#HiloGuadalupano

Hoy es la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Una de las advocaciones marianas más queridas del mundo. Pude visitarla en persona hace unos meses y lo que allí vi y viví no es explicable. Como hace 500 años, hoy la Virgen te lanza también a ti un mensaje en el #HiloGuadalupano.
La milagrosa historia de este icono mariano ya la conocéis seguro. Os la resumo.

La imagen es como un sello que garantiza la autenticidad de un total de 5 apariciones de Santa María de Guadalupe a San Juan Diego en diciembre de 1531.
Juan Diego pertenecía a la etnia de los chichimecas. Se bautizó ya de adulto junto a su mujer, atraído por la predicación de los padres franciscanos. Era un hombre sencillo, buen cristiano.
Curioso que su nombre antes del bautismo fuera Cuauhtlatoatzin, que significa «águila que habla» o «el que habla con un águila».
¿Recuerdas esa imagen del libro del Apocalipsis en la que a la «mujer vestida de sol con la luna bajo sus pies» (como aparece representada aquí María), se le dan «las dos alas del águila grande» para huir de la serpiente?
¿Y sabes que el autor del Apocalipsis es el mismo Juan del Evangelio del mismo nombre, cuya representación simbólica es tradicionalmente un águila?
¿Predestinación, casualidad? Entre juanes y águilas anda la cosa.
Se ve que a nuestro Juan Diego se le daba bien eso de hablar con aves porque un 9 de diciembre escuchó el canto de unos pájaros que lo llamaban por su nombre: «Juanito, Juan Dieguito»
Subió tras ellos a la cumbre del cerro de Tepeyac y allí vio a una señora cuyo vestido era brillante como el sol (igual que la imagen bíblica) que le dijo: «Hijito mío el más amado: yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdaderísimo Dios»

Juan Diego fue, obediente, al obispo a presentarle el mandato de la señora y, ante la negativa de aquel, volvió esa misma tarde a la cumbre del Tepeyac a pedirle a la señora que escogiera a otro mensajero ante su falta de efectividad.
La Virgen le insiste. «es indispensable que sea totalmente por tu intervención que se lleve a cabo mi deseo. Muchísimo te ruego y con rigor te mando, que mañana vayas otra vez a ver al Obispo».
El obispo se negó a creerlo por segunda vez y le pidió una señal. La Virgen se le aparece entonces por tercera vez y le dice que vuelva al día siguiente para recibir esa prueba para que el obispo no desconfiara.
Sin embargo, Juan Diego no pudo acudir a la cita porque su tío se puso muy enfermo.
Un día después y ante el agravamiento del tío, salió a buscar a un sacerdote y lo hizo dando un rodeo para que la señora no lo encontrara por el camino y retrasara su urgencia.
Pero la Virgen salió a su encuentro para tranquilizarlo por la enfermedad de su tío con una palabras que hoy vienen a consolar también tu corazón preocupado:
«¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? –le dijo– ¿no estás bajo mi sombra? ¿no soy yo tu salud? ¿no estás por ventura en mi regazo? ¿qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella».

Y le pidió que recogiera unas flores de lo alto del cerro y se las llevara al Obispo como prueba.
A pesar del frío invierno, Juan encontró varias flores, las recogió en su tilma (manto tradicional) y se las llevó al prelado, Fray Juan de Zumárraga (otra vez Juan).
El 12 de diciembre, tal día, como hoy de hace 489 años, Juan Diego desplegó su tilma delante del obispo y, ante el asombro de todos los presentes, las flores se esparcieron y en la tilma apareció estampada una imagen de la Virgen.
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Es la misma tilma que hoy, si no fuera por el Covid-19, irían a ver cientos de miles de fieles, pero que también podemos ver aquí en directo por Youtube.
Es increíble que se haya conservado tan bien después de casi 500 años.
Otros tejidos confeccionados de la misma fibra de izótl se descomponen en apenas dos décadas, se pudren; pero esta pieza, a pesar de haber estado expuesta durante muchos años al salitre y a la humedad, se conserva intacta.
Le ha caído incluso ácido sin ser dañada y sobrevivió sin un rasguño a un atentado de bomba. Este crucifijo que fotografié cuando visité su santuario fue el que se llevó la fuerza de la explosión. El Hijo protegió a la Madre.


La imagen está cargada de simbolismo, de detalles inexplicables que también hacen pensar que no es obra humana.
Ojo a la palabrería que hay en torno a ella, pues hay muchas leyendas y suposiciones que no están confirmadas y en las que prefiero no entrar. Y es que solo con lo que sí que sabemos seguro, ya hay suficiente para calificar la reliquia de absolutamente extraordinaria.
Para hacer este hilo, he tomado los datos del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos (morenita.mx), una asociación dependiente de la Arquidiócesis Primada de México.

Un centro cuya misión principal es investigar con la ayuda de expertos, historiadores, científicos, etc., todo lo relacionado con el gran acontecimiento guadalupano con verdad y responsabilidad sustentado en la fe y en la ciencia.
Es por tanto la fuente oficial más importante que existe.
La imagen de María impresa milagrosamente en la tilma de San Juan Diego es una Inmaculada Concepción, como te he contado antes, según la representación del apocalipsis, pero inculturada perfectamente en la cultura indígena.
Por eso se dice que es un «códice» que permite a los indígenas «leer» quién es esa mujer a primera vista y entender su mensaje.
Ellos captan a través de la imagen muchísimas cosas que, para los europeos, pasarían desapercibidas.
Por ejemplo, el manto azul verdoso que porta la Virgen de Guadalupe, para ellos es un mensaje muy importante, porque solo el emperador podía portar estos colores: el azul del cielo y el verde de la vida.

Primer mensaje: María es emperatriz.
En el manto aparecen 46 estrellas cuyo orden corresponde a la posición las constelaciones en el solsticio de invierno (la Navidad) de aquel 1531. María nos anuncia la llegada de su Hijo.

De su rostro, los indígenas podían aprender mucho, pues está inclinado en señal de humildad. Es una mujer que se para frente al sol, pisa la luna y se viste de estrellas, pero dice que hay alguien mayor que ella.

Sorprendentemente, la inclinación coincide con los mismos grados de inclinación de la tierra, 23,5 grados. María, madre terrestre del hijo de Dios

Su rostro es mestizo, símbolo de su maternidad universal. Como dice la tradición indígena: «su rostro no es ni de de ellos (los españoles), ni de nosotros (indígenas), sino de ambos». Por eso se le llama con cariño «la Morenita».
¡Ella es madre tuya también, sea cual sea tu color!
«Porque, en verdad, yo me honro en ser tu madre compasiva, tuya y de todos los hombres que vivís juntos en esta tierra, y también de todas las demás variadas estirpes de hombres, los que me amen», le dijo la Virgen a Juan Diego.
La Virgen de Guadalupe posa delante del sol, por lo que la rodean rayos de oro en forma de almendra, lo que significa divinidad para los indígenas.


Ellos decían que «su poderío es tal que se para frente al sol, nuestro dador de vida, y pisa la luna, que es nuestra guía en la lucha por la luz y se viste con las estrellas, que son las que rigen nuestra existencia y nos dicen cuándo debemos sembrar, doblar o cosechar.

Los ojos de María manifiestan misericordia y compasión. Son los ojos de una madre que te mira con cariño.

Pero son unos ojos especialmente vivos, pues reflejan la imagen que están viendo como hacen tus ojos o los míos.
En el caso de los de la Virgen de Guadalupe, ambos ojos reflejan las mismas imágenes teniendo en cuenta la perspectiva de cada uno y sus proporciones.
Hay quien incluso ha llegado a reconocer en dichos reflejos a los personajes que fueron testigos del milagro de la estampación de la imagen en la tilma.
La boca de María nos regala una tierna sonrisa gracias a la casualidad de que coincide sobre un nudo del tejido de la tilma.

Un nudo en los labios de quien «guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2, 19)
También su pelo nos lanza un mensaje, pues ese peinado partido a la mitad y peinado hacia abajo significa virginidad, ya que la casada tenía que hacerse un trenzado especial. María es Virgen.

Las manos de María están en oración al estilo europeo (juntas) pero, a la vez, al modo indígena (tomando un corazón en sus manos y presentándoselo a Dios).

Ellos lo explican así: “Nuestros mayores ofrecían corazones a Dios, para que hubiera armonía en la vida. Esta Mujer dice que, sin arrancarlos, le pongamos los nuestros entre sus manos, para que Ella los presente al verdadero Dios”.
La rodilla doblada en «paso de danza» nos confirma esta actitud orante de María según la costumbre indígena.
Una pregunta: ¿Sabes por qué se dice que una mujer embarazada esta encinta? Viene de la costumbre de anudar una cinta al vientre cuando una mujer estaba esperando el nacimiento de un hijo.
Pues la Virgen de Guadalupe está encinta. Es mujer de espera, de esperanza, de este tiempo de Adviento en el que estamos y en el que se apareció a Juan Diego.

El broche ovalado con la cruz en el centro recuerda a la piedra semipreciosa que los indígenas colocaban en sus ídolos de piedra y que denominaban el corazón de la divinidad. Lo pulían hasta verse reflejados en ella.

Es el lugar donde podemos vernos reflejados, la cruz, el sitio donde Cristo se ha ofrecido por cada uno de nosotros. Fue allí, al pie de la Cruz, donde nos entregó a María como madre.
Mientras que para los españoles los adornos del vestido de la Virgen eran solo flores ornamentales, para los indígenas tenían un mensaje añadido.

Todas las flores tienen su raíz en el cielo representado por el manto azul verdoso lleno de estrellas, lo que significa que es una flor que nace del cielo y crece en la tierra.
La flor tiene forma de cerro acabado en punta (Tepeyac –el lugar en el que se apareció– significa cerro punta), mientras que su tallo tiene forma de corriente de agua.
Para ellos, «flor y agua» quiere decir «civilización», lo que significa una civilización enraizada en lo celeste. ¡Somos ciudadanos del cielo caminando en la tierra!
La flor-cerro también tiene apariencia de corazón, arterias, sangre… lo que para ellos era el sustento de la divinidad.
La Virgen está también rodeada de nubes. Para los indígenas era muy importante la frase «entre nieblas y nubes», que significa:

  1. Alguien que viene de un lugar a todos desconocido (así saludó Moctezuma a Hernán Cortés)
  2. Abrir un cofre de riquezas espirituales
  3. Ser ojos, oído y boca de aquel invisible y espiritual que venía entre nubes.
    Así que María entre nubes significaría: «La que viene del lugar a todos desconocido, Ella abre un cofre de las riquezas espirituales y Ella es ojos, oído y boca de aquél invisible y espiritual, que en Ella se manifiesta visible».
    ¿Te parece poco claro el mensaje?
    Seguimos recorriendo la imagen deteniéndonos ahora en el angelito a sus pies.
    En la iconografía occidental, los ángeles son meras figuras acompañantes de María. Aquí es una figura central.

Es un cuauhtlatoatzin, que significa: águila que habla cosas divinas o preciosas, pues tiene alas de águila. (otro águila 😱)
La está presentando y, con Ella, a quien es el centro de la imagen que es Jesucristo dentro del vientre de María.
Con su mano derecha toma la punta del manto lleno de estrellas que significa el universo y con la izquierda sujeta la punta de la túnica rosa, que significa la tierra. Él une en armonía el cielo y la tierra. Así es como eran representadas las águilas en los códices.
Los colores azul, blanco y rojo de las alas junto con el negro de la luna; son los colores de los cuatro puntos cardinales el negro simboliza al Norte; el azul, al Sur; el blanco, al Oeste; y el rojo, al Este.
El mensaje de María es universal, para todos los hombres y mujeres, para todos los pueblos.
La calvicie del ángel también tiene su significado, pues para los indígenas simboliza ancianidad, sabiduría ancestral.
O sea: «hacedle caso, porque este sí que sabe…».
Y la luna, ¿por qué es negra?

Es negra porque está a contraluz con el sol, como ocurre en un eclipse.
Pero a diferencia de los eclipses que para sus culturas vaticinaban desgracias, esta mujer que tapa al sol, nos trae una nueva era gozosa.
María parece danzar (orar para los indígenas) sobre el centro de la luna. Atención, porque lo que viene es grande…
¿Sabes que la expresión «Me-xi-co» significa «en el centro de la luna» o «en el ombligo de la luna», lo que a su vez significa «en el hogar de la divinidad omnipotente»?
¡Es decir, que esta mujer encinta se encarna en el pueblo de México para anunciarnos que ella nos lleva al mismísimo Dios y lanza desde ahí su mensaje a todo el mundo!
Eso mismo explica esta flor de cuatro pétalos que está en el vientre de María.

Representa el Nahui Ollin y que significa: El verdaderísimo Dios por quien se vive.
Es pues el mensaje central de toda la imagen: Jesucristo, el hijo de María es Dios mismo, creador del Universo y viene a salvarnos en Navidad.
Viene a todos los hombres, a todas las razas, a todas las culturas… incluso a todas las religiones.
¿Por qué si no quiso llamarse a sí misma «Santa María de Guadalupe»?
María, nombre de origen hebreo y Guadalupe, nombre de origen árabe. Un nombre que coincide, además, con el de la advocación de la que eran devotos muchos de los conquistadores, de origen extremeño, Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de Extremadura.
Oriente y Occidente; Europa y América; indígenas y europeos; cristianos, judíos y musulmanes; todos los hombres y mujeres de la tierra estamos convocados hoy ante esta imagen a contemplar los misterios del cielo y a vivir con Esperanza.
Y es que muchos creen que el Apocalipsis es un libro trágico que nos anuncia males futuros, pero es todo lo contrario.
Es un libro con el que Juan quería animar a su comunidad a resistir frente a los males presentes (la persecución, Nerón…). Tiene un caracter positivo y gozoso, pero hay que saberlo interpretar.
La mujer del Apocalipsis que nos presenta la venerada y querida imagen guadalupana viene este año más que nunca a decirnos: ¡ánimo, que viene el Señor, que viene el Rey!
El coronavirus ha sumido al mundo en la desesperanza, la desilusión, la tristeza y la angustia.
Pero María viene a sacarnos de ahí y a animarnos a celebrar esta Navidad que viene como la mejor de nuestra vida.

Y, si miramos de nuevo a sus manos, nos indica cómo lograrlo.

En primer lugar, si te fijas, las manos parecen tener tonos distintos de piel. Nos traen un mensaje de unidad de los pueblos, unidad entre los pueblos. Solo unidos podremos salir de esta crisis mundial sin precedentes. Teniendo en cuenta al otro, sobre todo al más necesitado.
Y las manos orantes parecen invitarnos a construir una casita, como aquella que ella pidió que le construyeran, pero en el corazón de cada uno.
Va a llegar la Navidad, nos dice la morenita con su embarazo casi a término, su cinta, sus constelaciones navideñas en el manto, ¡prepara tu hogar para recibirlo!
Allí dentro, María y su hijo, como le dijo a San Juan Diego, estará «siempre dispuesta a escuchar tu llanto, tu tristeza, para purificar, para curar todas tus diferentes miserias, tus penas, tus dolores».
Celebra la Navidad como lo que es, la fiesta de la luz que brilla en las tinieblas y no temas. Al fin y al cabo, «¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?» #FindelHilo

#HilodelosExtraterrestres

En esta víspera de #TodosLosantos, te voy a contar un hecho sorprendente que le ocurrió a Carlos, el señor que duerme en el cajero automático que hay debajo de casa y que me ha hecho reflexionar sobre si realmente estamos solos o no en el universo. #HilodelosExtraterrestres

Carlos lleva siendo mi «vecino» poco más de un año.

Nunca ha molestado al vecindario. Llega por la noche con su mochila, prepara su «dormitorio», se acuesta y, muy temprano, antes de que llegue la limpiadora del banco, ya ha recogido sus cosas y se ha marchado.

Es una persona educada, culta, limpia, agradable en el trato…

No acepta ninguno de los recursos que le han ofrecido desde la administración y Cáritas para encontrar un hogar porque a él ya –asegura– le queda poco tiempo de dormir en la calle y habrá otras personas con más necesidad.

Alguna vez le he preguntado si necesitaba algo: comida, una manta, dinero… Nunca ha aceptado nada: «Gracias, Antonio, –me contestaba– tengo todo lo que necesito para vivir. ¡Hay tantas cosas que no son necesarias!».

El caso es que hace un rato, al bajar la basura, me lo he encontrado sentado en el escalón del banco y mirando al cielo extasiado.

Siguiendo su mirada me he encontrado con esta impresionante luna

–Wow, vaya espectáculo Carlos.

–¿Te das cuenta? Y hay gente que contrata la televisión de pago. ¡Qué imbéciles! Yo esta noche me la pasaría entera mirando a esta enorme señora azul.

–La verdad es que sí. Desde casa no me había fijado en lo bella que está hoy.

El incómodo silencio al quedarnos los dos inmóviles mirando al cielo lo ha venido a romper Claudia, la vecina del cuarto, que venía de pasear a su perrita:

-¿Qué hacéis ahí como dos pasmarotes?

–Shhh –le ha chistado Carlos con una mano, señalándole con la otra la luna y haciendo que sus grandes ojos azules se abrieran de par en par–.

Hasta la perrita de Claudia se ha sentado mirando fíjamente el satélite amagando una especie de canto con aullidos muy agudos

–Wow ¿Vosotros creéis que estamos solos en el Universo? –suelta así de sopetón la vecina–

–¿Cómo vamos a estar solos? –respondo–. No sabes lo que dices. Si la @NASA_es acaba de encontrar agua en la luna y fosfina en Venus. ¡Cuántas más posibilidades de vida habrá en los 3.000 millones de planetas parecidos a la tierra que hay solo en nuestra galaxia!

–¿Fosfina? ¿Qué es fosfina? –pregunta Claudia–

–Es un gas que producen ciertos microbios que viven en los pantanos o en los intestinos de los pingüinos lo que indicaría la existencia de vida bacteriana en Venus –resuelve Carlos con autoridad–.

–¿Entonces hay pingüinos en Venus? –ha dicho con asombro la vecina–

–No mujer, no digas tonterías –le he cortado–. Carlos, se ve que tú sí que sabes del tema…

–¿Que si sé del tema? He desperdiciado mi vida buscando signos de vida allí arriba sin darme cuenta de que los seres que necesitaban ser descubiertos estaban aquí abajo

–¿Eras astrólogo Carlos? –inquiere Claudia curiosa–

–Bueno –sonríe condescendiente con el insulto–, soy astrofísico. No, no me he dedicado a hacer horóscopos sino a estudiar las leyes que gobiernan el Universo.

En el fondo, desde pequeño, soñaba con ser el primer científico en contactar con otra civilización. ¡Tienen que estar arriba, por algún sitio y los voy a contactar!, me repetía cada noche.

Los últimos 20 años, antes de regresar a España hace un par de ellos, los dediqué a escrutar las estrellas desde el observatorio Steward, en Arizona.

Y ahora que preguntas lo de los extraterrestres, te voy a contar una historia de las que se suelen contar en días como hoy.

Una noche como esta, víspera de Todos los Santos, me tocó el turno de noche en el observatorio. En realidad lo pedí yo para hacerle un favor a mis compañeros que querían celebrar Halloween porque a mí era una fiesta que no me iba.

En torno a las 2 de la madrugada, las pantallas comenzaron a mostrar signos de algún evento fuera de lo normal. Una serie de pulsos estaba interfiriendo en el funcionamiento de los radiotelescopios.

Traté de contactar con alguno de mis colegas pero fue en vano, estaban todos de fiesta o con los móviles apagados.

¿Sería un mensaje desde el espacio exterior e iba a ser yo el único en ser testigo de un hecho tan trascendental?

De pronto, las señales dejaron de iluminar los sistemas de alerta de las computadoras y comenzaron a hacerse fuertes, cada vez más, pero dentro de mí.

Eran 30 pulsos fuertes y cortos y 2 silbidos largos y graves.

Vista, oído, olfato, gusto y tacto ¿a que son las únicas formas de contacto con el mundo exterior que tiene cualquier persona?

Pues aquella noche, se despertó en mí un sexto sentido. Una forma de percepción distinta que me hizo ver sin ver, oír sin oír, sentir sin sentir a una multitud innumerable.

Millones, miles de millones de seres a quienes me unía algo más que una amistad. Podría decir que fue como si, de repente, todos ellos fueran mi familia. No dejaba de ser yo, pero yo era un poco en ellos. Es difícil de explicar.

Sentía los pulsos como una enorme opresión en el pecho, como abrazos muy fuertes de alguien muy querido y los silbidos como una brisa fresca, que me llenaba de una felicidad interior… increíble.

No sé si aquello duró un minuto o toda la noche. Solo sé que, a la mañana siguiente, los registros del ordenador no habían grabado nada para poder mostrar a mis compañeros, que se mofaron creyendo que trataba de gastarles una típica broma de Halloween cuando se lo conté.

No obstante, la experiencia sensorial sí que se había grabado muy hondo en mi corazón y marcó mi existencia desde entonces.

Me obsesioné con la idea de volver a repetir esa experiencia de «comunión universal». Tanto que llegaba a pasar 15 horas diarias en el trabajo. Estaba convencido de que había tenido una experiencia de encuentro en la tercera fase.

No había visto a esos seres, pero los había sentido no sé si con la intuición o con qué otra capacidad desconocida de nuestro cerebro.

No descansaba ni los fines de semana, siempre buscando en las mismas frecuencias, calculando las fechas en las que se producían alineaciones similares de los astros…

Eso me costó el matrimonio y la salud.

Fue precisamente en el hospital de salud mental de Saint Francis donde, hace ya tres años, me dieron la llave para salir de la cárcel en la que me había encerrado.

Y no fueron los médicos, ni las drogas, sino la charla que mantuve con el capellán.

Era un jesuita cuarentón. Vestía con vaqueros y camiseta, lo que me producía cierto rechazo. Yo en el trabajo vestía siempre con bata ¿qué le impedía a este vestir de cura?

Luego me contó que era la forma de llamar menos la atención de los pacientes, y poder así acercarse a ellos, porque a algunos les ponía muy nerviosos verle con el clergyman. Al salir del hospital se lo ponía ¡Era muy inteligente y humano!

Yo le conté mi experiencia y mi convencimiento de que aquello que me pasó fue una forma de contacto con una civilización extraterrestre. Una civilización a miles de años luz en la que reinaba la paz, la fraternidad, la solidaridad… ¡Eran todo amor!

¡Tenía que volver a encontrarlos y presentárselos al mundo!

(…)
–Al escuchar a Carlos contar lo de los extraterrestres, la perrita de Claudia se ha puesto a hacer caca sin dejar de mirarlo. A mí también me ha dado algo de miedo. Pero estaba tan interesante la historia que no podía dejar de escucharla.

Lo mismo le ha debido pasar a Claudia, que ha recogido el «regalo» con una bolsita y, tras anudarla convenientemente, se la ha metido en el bolsillo sin dejar de prestar atención al relato.

Ajeno a lo que pasaba a su alrededor, imbuido en su propia historia y sin dejar de mirar de vez en cuando al firmamento, Carlos ha continuado:
(…)

–¿Es usted creyente? Me preguntó el cura.

–Supongo que como todos, de pequeño iba a Misa con mis padres pero al ir creciendo, perdí el contacto.

–Lo digo porque… no sé… esa experiencia de comunión, de vivir junto a una gran comunidad de hermanos es muy parecida a la que vivimos en la Iglesia.

–No lo dirá por su historia, porque está llena de cismas, guerras y enfrentamientos. Incluso hoy, a este papa hay algunos que no lo tragan.

–¡No, claro que no! –rió–. Es verdad que, en tantas ocasiones, no hemos sido ejemplo ni lo seguimos siendo, pero tu relato se parece mucho a lo que vivimos los cristianos y proclamamos en uno de los artículos del Credo, la comunión de los santos.

–¿Quiere decir que quienes me abrazaron fueron San Pancracio y Santa Rita? ¡Vamos hombre! Le estoy hablando de una civilización superior, mucho más avanzada que nosotros que quiere entrar en contacto con la tierra para ayudarnos a ser mejores. Están allá arriba, lo sé…

–No, no me refiero solo a San Pancracio o a Santa Rita, sino a todos los creyentes. Por eso, ese artículo del Credo se recita justo después del «Creo en la Iglesia Católica». Santos somos todos los miembros de la Iglesia.

Santos somos por el bautismo. La comunión de los santos es precisamente la Iglesia.

–Yo pensaba que todos los santos era el día de los muertos, cuando se va a los cementerios…

–No, se equivoca. Ese es el día 2 de noviembre, la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos. Ese día rezamos por ellos y pedimos que puedan vivir ya la vida eterna, porque algunos necesitan aún purificarse.

El día de Todos los Santos lo que celebramos es la comunión entre la Iglesia de la tierra y la del cielo. Nosotros creemos que nuestros amigos y familiares que han vivido realmente el mandamiento del Amor están ya glorificados, viviendo con Dios.

El que ha conocido el amor verdadero sabe que ese amor no muere nunca y que ni la muerte lo vence. Por eso, seguimos experimentando ese sentimiento de comunión con ellos. Los sentimos, como relataba usted, muy cerca, muy dentro, como un gran abrazo…

Y también aquí entre los vivos, a pesar de nuestros pecados y debilidades, los cristianos también sentimos muchas veces esa sensación de comunión con los hermanos de nuestra parroquia y de otros grupos, movimientos, realidades…

Incluso con miembros de otras confesiones. Jesús rezó y dijo: «Padre, que sean uno, como tú y yo somos uno». Pues esa es la comunión de los santos, sentirnos una única Iglesia, todos miembros y Cristo como cabeza.

El Día de Todos los Santos es el día de todos nosotros, los del cielo y los de la tierra que vivimos ya en primicia lo que viviremos después: una comunión plena y perfecta con Dios, nuestro Padre, quien nos creó, el que más nos ama.

–Vaya charlita me está soltando usted. La verdad es que echo de menos ese sentimiento de pertenencia a un grupo, a una familia, el barrio, la parroquia, la pandilla… Lo perdí cuando salí de mi casa a estudiar.

Luego, la vida profesional es muy exigente, te impide relacionarte con los tuyos, vas perdiendo contacto con unos y otros, solo piensas en ti, en tu carrera, en tus proyectos… Es una sociedad individualista la nuestra.

Al final, fíjese, me veo aquí, en un psiquiátrico, charlando con un cura que es el único amigo que tengo.

Paradójicamente, tras tantos años de investigación, lo que he descubierto es que estoy solo en el universo, justo la tesis contraria a lo que he dedicado todo mi tiempo y mis energías.

–No hombre, no estás solo. Seguro que en tu familia te reciben con los brazos abiertos en cuanto te decidas a volver, seguro que en tu pueblo, en tu parroquia estarán encantados de volver a verte en cuanto estés mejor… Siempre habrá alguien que te tienda una mano.

Y, quién sabe, puede que también haya otros seres inteligentes en otros planetas. ¿Fue Carl Sagan el que dijo aquello de si estamos solos en la inmensidad del universo, ¡cuánto espacio desaprovechado!?

Aunque si le digo la verdad, yo creo que esta es una frase muy pobre.

–Bueno, esa frase de Sagan es mítica, pero es más optimista de lo que la gente cree. No es tan fácil que haya vida inteligente por muy extraordinariamente grande que sea el universo. Nuestro planeta es una excepción.

La ilusión porque existan los extraterrestres, impulsada por la ciencia ficción, nos crea la falsa idea de que pronto los descubriremos. Pero es una falacia lógica, un fallo común de cálculo de nuestro cerebro.

Lo cierto es que las probabilidades de que existan civilizaciones extraterrestres son mínimas, infinitesimales.

No sé si conocerá, padre, la paradoja de Fermi, que viene más o menos a decir que es imposible que existan civilizaciones avanzadas en otros planetas puesto que no se han puesto en contacto con nosotros.

Luego está la ecuación de Drake, un astrofísico de la década de los 50 cuyos cálculos ya hablaban de la improbabilidad de la existencia de vida inteligente allá arriba y que ha sido recientemente recalculada a peor por científicos de Oxford.

Se habla de un número inferior a 0,00000001 posibles civilizaciones detectables al año.

También está la hipótesis de la «Tierra rara» que en resumen dice que sí, que hay billones de planetas parecidos a la tierra, pero que en ninguno se da el conjunto de excepcionalidades con que el azar ha dotado a nuestro planeta para que hayamos podido desarrollarnos nosotros.

Créame, padre, yo esto lo sé, lo he estudiado, pero es tan grande el impulso que siento desde pequeño a contactar con otros planetas, a conocer otros seres, que me he vuelto loco.

-¡No digas tonterias, tú no estás loco! Claro que puede haber vida inteligente en otros planetas, Dios es tan grande que puede haber extendido su obra creadora por toda la galaxia, por todo el universo, incluso por otros universos

Verás. Cuando he dicho que la frase de Sagan es pobre no lo decía en términos científicos. Yo de eso sé poco y tú me lo has explicado fenomenalmente que de eso entiendes mucho más que yo.

Yo me refería a que es la típica frase de un materialista. Alguien que solo cree en lo que puede ver, tocar, pesar y… comprar.

¿Espacio desaprovechado? ¿Por qué? Porque lo calcula en términos materialistas. Cuando yo construyo algo o compro algo, mido mis necesidades, quito lo que no me parece necesario, ajusto el presupuesto y lo ejecuto.

¿Para qué quiero un coche que corra a 250 km/h si solo voy por ciudad donde me limitan a 50? Lógico.

Pero eso es cuando yo construyo para mí y Dios no creó el universo para sí mismo, para darse el gusto. Él, que es amor, nos creó por amor, para amar. ¿Y cuál es la medida del amor?

¿Has amado alguna vez a alguien Carlos?–

Ya no pude aguantar más y me eché a llorar como un chiquillo. Las lágrimas caían a chorros por mis mejillas como cuando un dique se rompe por la presión de agua en una crecida. Años y años de sinsentido salieron a borbotones en un llanto liberador, purificador, casi místico

–Mi mujer me dijo eso mismo cuando me echó de casa. No he amado, la verdad es que no he amado a nadie más que a mí mismo en toda mi vida. Yo quería estar con ella, pero no la amaba, no podía amarla porque pensaba que era una pérdida de mi valioso tiempo

¿Cómo iba a estar con los niños, salir a cenar, compartir un rato de peli, sofá y manta con ella o irme de vacaciones cuando los extraterrestres estaban queriendo comunicarse con nosotros? ¡Qué tiempo más desaprovechado! ¡Y qué estúpido he sido! (continué llorando)

–Me alegra que haya llegado a esta conclusión por sí mismo, Carlos. Has descubierto lo que es amar.

Amar no es solo gastar «tiempo de calidad», como se suele decir ahora en términos materialistas, con tu familia, sino perder el tiempo, derrocharlo…

El amor no entiende de medidas, de precios, de cálculos, de calidades…

El amor lo da todo, lo espera todo, lo soporta todo, lo perdona todo…

No creo que Carl Sagan regalara a su mujer una plancha de segunda mano «por no desaprovecharla». Seguramente, si la quería de verdad, le regalaría en su aniversario algo que a ella le hiciera ilusión, no solo por su utilidad, y quizá alguna vez despilfarraría para demostrarle su amor.

-Bueno, Carl Sagan se casó tres veces. Quizá las dos primeras mujeres le pidieron el divorcio tras regalarle la plancha usada –le contesté pasando del llanto a la risa en décimas de segundo–.

–Jajajaja a lo mejor sí fue por eso.

No, ya en serio y dejemos al lado los personalismos, quizá fue un marido devoto, no lo sé. Lo que quiero decir es que cuando uno ama, derrocha. Y cuando uno derrocha amor, pues el resultado es un derroche de proporciones cósmicas.

Cuando Dios pensó al hombre y a la mujer no se conformó con crear un planeta, sino que generó la inmensidad del espacio y el tiempo, esperó 10.000 millones de años para que surgiera la vida y otros miles de millones para culminar su obra creándonos a nosotros.

Y nos creó, fíjese, qué importante esto con respecto a lo que hablábamos antes, en comunidad. No nos hizo individuos aislados, solitarios, sino que nos hizo pareja: «hombre y mujer los creó», dice el Génesis. La pareja como síntesis de la gran comunidad humana porque «no es bueno que el hombre esté solo».

Y es lógico porque también Dios es comunidad, es Trinidad y al fin y al cabo nos hizo «a imagen suya».

Observe cómo desde la creación del mundo la Iglesia, el pueblo de Dios, la comunidad de los santos, estaba prefigurada ya.

Dios se fijó en un planeta mediocre: ni el más grande ni el más chico de su sistema, que gira en torno a una estrella normalita en un borde de una galaxia también intermedia y eligió la Tierra para hacer su gran obra de amor.

Luego, le fallamos. Rompimos esa comunión entre nosotros y con Él para la que nos había creado, y lo tiramos todo por la borda. Pero aún así no dejó de amarnos.

Eligió de nuevo, entre todos los innumerables pueblos de la tierra, un pueblo normalito, no el más grande ni el más poderoso, un pueblo de nómadas como Israel para ser «su propiedad personal»

Y dentro de ese pueblo, eligió a muchos hombres y mujeres comunes: los patriarcas, los profetas… que fueron enseñando el camino de vuelta a Él, preparando el final de la historia.

Luego, entre ellos, eligió a una joven normal, desposada con un carpintero de tantos

Y luego eligió la aldea más normal que había: Belén; y dentro de Belén uno de los sitios más normales de la localidad: un establo.

Y quiso nacer así, como un niño normal, para enseñarnos lo que es no es normal: a amar como Él nos ama.

Luego abrió la puerta de su amor, no solo a los miembros de ese pueblo, sino a todos los pueblos de la tierra.

Muriendo, se solidarizó con toda la humanidad inaugurando el reino de los cielos. Un reino que está ya entre nosotros en misterio, como oculto, en la Iglesia, ojo al nombre, Universal.

Y todos los hombres estamos llamados a esta unión con Cristo, luz del mundo, de quien procedemos, por quien vivimos y hacia quien caminamos.

–Fijaos cómo me impresionaron las palabras que aquel día me dijo el capellán que, una semana después me habían dado el alta en el hospital.

Había entendido lo equivocado que estaba y que como ser humano necesitaba ser parte de una familia, de un pueblo.

Volví a casa y me reconcilié con mi mujer y mis hijos.

Regresamos a España hace un par de años y me puse a dar clases en la Universidad. Cumplía mis horarios y estaba mucho tiempo en casa, disfrutando de mi tiempo con mi mujer, con mis hijos… Volví a la parroquia y reinicié mi vida de fe.

Había descubierto una maravillosa civilización terrestre cuya bioquímica molecular era el amor.

Pero el descubrimiento me duró poco.

En septiembre del año pasado, de regreso de nuestras primeras vacaciones en la playa, tuvimos un accidente en el que mi mujer y mis dos hijos perdieron la vida.

No entré en crisis. Entendí que esa era la voluntad de Dios. Sabía que a pesar del dolor, Dios me amaba a mí y a ellos y sigo sintiéndolos vivos, aunque no los pueda ver.

Puedo decir que creo en la comunión de los santos. La comunión contigo, Antonio, contigo, Claudia, con mi familia que me espera en el cielo, mis padres, algunos buenos amigos…

No sé por qué el Señor me eligió a mí para sobrevivir, se ve que aún tenía que hacer algo aquí en la tierra. Quizá solo era contaros a vosotros dos hoy esta historia que no se la había contado a nadie aún.

Lo que sí sé es que ya me queda poco aquí, por eso he preferido renunciar a todos los afanes de la vida y vivir con lo justo. ¡Ya me he dado cuenta de lo que es importante y lo que no en esta vida!

-¡Cómo que te queda poco Carlos! –le he contestado interrumpiendo su relato– si estás hecho un chaval. Lo que tienes que hacer es volver a trabajar, alquilarte un piso, rehacer tu vida.

–Claro que sí –se ha sumado Claudia– no des por perdida tu vida aún. Si, como dices, existe un Dios, seguro que te ayuda a salir de esta. Bueno, yo me marcho que nos va a pillar el toque de queda. Gracias por contarme tu historia, Carlos, es preciosa.

–Adiós, Claudia.
Bueno, yo me marcho también –he respondido–. Me has hecho pensar mucho porque yo ando igualmente un poco despistado, y tu relato me ha hecho centrarme en lo importante. Por cierto, hace mucho que no llamo a mis padres. Voy a darles un toque…

–Adiós, amigo. A mí me queda aquí todavía un rato de charla con mi mujer y los niños mirando a la hermana luna.

He subido a casa dándole vueltas a la conversación de esta noche. He llamado a mis padres, me he tomado un vaso de leche con cacao calentito, he ido a darles un beso a los niños que ya estaban dormidos y me he puesto a hablar con mi mujer de nuestras cosas.

Nos hemos puesto a recordar cómo nos conocimos, por qué nos hicimos novios, qué nos llevó a casarnos… De cuántos momentos felices y no tan felices hemos pasado juntos… De repente, hemos oído un grito en la calle. ¡Socorro, socorro! ¡Ayuda!

Con el corazón en un puño me he asomado a la ventana y he visto a una chica joven en la puerta del banco llamando desde su móvil a emergencias: «He ido a sacar dinero y me lo he encontrado así. ¡Vengan rápido, que se está muriendo!», la oigo decir.

Sin pensármelo dos veces he bajado en pijama y me he encontrado a Carlos con muy mal aspecto agarrándose fuertemente el brazo izquierdo.

–Me voy ya amigo, me voy con ellos –me dice–. Seguiremos en contacto, yo allá arriba y tú aquí abajo, recuérdame cuando mires a la luna…

Han sido sus últimas palabras antes de perder el conocimiento. ¡Es un infarto!

Me he acordado de que, en estos momentos, es muy importante hacer la maniobra de reanimación cardiopulmonar antes de que llegue la ambulancia.

Lo he puesto boca arriba tal y como me enseñaron en el cursillo, con brazos y piernas alineados y el tórax al descubierto. He tirado de la frente hacia atrás, del mentón hacia arriba y le he insuflado aire hasta llenar sus pulmones

Me he acordado de la secuencia que me enseñaron a memorizar: 30 compresiones en el pecho y 2 insuflaciones.

Mientras apoyo mis dos muñecas, una sobre otra, sobre su esternón y empiezo el masaje cardiaco, recuerdo la historia que me ha contado él mismo hace un rato de aquel mensaje espacial que recibió en su radiotelescopio

Eran 30 pulsos fuertes y cortos y 2 silbidos largos y graves. Mientras continúo, me fijo en sus ojos que, muy abiertos, reflejan la gran luna, la estupenda luna azul de esta noche y sus labios esbozan una sonrisa.

La sonrisa del que ha encontrado, por fin, lo que anhelaba desde pequeño; el mensaje desde el cielo; el abrazo definitivo de todos los suyos y el soplo fresco del que es todo Amor que se derrocha… #Findelhilo

P.D. Si te ha gustado este hilo, tienes una selección de los 40 más leídos en mi libro «La Caja de los Hilos».

#HilodelDomund

¿Conoces esos sorteos que se juegan en vez de con un número con una fecha? ¿Y si te digo que con la fecha de hoy, Día del DOMUND, podemos conseguir más dinero para los misioneros y misioneras que si nos tocara la lotería ¿Juegas? #HilodelDomund#Domund2020

El juego es muy sencillo. Se trata de adivinar un número. Un número que está oculto dentro de la propia fecha y del que puede depender gran parte de la labor que realizan los misioneros en los países más pobres del planeta. 

Los números son muy importantes para el Domund, te voy a dar algunos. Un total de 1.115 diócesis del mundo dependen de la colecta del Domund.

La ayuda del Domund es el apoyo anual que permite que la Iglesia pueda presentar la Buena Noticia en todo el mundo, y estar con los que más sufren, también en estos tiempos de pandemia del COVID-19. 

En estas 1.115 diócesis consideradas «Territorios de Misión» vive casi la mitad de la población mundial (45%)

¿Sabes que en España hay registrados casi 11.000 misioneros. De ellos. 8.000 están repartidos en 135 países y los otros 3.000 continúan trabajando desde aquí? Un total de 387 instituciones envían misioneros a la misión. Cada una con un carisma diferente, pero todas en comunión. 

La misión en España tiene rostro femenino, la mayoría de los misioneros son mujeres (54%)

En cuanto al estado de vida de los que están en tierras de misión, hay 93 obispos, 589 sacerdotes diocesanos, 2008 sacerdotes religiosos, 4.421 consagrados/as y 681 laicos/as. 

Allí, la Iglesia sostiene 119.200 escuelas y 27.000 instituciones sociales (hospitales, orfanatos, residencias de ancianos…)

¿Pero aquí hemos venido hoy a jugar no? 

Te dije al principio que íbamos a descubrir el número oculto tras la fecha de hoy 18/10/2020 

El número que yo voy a adivinar será el número central sobre el que construiremos el gran número final, el que nos dará el dinero, y en el que tendrás que poner a prueba tu ingenio. 

Te voy a pedir que pienses un número entre el 10 (del mes) y el 20 (del año). Podría ser el propio 18 (del día) u otro cualquiera en ese intervalo del 10 al 20, sin incluir estos dos. ¿Lo tienes? Ahora tendrás que realizar mentalmente 4 operaciones:

1⃣Suma los dos dígitos de ese número 

2⃣Réstale el resultado al número que habías pensado 

3⃣Si el resultado es menor de 10, continúa con el siguiente paso. Por el contrario, si es igual o mayor a 10, memorízalo ya y sáltate el 4º paso. 

4⃣Si has llegado hasta aquí, como es el paso 4, réstale 4 ¿Tienes ya el número en mente? Guárdalo ahí

Porque ese número te dije que es central para nosotros. Central porque indica el número de cifras que tiene el número final que buscamos y central porque está en el centro de ese número largo. 

Ya ves cómo me estoy acercando al número que tienes en mente, porque si hay una cifra en el centro es porque tu número es impar ¿A que sí? 

¿Quieres saber cuáles son las cifras a la derecha y a la izquierda para completar el número? 

Pues la pista nos la da también el año 2020 que es un jeroglífico que nos dice cuántas cifras van delante y qué digitos son, y cuántas cifras van detrás y qué digitos son.

Aquí entra tu ingenio Solo hay que saber leer correctamente el año 2020 Piensa: ¿Cómo se puede leer 2020 para que dé todos esos datos?

Se puede leer «dos mil veinte», el resultado sería 2000-X-20 

Pero entonces nuestra cifra no quedaría en el centro. 

O, como está ahora de moda decir, «veinte, veinte», el resultado sería entonces veinte cifras por delante y veinte por detrás… 

Tampoco nos valdría porque, aunque aquí sí quedaría en el centro, nos dice el número de cifras, 20 delante y 20 detrás, pero no cuáles son estas. 

O también se puede leer «dos, cero, dos, cero» 00-X-00 ¡Así sí! 

Bueno, y llega el momento de descifrar la X, el número oculto en la fecha del Domund. 

El número gracias al cual tantos misioneros podrán continuar haciendo su labor. 

Una labor que pasa por llevar la ayuda material tan necesaria, educación, sanidad, infraestructuras, servicios sociales… 

Pero que también pasa por llevar lo mejor que tienen que es el mensaje que inspira su vida de entrega y servicio, el mensaje del Evangelio. 

Ningún ser humano debería morir sin haber tenido la oportunidad de escuchar esta carta de amor de Dios a los hombres, aunque luego libremente decidiera guardarla en un cajón. 

Pues para llevar todo esto, los misioneros y misioneras necesitan recursos que pueden llegarles a través de cada uno de nosotros gracias al número que ya tienes en mente y que es… 

… 

00500

¿Y cómo hacer que este número genere ingresos para las misiones? ¿Hay que comprar lotería con ese número? 

¡Qué va! Es un código de Bizum, la plataforma que tantos usamos ya para enviar pequeñas cantidades de dinero desde nuestro móvil y que puedes usar desde España, sea cual sea tu banco. 

Es fácil, segura, gratuita y, en tiempos de Covid, cuando es tan difícil hacer colectas, supernecesaria. Si no la conoces, aquí tienes toda la info bizum.es

Aquí también tú eres misionero. Se trata de que lo difundas, que lo conozcan todos y que lo memoricen.

Puedes retuitear este hilo, inventarte otro, ponerlo en tu Facebook, en tu Instagram, pasarlo a tu grupo de wassap o imprimir tarjetas, yo qué sé, pero que todos sepan que el 00500 es el Bizum de @OMP_ES

Como sé que muchos me leéis desde fuera de España y Bizum es solo para cuentas de mi país, aquí os pongo el enlace para encontrar la delegación de Obras Misionales Pontificias del vuestro donde os dirán cómo podéis colaborar con el DOMUND

Las OMP en el mundoEl decreto conciliar Ad gentes, en el número 38, cuando trata los deberes de los Obispos con respecto a la misión universal, afirma: “promover entre …https://www.ppoomm.va/es/ppoomm-nel-mondo.html

Y ojo, que aunque es muy importante la colecta de hoy, y el 00500, no es solo dinero lo que necesitan los misioneros.

También necesitan de tu tiempo como voluntario y de tu oración. El tiempo lo puedes aportar haciendo una experiencia misionera (unas 10.000 personas en España, especialmente jóvenes dedican sus vacaciones a conocer y colaborar de primera mano con una misión). 

También puedes ser voluntario en tu delegación de misiones o en tu parroquia o desde tu casa moviendo el tema en redes. Es la «misión de retaguardia». 

Y en cualquier caso, también necesitan mucho, mucho de tu oración. La oración de la comunidad cristiana es la que sostiene en su día a día a estos hermanos que entregan su vida por la misión. 

No te olvides de ellos hoy y no olvides el 00500, el número con el que nuestros misioneros podrán seguir trabajando en los 5 continentes #FindelHilo#Domund2020

P.D. Gracias a @dani_Delos por su creatividad y sus ideas para hacer mágico este hilo y a @fdez_ana por empujarme a esta misión digital. 

#Hilodelas3Vírgenes

La mitad de mis amigos de twitter sois españoles; la otra mitad, latinoamericanos. En este día de la Hispanidad voy a tratar de aclarar una confusión muy común ¿Cuál es nuestra patrona: la Virgen del Pilar, la de Guadalupe o la Inmaculada? Lo deslío en el #Hilodelas3Vírgenes.

En España, no cabe duda: el 12 de octubre es el Día del Pilar. Una devoción mariana tan extendida que es raro el pueblo que no cuente con una imagen de ella. Además, es un nombre muy común, centenares de miles de mujeres lo lleváis, ¡Felicidades!. 

Al coincidir su fiesta el #12Octubre con el día de la llegada de Colón a América y día de la #FiestaNacional en España, muchos caen en el error de creerla patrona de España y de la Hispanidad, pero no es del todo así. 

La fiesta nacional es una fiesta civil, sin componente religioso, que se hizo coincidir con el de la llegada de Colón al nuevo mundo, lo que supuso un acontecimiento histórico clave en la historia de nuestro país, de nuestra cultura, de nuestro idioma… 

Es por tanto una fiesta civil, no religiosa. Y el Pilar no es la patrona de España, pero sí es considerada por muchos como patrona de la Hispanidad. Vamos a conocer su historia para entenderlo. Según una venerable tradición, la devoción a la Virgen del Pilar se remonta a los primeros años de la evangelización. 

El apóstol Santiago, hermano de Juan, hijo de Zebedeo, al poco de haber sido testigo de la Resurrección del Señor, habría recibido de este el mandato de acudir hasta tierras hispanas a traer la Buena Noticia. La Virgen en persona (todavía en carne mortal) lo bendijo y le pidió que en el lugar en el que convirtiera al mayor número de hombres a la fe edificara una iglesia en su memoria. 

Saliendo Santiago de Jerusalén predicó por diversos lugares de España con poco éxito, hasta que en la actual ciudad de Zaragoza, a orillas del río Ebro, convirtió a ocho hombres. Una noche se le apareció la Virgen (recuerda, aún viva) «entre dos coros de millares de ángeles, colocada sobre un pilar de mármol» y le indicó que ese lugar sería el idóneo para la construcción de una capilla donde «nunca faltarán adoradores de Cristo». 

Si esta piadosa tradición fuera cierta, estaríamos hablando del primer templo mariano del mundo, en torno al año 40. 

Esa fe de origen apostólico y mariano que prendió en España daría luego su fruto con sus ramas extendiéndose al otro lado del Atlántico. El influjo de la advocación del Pilar (no ya tanto de la imagen) en toda la hispanidad está, por tanto, perfectamente justificado. Aunque no he podido encontrar ningún nombramiento oficial como patrona de la hispanidad, sí que San Juan Pablo II se refirió así a ella en una visita que le hizo en 1984 .

Lo que sí está fuera de toda duda es que la devoción mariana en España es un pilar de su fe inmemorial, y que por algo esta porción del planeta es conocida, y reconocida como «tierra de María». No hay más que mirar la ingente aportación de los españoles a la liturgia y a la teología marianas. Destacó, por ejemplo, nuestro impulso a la doctrina sobre la Inmaculada Concepción de María. 

Es tal la pasión de los españoles por esta advocación mariana que, en 1760, el papa Clemente XIII la proclamó patrona principal «de todos los reinos de España e Indias». La Inmaculada es, ciertamente, y aunque muchos lo desconozcan, la auténtica patrona de España, pero ya no necesariamente de los territorios que pertenecieron a su imperio, en muchos de los cuales continúa, eso sí, su devoción. 

Entonces, ¿Cuál es la patrona de la Hispanidad? ¿Qué Virgen congrega a todos los hispanohablantes a uno y otro lado del atlántico? 

Muchos lo tienen claro… La Virgen de Guadalupe. 

Pero ojo, que no es «la Morenita del Tepeyac» de México (o no exactamente ella)

Virgen de Guadalupe, patrona de México y de América

Sino otra «Morenita», llamada Nuestra Señora de Guadalupe cuya imagen está fechada en el siglo XII, que se venera en la provincia de Cáceres (Extremadura) y que este año precisamente está celebrando su año jubilar guadalupense .

Virgen de Guadalupe que se venera en Extremadura (España)

Tal día como hoy, de 1928 fue coronada canónicamente y proclamada «Reina de la Hispanidad» por el cardenal primado de España Pedro Segura como legado del Papa Pío XI. Su relación con la hispanidad es absoluta. La Reina Isabel la Católica era muy devota y visitó su santuario más de 20 veces.

También Colón, que puso el nombre de Guadalupe a una isla en su segundo viaje. Fueron muchos los extremeños que llevaron consigo su devoción a la Virgen de Guadalupe al Nuevo Mundo quedando reflejado en la abundante toponimia guadalupense en esas tierras. Cuando la UNESCO declaró el santuario de Guadalupe en España como patrimonio de la humanidad, destacó que «la famosa imagen de la Virgen de Guadalupe ha sido el símbolo más representativo de la cristianización de una gran parte del Nuevo Mundo» 

Sin embargo, la más popular Virgen de Guadalupe es hoy en día la que he mencionado en primer lugar y que se venera en México. Es la patrona del país y de toda América. No es casualidad que esta imagen haya mantenido este nombre de origen español. Como contó el propio San Juan Diego, a quien la Virgen habló y cuya imagen impresionó milagrosamente en su túnica, María le manifestó su voluntad de ser llamada «la Siempre Virgen Santa María de Guadalupe». 

Guadalupe, Inmaculada, Pilar…

La discusión sobre cuál de las tres es la legítima patrona de la hispanidad se la dejo a los historiadores. Que se peleen ellos, que yo me quedo con las tres. 

Más en estos momentos en los que la hispanidad está en horas bajas y las necesitamos a todas. 

Algunos rechazan la historia, destacando solo lo malo que el encuentro de los dos mundos trajo consigo. 

Otros quieren recuperar el sentimiento patriótico desde los nacionalismos excluyentes. 

La Iglesia, que busca la verdad y analiza el problema con honestidad y perspectiva histórica no ha tenido problema en pedir perdón por lo que hizo mal, pero ¿cuántos le agradecen lo que hizo bien? 

En su viaje a Ecuador, Bolivia y Paraguay, el Papa afirmó: «quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América». Pero también recuerda Francisco que «muchos misioneros llegaron allí con el Evangelio, dejando sus países y aceptando una vida austera y desafiante cerca de los más desprotegidos». Sabemos que no todos fueron ejemplares –continúa el papa argentino– pero la tarea de los que se mantuvieron fieles al Evangelio también inspiró «una legislación como las Leyes de Indias que protegían la dignidad de los indígenas contra los atropellos de sus pueblos y territorios» 

Hay mucha manipulación política y mucha leyenda negra detrás de los movimientos revisionistas. A nosotros en España nos pasó igual con los romanos.

Tuvimos que soportar «sus» saqueos, «sus» masacres y el sometimiento de «nuestra» población. No obstante, no les guardo rencor. No espero que el presidente de la república italiana me pida perdón hoy. Ni él ni yo tuvimos nada que ver con aquello, ni vamos a solucionar nada destruyendo estatuas de emperadores, teatros o acueductos, que nos recuerdan el poder que tuvieron y que ejercieron contra los habitantes de entonces. 

Es más, he puesto los pronombres «sus» y «nuestra» entre comillas porque seguramente yo tengo más genes de los conquistadores en mi sangre que él. Los opresores serían más mis abuelos que los suyos. Pero en fin, nadie sabe… 

Lo que sí tengo es mucho que agradecer a los romanos que, con ellos me trajeron el más bello idioma, la filosofía, el derecho, las carreteras… Y, con Santiago y María, desde el año 40, y el resto de misioneros que llegaron luego, la fe. 

Pero en vez de buscar la concordia que nos capacita para mirar al futuro y progresar, muchos se empeñan en bucear en el pasado con el único objetivo de remover heridas y dividirnos más para sacar réditos políticos. 

Advierte el papa en su reciente encíclica Fratelli Tutti de «algunas tendencias del mundo actual que desfavorecen el desarrollo de la fraternidad universal» (FT 9) 

«Durante décadas parecía que el mundo había aprendido de tantas guerras y fracasos y se dirigía lentamente hacia diversas formas de integración…» (FT 10) 

«Pero la historia da muestras de estar volviendo atrás. Se encienden conflictos anacrónicos que se consideraban superados, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos…» (FT 11) 

Y se pregunta: «En esta pugna de intereses que nos enfrenta a todos contra todos, donde vencer pasa a ser sinónimo de destruir, ¿cómo es posible levantar la cabeza para reconocer al vecino o para ponerse al lado del que está caído en el camino?» (FT 16) 

La respuesta nos la da la fiesta de hoy. La respuesta es María. María del Pilar, María Inmaculada, María de Guadalupe nos trae su mensaje de humildad y, sobre todo de fe. 

Fe en un Padre de todos que nos ama y que es el fundamento de la fraternidad universal, porque, como continúa diciendo el papa en Fratelli Tutti: «Sin una apertura al Padre de todos, no habrá razones sólidas y estables para el llamado a la fraternidad. Estamos convencidos de que «sólo con esta conciencia de hijos que no son huérfanos podemos vivir en paz entre nosotros» (FT 272) 

Porque «la razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad». 

Por eso, hermanos y hermanas de España, México, Colombia, Argentina, Venezuela, Ecuador, Perú, Guatemala, Costa Rica, Nicaragua, Chile, Brasil, Bolivia, Ecuador, Uruguay, El Salvador, Honduras, Paraguay, Estados Unidos… 

No celebremos hoy la división sino, con María, la comunión de hermanos hijos de un mismo Padre. Seamos, como ella, Iglesia en salida, casa de puertas abiertas, estemos atentos a las necesidades de nuestros hermanos, tendamos puentes, derribemos muros.

«Ella, con el poder del Resucitado –nos recuerda Francisco– quiere parir un mundo nuevo, donde todos seamos hermanos, donde haya lugar para cada descartado de nuestras sociedades, donde resplandezcan la justicia y la paz» (FT 278). 

Virgen del Pilar, «madre de la Hispanidad», tú que consolaste a Santiago y lo impulsaste a traernos la fe, consuélanos y espanta nuestro miedo para que seamos capaces de llevar el Evangelio, fundamento de fraternidad universal a nuestros hermanos. 

Virgen Inmaculada, patrona de «los reinos de España y las Indias», tú que pisas la cabeza de la serpiente, ayúdanos a pisar el mal de la indiferencia que acecha nuestro mundo y a hacernos prójimos de los que están caídos al borde del camino. 

Virgen de Guadalupe, «reina de la Hispanidad», tú que unes a los creyentes de uno y otro lado del océano, líbranos de las aguas de la división y haz que tu hijo transforme nuestra agua de muerte en vino nuevo con el que brindar juntos todos los pueblos latinos. 

Con María, todos hijos, todos hermanos, #FratelliTutti: ¡Feliz Día de la Hispanidad! #FindelHilo

#HilodeSanFrancisco

«Hermano coronavirus», así llamaría San Francisco de Asís a este pequeño microorganismo que ha puesto en jaque al mundo. Conociendo su vida comprenderás por qué. Te la cuento en el #HilodeSanFrancisco

Hijo de un rico comerciante de telas, creció como un hijo de papá, despreocupado de la vida y pendiente de los ideales caballerescos de su época. Tras una campaña militar, cayó prisionero y, al enfermar, fue liberado, regresando a casa

 Durante su convalecencia empezó a experimentar un cambio que lo llevaría a dejar de lado el estilo de vida mundano que llevaba hasta entonces, pasando a entregar toda su vida a Dios y a los hombres. 

En la cercana a su casa iglesita derruida de San Damián, Cristo en la cruz tomó vida en tres ocasiones y le dijo: “Ve, Francisco, y repara mi Iglesia en ruinas”.

Cruz de San Damiano que habló a San Francisco

Este llamamiento a construir lo que se había hundido físicamente tiene una connotación espiritual, sintiéndose llamado a reconstruir la Iglesia de aquel tiempo, en la que la vivencia de la fe dejaba mucho que desear. 

Francisco se sintió llamado a vivir en la pobreza y a dedicarse a la predicación, llegando a llevar el Evangelio hasta al mismísimo sultán musulmán Melek-el-Kâmel en plena época de las cruzadas. 

En contra de lo previsible, fue recibido y acogido benévolamente brindándonos un ejemplo de diálogo interreligioso desde el respeto y la comprensión mutua, desde el amor.

Abrazo entre San Francisco y el sultán de Egipto

Aquella siembra de la que acabamos de celebrar los 800 años, dio su fruto y, posteriormente, los franciscanos recibieron el permiso para custodiar y velar por los santos lugares en Tierra Santa, un servicio que permite que hoy en día podamos seguir visitándolos. De su profundo amor a Cristo, brotó el amor a toda la creación, que plasmó en su célebre Cántico de las criaturas; una obra de especial relevancia hoy, en nuestro planeta esquilmado por quienes nos hemos sentido dueños de él, en lugar de administradores. Su amor a la creación, a toda la creación, me ha hecho pensar sobre cómo viviría hoy San Francisco esta pandemia con los conocimientos que tenemos sobre los virus y la microbiología. 

Cuando a san Francisco le anunciaron que le quedaba apenas un mes de vida, dicen que exclamó: “¡Bienvenida, hermana muerte!”. Y no es que le agradara el trance, sino que en su certeza de la bondad de la voluntad divina, la muerte no era más que el último paso hacia el encuentro definitivo con el amado. Reconozcámoslo. El coronavirus nos ha hecho a todos pensar más en nuestra muerte. Los mensajes publicitarios del Gobierno han pasado del #TodoSaldráBien, a recordarnos que estamos en una batalla que se juega al “pito, pito gorgorito”. 

Hasta al hombre más poderoso y protegido del mundo, con el mayor ejército del planeta a su servicio, está batallando hoy contra este pequeño ser. 

Hoy puede ser tu vecino, mañana tu compañero de trabajo y pasado tú mismo quien sume una simple unidad a esa ya millonaria cifra de muertos por la pandemia. 

Y solo quien es capaz de descubrir en cada criatura, en cada acontecimiento, el mensaje de amor de Dios, como nos enseña a hacer San Francisco, puede llamar hermanos al lobo, a la muerte y hasta al hoy famosísimo coronavirus. #FindelHilo

#HilodeMercedes

Antonio Moreno

Te voy a contar hoy la vida de Mercedes. Una de esas mujeres que lo ha dado todo por su familia y por la sociedad. Seguro que la reconoces en alguien cercano. Cuando España está a punto de regular la ley de la #eutanasia creo que es bueno que conozcas su historia #HiloDeMercedes

Lo primero que te voy a desvelar es que su nombre auténtico no es Mercedes. Su padre la registró con el nombre de Libertad, según la costumbre de la España republicana de asignar nombres no religiosos a sus hijos A su madre, Amparo, la política ni le iba ni le venía. Criada en la malagueña plaza de la Merced, era muy devota de Ntra. Sra. de las Mercedes y así llamaba a la niña desde que nació. Esta advocación mariana se veneraba en la Iglesia que daba nombre a la plaza y que fue destruida en la famosa “quema de conventos” de Málaga, en 1931.

Amparo nunca perdonó a su marido que esa noche desapareciera de casa. «Lo que han hecho no tiene perdón de Dios», repetía. Pero él siempre negaba haber tenido nada que ver. Al pobre lo atropelló un tranvía al poco de nacer ella. La joven viuda se tuvo que poner a servir en una casa en el barrio de El Palo para criarla a ella y a su hermano Paquito, mayor que ella dos años y con una discapacidad psíquica. Desde que tiene uso de razón, Mercedes no recuerda otra cosa que trabajar. Dice que nació pegada a una escoba. Siendo muy niña se encargaba de barrer el patio de la casa donde trabajaba su madre y fregaba los cacharros de la cocina. 

Las manitas siempre las tenía ásperas y, en invierno, a veces le salían ampollas, pero no se quejaba. «¡Qué buena y obediente es esta niña!», decían siempre de ella. Recuerda como si fuera ayer el 8 de febrero de 1937. Los señores de la casa donde trabajaba, muy metidos en política, tuvieron que salir huyendo por el pánico a la represión de las tropas franquistas que atacaban la ciudad. Su madre y ella tuvieron que huir también por la carretera de Almería ayudándoles con los bártulos. Fue “la desbandá” recuerda con ojos muy abiertos y tono solemne.

Durante la guerra civil y la posguerra pasó mucha hambre. «Por eso me quedé tan chiquitilla», relata desde sus 1.52 de estatura. Logró sobrevivir gracias a un vecino que era estibador y les traía de vez en cuando un poco de arroz o un poco de trigo que recogía del suelo cuando descargaban los barcos graneleros. A los 16 años comenzó a hablarle Juan, un joven operario de los talleres de La Vers, una industria auxiliar del ferrocarril

Juan tenía planes de emigrar, porque no le gustaba el trabajo manual. Juntos soñaban “hacer las américas”, como se decía entonces, pero los planes se frustraron al quedarse embarazada ella y tener que casarse de urgencia. ¡La de barbaridades que les soltó el cura cuando fueron a pedir que los casara! ¡Qué malaje! ¡Y qué vergüenza pasó! Finalmente la ceremonia se celebró a una hora intempestiva (¡las 7.30 de la mañana!) para que pasara lo más desapercibida posible. No obstante, el día de su boda lo recuerda como el más feliz de su vida. Aunque llovía y el vestido no era blanco, recuerda como en una película a cámara lenta el brillo en los ojos y la sonrisa de su Juan y el sabor del chocolate con churros que se comieron después en Casa Aranda.

La sonrisa en la cara de su ya marido duró poco y apenas unas semanas después de la boda comenzó a maltratarla. Hacía culpables a ella y al bebé de no haber podido cumplir su sueño de hacerse rico en América. Tras una noche de borrachera y la consecuente paliza, Mercedes perdió al niño que esperaban y que se iba a llamar Juan, como su padre. Éste ya no volvió a levantarle la mano, pero desde entonces cayó en un profundo abismo. Vinieron luego 4 hijos más: 3 niños y 1 una niña.

Mercedes continuaba trabajando porque el sueldo del obrero se iba prácticamente entero en costear sus adicciones. Los niños tenían muchos problemas de bronquios y necesitaban medicaciones muy costosas. Pero lo peor eran las noches sin dormir, pendiente de que los niños no se ahogasen. Los inviernos eran horribles. Una noche sí y otra también la pasaba a los pies de la cama de alguno de ellos. Trabajaba limpiando oficinas y haciendo arreglos de costura porque tenía muy buena mano para la máquina de coser. 

Cuando su madre cayó enferma y no podía llevar adelante su casa, Mercedes tenía que ir por las tardes a limpiarle y a prepararle la comida a ella y a su hermano Paquito. A Mercedes le faltaban manos para atender a su marido alcohólico, a sus cuatro hijos, a su madre enferma y a su hermano incapaz de valerse por sí mismo, pero a todos los asistía con una sonrisa: «¡Por ellos, lo que haga falta!», repetía. Nunca se quejaba cuando las vecinas la abordaban diciendo «¡Ay que ver lo que te ha tocado!». Ella siempre respondía con evasivas y disculpaba a todos. Los niños crecieron y se fueron yendo de casa. Los dos mayores, a Suiza; y el tercero, a Alemania.

La pequeña, Carmen, se quedó terminando sus estudios de peluquería.Su casa era una vivienda social de la barriada de Carranque que ya estaba empezando a acusar los años, pero ella siempre decía que las reformas podían esperar, que había otras prioridades. Cuando la situación de su madre se hizo insostenible, se la tuvo que traer a casa, a la habitación de los niños que se había quedado vacía. Su hermano Paquito dormía en el salón. Ella le arreglaba por las noches el sofá-cama con todo su cariño. «¡Si es que mi Paquito es lo más guapo que hay!», le repetía pellizcándole la barbilla. Atendió a su madre hasta que falleció a la vez que trataba de enderezar a su hija que había comenzado a tener malas junteras. 

Eran los años duros de la heroína y la niña pasaba cada vez menos tiempo en casa. Empezaron a desaparecer cosas y Mercedes no podía dejar dinero en su bolso porque volaba. Lo que más le dolió fue cuando se esfumaron los pendientes de oro de su madre… 

Desde el cierre de La Vers, y tras muchos años en paro, su marido cayó en una depresión aún más profunda. Cuando subía del bar, sólo lloraba o dormía. Ella trataba de alegrarle poniéndole las cintas de Juanito Valderrama y Paco Gandía, hasta que un día desapareció también el radio cassette.

Tras una larga temporada huida de casa, la pequeña regresó embarazada de 8 meses. Dio a luz a dos preciosas mellizas que trajeron de nuevo la alegría a la casa: el abuelo empezó a sonreír y Mercedes se desvivía por atenderlas y que no les faltara de nada. “¡Por ellas, lo que haga falta!”, repetía. La cirrosis hepática de su marido comenzó a hacer estragos. Lo acompañó y cuidó durante largas estancias hospitalarias en Carlos Haya hasta que la enfermedad se lo llevó por delante. 

Lo bueno de aquellos días es que por fin bajó a verla su hijo desde Alemania que, como ella decía, era “el más descastado de todos”. Pero en cuanto cobró su parte de la herencia ya no volvió a saber de él ni a recibir una llamada suya. 

Una noche, cuando Mercedes llegaba de trabajar, se encontró con un panorama desolador: su hermano Paquito aporreando la puerta del cuarto de baño llamando a “la niña” y sus dos nietas, que ya habían cumplido 7 años, gritando asustadas porque su madre no salía. Una sobredosis había acabado con la vida de Carmen que, consumida por los efectos de la droga, apenas pesaba ya 35 kilos. En la empresa en la que Mercedes trabajaba de limpiadora, le dejaron a regañadientes unas horas para ir al entierro de su hija y regresar a la faena. “¡En la calle hay cola de mujeres esperando entrar!” le espetó su jefe, que era de Misa diaria. Aunque la pena y la artrosis la consumían, el trabajo nunca fue pesado para ella. Manejaba la mopa con gracia y a veces cuando nadie la veía, tomaba el palo de la fregona como un pie de micro e imaginaba que era una folclórica en el escenario Los dos hijos mayores habían vuelto de Suiza, se habían casado aquí y trabajaban en la empresa textil Intelhorce.

Con muchas dificultades, Mercedes logró sacar adelante a las mellizas. Una se colocó en un supermercado y, la otra montó una peluquería. Desde que se jubiló, se encargaba de recoger a sus otros nietos del colegio, darles de comer y tenerlos en casa toda la tarde de donde los recogían ya sus madres casi de noche Ella lo hacía todo lo bien que sabía, pero sus nueras muchas veces le regañaban porque maleducaba a los nietos, les compraba muchas chucherías y les dejaba ver demasiada tele. 

Tras el cierre de Intelhorce, en 2004, los dos hijos se quedaron en la calle a una edad muy complicada Gracias a su pensión de jubilación, a la de su hermano Paquito y a algunos trabajos de costura que aún le encargaban, mantenía su casa y ayudaba en las de sus hijos. “¡Por ellos, lo que haga falta!”, repetía. Paquito murió hace unos años, sin hacer ruido. Una noche se acostó y ya no se levantó. “¡Se ha ido lo más bonito de mi vida!”, gemía Mercedes en su entierro. Pero las desgracias nunca vienen solas.

Tras venir del cementerio recibió una llamada de su hijo desde Alemania. Ni le preguntó por su tío. Sólo le dijo que se había metido en deudas de juego y que su vida corría peligro. Necesitaba 30.000 euros. Mercedes pasaba las noches en vela pensando de dónde sacar tanto dinero, hasta que encontró la solución: vendería su casa, que se le había quedado grande al estar ya sola, la cambiaría por un piso más pequeño y la diferencia se la mandaría a su hijo. En la inmobiliaria del barrio le hicieron todos los papeles de la compraventa previa suculenta comisión, pero ella consiguió el dinero que necesitaba su hijo. 

En el nuevo piso echaba de menos su antiguo patio, sus geranios, la luz que inundaba la casa por las mañanas… Y al no tener ascensor, no podía venir muy cargada del mercado porque subir la compra a veces era una odisea. Pero la sonrisa no la perdía: “¡Por ellos, lo que haga falta!”, pensaba mientras hacía una parada en el descansillo para coger aire.

Hasta durante el confinamiento iba y venía al supermercado. Sus hijos se ofrecieron a llevarle la compra, pero ella se lo prohibió. Decía que no le tenía miedo al coronavirus, que si no se murió del tifus que cogió de pequeña, no se iba a morir de esto. En realidad, le quería evitar a sus hijos el riesgo, porque ambos sufrían de problemas respiratorios desde chicos. Y no solo compraba para ella, sino que además solía traer algunos recados a su vecina Antonia, que también vivía sola y que era de alto riesgo al ser diabética. 

Hace unas semanas, precisamente subiendo a casa de su vecina Antonia a llevarle un poco de fruta, Mercedes se rompió la cadera. No recuerda más que un crujido y que, tras él, no podía mantenerse en pie, desplomándose escaleras abajo. A sus 89 años, Mercedes apenas ha pisado la consulta del médico. Es un prodigio natural. Si le dolía la cabeza, cantaba una copla; si le dolían los huesos, cantaba dos. “¡Lo barata que le he salido a la Seguridad Social!”, bromeaba tras haber cotizado casi 50 años. Gracias a la hospitalización, le han detectado una afección cardiaca oculta que desaconseja la operación para la colocación de una prótesis. Mercedes no podrá volver a andar… Nunca. A los hijos no les ha sentado nada bien la noticia. «¡Esta mujer es que no tiene cabeza!», le gritan. «¿No sabes que ya no puedes andar por ahí como cuando eras joven?». «¡Qué tenías tú que llevar la compra a nadie!». Mercedes agacha la cabeza y asiente, avergonzada. Se siente culpable. 

Es consciente de que la situación de los hijos es complicada para hacerse cargo de ella. El mayor abrió un bar que le exige trabajar de sol a sol. Ahora le va bien por fin. Se ha comprado un Audi nuevo. Al segundo también le va bien ahora porque se metió en política y consiguió un buen puesto en la administración. Tiene una nueva mujer, una compañera de partido que ha intentado arreglarle la ayuda a la dependencia. A pesar de su influencia, hasta dentro de un año o año y medio no podrán contar con una ayuda a domicilio para cuidarla. Con el de Alemania, no puede contar. En tres días le darán el alta, y Mercedes no sabe aún quién la va a cuidar. Los hijos vienen ya poco y sólo recibe a diario la llamada de sus nietas mayores que no pueden acercarse al hospital al tener niños muy pequeños y vivir lejos. ¡Soy un estorbo! Se repite una y otra vez durante las largas horas de soledad. La otra noche le faltaba la respiración y sentía una opresión en el pecho descomunal, como si tuviera un elefante sentado encima. 

Han tenido que medicarla contra la ansiedad. ¡No está acostumbrada a no hacer nada por los demás y a que se lo hagan todo! Aturdida por los fármacos recuerda escuchar a su hijo hablar con el médico: “a mi madre deberían dejarla ustedes morir en paz, vivir así es un suplicio, que descanse tranquila. ¿No existe ningún modo…?” Ella está también convencida: “Lo mejor que nos puede pasar a todos es que yo me muera –dice–. ¿Para qué vivir siendo un estorbo? ¿Qué va a ser de mis hijos?” 

Gracias a Dios, la solución parece estar cerca. Su nuera se lo ha explicado: «Mercedes, ya no hay que esperar a morir para morirse, como antiguamente. Hay una nueva ley para que los pobres no tengáis que ir a Suiza a hacéroslo». «Yo en su día estaba en contra, por disciplina de partido. Pero mira, cada uno debemos ser libres de elegir cuándo queremos dejar de vivir y que nadie decida por nosotros ¿verdad?». 

A Mercedes no le gustaba mucho la nueva nuera, porque era un poquito pija, pero reconoce que tenía razón. No hay sufrimiento en la muerte cuando el vivir es morir. Mercedes lo tiene claro: un par de mentirijillas en los papeles, unas lagrimitas en la valoración psiquiátrica y hecho. Todo listo para solicitar la “ayuda para morir”. 

Mientras el suero entra en sus venas, Mercedes da gracias a Dios por los “inventos modernos”. Recuerda la escoba con la que barría el patio de casa de los señores, la espantá, los malos tratos, los cinco partos, los pinchazos con la máquina de coser, las noches sin dormir junto a la cama de los niños, las vejaciones de sus jefes, la muerte de Paquito… 

Recuerda cuando desaparecieron los pendientes de oro de su madre, el desprecio de sus nueras, su hija consumida por la droga, cuando dejó su casa de Carranque con sus geranios, aquellas escaleras cargada con la compra, los gritos de sus hijos: “¡esta mujer no tiene cabeza!”… Y con su último latido, un susurro entre sus labios: «¡Por mis hijos, lo que haga falta!» #Findelhilo

#HilodeLolo

¡No te vas a creer lo que acabo de recoger del buzón! Una carta a mi nombre que parece tener cien años. Hace poco han cerrado el viejo edificio de Correos de mi ciudad. Quizá, en la mudanza, ha aparecido detrás de algún estante… Te voy contando en el #HilodeLolo #CentenarioLolo

Tengo las pulsaciones a 120. Mira que hace ilusión hoy en día recibir una carta que no sea de publicidad. Pero esto… 
¡Parece mi carta de Hogwarts! 
Pero no, en el remite no aparece la profesora Minerva McGonagall, sino un señor de Linares, un pueblo de Jaén, con un nombre de lo más corriente: Manuel Lozano Garrido

La verdad es que no tengo ni idea de quién puede ser. No recuerdo a ningún familiar lejano con esos apellidos. 
La carta huele a polvo y humedad ¿Qué misterio esconderá? No quiero abrirla para poder seguir disfrutando de esta sensación de intriga y suspense. 
El sello es ¡de 5 pesetas! Eso es garantía de antigüedad, porque hace ya casi 20 años que desaparecieron en favor del euro 
Le voy a pasar el reconocimiento de imágenes del móvil a ver si me dice de qué año es… 
Voila!


Según este coleccionista es del año 1966. O sea que la carta tiene más de medio siglo. ¡Madre mía! 
¿La abro o no la abro? 
Es que una vez abierta ya pierde la gracia. Escuché una vez que la felicidad está en la antesala de la felicidad. Voy a disfrutar más del momento. 
¿Y si Google me dice algo de mi remitente? 
¡Ahí está! Según el buscador se trata de un escritor. ¡Vamos a saber más de él!

¡Vaya sorpresa! Es todo un personaje. Su entrada en Wikipedia es muy completa, dice que era conocido como Lolo y que, efectivamente, ¡es de Linares! 
Bueno, es no, era, porque murió en 1971, antes de que yo naciera y poco después de enviarme esta carta. ¿Cómo es posible? 
Espera, espera, que hay algo más. Resulta que es beato y que está en proceso de canonización para llegar a ser santo. 
En wikipedia remiten a la «Asociación Amigos de Lolo» en cuya web hay un montón de información sobre él. Voy a informarme. 


El resumen de su vida es de lo más interesante. Periodista y escritor, estuvo en silla de ruedas durante casi 28 años y ciego sus últimos 9. Pero eso no le impidió escribir 9 libros y más de 300 artículos. 
Su enfermedad degenerativa le fue consumiento, pero su fuerza de voluntad se crece ante cada nueva dificultad. 
Cuanto pierde el movimiento de la mano derecha, aprende a escribir con la izquierda o a máquina, cuando no puede sostener el lápiz, se lo ata a la mano y cuando se queda ciego inventa unas guías de madera para escribir los renglones entre los huecos. 

Atento a las nuevas tecnologías, se hizo con un magnetófono para poder grabar sus ideas que luego su hermana o sus amigos pasaban a papel.

Pero empecemos por el principio. Nació en 1920 y, en la década de los 30, se formó en el centro de jóvenes de la Acción Católica. 
El ardor por compartir la alegría que él había encontrado en el Evangelio le marcó desde su juventud.

Siendo un muchacho, en época de persecución religiosa en España, llevaba clandestinamente la Eucaristía a los presos, lo que le costó ser también él encarcelado tres meses. 
En la Guerra Civil española, le tocó combatir en el lado republicano (que defendía un anticlericalismo radical) pero él no tenía problemas en que sus compañeros y mandos lo vieran, por ejemplo, rezando.

Pero en mitad de la guerra, cuando tenía 18 años, comenzaron los primeros síntomas de su enfermedad, por lo que tuvo que abandonar el frente. 
La enfermedad le hizo que tuviera que abandonar también su carrera como maestro y poco a poco se fue convirtiendo en un enfermo dependiente. 
No obstante, nunca perdió la alegría y aceptó como buena la voluntad de Dios para su vida, lo que él mismo titularía: «de profesión, paralítico». 
Son impactantes los testimonios de los médicos que estudiaron su caso. Algunos dicen de él que fue «un dolor viviente», que su enfermedad era «como si tuviera clavado un alfiler en cada célula de su cuerpo». 


No obstante, los que lo conocieron se admiran de su paciencia y alegría contagiosa frente al padecimiento.

Lo llamaron un «Job de nuestro tiempo» y en @LaVanguardia hablaban de él como «una fiesta del dolor» 
Hay gente que cree que los cristianos somos un poco masoquistas, porque siempre ponemos como ejemplo testimonios de gente que sufrió… 
Se equivocan mucho. 
No es que nos guste el dolor, ni sufrir inutilmente, sino que aceptamos que el sufrimiento es inherente a esta vida. ¿O no sufres tú por un simple padrastro? A mí me amarga la vida durante una semana 
La vida está llena de sufrimientos, depende de cómo los afronte cada uno, pero sufrir sufrimos todos. 
Desamor, inquietud ante el futuro, falta de reconocimiento, problemas económicos, baja autoestima… Seguro que tú sabes de esto 

Hay quien hasta se suicida por que le ha dejado el novio o porque lo han echado del trabajo. ¿No hay más motivos para vivir? El testimonio de gente como Lolo nos habla de la belleza de la vida humana, de su dignidad irrenunciable.

Pienso que en estos tiempos de pandemia, conocer su vida puede ayudarnos mucho. ¡Cuánto sufrimiento llevamos y cuánto nos queda por pasar! 
Casi 900.000 muertos en el mundo, más de 25 millones de contagiados, la mayor crisis de la economía global de la historia… 
¿Qué hacemos? ¿Enterrar la cabeza como las avestruces o mirar al frente y ver cómo somos capaces de seguir vivos, con ilusión, con esperanza y buscando la forma de levantarnos tras cada golpe del coronavirus? 
El Evangelio, para quien lo acepta como guía de su vida, es fuente de superación, de resilencia. Conocer a un Dios que ha sufrido como uno más de nosotros te cambia la perspectiva. 
No, ¡Dios no es malo por que exista el sufrimiento! Dios es buenísimo porque, en medio del dolor se viene a sufrir a nuestro lado sin tener por qué. 
Así lo explica el propio Lolo: «Desde que Cristo lloró en un olivar, las lágrimas redimen. Y si no vemos a Cristo delante de nosotros cuando sufrimos, es porque está a nuestro lado llorando también con nosotros». 
Quien lo dice lo sabe por experiencia propia pues estuvo 200.000 horas inmóvil, sin poder siquiera espantar una mosca. ¿Entiendes por qué la fe es un gran regalo? 


Pesaba entre 30 y 35 kilos, y la operación de acostarlo duraba una hora, hasta que su hermana conseguía colocar bien las distintas almohadas en sus doloridos miembros para que pudiera descansar.

Pero el Evangelio le daba las fuerzas para no preocuparse mucho de sí mismo, sino del dolor del mundo en el que vivía. 
Así pues, sus artículos eran muy comprometidos con la justicia social. 
Como gran conocedor de la Doctrina Social de la Iglesia, defendía a los obreros, a los más débiles, frente a los explotadores o a las leyes injustas. 
Escribió en muchos medios conocidos todavía hoy como como @ideal_jaen @DiarioJAENes @Revista21 @Revista_VN… 
Su denuncia profética le llevó a recibir algún que otro duro aviso desde algún estamento político durante el régimen de Franco. 
Consiguió muchos premios literarios, incluso fue nominado al prestigioso premio Nadal, pero el premio que más ilusión le hizo fue… 
¡El premio BRAVO, que da la Conferencia Episcopal! Fue el primer periodista en recibirlo. Wow, esto tiene mucho significado para mí. 
No aguanto más, la abro.  


No salgo de mi asombro. 
El sobre contiene una hoja mecanografiada con la «oración del periodista» firmada por él. Parece como si la hubieran sacado de un archivador y hecho algunas correcciones a mano antes de enviármela.

La oración habla de mi profesión, de la suya y de la de tantos otros compañeros que tratamos de contar al mundo con honestidad lo que sucede, y le pide al Señor abundantes gracias. 
Le pide para nosotros sabiduría, ternura, prudencia, justicia, valentía, don de consejo, optimismo, luz, fe y alegría. 
Me quedo con una frase que viene que ni pintada en estos momentos. Dice «Que cuando las masas griten y suenen puñetazos en las cafeterías, él (el/la periodista) hable con un vaso en la palma y el agua esté serena como la faz de un lago». 
Cuánta falta hace en momentos como los que estamos viviendo que los periodistas seamos moderados, que no nos dejemos llevar ni por unos ni por otros, que llamemos a la calma y al diálogo, que no seamos profetas de calamidades sino sembradores de esperanza. 
¡La carta está escrita hace 50 años para ser leída en nuestra realidad! 
Lolo tenía pasión por el periodismo y por los periodistas. Escribió un «decálogo del periodista» del que el papa Francisco se hizo eco el año pasado. Puedes leerlo aquí
vatican.va/content/france…
Y no solo eso, sino que fundó los grupos de oración Sinaí. Cada grupo estaba formado por 12 enfermos y un monasterio de clausura y a cada grupo le encomendaba la oración y el ofrecimiento de sus dolores por un determinado medio de comunicación. 


Benedicto XVI dijo que los periodistas podíamos encontrar en Lolo «un testimonio elocuente del bien que se puede hacer cuando la pluma refleja la grandeza del alma y se pone al servicio de la verdad y las causas nobles”

Alto, porque creo que estoy cayendo en un defecto que él mismo critica, el de elevar los hechos de la vida de los santos a tanta altura, que pareciera inalcanzable. 
¡Claro que no todo era perfecto en él! ¿Pecados? Por supuesto que tenía, debilidades y luchas contra sí mismo. 
Él mismo habla de sus fallos ¡Y ahí radica su grandeza, como en la de todos los santos, que su naturaleza es humana y por lo tanto pecadora! 
Escribió que «las criaturas que escenifican la dura pelea de sus tendencias corporales y espirituales junto al Ángel de Dios que asalta y coopera, están más cerca de la trayectoria dramática de la perfección que los relatos dulzones de las vidas de los santos». 
«Al santo –continúa Lolo– nos lo han presentado como una criatura rotunda y mitológica, sin escalones ni tendencias, que rueda por las páginas con esa limpia extrañeza de una raza Watusi, al margen de nuestra talla usual». 
Y termina diciendo: «La verdad es que a estos varones que ya son insuperables desde chicos se les acompaña con la desilusión y el desaliento de una copia imposible». 
¡Cuánta razón tiene Lolo! ¡Cuánto mal hacen algunas biografías de santos inimitables! ¡Y cuánto bien me hace escuchar los pecados de los santos porque me hace albergar la esperanza de serlo yo también algún día! 

Lo veo tan lejos y tan difícil, pero ¿y si el Señor me tiene misericordia y me quiere santo a pesar de mis pecados, que son negros como el tizón? ¿Y si donde abundó el pecado sobreabundó la gracia? 
Al fin y al cabo, sólo el Señor es el Santo, Santo, Santo. 
Pero me llama, me llama y me llama… 
y te llama, te llama y te llama. 

Por nuestro bautismo fuimos hechos ¡hijos de Dios! Miembros del pueblo santo, sacerdotes, profetas y reyes. Desde ese día estás llamado a ser santo, estás llamada a ser santa. 
¿Y sabes qué pasó un día como hoy hace 100 años? Pues que nuestro querido Lolo, beato Lolo, pronto quizá San Lolo, recibió el bautismo en su Linares natal. 
¿No es precioso el mensaje que nos ha mandado hoy, un siglo después? 
Hoy hemos recibido esa llamada a la santidad en forma de carta. Venía a mi dirección, pero Lolo sabía bien que yo no me iba a poder quedar callado y que la iba a compartir contigo. 

Que no te quepa duda de que no hemos recibido la carta de un muerto, sino de un vivo que disfruta ahora plenamente de lo que el Señor le regaló ya en esta vida ¡La fe! 
Porque siendo ciego, veía mejor que nosotros 
Porque no pudiendo mover sus miembros, tocaba mejor la realidad que tú y que yo. 
Porque siendo nada para el mundo, lo era todo para los suyos y para Dios. 
Porque sufriendo dolor en el cuerpo, recibía un inigualable gozo en el alma. 
Porque sin poder escribir a máquina, se hizo él mismo máquina de escribir en manos del Espíritu Santo. 

Se dejó golpear por su enfermedad, letra a letra, tipo a tipo, en un martillear incesante de casi 30 años que arroja miles y miles de páginas llenas de alegría y de luz. 
Páginas de carne como la propia vida de Lolo y páginas de papel como la que tú y yo hemos recibido hoy. 
50 años ha estado esta carta esperándonos en algún sucio y oscuro rincón para sacarnos ahora de la oscuridad con este rayo de luz que es Manuel Lozano Garrido 
Ojalá en cada golpe de la vida, en cada golpe de esta maldita pandemia, podamos sentir, como Lolo, que Dios está escribiendo sobre nosotros, que no nos ha abandonado y que, como toda buena carta de amor, acabará con un enorme TE QUIERO. #FINDELHILO 

P.D. Hoy comienzan en Linares los actos por el centenario del beato Lolo. Te invito a seguir todas las actividades y a participar en ellas. Tienes toda la información en www.amigosdelolo.com 

Si te ha gustado este hilo, puede que te gusten también los 40 publicados en el libro «La Caja de los hilos». Más abajo tienes cómo conseguirlo…

#HilodelaAsunción2

En esta fiesta de la Asunción de María, te voy a contar algo que a lo mejor desconoces. Celebramos que la Virgen, terminada su vida, fue asunta al cielo junto a su Hijo. Pero, ¿sabías que hay quien dice que también San José los acompaña en cuerpo y alma? #HilodelaAsunción2

Esta creencia piadosa no tiene la categoría de dogma, como el de la Asunción de María que ya te expliqué en el primer #HilodelaAsunción, pero es muy interesante porque nos ayuda a comprender la importancia de este santo. Si quieres recordar aquel hilo pincha aquí.

San José el esposo de María, es patrono universal de la Iglesia, uno de los santos a quien mayor número de cristianos se ha encomendado alguna vez en la vida.

Muchos santos han sido grandes devotos de San José. Pienso por ejemplo en Santa Teresa de Jesus, que decía: «Querría yo persuadir a todos fuesen muy devotos de este glorioso Santo, por la experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios».

También los papas han querido mucho al padre de Jesús.

Francisco tiene en su escritorio una imagen como esta de él durmiendo. Dice que, cuando tiene un problema, lo pone en una nota debajo de él para que lo «sueñe», para que lo arregle.

Te voy a desvelar un secreto personal. También yo soy muy devoto de San José. Hace casi 10 años le hice una promesa, la cumplió y por eso me dejé la barba que ves que sigo llevando…

Otro día os contaré cuál fue el milagro que hizo ?

El caso es que este santo tan popular, este santo tan universal, este santo tan famoso y querido no cuenta con una tumba a la que poder peregrinar, un sepulcro en el que descansen sus restos y al que sus devotos puedan acudir a orar.

¿Dónde está el cuerpo de José? ¿Por qué, como planteé en el otro hilo con el cuerpo de María, los primeros cristianos no conservaron esta reliquia como sí hicieron con las de otros santos menos importantes?

Tengo 46 años, todos ellos recibiendo catequesis, 24 de ellos estudiando teología y trabajando en la Iglesia y os puedo asegurar que hasta este año no se me había ocurrido plantearme esto. Perdonad mi ignorancia.

Y cuando indagué un poco, me pasó esto…

Resulta que es un problema que ya se plantearon los padres de la Iglesia. Y que desde entonces ya empezaron a plantear como solución que San José está, como Jesús y como María, ¡resucitado en cuerpo y alma en el cielo!

Sí, sí, existe una tesis consistente sobre la «Asunción de San José». Que se basa, no en un texto apócrifo, no en una antigua tradición; sino (¡esto es de traca!) en el mismísimo Evangelio.

Ciertamente yo había leído ese pasaje cientos de veces, pero nunca le había prestado atención.

Se trata de Mateo 27, 52-53

Justo tras la muerte de Jesús en el Gólgota y tras un gran terremoto, dice que «Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron. Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos».

Algunos, como San Agustín, interpretaron que se trataba de una resurrección temporal, como la de Lázaro, de quienes luego morirían de nuevo.

Pero otros muchos afirmaban que no, que se trataba ya de una Resurrección para la vida eterna. Y, puestos a elegir a los primeros que resucitarían y subirían gloriosos en cuerpo y alma al cielo, ¿Cómo no iba a estar el padre de Jesús a quien él llamaba abba?

El insigne teólogo Juan Gerson, a caballo entre los siglos XIV y XV, no se atreve a decir que San José fuera uno de ellos, pero fantasea con que pudiera serlo, añadiendo que se apareció luego a la Virgen para consolarla y subir posteriormente al cielo.

Un poco más adelante, San Bernardino de Sena le echa valor diciendo que: «Piadosamente se ha de creer, pero no asegurar, que el piadosísimo Hijo de Dios, Jesús, honrase con igual privilegio que a su santísima Madre, a su padre putativo».

Ya en el XVI-XVII, el doctor de la Iglesia San Francisco de Sales es más categórico: «¿Qué nos queda ya que decir sino que no debemos dudar ni en un punto que este glorioso santo tenga gran valimiento con aquel que lo magnificó hasta llevárselo consigo en cuerpo y alma al cielo?»

Y sigue: «Si es verdad lo que debemos creer que en virtud del Santísimo Sacramento que recibimos en nuestros corazones, nuestros cuerpos resucitarán en el día del juicio… ¿Cómo podemos dudar que nuestro Señor haría subir consigo al cielo en cuerpo y alma al glorioso San José, que mereció la honra y la gracia de llevar con tanta frecuencia en sus benditos brazos a Jesús que en ellos tanto se complacía?… ¡Cuántos besos le dio tiernísimamente con su boca bendita para recompensar en algún modo sus trabajos! Luego, sin duda ninguna, San José está en el cielo en cuerpo y alma». Hasta aquí la cita.

Y la Iglesia oficial ¿Se ha pronunciado?

¡Pues sí!

El papa San Juan XXIII, poco antes de abrir el Concilio Vaticano II, en una homilía con motivo de la canonización del beato Gregorio Barbarigo, lo dejó blanco sobre negro en un texto del magisterio ordinario. Aquí lo tienes en la web del Vaticano:
c.vatican.va/content/john-x…

Dice que entre los cuerpos de los santos resucitados que narran los evangelios corresponde a los más próximos a Jesús (Juan Bautista y José de Nazaret) el honor y el privilegio de abrir este admirable acompañamiento por los caminos del cielo.

«Así piadosamente lo podemos creer», afirma «el papa bueno» dejando fuera de toda duda la legitimidad de esta creencia de que San José también fue asunto al cielo, que nadie está obligado por otra parte a secundar.

En esta fiesta de la Virgen, me ha gustado acercarme a la figura de José.

Porque detrás de una gran mujer, siempre hay un gran hombre. Y la Sagrada Familia estaría incompleta en el cielo sin el justo y bueno de José.

Si no eras muy devoto, espero que tras leer este hilo comiences a apasionarte, como yo, por este hermano nuestro a quien Dios encomendó una tarea tan difícil.

Si fue capaz de cuidar de Dios mismo y de su madre enfrentándose al mismísimo Herodes, ¿cómo no va a ser capaz de cuidar de ti en tu día a día por grande que sea tu problema?

Encomiéndate a él siempre que lo necesites y, de vez en cuando, mirando el cuadro de Raúl Berzosa con el que comencé el hilo u otra imagen de la Sagrada Familia que tengas, dirígete a esa trinidad humana (junta ya en el cielo) y diles: «¿Me vais haciendo hueco?» #FindelHilo

#HilodeSanLorenzo

En el día de San Lorenzo, me gustaría recordar su vida y la actualidad absoluta de su mensaje.

¿Te apetece? Abro hilo ???

Lorenzo era uno de los siete diáconos de Roma y, como tal, encargado del servicio a la Iglesia y a los pobres Detenido, fue llevado ante las autoridades que le exigieron entregar todas las riquezas y tesoros que habían oído que poseía la Iglesia. Lorenzo obedeció y se presentó al día siguiente acompañado de la multitud de pobres a los que asistía ya en aquel entonces (s III) la comunidad cristiana. Lleno de cólera, el prefecto lo mandó asar en una parrilla a fuego lento. Lorenzo soportó el martirio lleno de fe y (cuentan) que incluso le llegaron las fuerzas para pedirle a los verdugos que le dieran la vuelta para terminar de hacerse por el otro lado. La cantinela de «las riquezas de la Iglesia» sigue hoy sonando tan fuerte como en aquel entonces. Es normal entre la personas para quienes lo único importante en la vida es el dinero.

No pueden entender que un sacerdote renuncie a su carrera profesional y se dedique a atender una parroquia con un sueldo de obrero.

Piensan: aquí hay gato encerrado. No entienden que tras el ciertamente ingente patrimonio inmobiliario de la Iglesia (2.000 años de historia y devoción dan para mucho) lo que hay es una enorme carga para poder mantenerlo.

Hablamos de joyas artísticas como catedrales y de otras menos ricas desde el punto de vista artístico, pero de un altísimo valor sentimental, como las parroquias, santuarios y ermitas de pequeños pueblos y aldeas. ¡Los hay a miles!

Un patrimonio que ciertamente es de la Iglesia, pero en el sentido más estricto de la misma: es del Pueblo de Dios, de la comunidad cristiana, de todos los bautizados, no solo de la jerarquía, por lo que esta no puede disponer de ellos tan alegremente.

La mayoría de ellos son edificios muy antiguos que necesitan constantes reparaciones y rehabilitaciones, así como costosísimas restauraciones en caso de contar con piezas de valor artístico.

¿Imaginas un Monopoly donde tienes un montón de propiedades pero en las que te toca pagar cada vez que un contrincante cae en en una de ellas?. Pues más o menos así es el tema patrimonial de la Iglesia.

Aquellos para quienes solo existe el dinero y no las personas, no pueden entender que la Iglesia sostenga todo este patrimonio sin convertirlo en cash, e imaginan y propagan viejos bulos que ya dan hasta arcadas escucharlos por viejunos y falsos.

Conspiranoicos que ven solo sotanas ávidas de riquezas y lujos. No seré yo quien ponga la mano en el fuego por todos los miembros de la Iglesia, porque ha habido tristes ejemplos de quienes han sucumbido ante la tentación de la riqueza.

¡Pero generalizar es de locos!

¿Cuántos millones, sí, millones de cristianos (sacerdotes, monjas y, por supuesto y sobre todo, seglares) en el mundo trabajan día a día y luchan por la dignidad de la persona, por el valor de la vida, por una sociedad más justa y solidaria?

¿Cuántas instituciones como la Iglesia pueden presumir de contar con cientos de miles de «sucursales» (parroquias, templos, capillas…) dónde la gente sabe que puede acudir a encontrar consuelo, esperanza, compañía y ayuda de todo tipo a través de Cáritas?

¿Cuántas instituciones pueden presumir de contar con la pluralidad de centros que posee la Iglesia en los ámbitos de salud, educación, formación profesional, investigación o atención social?

¿Cuántos de los que hablan de las riquezas de la Iglesia conocen de verdad la labor de los miles de misioneros y misioneras en los países más pobres?

¿Cuántos de ellos conocen la labor de las Caritas en cada pueblo, en cada barrio, junto a quienes nadie quiere, junto a quienes nadie escucha, porque como no tienen dinero nadie se fija en ellos?

¿Muy pocos verdad?

Por eso nos toca seguir soportando la mentira que ya en el siglo III tuvo que soportar San Lorenzo.

Dejándonos asar por ella a fuego lento mientras continuamos con nuestro trabajo silencioso en favor de toda la humanidad, sobre todo de los que más lo necesitan.

Y cuando alguien te vuelva a dar la brasa con la cantinela de las riquezas de la Iglesia dile, como dicen que dijo San Lorenzo: «dame la brasa por el otro lado que por este ya estoy un poco quemado». #Findelhilo

#HilodeMiCorazón

Permíteme que hoy te abra mi corazón y te cuente mi vida. Voy a hablarte de un amigo, un muy buen amigo de la familia con quien no me he portado nada bien. Os contaré nuestra historia pero podría ser también la tuya… #HilodeMiCorazón

Nuestros padres tenían amistad, así que nos conocemos prácticamente de toda la vida.
En el colegio fuimos compañeros desde Primaria. Era un niño listo y obediente. Los profesores estaban encantados con él y estaba superintegrado en la clase. Todos querían ser sus amigos.
Pero en la adolescencia la cosa cambió. Muchos comenzaron a darle de lado porque, la verdad, era un poco friki. No se dejaba llevar por las modas ni se llevaba bien con los más populares y a veces se juntaba con lo peor del instituto.
Yo reconozco que también me alejé un poco de él porque, ya sabes lo que pasa a esas edades, si te ven con un rarito enseguida te tachan a ti también…
Fui un poco estúpido, porque él siempre se había portado muy bien conmigo.
Recuerdo aquel día que un grupo de matones me acorraló en el aparcamiento a la salida del colegio acusándome de haberles robado dinero y él apareció providencialmente, hablando con el profesor de matemáticas, de camino al coche de este.
Al verme en dificultad, me guiñó un ojo y, en vez de chivarse al profe, que habría sido al final peor para mí, se sacó una tiza del bolsillo y se puso a escribir una fórmula en el asfalto mientras le preguntaba una duda.
El de mates tomó la tiza y empezó a resolver el problema. Como la fórmula se alargaba, llegó hasta donde estábamos nosotros haciendo que los matones se olvidaran de mí y se marcharan. Nunca volvieron a molestarme.
Otro día, después de una fiesta de fin de curso, en la que yo acabé bastante mal, me recogió del suelo de la discoteca, me cargó sobre sí, me metió en su coche y me llevó hasta mi casa. Yo, por supuesto, no me acuerdo de aquello, me lo contaron después mis amigos.
Siempre me recuerda cómo le dejé el coche!!!??
No sé cómo lo hacía, pero en los momentos en los que me metía en líos, aparecía de una u otra manera a rescatarme.
Él era bastante popular entre las chicas y yo lo tenía por un donjuán, pero nada más lejos. Las respetaba un montón. A veces me advertía cuando yo empezaba a tontear con alguna. Me decía: ¡ojo, no te pases con ella que es amiga mía!
Precisamente una de aquellas amigas suyas es actualmente mi mujer y fue ella la que volvió a unirnos un poco más, ya en la facultad, después de esa época de distanciamiento.
Hoy es el gran amigo de mi familia. Mis hijos lo adoran y lo llaman «el padrino».
Nos ha ayudado siempre: cuando nos casamos, fue él y un grupo de amigos que se buscó quien nos ayudó a arreglar nuestra casa.
Cuando necesitamos un coche nos prestó el suyo. Y en varias ocasiones en las que los hijos nos exigían algunos gastos extras, él siempre nos ha dejado el dinero: «No os preocupéis, ya me lo devolveréis, ¿cómo no me voy a fiar de vosotros?», nos decía.
Y él no es que nade en la abundancia, pero es capaz de quitarse de lo suyo para darlo a los demás…
Cuando tuvimos necesidad de una casa más grande, él fue quien nos la buscó, quien se pateó las inmobiliarias y las webs de compra-venta hasta encontrarla.
Hace unos años tuve una afección bastante grave en el corazón. Los médicos casi me desahuciaron. Mi mujer estaba echa polvo, mis hijos aún eran pequeños…
Tendríais que haberlo visto, a mi lado, en la habitación del hospital, noche tras noche.
No permitió que mi mujer se quedara ni una sola. «¡Vete a tu casa a dormir y a cuidar de tus hijos, que de tu marido me ocupo yo!», la obligaba.
No le preocupaba dejar sola a su madre que se había quedado viuda hacía poco. «Ella está bien, no te preocupes», me tranquilizaba.
Yo creo que logré salir de aquello gracias a él. A su compañía, a su oración…
En otra ocasión en la que el embarazo de uno de mis hijos se complicó bastante, él consiguió buscar al mejor médico para que lo ayudara a nacer. Nació sano y, tras él, y contra todo diagnóstico, varios hermanos más.
En algunos momentos, en los que mi matrimonio ha ido mal, él ha venido a buscarme al trabajo.
Me cantaba las cuarenta y me hacia ver no solo la mota en el ojo de mi mujer, sino la viga en el mío.
Su concepto de amistad no es el de seguirme la corriente si la cago, sino de ponerme en mi sitio si ve que lo estoy haciendo mal.
El día que murió mi padre estuvo también a mi lado. En cuanto se enteró de que estaba ya agonizando se presentó en casa y se quedó en un rincón, llorando, sin llamar la atención.
Ahora me veo de nuevo en una cama de hospital. Hace dos meses me detectaron un agravamiento de mi anomalía cardiaca que me llevará a la muerte si no aparece un donante compatible antes de una o dos semanas.
«Su corazón está a punto de estallar», así de gráficamente me lo explicaron los médicos.
¿Quién creéis que me ha acompañado este tiempo, quién ha hablado con todos los cardiólogos de la ciudad?
Así es.
Precisamente anoche me llamó desde Córdoba adonde ha ido a buscar al mejor especialista del tipo de transplante que yo necesito.
Perdonadme, os dejo, que han llegado un montón de médicos de repente.
–¿Cómo te encuentras esta mañana? ¿Has podido dormir algo? –Me pregunta con una sonrisa de oreja a oreja la más joven del equipo, la doctora Márquez–.
-Pues la verdad es que no, aquí estoy escribiendo mi diario en twitter, porque la cabeza no para de dar vueltas –contesto yo–
–Pues tenemos que darte una buena noticia. Ha aparecido un donante y estamos preparando el quirófano –me corta el doctor de la Peña, otro residente–.
–¿Y a que nos sabes quién viene también de camino? –continúa– La doctora Bermúdez, la mejor especialista en transplantes cardiacos del Reina Sofía de Córdoba. No sabemos cómo pero se ha ofrecido a hacértelo ella.
–Ehh, pero… –La verdad es que estoy sin palabras. Aunque estoy contento porque se abre la posibilidad de mi curación, enfrentarme al quirófano me da bastante miedo…–
–Tú no te preocupes por nada. Se ve que tienes buenos amigos que han luchado por tu vida, y encima has tenido la suerte de que apareciera un donante compatible –continúa de la Peña–.
Si todo va bien, mañana despertarás con un corazón nuevo y sano. Enseguida vendrán a prepararte.
Efectivamente, ha sido salir el equipo médico y entrar las enfermeras que, sin dilación, han empezado con el preoperatorio.
De camino al quirófano pienso en mi mujer, en mis hijos, en cómo será mi calidad de vida tras la operación, en si podré volver a tomar cerveza, en si podré volver a trabajar…
¡Ah, sí! Y en cómo se las había apañado mi amigo para que se interesara por mi caso toda una eminencia en transplantes.
Menos mal que la anestesia me ha quitado pronto las ganas de pensar en mis cosas, solo pienso en dormir…
en dormir…


Los recuerdos del postoperatorio en la UCI son muy confusos. Pero al primero que vi al despertar fue a mi amigo, sonriéndome y animándome como siempre, hablándome con señas llevándose el puño al pecho como diciéndome que me lleva en el corazón.
En los días posteriores recuerdo ver a mi mujer, a mi madre, a mis suegros…
En los días posteriores recuerdo a mi mujer, a mi madre, a mis suegros…
En la UCI tuve tiempo para pensar mucho, para reflexionar sobre mi vida y avergonzarme de muchas cosas.
Y es que yo no he sido buen amigo de mi mejor amigo, ni lo podré ser jamás.
¿Os acordáis de aquella vez que me salvó el pellejo en el parking del instituto?
Pues… efectivamente, yo le había robado a aquellos chicos. Y sé, me lo contó luego uno de ellos con el que coincidí en un encuentro de antiguos alumnos, que me dejaron ir porque él les dio el dinero que me reclamaban.
Aquella vez que me recogió borracho del suelo, le dije de todo. ¿Sabeis que los borrachos dicen lo que piensan? Pues yo lo insulté como al peor enemigo.
Le dije que era un friki, puse en duda su hombría por no enrollarse con las tías que se le ponían a tiro, creo que incluso le pegué…
Yo me aproveché de que, efectivamente, tengo lagunas mentales de lo que pasó esa noche, para hacer como si no hubiera pasado y él jamás me volvió a hacer la más mínima referencia al triste episodio.
A algunas de sus amigas las traté mal. He sido siempre un egoísta y me he aprovechado de quien he podido.
Cuando fue él el que enfermó (estuvo varios meses ingresado) fui a verlo apenas dos veces un ratito. Puse como excusa que tenía a los niños pequeños…
La misma excusa que puse cuando él se quedó en paro o tuvo que hacer su mudanza… «¡No te preocupes, tú atiende a tus hijos que son lo primero!», me dijo.
La única vez que hice algo por él fue cuando le pagué una fianza. Lo detuvieron por ayudar a unos inmigrantes que se encontró mientras hacía pesca deportiva en su pequeña barca. Naufragaron muy cerca de la playa y él los rescató.
Se la pagué porque me acababa de tocar un pequeño premio de la lotería que, por cierto, no le dije que me había tocado para que el gesto pareciera más generoso por mi parte.
Así de miserable soy. Y no había sido capaz de verme tal como era hasta entonces; y no había sido capaz de ver cuánto me había querido mi amigo hasta aquellos días.
Así que, cuando por fin me subieron a planta, por el primero que pregunté fue por él. «No, no ha podido venir, le ha salido un trabajo», me dijeron.
Los días siguientes, que tenía algo de tos y que temía tener el coronavirus y contagiarme.
La recuperación ha ido a buen ritmo y pronto me darán el alta. ¿Y sabéis qué? Tengo ganas de verlo y abrazarlo y agradecerle todo lo que ha hecho por mí toda mi vida y pedirle perdón por haber sido tan egoísta.
Algo ha cambiado dentro de mí. Esta dura experiencia me ha servido para valorar más la vida, la amistad, veo las cosas de otra manera, tengo más ganas de darme, de entregarme a los demás…
Parece que este nuevo corazón me ha insuflado mejores sentimientos, ver la vida y a los demás en toda su belleza…
Esta mañana me han hecho un electro y funciono de maravilla. «¡Pareces un chaval de 20 años!», me ha dicho Carmen, la enfermera.
Si todo va bien, hoy, después de la reunión del equipo médico, me darán el alta.
Estoy deseándolo, para poder ver a mis niños (aunque ya he hablado con ellos por Skype), pero sobre todo para ver a mi amigo del alma y contarle todo esto y decirle que lo echo de menos.
Ya están entrando. ¡Uy, viene toda la comitiva! Hasta la doctora Bermúdez ha venido desde Córdoba.
Es mi mujer la primera que se acerca y me dice:
–Cariño, hoy te van a dar el alta, pero antes de que nos vayamos de aquí, los doctores querían quedarse tranquilos de que tú ibas a estar bien del todo cuando te contara una cosa que no te he querido contar hasta asegurarme de que tu corazón estaba fuerte.
–No entiendo, ¿qué me tenéis que contar? No estoy curado, hay alguna dificultad con el transplante. ¡Yo me siento más fuerte que nunca! –contesto–
–No, no cariño, tú estás perfectamente, por eso sabemos que podemos decirte esto. Verás, está aquí la madre de tu donante.
–Ehh, ¿cómo? Pero eso no puede ser –respondo– hay unos protocolos de confidencialidad… Yo estoy muy agradecido pero…
–No, no, los protocolos se han seguido escrupulosamente. Pero a esta mujer la ibas a tener que ver más tarde o más temprano y hemos preferido que la veas aquí en el hospital… Pasa, adelante, entra –la invita mirando hacia la puerta de la habitación–
Tras la barrera del equipo médico aparece ella, con los ojos empapados en lágrimas pero con una gran sonrisa de alegría al verme. ¡Es la madre de mi amigo!
–Pero… es imposible. Él no puede haber muerto, lo vi en la UCI, al despertar ¡Lo vi! –grito–
–Las drogas que te pusimos para que estuvieras relajado tras la intervención son muy fuertes –contesta de la Peña– muchos pacientes tienen alucinaciones mientras están allí.
–El hecho de que fueras tú el receptor del corazón de mi hijo fue una casualidad –me explica la madre–. Porque él no me había contado que tú estabas esperando un transplante y tu mujer no se había enterado aún del accidente de mi hijo.
Fue luego, cuando ya te habían transplantado, cuando nos dimos cuenta de que había sido una bendita casualidad –concluye tiernamente–.
–Un accidente dice usted ¿y cómo fue? –le pregunto–
La doctora Bermúdez sale al quite:
–Él había venido a Córdoba a contarme tu caso porque teníamos un amigo común. A la vuelta, un conductor suicida invadió la autovía en sentido contrario.
Para evitar que chocara contra un autobús que iba en el carril de al lado, aceleró, y se adelantó a la colisión llevándose él el golpe frontal.
Llegó al hospital con muerte cerebral.
El conductor del autobús (era una excursión de un colegio, iba lleno de niños) nos lo contó todo. Dice que es un milagro que él se interpusiera, porque el coche iba directo hacia ellos. El conductor suicida también salió ileso.
Un hondo sentimiento de pena me acaba de invadir en ese instante. Mi amigo ha muerto salvando a muchos y, muriendo, me ha salvado a mí. ¡Cómo podré pagarle tanto amor, tanta entrega?
Quizá solo honrando el corazón que ahora bombea mi sangre.
Quizá solo siendo sus pies y sus manos, abandonando mi vida egoísta y miserable y convirtiéndola en una vida plena y generosa.
Ahora llevo yo ese corazón capaz de amar tanto. El corazón de un santo, de alguien capaz de dar la vida por sus amigos. Un corazón sagrado.
Por cierto, no he tenido aún oportunidad de decirte su nombre.
Se llamaba Jesús. Pero como su corazón sigue latiendo en mí, podemos decir que se sigue llamando Jesús.
Un corazón sagrado el suyo y ahora el mío. Es el Sagrado Corazón de Jesús. #SagradoCorazóndeJesús #FinDelHilo

P.D. Espero que os haya gustado este hilo de ficción, con el que he tratado de actualizar y profundizar en una advocación que a veces nos puede parecer lejana como es la del #SagradoCorazóndeJesús

Una advocación que nos habla de un hombre real, Jesús, cuyo amor y misericordia no tienen límites, que perdona nuestras faltas y desprecios sin límite y que continúa vivo en ti, y también en mí.

No es un Dios lejano el nuestro, sino que lo tienes al lado tantas veces sin darte cuenta. Repasa ahora el hilo poniendo tu historia en lugar de esta. Seguro que lo ves aparecer en cada momento.

Si te ha gustado este hilo, tienes 264 páginas de ellos en #LaCajadelosHilos