#HilodelosDolores

Este Viernes de Dolores tiene un acento especial en esta crisis mundial del #COVIDー19. En muchas partes del mundo se celebran hoy los Dolores de María, que son los dolores del mundo. Abro #hilodelosDolores

Viernes de Dolores por tantos muertos, por tantos moribundos que hoy darán el paso, por tantos enfermos, por tantos contagiados, por tantas familias rotas de dolor.

Viernes de Dolores de nuestros sanitarios exhaustos ya. Dolores de pies, de manos, de espalda y de cara por la maldita mascarilla, las gafas protectoras o la visera…

Viernes de Dolores por nuestros ancianos, por nuestros niños, por nuestros adultos especialmente vulnerables que sufren el miedo ante el bombardeo de informaciones, el no entender bien lo que está pasando.

Viernes de Dolores por los centenares de miles que se han quedado sin trabajo de la noche a la mañana.

Viernes de Dolores por quienes han tenido que cerrar su empresa, su negocio, o han tenido que dejar su actividad como autónomos.

Viernes de Dolores por tantos y tantos… Por ti, que me lees y que quisieras encontrar un sentido a tanto dolor como el que estamos viviendo particularmente y como sociedad. Si te sirve de consuelo, María, cuyos dolores celebran hoy en muchas localidades donde es tradición, tampoco entendía nada sino que guardaba todas esas cosas en su corazón.

Guardemos por tanto, estos acontecimientos en nuestro corazón y pidámosle a Dios poder ser buenos cireneos suyos en esta Semana Santa que siempre recordaremos. Acompañemos a los que sufren y recemos por ellos, como María al pie de la cruz de su hijo. Este año, más que nunca, la procesión va por dentro. #FindelHilo

#HilodelFútbol

Hoy, San Luigi Scrosoppi, considerado por muchos patrón del fútbol por su dedicación a los niños y al deporte.

Hay mucha relación entre fútbol y vida cristiana. Lo vemos en el #hilodelFútbol
#saintStories

El fútbol es un deporte de equipo, como la comunidad cristiana, la Iglesia. Todos tienen un carisma, todos importantes, cada uno en su posición, pero en comunión. Si a uno se le ocurre ir por libre, ¡fuera de juego! (1 Cor 12, 4-11) (Jn 17, 21-23)

El fútbol es una disputa contra un contrario. Hay que evitar que el mal nos marque un gol. Por eso hay que estar vigilantes contra «el enemigo». (1Pe 5,8) (Mt 6, 13)

Para ganar en el fútbol, hay que llegar a la meta, batir al «guardameta». No es fácil, porque el campo es ancho, pero la puerta es estrecha… (Flp 3, 14) (Mt 7, 13-14)

Como en el fútbol, en nuestras parroquias, si las cosas no salen como nos gustaría, el recurso fácil es criticar «al de negro» ?

En el juego hay que ser limpio o te arriesgas a que te pongan una tarjeta. Si la falta es muy gorda, no puedes seguir jugando. Pero tras la penitencia puedes regresar.

No se puede jugar desde el banquillo. La vida cristiana necesita obras, movimiento, acción, solidaridad con el compañero, iniciativa, visión de juego. (St 2, 18)

Se me ocurrirían muchas cosas más, pero se me acaba el tiempo.

Así que, en el minuto 90, te apunto la última. ¿Qué es lo más que puede celebrar un futbolista? ¿No es levantar una copa y pasarla a sus compañeros? ?(Mt 26, 27) #findelHilo

#HilodeLázaro

Un Dios que llora. Se lo dices a cualquiera y no cree que sea Dios. Pero sí, Jesús llora en el Evangelio de hoy. Llora porque lloran sus amigos, llora porque llora el mundo, llora porque el dolor de los demás es el suyo.

Abro hilo.

Hoy, Jesús llora por las víctimas del #Covid_19 y con sus familias.

Hoy, Jesús llora contigo, que sufres el miedo por ti y los tuyos.

Hoy, Jesús llora contigo, que pasas las penas del confinamiento.

Hoy, Jesús llora contigo, que no puedes abrazar a los que quieres. Hoy Jesús llora contigo, sanitario, que estás molido de cansancio, agobiado y exhausto.

Hoy Jesús llora contigo, que ocupas un puesto de responsabilidad, y que te desvives por hacerlo bien aunque tantos te den portazo. Hoy, Jesús llora contigo en la incertidumbre laboral y económica que se te plantea.

Hoy, Jesús llora por la humanidad que ya desespera, que ya «huele», como el cadáver de Lázaro. Pero hoy, como entonces, Jesús, levantando los ojos a lo alto, dice:

-«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.» Hoy, tu Dios sufriente, tu Dios que te acompaña en el dolor. Te grita con fuerte voz:
-«Lázaro, ven afuera»

Sal del miedo y la desesperanza que da apoyarse solo en las cosas materiales y pon tu vida en Él. Sal del sepulcro de una vida solo para ti y encuentra la luz en la vida para los demás.

Sal del vendaje de los afectos con el que te has atado y que te impide ser feliz.

#QuedateEnCasa pero sal de tu encierro y camina hacia quien es la Resurrección y la Vida. Y dile, como Marta: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Tú eres la Resurrección y la Vida. Contigo llorando hoy a mi lado. ¿A qué voy a temer?

#HilodelÁngelus

Hoy celebramos la Solemnidad de la Anunciación (o Encarnación) del Señor. Un misterio cristiano que, cada mediodía, muchos recuerdan con el rezo del Ángelus. Lo que no sabes es que esta oración nos une a los musulmanes. Te lo cuento en el #HilodelÁngelus #PrayForTheWorld

Antes que nada hay que explicar algo que, aunque para muchos es obvio, otros muchos desconocen también, y es que hoy se celebra la Anunciación porque faltan justo 9 meses para la Navidad. ?

¡9 meses antes del parto en Belén!

Celebramos hoy, por tanto, el momento de la Concepción de Jesús en el vientre de María tras aceptar la propuesta del arcángel Gabriel que le propuso ser la Madre de Dios.

En realidad, todos deberíamos celebrar una pequeña fiesta 9 meses antes de nuestro cumpleaños. Al fin y al cabo es ese día (aproximadamente, el instante preciso no lo conocemos), el que marca el inicio de nuestra existencia.

Porque si hay un antes y un después en la vida del ser humano es en ese momento en el que se unen las células del padre y la madre dando lugar a un nuevo ser. Todo lo demás, es evolución de ese nuevo individuo distinto al padre y a la madre. De embrión a feto, de feto a bebé, de bebé a niño, de niño a joven, de joven a adulto, de adulto a maduro, de maduro a viejo y de viejo al fin de la vida biológica.

Por eso este día también la Iglesia celebra la #JornadaPorLaVida en la que se hace un llamamiento al respeto a la vida humana desde su concepción hasta su fin natural. Algo que, lamentablemente, no todo el mundo comparte. Pero ese es otro cantar.

El caso es que el momento de la concepción de Jesús en el seno de María es muy importante porque marca el momento histórico en el que Dios se hizo hombre.

Esto es un escándalo para muchos que solo están dispuestos a admitir a Dios como un ser creador muy lejano que desde su atalaya más allá del cielo contempla a los hombrecillos en sus miserables vidas mortales.

¡Pero que Dios se encarne (se haga carne), se humille hasta el punto de ser engendrado dentro de una mujer mortal, pase por todos los sinsabores y sufrimientos que un ser humano pueda padecer y muera torturado es algo que requiere un esfuerzo mental!

Pero sí, amigo, sí, amiga. Tu Dios ha tomado tu carne para poder salvarla, para poder salvarte. Porque a causa del pecado estábamos condenados a morir, pero ahora ya no.

Y por eso, el misterio de la Encarnación nos habla del infinito amor que Él nos tiene, y por eso lo hacemos presente a diario en una oración sencilla que es el Ángelus.

La hora habitual para rezarlo es a las 12 del mediodía, el momento que marca el final de la mañana y el inicio de la tarde, el momento en el que “el sol que nace de lo alto” (metáfora con la que nos referimos a Jesús), llega a lo más alto, su cénit, y comienza a caer. Históricamente se ha rezado también a otras horas (6 de la mañana y 6 de la tarde), pero la más popular siempre ha sido la del mediodía hasta el punto de que a las 12.00 horas se le llama también “la hora del Ángelus”. A esa hora, ha sido históricamente costumbre dejar la faena que se tiene entre manos para hacer una pausa y rezar esta oración encomendando a Dios la tarea realizada.

El famoso cuadro que abre este hilo, del pintor francés Jean F. Millet, recoge el momento en el que dos campesinos dejan su tarea habitual para rezar el Ángelus. Muchos tratamos de seguir esta piadosa costumbre en la medida de lo posible y yo lo recomiendo porque ayuda mucho. ¿Sabes esa alegría que da, a las 8 de la tarde, cuando sales a la ventana a aplaudir al personal sanitario?

En medio del hastío del confinamiento por el coronavirus, es como una burbuja de aire fresco que nos recarga las pilas. Es un momento para agradecer a quien está dando la vida por nosotros, para sentirnos unidos todos los vecinos y todo el país, y para decir: ¡Hay esperanza!, ¡De esta salimos! #TodoVaASalirBien

Esta idea, por tanto, no es nueva, sino que los cristianos llevamos muchos siglos llevándola a cabo a nuestra manera. A las 12 lo dejamos todo, le damos gracias a Dios por dar su vida como hombre por nosotros; nos sentimos en comunión con todos los cristianos del mundo que a esa hora lo rezan, y ponemos nuestra mirada esperanzada en la Resurrección que nos espera.

Con esta breve pausa, parece que no, pero las pilas se recargan. En medio de las tareas domésticas, del agobio del trabajo, o de la convalecencia, uno se para, reflexiona, mira hacia adelante y se dice: ¡Animo! Pero vamos al origen de esta tradición, porque la idea la “copiamos” un poco de nuestros hermanos del Islam.

¡Madre mía! ¡Otro escándalo! Yo con esos no quiero nada ni de lejos. Es lo mismo que pensaba cualquier cristiano en la época en la que San Francisco de Asís viajó a Egipto con la idea de predicar el Evangelio a los musulmanes, lleno de afecto hacia ellos y de celo apostólico. ¡Imaginaos, era en plena guerra de las cruzadas!

Por cierto, se acaban de cumplir 800 años de aquella peregrinación y os recomiendo que leáis, como hice yo con fruición en su día, el número especial que la @RevistaTS le dedicó y que me ayudó a pasar del escándalo a la admiración. Lo tenéis gratis aquí PDF MAY-JUN 2019 | Centro Tierra Santa https://www.centrotierrasanta.com/pdf-may-jun-2019

Aquella visita histórica no fue ninguna ñoñada ni vana ilusión de San Francisco, sino que se convirtió en un hito del diálogo interreligioso que dio como fruto algo tan serio como que tú hoy puedas visitar los Santos Lugares, pues ese fue el origen de la @custodiaTS.

Bueno, hoy no podrás, porque estamos confinados, pero en cuanto salgamos de esta, pregunta a mi amigo @toonespinosa de pereginaciones.com y sácate el billete.

Dicen las crónicas franciscanas que San Francisco se quedó impresionado durante aquel viaje a tierra de “infieles” con la devoción con que los musulmanes oraban a distintas horas del día al oído de la llamada del muecín.

Si has viajado a un país musulmán, habrás visto cómo hay un miembro de la mezquita que, cinco veces al día, sube al minarete (o por megafonía) y lanza un canto en el que se convoca a la oración a todo el pueblo. Aquel recuerdo de su viaje a Oriente movió a Francisco a promover su imitación y en sus Cartas a los custodios les pedía: «que de tal modo anunciéis y prediquéis a todas las gentes su alabanza (al Señor Dios vivo y verdadero), que, a toda hora y cuando suenan las campanas, siempre se tributen por el pueblo entero alabanzas y gracias al Dios omnipotente por toda la tierra» y, en otra, decía: «que se publiquen por pueblos y plazas las alabanzas de Dios».

Pero no fue en vida San Francisco quien estableció el rezo del Ángelus, sino Fr. Benito de Arezzo quien, hacia el año 1250 (Francisco murió en 1226), introdujo en su convento la costumbre de cantar o recitar, a la caída de la tarde, la antífona El Ángel habló a María (Ángelus locutus est Mariae) mientras sonaban las campanas. La cosa fue a más cuando el capítulo general que presidió San Buenaventura en Asís el año 1269 estableció “que los hermanos exhortaran al pueblo a saludar a la Virgen con las palabras del Ángel cuando al atardecer sonara la campana de completas” Y ya más tarde (S. XIV) vinieron los otros toques de campana de la mañana y del mediodía.

Es curioso cómo debemos a los franciscanos, y su ardiente veneración a la Encarnación del Señor, tres especialísimas formas de celebrarla: el Belén, la peregrinación a Tierra Santa (no hay encarnación si no se concreta en un lugar) y el rezo del Ángelus. Por cierto, ¿y el nombre de Ángelus de donde viene?

Pues, como en tantas otras oraciones y documentos de la Iglesia, de algo tan sencillo como de la primera palabra por la que empieza el texto en latín. La plegaria consiste en tres frases sencillas sobre la Encarnación de Jesucristo y tres Ave Marías. Que comienzan recordando el diálogo del arcángel Gabriel con María diciendo:
“El Ángel del Señor anunció a María. Y concibió por obra del Espíritu Santo”. Lo que en latín sería:
«Ángelus Dómini nuntiávit Maríae.
Et concépit de Spíritu Sancto».

Bueno, y si no sabes el resto y quieres aprender a rezarlo puedes buscar en Google varias páginas que te enseñan que yo ya me estoy alargando. Lo que me interesa es que hoy hayas aprendido la importancia de recordar a diario que Jesús se hizo hombre y habita entre nosotros.

Y que no hubiera sido posible sin la valiente respuesta de una mujer que dijo: “hágase en mí según tu palabra”. Porque Jesús quiere volver a nacer, a través de ti, cada día, en tu realidad temporal. En medio de tu tarea, en tu profesión, en tu dedicación diaria. Un ángel (este hilo) viene a decirte: ¿Quieres que Dios nazca en ti?

¿Quieres ser tú instrumento de Dios para que Él pueda hacer su obra y habitar en medio de tu vida, en medio de tu familia, en tu profesión, en tu ambiente? Pues ahí queda esa invitación diaria a volver nuestros ojos a Dios, a reiniciar nuestro día para ponernos de cara a Él Un reseteo que hemos aprendido de otra tradición religiosa con la que compartimos tanto y que, a la vez, desconocemos tanto. ¿A que no sabías por ejemplo esto del Ángelus?

Os invito a leer esta publicación de Mons. Cristóbal López en su Facebook (seguidlo), arzobispo de Rabat, recientemente creado cardenal por el Papa. Él sabe mucho de diálogo con los musulmanes (vive entre ellos) y nos invita a dejar de verlos como enemigos, como extraterrestres

Y para terminar el hilo de hoy, dedicado al Ángelus, nada mejor que la oración con la que concluimos cada día su rezo y que dice así: Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su pasión y su cruz lleguemos a la gloria de la resurrección, por Jesucristo nuestro Señor. Amén. #FindelHilo

Cursillo «Tiempo de líderes» en Amecameca (Estado de México)

El 6 de marzo de 2020, Antonio Moreno pronunció la conferencia: «El liderazgo creativo en medios de comunicación» dentro del cursillo de señores «Tiempo de líderes, liderazgo cristiano en el mundo hipermoderno» organizado por Regnum Christi.

El encuentro tuvo lugar en el Centro de Encuentros y Convivencias CIDEM de Amecameca, en el Estado de México.

#HilodeSanJosé

Hoy, San José.
En tiempos del Coronavirus, vaya esta oración para que intercedas ante tu Hijo.

  • Tú que protegiste de los peligros a María y a Jesús, protégenos a nosotros y a nuestras familias de este mal que nos acecha.
  • Tú que no entendías el plan de Dios para tu vida, ayúdanos a comprender el porqué de esta situación y a aprender de ella.
  • Tú que sufriste en soledad el miedo y la duda, consuela a los que están hoy más solos.
  • Tú que trabajabas en tu hogar de Nazaret mientras enseñabas a Jesús tu oficio, fortalece e ilumina a los padres que tienen hoy que trabajar en casa mientras ayudan en los estudios de sus hijos.
  • Tú que afrontaste el riesgo huyendo de Herodes para salvar a tu familia, alienta y protege a los sanitarios que están dándolo todo y arriesgando su vida para salvar a otros.
  • Tú que guardas silencio a lo largo de todo el Evangelio, danos el don de callar en estos tiempos de excesos, o de aportar la palabra justa que construya y traiga esperanza.
  • Tú, que acompañaste a María en su embarazo y en su difícil parto, socorre a las embarazadas y parturientas estos días más complicados.
  • Tú que sufriste la angustia de perder a un hijo, envía alegría y esperanza a quienes en este tiempo sufren agobio y ansiedad.
  • Tú que viste nacer a tu hijo en la pobreza y el destierro, ayúdanos a no olvidarnos en este tiempo de los pobres, de los sin hogar, de los inmigrantes…
  • Tú que obedeciste las órdenes de los gobernantes yendo a empadronarte a Belén, ayúdanos a cumplir con las recomendaciones de las autoridades, y dales a ellos sabiduría y espíritu de servicio al bien común.
  • Tú que enseñaste a Jesús a decir «Abbá», enséñanos a nosotros también a reconocer a Dios como nuestro Padre bueno en medio de este dolor.
  • Tú que, en sueños, hablaste tantas veces con Dios, ayúdanos a soñar con un mundo mejor cuando pase la pandemia. T
  • Tú, que eres el patrón de la buena muerte, acompaña a los que están muriendo hoy, a los que van a morir estos días, con Jesús y con María. AMÉN

#HilodelCoronavirus

Miles de muertos, cientos de miles de contagiados, supermercados arrasados, países enteros encerrados en sus casas… El coronavirus nos ha puesto ante una realidad: nuestra vida, sin Dios, pende de un hilo. #HilodelCoronavirus Aquí tienes lectura para la #CuarentenaCoronavirus

Situaciones parecidas a esta que estamos viviendo en países como España o Italia ya las conocíamos.

Nos las han mostrado las películas de Hollywood. ¡Pero pensábamos que eran solo ficción! ¡Que nunca iban a pasar! Y ahora resulta que no. Que un simple microorganismo saca lo peor de todos nosotros y nos lanza como hienas hacia las estanterías del Mercadona del barrio.

Es una reacción por otra parte muy humana. ¿Y si mañana no nos dejan salir ni al súper? Confieso que yo también he comprado un poco por encima de mis posibilidades por si acaso…

Por otra parte, sin dejarse llevar por ese miedo atávico, también es inteligente comprar un poco de más puesto que cuantas menos veces salgamos a la compra, menos posibilidades de contagio tendremos.

En los hospitales, la gente está muriendo. Y más que van a morir. Las familias no pueden ni siquiera celebrar un funeral en condiciones. Todos conocemos a un amigo o al amigo de un amigo que está infectado.

El virus nos ronda, nos acecha y el pánico empieza a hacer sus efectos en la gente más sensible.

Las medidas excepcionales de los gobiernos son inéditas: confinamiento, cierre de negocios, movilización de todos los recursos sanitarios y del ejército… No podemos salir a pasear, a tomar un café al bar, quedar con los amigos…

Los cimientos de nuestro estilo de vida se tambalean. Ojalá este tiempo que nos toca estar en casa, sin tantas obligaciones, sin tantas distracciones, nos ayude a reflexionar sobre cómo vivimos, sobre “para qué” vivimos.

Porque a lo mejor nos damos cuenta de que hasta ahora vivíamos en una mentira. Estudias 20 años, das lo mejor de ti en tu carrera profesional, trabajas para comprarte aquel coche y pagarte tus aficiones y ahora te encuentras encerrado en casa y sin saber de qué hablar con tus hijos que tampoco saben de qué hablar contigo.

Porque no te conocen. No los conoces. No te conoces.

A lo mejor tienes 45 años, o 70, o 30, y nunca te habías preguntado esto: «Yo, ¿para qué vivo?» Y basta con que una carta de este castillo de naipes que es la civilización occidental se caiga para que todo el edificio se nos derrumbe encima.

Al ciudadano medio, nos hacen creer (el mercado, los que manejan el cotarro) que todo está controlado. Como en aquella película de “El Show de Truman”, en el que la vida del protagonista no es más que un programa de televisión en el que todos están compinchados excepto él, cuidan de que no nos falte esa sensación de bienestar que nos hace “creer” que somos felices.

Nos dejan tener nuestra familia, nuestra casita, nuestro cochecito, nuestros hobbies…

Para que Truman no salga del enorme plató de televisión que han construido para el programa (¿no has visto la película? ¡tienes que verla!) le infunden el miedo al mar, pues ahí le hicieron creer que se ahogó su padre. De esta manera, nunca se le ocurriría atravesar el mar para huir.

Quizá tú tienes suerte y tienes un trabajo o una pensión que te da para ir al súper, tomarte unas cervezas, ir a la moda, salir a pasear con tus amigos, hacer vida más o menos familiar… Consumir en definitiva. Y para que no salgas de este gran “plató” en el que vives, te infunden miedo, un miedo enorme. Tan grande que impide siquiera que pienses en él.

Y es el miedo a la muerte.

Por miedo a la muerte trabajas día y noche, porque crees que, sin trabajo, te morirás de hambre y porque así puedes pagar el seguro privado (por si acaso), y los estudios de los niños para que ellos no se mueran cuando sean mayores…

Por miedo a la muerte tienes tus aficiones, tus pequeños (o grandes) vicios que te distraen, que te hacen no pensar en las cosas importantes…

Por miedo a la muerte no te das del todo a tu familia, a tus amigos, a la sociedad, porque si entregas tu vida, la pierdes ¿no?

Por miedo a la muerte buscas el dinero, la fama, el ser reconocido… Buscas que te quieran porque en realidad sabes que estás muerto. No tienes vida dentro y te la tienen que dar desde fuera.

Por miedo a la muerte, fíjate qué curioso, pedimos incluso que nos maten con la eutanasia. Porque le tenemos tanto miedo que no nos atrevemos ni siquiera a mirarla a la cara sino que preferimos que nos duerman y que pase rápido…

Ojo, que no estoy diciendo que haya que sufrir masoquistamente o que esté mal trabajar, ganar dinero legítimamente, hacer que los niños estudien o tener aficiones. Se me entiende ¿no? Lo que quiero decir es que el miedo nos paraliza y preferimos “entretenernos” con las cosas de “atrezzo”, con la decoración del plató en lugar de preguntarnos por el sentido de todo esto, por quién soy yo. ¿Para qué vivo? Por eso el mensaje del Evangelio es tan absolutamente revolucionario, porque nos quita el miedo a la muerte. Dios, hecho hombre, ha tomado nuestra muerte y la ha matado. Ha dado su vida por ti para que tú, hoy, no tengas miedo a morir y recuperes la libertad perdida.

Perder el miedo a la muerte te capacita para amar con toda tus fuerzas, con toda tu alma, con todo tu ser. ¡Ya no tienes miedo! No te aferras a las “cosas” porque no mueres, por eso puedes amar al insoportable de tu marido, a tu suegra, a aquel vecino…

Sin Dios, esto del coronavirus es un drama. ¡Qué miedo! Nuestra vida pende de un hilo. Con Dios, nuestra vida sigue pendiendo de un hilo, sí, pero abajo hay una gran red, que son sus brazos amorosos, lo que nos permite vivir todo esto con una gran confianza, con una gran esperanza. Pero, si Dios es bueno, pensarás tú, ¿porqué ha permitido que exista este virus mortal? Si nos ama, ¿por qué nos ha mandado este mal?¿No será que no es tan bueno o no es tan poderoso? Este es un dilema clásico de la teología, el problema del mal.

La respuesta no es sencilla, pero lo voy a intentar. Verás, el mal físico proviene de las imperfecciones propias de un mundo que tiende a la perfección, a la consumación, pero que está aún en “status viae” (dicen los teólogos) es decir, que todavía es limitado, caduco, provisorio.

Significa que la naturaleza tiene sus propias reglas. Lo llaman su «legítima autonomía». Una infección vírica es un proceso natural y no es, de por sí, un mal; un terremoto es, de por sí, una liberación de energía de las placas tectónicas que no pretende en principio destruir al hombre, aunque a veces lo haga.

Por tanto, no le podemos echar las culpas a Dios por ninguno de los males naturales. De hecho, si no hubiera sido por un gran terremoto, quizá los continentes no habrían emergido nunca del fondo de los océanos y por lo tanto no habríamos existido.

Sin virus tampoco seríamos lo que somos hoy puesto que casi un 10% de nuestro ADN está formado por ADN viral antiquísimo. Se cree que cuando los virus se insertaron en nuestro ADN dieron lugar a nuestra forma de reproducción sexual. Ellos le dieron al espermatozoide la capacidad de fusionarse con un óvulo. Como ellos entran en una célula y le transmiten su ADN, así nos dieron la capacidad de unir los dos gametos. Si quieres más datos pincha aquí.
The Ancient Gamete Fusogen HAP2 Is a Eukaryotic Class II Fusion Protein Gamete fusion across eukaryotic branches uses an ancient factor homologous to viral fusion proteins. https://www.cell.com/cell/fulltext/S0092-8674(17)30109-5?_returnURL=https%3A%2F%2Flinkinghub.elsevier.com%2Fretrieve%2Fpii%2FS0092867417301095%3Fshowall%3Dtrue

Es decir que… ¡Somos un poco virus! En definitiva, la creación en la que estamos insertos es un proceso dinámico, no estático.

No somos figuritas de un Belén en un paisaje muerto, sino que nuestro espíritu, nuestra biología, el medio ambiente, están entrelazados en un proceso hipercreativo propio solo de un genio Y este genio no se desentiende de sus criaturas sino que está creándonos y a la vez amándonos, entrelazando sus hilos con los nuestros…

Lo de que aún está en proceso (en “status viae” le dicen los teólogos) nos lo explica muy bien San Pablo en su epístola a los Romanos. Dice: «Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto». El virus, como el terremoto, como el tsunami, como el volcán, como el cáncer… no son más que dolores de parto, porque la culminación de la creación aún no ha llegado.

Si has parido sabes de qué te hablo. Cuánto dolor, cuánto sufrimiento ¿verdad? Pero qué bello regalo cuando abrazas a tu hijo, y lo hueles… Dios no es el autor del mal; Dios puede sacar, del mal, el bien. La creación, con sus imperfecciones, está lanzándonos un grito que dice: «ojo, que yo estoy sin acabar, que la vida verdadera está aún por llegar, no te aferres a mí…»

Como nos recuerda el Papa en Laudato Si’, Dios, «de algún modo, quiso limitarse a sí mismo al crear un mundo necesitado de desarrollo, (…) donde muchas cosas que nosotros consideramos males, peligros o fuentes de sufrimiento, en realidad son parte de los dolores de parto que nos estimulan a colaborar con el Creador»

¡Colaborar con Él! ¡Te das cuenta de a qué gran misión te está llamando! Él no es un guionista que te limita, te encasilla en tu papel… ¡Él te deja intervenir en el guión del show! Te deja que improvises. Porque solo el que te ama de verdad te da libertad, te permite equivocarte. Ahora, eso sí, la libertad tiene un precio. Puedes usarla solo en tu beneficio y ahí está el mal causado por el hombre y la mujer de hoy: guerras, violencias, explotación de los más débiles y de la propia creación… (ese sí es el mal que es imputable y fácilmente identificable, el que hacemos nosotros), …o para el bien, y ponerte al servicio de los demás porque, dando la vida, no la pierdes, sino que la ganas.

¿Nos daremos cuenta de esto cuando pase la crisis del #Coronavid19? ¿O volveremos a nuestro plató a seguir interpretando el papel cerrado que nos han dado los guionistas?

Ojalá estos días de confinamiento, de no poder abrazarnos, de no poder salir a tomar algo consigan hacernos más libres haciéndonos entender que esta vida es pasajera, caduca, limitada… Ojalá descubramos el para qué vivimos y descubramos a la gente que vive a nuestro alrededor y espera de nosotros que las queramos.

Ojalá rompamos la barrera del miedo que nos impide salir más allá del plató. Para ello tenemos una ayuda. Y es que estamos en Cuaresma. Un tiempo que empieza recordándonos que somos polvo y que nos prepara para la fiesta que nos libera del trauma de la muerte, la Pascua de Resurrección. En unas semanas celebraremos, como podamos, con o sin procesiones, con o sin celebraciones en los templos, otro tiempo en el que el calendario litúrgico sigue haciendo de pedagogo, la Semana Santa. Rememorando la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, se nos enseña de nuevo que Dios saca, del mal, el bien. Dice el Catecismo que, «del mayor mal moral que ha sido cometido jamás, el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los hombres… Dios, por la superabundancia de su gracia, sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención».

Nosotros lo matamos y él nos libró de la muerte. ¿Hay amor más grande? Es Cuaresma, tiempo de conversión. El coronavirus ha venido a sacar bien del mal, a hacernos más fuertes ayudándonos a entender la verdad más profunda de nuestra existencia. Que no es otra que la de saber que esta vida pasa, pero que nos esperan un cielo nuevo y una tierra nueva. En los que viviremos ya libres para siempre de virus, de terremotos, de enfermedad y de muerte.

Y que esa vida nueva podemos empezar ya a experimentarla si somos capaces de amar como Él nos amó, dando la vida por quienes nos rodean, no buscando nuestro propio interés sino el de nuestro prójimo.

Quedarse en casa para evitar extender la pandemia es una buena forma de amar; también poner nuestros dones al servicio de la comunidad; o cuidar de quienes lo están pasando mal… Sin miedo, con libertad, abriendo la puerta de lo desconocido, amando… Esa es la belleza de la vida cristiana #Findelhilo

#HilodelaCeniza

Miércoles de Ceniza. ¿Por qué miércoles? ¿Por qué no lunes o martes de ceniza? Hoy es día de ayuno y abstinencia ¿Por qué nos abstenemos de carne y no, por ejemplo, de chocolate? Esta y otras curiosidades de la #Cuaresma te las explico hoy en el #HilodelaCeniza#MiércolesdeCeniza

Siempre que llega este día me acuerdo de mi amigo Emilio Saborido (qepd) que siempre que se hablaba del tema hacía el chiste de decir: «el Miércoles de Ceniza, que este año cae en miércoles» Y ahí está la cuestión, ¿por qué otra vez cae en miércoles? Esta Navidad la hemos celebrado un miércoles, pero el año anterior fue un martes ¿por qué celebramos el Miércoles de Ceniza y no el martes de ceniza? La respuesta es muy sencilla y nos sitúa ya ante el verdadero significado del día de hoy: porque lo que celebramos es el inicio de los 40 días de preparación para el domingo de Pascua de Resurrección y en el cómputo desde el domingo hacia atrás, la cosa cae en miércoles. El domingo de Pascua es una fiesta variable, que otro día os explicaré cómo se calcula (tienen que ver la luna y las estaciones), el caso es que es el día más grande del calendario cristiano. No hay fecha más importante, no hay fiesta mayor que la Pascua. Ella da sentido a todo: a la Cuaresma, a la Navidad, a Pentecostés, al Corpus, al Jueves y Viernes Santo, a la Ascensión, a la Inmaculada Concepción, a la Encarnación y a todas las fiestas de santos y vírgenes que se te ocurran. Porque la Resurrección, amigo, ¡ay amigo! es lo que da sentido al cristianismo. Tanto que (nos dice san Pablo) sin ella, “vana es nuestra fe”. Si Cristo no ha resucitado, ¿qué sentido tiene todo esta parafernalia? ¡Señores, que hay uno que ha vuelto del cementerio! ¡Que la muerte ha sido vencida! ¡Que tú no mueres para siempre! ¡Que se te han regalado vidas infinitas! ¡Madre mía es tan grande esto que hasta me emociono de escribirlo! A lo mejor a ti no te dice nada, quizá es que has pensado poco en la muerte. Yo pienso bastante a menudo y, ¡puf! da mucho miedo. Por eso, es enormemente consolador y llena de sentido esta vida, saber que no acaba todo en ella, sino que estamos llamados a otra vida aún mejor, aún más plena y feliz. Con esto ahondamos en el significado del día de hoy. La ceniza que nos imponen sobre la cabeza hace referencia a la vanidad de las cosas terrenales. La ceniza es lo que queda después de quemar cualquier cosa. Es ¡nada! Un polvo fino que se lleva el viento. Esa es la materia que compone el mismo cerebro con el que desarrollamos fármacos contra el cáncer o diseñamos satélites artificiales; de eso están hechos los miembros que nos llevan a la cima del Everest… Todo lo humano, por muy espectacular que parezca, queda en nada al pasar por esta vida. Por eso, en este día reflexionamos sobre las cosas importantes, las que duran para siempre, las que no se lleva el viento. Y miramos a la Pascua con la esperanza de que, tras la muerte, tras el “fuego”, nos espera, no la nada sino el todo: vivir para siempre junto a Dios. –inciso– Esto de “junto a Dios” sé que es difícil de imaginar porque, si no conoces a este señor, puedes pensar: “bueno, no sé, puede ser un rollo una eternidad entera al lado de este”. Pero para que lo entiendas, Dios es la fuente de toda tu felicidad, aunque tú no lo hayas conocido personalmente. Y “estar junto a” Él significa ser completamente feliz, sentirte muy querido. Las cosas de la “otra vida” donde no sirven nuestras coordenadas espacio-temporales son difíciles de imaginar, por eso siempre hay que tirar de analogías, de ejemplos como… ¿Sabes ese abrazo de una madre donde se para el tiempo? Pues todavía mejor –cierro aclaración–. Por cierto, que el listo que todo lo sabe ya lleva un rato con la mano levantada. ¡A ver, dí! –Que si contamos 40 días hacia atrás desde el domingo de Pascua (este año el 12 de abril), no llegamos al 26 de febrero, sino al 3 de marzo. ¡Mira!

¡Y tiene razón el tío! ¿Será verdad que, este año, el Miércoles de Ceniza cae en martes? Este chivatazo del listo de la clase me va a servir para sacar el otro tema del que os quería hablar: el del ayuno y la abstinencia. Veréis. La Cuaresma es un tiempo de penitencia y conversión. ¿Qué quiere decir? Pues que es un tiempo de arrepentimiento, de reconocer nuestra realidad egoísta, nuestra debilidad (en cristiano, nuestro pecado), y regresar al buen camino. Y esta penitencia interior, se expresa exteriormente de tres formas según la Escritura y la Tradición: el ayuno, la oración y la limosna. Expresan la conversión (el cambio para bien) con relación a:
1. Uno mismo (AYUNO)
2. Dios (ORACIÓN)
3. Los demás (LIMOSNA) En resumen, nos privamos un poquito de nosotros mismos (ayunando) para estar más pendientes del importante, que es Dios (orando más intensamente), que se encarna en nuestros hermanos, sobre todo los más necesitados (y los hacemos presentes mediante la limosna). Pero hay un inconveniente. Está bien ayunar en este tiempo pero, ¿y el domingo? Si es el Día del Señor en el que celebramos la Resurrección ¿Tiene sentido ayunar? Como se pregunta Jesús en Mc 2, 19: «¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos?». Y Él mismo se contesta: «Mientras el esposo está con ellos no pueden ayunar». De ahí que, en el cómputo de los 40 días de penitencia para preparar la Pascua, haya que sacar los domingos correspondientes. Por eso, no es verdad que este año caiga en martes el Miércoles de Ceniza. Quitando los domingos, mira cómo queda:

Y ahí está el día de hoy marcando el inicio de estos 40 días (como los 40 días de Jesús en el desierto, como los 40 años del pueblo de Israel antes de llegar a la tierra prometida), de preparación para la Pascua. Concretando el tema del ayuno, os recuerdo que las normas del Código de Derecho Canónico obligan al ayuno y abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Mientras que el resto de viernes de la Cuaresma, solo es obligatoria la abstinencia. Lo de los viernes es porque es el día en que murió Jesús en la cruz, y lo recordamos de esta forma. ¿Y el ayuno cómo se hace? @confepiscopal propone hacer una sola comida al día, aunque no se prohibe tomar algo por la mañana o por la noche. Obviamente siempre y cuando la salud y la edad lo permitan. La abstinencia, por otra parte, consiste en no comer carne. Pero qué tontería no comer carne ¿entonces puedo comer chocolate que me gusta mucho más? Mira, puedes hacer lo que te dé la gana. Y si quieres comerte un jamón entero también. Porque si vas con esas preguntas es que no te enteras de nada, y hagas como hagas la abstinencia te va a dar igual. Si pretendes cumplir la letra de la ley y no el espíritu estarás haciendo un acto vacío y sin sentido que no te ayudará en nada. El espíritu de la abstinencia es, como su propio nombre indica, abstenernos, privarnos de algo especial y la carne era un manjar en nuestra cultura. En las fiestas de los pueblos se sacrificaba algún animal cebado para comerlo juntos –un cerdo, un ternero, un cordero, aunque fuera una gallina…–. No así con el pescado, porque se supone que es un tipo de alimento menos “festivo”, menos “enjundioso”… Por eso sí se puede comer pescado los viernes de Cuaresma. En este sentido, de poco vale no comer carne y hacer un festín con otro tipo de alimentos no cárnicos, porque de lo que se trata es de hacer un día de penitencia, no uno de fiesta con mariscos o postres delicatessen. Lo mismo que te digo esto, te digo que tampoco vale comer carne con la excusa de que “como de todas formas hoy en día tenemos a nuestro alcance diario tanto la carne como el pescado ¿qué mas da?” ¡No hijo no! Ese tampoco es el espíritu de la ley. Lo que nos dice la Iglesia es una obligación. ¡Uy, obligación, qué palabra más antigua! ¡Si lo que hay ahora solo son derechos! Sigues sin entender nada. A la Iglesia “le da lo mismo” que tú cumplas o no la obligación, porque la obligación (como la de ponerte el cinturón de seguridad) es en beneficio tuyo, no de ningún juez ávido de sancionar a quien la incumpla. La abstinencia es tan buena para nosotros, que (como Iglesia que somos) nos autoimponemos esa norma para vivir bien la Cuaresma y preparar bien la Pascua. Obedecer una norma (incluso una que puede parecer desfasada), es en sí mismo ya una abstinencia. Una forma de humildad, de aceptar que uno es ceniza, polvo, nada… A la abstinencia también se le llama “vigilia” (que significa estar despierto, en vela), porque nos ayuda a estar alerta. El hecho de saber que es Miércoles de Ceniza o viernes de Cuaresma y que no se puede comer carne (aunque hoy no sea un lujo comerla) ya nos mantiene en tensión, en perspectiva de la Pascua. Vas a desayunar, como siempre tu loncha de pavo o de bacon y tienes que decir, ¡uy, hoy no que es vigilia! Aquí cada uno tiene que discernir según su cultura, la dieta de su país, su situación económica… Porque también puede abstenerte uno de ese cigarrillo después del café, de esa cerveza del aperitivo, de ese capitulo de la telenovela, de ese vestido que te sienta tan bien, de esa siesta, de esa compra compulsiva… Hay que estar alerta, ser consciente del tiempo, de las horas, de los días. Porque Dios se encarna en tu historia, en tu tiempo, en la dimensión humana. Jesús era un gran pedagogo. ¿Tenía obligación Jesús (ojo, Dios), de ayunar, de cumplir la ley religiosa? Y sin embargo vemos cómo la cumplía, porque como hombre se sometió a los mandatos de su Padre. Y tú dices: «¿ayunar? ¡qué tontería!» ¡Pues tú te lo pierdes! Come, bebe, haz lo que quieras y no podrás disfrutar, como quien sí se “somete a la ley”, como quien sí se priva de algún manjar, de lo que significa conocerse bien a sí mismo, saber quién eres. Y seguirás engañándote a ti mismo creyéndote alguien en la vida, andando por el mundo como si fueras a vivir para siempre sin darte cuenta de que el tiempo se te acaba, de que el reloj ya marca la cuenta atrás… “Conviértete y cree en el Evangelio”, “recuerda que eres polvo y al polvo has de volver”. Sabias palabras que nos repetirán hoy en todas las parroquias del mundo. Te conviene hacerles caso porque hoy es un gran día. Hoy empieza el camino hacia la felicidad, hacia el abrazo infinito del Padre que se nos regala en la noche santa de la Pascua. Estás invitado. Solo si quieres, claro. #FindelHilo

Y si quieres una buena ayuda para la Cuaresma, en el libro #LaCajadeLosHilos encontrarás 40 hilos para estos 40 días. Lo puedes encontrar en librerías religiosas, en @PPCEspana, y en Amazon en el siguiente enlace

#HilodelaPresentación

–¡Tengo que lograr escapar! ¡Este no es mi sitio! ¡Tengo que entregar mi mensaje! –arrullaba nervioso en uno de los jaulones apilados en los aledaños del templo un joven palomo torcaz–
–¡He de llegar a mi destino! –seguía diciendo, mientras buscaba entre los finos barrotes, a izquierda y derecha, arriba y abajo, un lugar por el que poder salir volando–.
–¡Te quieres callar pichón! ¿No ves que nos estás poniendo nerviosos a todos –le contesta una vieja paloma, desde el jaulón contiguo–
–¡Eso eso! ¡Cállate un poco! –apoyaron varias de ellas–.
–¡No lo entendéis! Yo no soy un palomo normal, yo no he sido criado para los sacrificios en el templo. Yo soy un palomo mensajero y tengo que entregar el mensaje a mi dueño. Es urgente.
–¡Hemos dicho que te calles! –Gritaron desde todas las jaulas–.
–Haya paz, haya paz –calma una paloma blanca–. Ya sabemos, amigo, que a ti te crio y te entrenó un mago muy sabio de Persia…
Sabemos que él te había entregado hace varios meses a un pastor que había ido por aquel país y que te trajo hasta Jerusalén para que tú, llegado el momento, volaras de vuelta a casa de tu amo con el mensaje en tu pata de la mayor noticia jamás contada.
–¡Pero me han cazado por error! –replicó el palomo–.
–Siii. También sabemos que habías parado en la fuente a beber agua antes de meterte en el desierto y, en esas, ¡zas!, te cazó un chiquillo que luego te vendió por una moneda al comerciante de palomas…
Pero lo que queremos decirte es que, por más que grites, no vas a conseguir nada. Nada que no sea hacernos la vida imposible a las demás.
–¡Dejadla que se queje! –interrumpió una tórtola con una mancha marrón en las plumas de la cabeza con forma de capucha desde uno de los cajones superiores–.
Tiene derecho a querer cumplir su misión. Nosotras hemos nacido para esto, para dar nuestra vida en rescate por los pecados de los hombres, y a eso nos dedicamos. Pero ella…
–Tiene razón –continuó otra tórtola que tenía la misma mancha marrón–…
Nosotras no hemos seguido la costumbre de nuestras hermanas y no nos hemos emparejado (las tórtolas son el símbolo de la fidelidad en muchas culturas porque se unen a una pareja para toda la vida y no cambian ni aun tras la muerte de la compañera).
Nacimos para dar la vida por otros. Y a obedecer a este mandato dedicamos todas nuestras energías. No tenemos nada nuestro, ni nuestra propia vida. Este palomo nos necesita ahora. Allá vosotras si no la ayudáis.
–¡Haced lo que queráis con tal de que se calle de una vez! –contestaron las palomas en coro–
En eso, una joven pareja con un niño en brazos se paró ante el puesto del vendedor de aves y le pidió dos de las más baratas.
El comerciante sacó entonces de la jaula las dos tórtolas de la capucha marrón que, al unísono, picotearon con todas sus fuerzas las manos que las sostenían hasta lograr que las soltasen, yéndose a posar sobre el jaulón del palomo mensajero.
–¡Malditas tórtolas! –gritó el vendedor– mientras, de un salto, se abalanzó sobre ellas.
Logró atraparlas, pero tirando el jaulón al suelo y rompiéndolo en mil pedazos, momento que el palomo aprovechó para salir volando hasta el alero del templo.
Desde allí arriba pudo contemplar el final de la escena. El comerciante entregó las dos tórtolas a la familia, que entró en el templo.
Inmediatamente se les acercó un anciano que tomó al niño en brazos y se puso a bendecir a Dios diciendo: «¡Ahora Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz!»…
Aquellas palabras le recordaron la urgencia de entregar el mensaje que llevaba en su pata e inició su vuelo mientras veía cómo otra anciana, llena de alegría, se acercaba a contemplar al niño.
Durante los quince días que duró la travesía, el palomo no pudo dejar de pensar en las dos tórtolas, y en el sacrificio que hicieron por él y por aquella familia.
Pudiendo haberse escapado, prefirieron dejarse atrapar para salvarlo a él y para ofrecerse como víctimas en rescate por ellos.
En cuanto aterrizó en el palomar, el criado que lo atendía salió corriendo a buscar al señor de la casa y darle la noticia.
A pesar de los miles de kilómetros recorridos, nuestro intrépido palomo seguía en alerta. Prefería esperar a entregar su preciado mensaje antes de retirarse a descansar, pero enseguida llegó el dueño.
–¿Dónde estás palomo mío, mi más valiente guerrero? ¡Yo sabía que volverías pronto, que no me ibas a fallar! –lo halagaba, pletórico, mientras lo mecía con cariño pegándolo a su mejilla–. ¿A ver qué me has traído?
Con mucho cuidado, tomó el pequeño trozo de pergamino que venía liado a la pata del palomo, lo desenrolló y lo leyó con avidez:
«Querido Baltasar: Vuestra predicción tras ver la estrella es correcta. Los pastores confirman que ha nacido el Rey que esperaba el pueblo de Israel. Emprended el viaje previsto». #FindelHilo
P.D.: Dedicado a todos los consagrados que dedican su vida a liberar a los hombres y mujeres de las esclavitudes de hoy. Como las dos tórtolas, siguen ofreciendo su vida por Cristo, viviendo en castidad, obediencia y pobreza, y ayudando de forma anónima a llevar el mensaje de salvación a la humanidad entera.

#HilodelaEstrella

En la Epifanía del Señor celebramos que unos Magos (no creyentes) llegaron a Belén y adoraron al niño Dios. Quizá a ti te pase lo mismo que a ellos: eres hombre o mujer de ciencia, pero a Dios lo buscas y no lo encuentras. Hoy puede ayudarte este #HilodelaEstrella #ReyesMagos
Está basado en un cuento que me contó mi abuela Luisa y que a ella le había contado su abuela que a su vez lo había oído a “un cura de su pueblo que era muy santo”.
Y es la historia de la Estrella de Belén.
La Estrella de Belén, ya sabes, la que guió a los Reyes Magos hasta el niño Jesús, era una estrella muy fuerte, muy brillante. Tanto, que llamó la atención de Melchor, Gaspar y Baltasar.
Ninguno de los tres creía en Dios, pero sí que eran buscadores de la Verdad, hombres profundamente abiertos al misterio, a lo desconocido…
Y como observadores de la naturaleza y estudiosos de la filosofía y de las tradiciones más ancestrales, entendían que es necesaria una figura que explique el orden en medio del caos y que colme las más altas aspiraciones humanas.
Aquella estrella extraordinariamente brillante llamó su atención. Quizá conocían las profecías del pueblo judío que hablaban de la llegada de un Mesías y, con sus cálculos, interpretaron este fenómeno como una señal de su nacimiento.
Según el cuento del que es heredera mi familia, aquella estrella fulgurante fue elegida entre todas las demás para esta trascendental tarea por su fuerza, por su poderoso brillo:
–Tu misión será guiar a los Magos. Ese día tendrás que sacar lo mejor de ti –le guiñó Dios en el lenguaje de las estrellas–.
–No te arrepentirás, Señor. Confía en mí. No habrá punto más brillante en toda la galaxia –respondió la estrella en tono marcial–.
–Una cosa sí tengo que decirte –añadió el Todopoderoso– esta es una misión única en la historia que no se volverá a repetir nunca. ¿Conoces los riesgos?
–Sí, Señor. Nuestros instructores del ejército celestial nos prepararon para las misiones más difíciles. Sé a qué me expongo.
–Adelante, pues. Ve tomando posiciones y espera instrucciones.
–A tus órdenes, mi Señor.
La estrella partió entonces hacia la Tierra en un viaje de millones de años luz. Por el camino iba recibiendo el aplauso y la admiración de toda la galaxia:
–Miradla, por ahí va. Nadie brilla como ella, no hay otra mejor, gritó una supernova adolescente
–Me quedo embobado mirándola… ¡Ay, qué recuerdos cuando yo tenía tanta luz! –suspiraba un agujero negro–
–Y qué misión tan importante, qué porte lleva, con qué elegancia camina por el Universo –exclamó una enana roja–
El viaje duró unos millones de años (para las estrellas son como unos días para nosotros) hasta que por fin llegó a la Tierra y se situó en el punto indicado del firmamento, al Oriente.
Aquella noche reinaba la paz en el Universo. La hermana Sol se había escondido ya y todas las demás hermanas estaban en perfecto orden, dispuestas a tomarle el relevo y alumbrar aquel pequeño planeta que tanto amaba Dios.
Entonces llegó la orden:
–Atención, atención ¡Hora H! Repito ¡Hora H! Coros de los ángeles, anunciad la noticia a los pastores. Estrella de Oriente, lanza tu mensaje: ¡Hemos nacido! Esto no es un simulacro. Repito ¡Hemos nacido!
Había llegado la hora de darlo todo. ¡Tanto tiempo esperando este momento!
Nuestra estrella se concentró, recordó todo por lo que había estado tanto tiempo entrenándose y comenzó a sacar lo mejor de sí.
Su brillo se fue haciendo más y más intenso. Tanto, que las estrellas de alrededor comenzaron a desaparecer de la vista, apagadas por la extraordinaria fuerza de su compañera.
Incluso cuando Sol volvió a alumbrar el lugar y ya no era posible ver ninguna otra estrella desde la Tierra, muchos hombres puderon ver aún el brillo de nuestra estrella, en pleno día.
A las 24 horas, llegó la orden de retirada:
–¡Fin de la misión! La operación Navidad ha sido un éxito. Los pastores y los magos han sido contactados. Enhorabuena a todos.
Un gran clamor resonó a lo largo y ancho del universo. Todo había salido a la perfección. La misión había sido un éxito.
Nuestra estrella, completamente exhausta, respiró aliviada.
Nunca había tenido que sostener su brillo en posición máxima tanto tiempo.
Volvió a colocar su termostato en posición “NORMAL” y se durmió tranquilamente, con el gusto del trabajo bien hecho.
Lo había dado todo y aún le quedaba combustible para unos pocos millones de años más. En su sueño, disfrutaba de una jubilación apacible, tranquila, siendo admirado por todos como la gran heroína, la que más brilló nunca jamás…
Mientras tanto, los Magos, que habían contemplado el fenómeno cósmico y que lo habían interpretado como el nacimiento del nuevo rey de los judíos emprendieron su viaje hacia Israel.
Sus cálculos eran ciertos, sus investigaciones correctas, pero erraron creyendo que ese rey, el más grande rey nacido jamás, iba a ser como el resto de reyes del mundo.
Y fueron a buscarlo al palacio de Jerusalén.
¿Y allí a quién encontraron? A un rey corrupto: Herodes.
El rey se sobresaltó porque no quería que nadie le quitara su puesto de privilegio y mandó a los sumos sacerdotes y a los escribas que investigaran dónde había de nacer el niño.
Estos le indicaron que en Belén de Judea. Así que, sin más, nuestros tres reemprendieron la marcha hacia aquella ciudad.
Por el camino, comentaban lo rara que había sido la reacción de Herodes y les pareció que no era trigo limpio, por lo que comenzaron a preocuparse.
Temían no encontrar el lugar donde estaba el niño; temían que los guardias de Herodes lo encontraran antes que ellos; así que pensaron:
«Si este niño es el Mesías, el enviado por Dios para salvar al mundo, quizá este Dios poderoso y fuerte pueda ayudarnos».
Tomaron un poco de incienso del que llevaban y lo quemaron rogando a Dios una señal.
El humo del incienso subió hasta el cielo, tan alto tan alto, que llegó hasta nuestra estrella, despertándola de su profundo sueño.
–Cof, cof, tosió. ¿Qué pasa? ¿A qué tanto humo?
–Tranquila –respondió el Señor– es la oración de los magos que piden ayuda.
–Entiendo Señor. Respondió rauda mientras se acicalaba al darse cuenta de que estaba en la presencia del Altísimo.
–Verás… Mi Hijo recién nacido… necesitamos ayuda urgente para guiar a los magos. Estamos en peligro, Herodes nos quiere matar…
–¿Y qué puedo hacer yo, Señor? Estoy casi sin combustible. No podría sostener mi brillo máximo más que unos minutos…
–No te preocupes, no estábamos pensando en ti. Para esta misión no hay que ser especialmente brillante. Hemos pensado que, para indicar el lugar exacto a los Magos, la mejor manera de ayudarles sería que una de vosotras cayera a la Tierra, junto al lugar donde vivimos.
Solo la posibilidad de realizar esta misión llenó de desazón a nuestra amiga. ¿Dónde iba a quedar la reputación de la estrella que lo hiciera? Caer a la tierra como un vulgar meteorito… ¡Qué horror!
Esa jubilación honrosa que esperaba, rodeada de la admiración y el respeto de sus compañeras… ¿A la basura? Jamás habría imaginado poder acabar su carrera de una forma tan ignominiosa.
En ese momento, otra gran humareda volvió a hacerle toser.
–Cof, cof, cof
–Repito, no te preocupes –sonrió Dios comprensivo– se lo encargaremos a otra cualquiera, tú ya has hecho suficiente. Te agradecemos mucho tu trabajo. ¡Has sido fundamental!
Un millar de estrellas comenzaron entonces a tintinear ofreciéndose voluntarias para la misión que estaba requiriendo Dios, que comenzó a rebuscar con la mirada con cuál de ellas quedarse hasta que…
–¡Nada de eso, bajaré yo! –destelló nuestra estrella haciendo que todas las demás palidecieran de nuevo–.
–¿Y por qué tendríamos que elegirte a ti? Explícate –le preguntó el Altísimo–.
–Los magos me conocen a mí, saben que yo soy la señal que esperan. Ellos nos conocen bien. Otra estrella distinta los confundiría.
Además, si tú siendo el Todopoderoso, te has hecho uno de ellos, será porque esos seres son mucho más importantes de lo que nos imaginamos por aquí.
–¿Estás segura de lo que dices? ¿No te importa perder todo lo que tienes aquí, todo lo que habías creído importante hasta ahora?
–No, Señor. Yo sé que tú eres amor. Eres bueno y misericordioso. Yo sé que tú das el ciento por uno y que del mal sacas el bien. Yo sé que eres el Dios de las sorpresas.
–Pues no se diga más ¡Adelante!
Nuestra amiga comenzó entonces a brillar de nuevo en todo su esplendor e inició su descenso hacia la Tierra.
Los magos vieron pronto su luz en el cielo y ¡qué alegría mas grande les dio volver a verla!
–¡Es ella! Exclamaban mientras tomaban el rumbo que les marcaba su trayectoria descendente.
En su caída hacia el planeta azul, la estrella fue perdiendo más y más masa, haciéndose más y más pequeña. Tan pequeña como un planeta, tan pequeña como un cometa, tan pequeña como un vulgar meteorito…
Al pasar cerca de la luna solo le quedaba combustible para unos segundos, sabía que era el fin. Pensaba en el deber cumplido, en el amor que Dios tenía a aquellas criaturas, en poder dar un rayo más de luz para que los Magos pudieran conocerlo a Él…
Hasta que su brillo desapareció del firmamento.
Aunque los magos estaban ya en la aldea de Belén, buscarlo casa por casa les llevaría horas, y si Herodes se llegaba a impacientar lo encontraría antes que ellos…
¿Cómo iban a localizarlo sin la luz de la estrella?
De repente, un fuerte estruendo les hizo elevar la mirada. Allá en lo alto, un gran resplandor. ¡Era la estrella convertida en un bólido que bajaba a toda velocidad!
Al chocar contra la atmósfera, rompiéndose en mil pedazos, iluminó de nuevo el camino a los Magos que vieron cómo un gran fragmento cayó junto a un gran olivo que, al instante, comenzó a arder.
En pocos minutos, los Magos llegaron junto al olivo que estaba situado frente a un sencillo taller de carpintería en el que encontraron al Niño y a su madre.
Entraron en la casa y entonces lo entendieron todo. ¡Qué equivocados estaban!
Llevaban toda su vida buscando a Dios desde categorías humanas. Buscaban a un Dios poderoso, que arreglara los problemas del mundo; a un rey fuerte, que impidiera el mal; a un salvador rodeado de su cohorte y que se manifestara con poder, abiertamente.
Y a Dios, al Dios de las sorpresas, no se le encuentra por el camino habitual (el de Herodes) sino por un itinerario alternativo como el que ellos tomaron.
Hay que dar el rodeo de la humildad, de la sencillez, de la pobreza, del amor gratuito no interesado…
Fue entonces, cuando lo reconocieron como Dios, cuando lo adoraron, y le hicieron entrega de sus presentes: oro, incienso y mirra.
Y, avisados en sueños de que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino, siempre otro camino distinto al habitual. No sin antes tomar en sus lámparas de aceite la llama de aquel olivo que aún ardía.
A lo mejor a ti te ha pasado lo que a los Reyes: no encuentras a Dios porque has ido a buscarlo donde no está.
Buscas al Dios que tú te has construido en tu cabeza, como tú crees que debería ser.
Buscas a Dios donde tú crees que debería estar: en un palacio, sentado en su trono, rodeado de su corte.
Buscas a un Dios poderoso y fuerte, a un Dios que construya tu historia como tú piensas que debería ser, a un Dios que no permita que se mueran los buenos y que triunfen los malos…
Un Dios lógico, un Dios cuadriculado…
Pero resulta que Dios trastoca nuestros planes y se hace niño.
Pero un niño niño; no un niño que dispara rayos láser con los ojos o que levanta un camión con una mano.
Un niño humano con olor a caca de niño.
Y tú dices: «noooo, no puede ser. ¿Dios oliendo a pañal sucio? Ese no es Dios.
Lo tienes delante y no lo ves.
Te pasa igual cuando miras la Iglesia y ves sus pecados. ¡Tantas faltas graves por parte de muchos de sus miembros! Y dices: «ahí no puede estar Dios. Una Iglesia con «olor a humanidad» no puede ser de Dios».
Y ya no ves todo el bien que hacen los que sí son sal, los que sí son luz…
Y es que, en medio de esa basura, en ese olor pestilente a pañal sucio, se hace presente Dios.
¿No sabes que Dios ha escogido lo necio del mundo para confundir a los sabios?
Porque Dios se te propone, no se te impone.
Porque Dios no quiere deslumbrarte, quiere iluminar tu camino.
Porque Dios no quiere coartar tu libertad.
Porque Dios se deja perder contra ti, porque te ama.
Y solo el amor verdadero respeta la libertad del amante.
Pero para verlo, hay que hacer el camino de los Reyes, el camino de la Estrella.
Hacer un largo viaje, bajar desde lo alto de tu pedestal, bajar desde lo más alto del firmamento, echar abajo tus proyectos y arrodillarte ante un niño.
Por cierto, que no te he contado el final de la historia de la estrella.
En contra de lo que parecía, la estrella siguió viviendo, ¡sigue viviendo hoy y lo seguirá haciendo muchos miles de años más!
Porque las lámparas que encendieron los magos con su fuego y que llevaron a su país fueron conservadas por las primeras comunidades cristianas para encender sus cirios.
Y esa luz se ha ido transmitiendo ininterrumpidamente de generación en generación.
Todavía hoy puedes ver su llama si entras en cualquier Iglesia.
Junto al Sagrario, ese lugar en el que se guarda el pan eucarístico, hay siempre una pequeña luz que indica que Dios está ahí presente.
Otra vez de forma humilde, otra vez de forma alternativa para confundir a los sabios: Dios en un trozo de pan.
Y en esa pequeña luz, sigue brillando nuestra estrella, ahora muy humildemente, señalando el camino a los que buscan al Señor.
Y todas las estrellas del firmamento, cada noche, miran desde el cielo, por las ventanas de las iglesias para admirarla de nuevo.
Pues será para siempre la estrella más famosa. La estrella que guió a los magos y que sigue hoy guiando a hombres y mujeres del siglo XXI a la presencia del Señor del Universo.
Una estrella que fue potente y luminosa y que ahora es pequeñita y humilde como aquel Niño que nació en Belén #FindelHilo