Como sabrás, esta bandera fue aprobada por el entonces Consejo de Ministros del Consejo de Europa un 8 de diciembre de 1955, fiesta de la Inmaculada Concepción de María.
Y como se ha dicho en repetidas ocasiones, su creador se inspiró en la figura bíblica de la mujer vestida de sol con una corona de 12 estrellas que la iconografía ha empleado históricamente para representar a la Virgen
¡¡¡Y como todos los años, el 1 de enero celebramos la fiesta de María Madre de Dios, y sus vísperas son las que reza esta tarde el Papa!!!
Vestigios de una Europa con fortísimas raíces cristianas aunque muchas de ellas ya ni las vemos.
Pero para eso está este hilo.
Para recordarte todo lo bueno de tu historia, como hacemos cada fin de año.
Recuperemos la partitura perdida del Te Deum, como hizo aquel musicólogo; vayamos al fondo de nuestra memoria y hagamos balance, no solo del año que acaba, sino de toda nuestra vida.
Recuerda a quien te dio la vida, a quien te cuidó aunque no fuera perfecto, a quien te hizo feliz…
Recuerda a quien te dio aquel empujón que te hacía falta en aquel momento, aquel golpe de suerte que tanto bien te hizo, aquella decisión que acabó tan bien…
Recuerda aquel momento malo del que salió otro bueno, aquel tropezón que te sirvió para crecer, aquel dolor que te hizo más fuerte…
Recuerda todo lo que tienes sin merecer, todo lo que posees que a otros les falta, todo lo que se te ha dado sin tú pedirlo…
Despide este año dando gracias y confiándole al Señor el año próximo. Ya verás que, como reza el Te Deum, no quedarás «defraudado para siempre».
Y el día 1 por la mañana, no te pierdas la retransmisión de la Misa del Papa Francisco desde el Vaticano que será retransmitido para Europa y para todo el mundo por…
?Tatá tatarata taaa tará ?
?tará ta ta ta ta tá
ta ta ta tará…?
#Feliz2020 #FindelHilo