#HilodelaNatividad

¿Agobiada por la cena de hoy? ¿Preocupado por todos los preparativos de la Nochebuena? ¿Tienes incluso ganas de que pase ya esta noche? ¡STOP! Siéntate tranquilamente, lee este hilo y verás cómo retomas con más ánimo #HiloDeLaNatividad
La celebración de la Navidad nos ha absorbido completamente hasta el punto de que las actividades que organizamos para festejarla son más importantes que la propia fiesta.
¿Imagináis a los jugadores de la final del mundial preocupados el día antes por el menú de la cena de celebración o por la ropa que se van a poner en su paseo triunfal?
¿Lo primero será ganar el mundial no? En eso se tendrán que concentrar. A este objetivo será al que tendrán que dedicar todas sus energías.
Porque… ¿y si no ganan? ¿En qué quedaría la celebración?
A nosotros nos puede pasar eso con la Navidad. Compramos, regalamos, comemos, nos juntamos en familia; pero… ¿por qué? ¿Con qué motivo? ¿Qué final jugamos esta noche?
La celebración se vuelve más importante que el partido por lo que al final se convierte en un agobio, un esfuerzo del que ya uno ni disfruta. ¡Por eso tienes ganas de que pase!
Yo te quiero ayudar hoy a entrar en el partido y a ganar la final para que la celebración sea auténtica y que la disfrutes.
Y lo voy a hacer con un texto que nos regala la liturgia en esta noche. El himno de la «Calenda»
La palabra «calenda» es latina (de calare), aunque viene del griego «kaleo» y significa llamar, anunciar.
«Calenda» o «calendae» es el día primero del mes en el calendario romano. Intuyes ya de donde viene la propia palabra «calendario» ¿No?
En la liturgia, la «Calenda» es el anuncio de la Navidad que se hacía en la hora de Prima. Ahora se puede proclamar en distintos momentos, aunque lo habitual es que se haga en el rito de entrada de la Misa del gallo.
Es una pasada.
A mí me pone los vellos de punta cada vez que la oigo.
Hay varias redacciones, pero yo te voy a poner la última traducción tal y como recoge el Martirologio Romano. ¡A ver si te enteras ya de una vez de qué va el partido de hoy!
Dice así:
«Pasados innumerables siglos desde de la creación del mundo,
cuando en el principio Dios creó el cielo y la tierra y formó al hombre a su imagen,
después también de muchos siglos, desde que el Altísimo pusiera su arco en las nubes tras el diluvio como signo de alianza y de paz;
veintiún siglos después de la emigración de Abraham, nuestro padre en la fe, de Ur de Caldea;
trece siglos después de la salida del pueblo de Israel de Egipto bajo la guía de Moisés;
cerca de mil años después de que David fue ungido como rey,
en la semana sesenta y cinco según la profecía de Daniel;
en la Olimpíada ciento noventa y cuatro,
el año setecientos cincuenta y dos de la fundación de la Urbe,
el año cuarenta y dos del imperio de César Octavio Augusto;
estando todo el orbe en paz
Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, queriendo consagrar el mundo con su piadosísima venida, concebido del Espíritu Santo, nueve meses después de su concepción,
nace en Belén de Judea, hecho hombre, de María Virgen: la Natividad de nuestro Señor Jesucristo según la carne».
Hasta aquí el himno ¿Es o no es impresionante?
¿Te queda o no te queda claro después de leerlo que lo que hoy celebramos es algo cósmico, trascendental, histórico, significativo, sustancial, absolutamente crucial?
Este pregón, que a mí me recuerda mucho al pregón pascual (otro momento emocionantísimo de la liturgia) es como un resumen de la historia del mundo cuyo eje central es la entrada de Dios en esta forma de vida que conocemos como humanidad y que compartimos tú y yo.
Todas las promesas hechas por Dios se cumplen hoy: la que le hizo a Noé, a Abraham, la que le hizo a Moisés y a su pueblo al sacarlos de Egipto, la que le hizo a los profetas…
Dios asume la humanidad en medio de las culturas y pueblos, entre griegos (olimpíada), romanos (la Urbe=Roma) y judíos (Belén de Judea).
Es algo público, pero absolutamente íntimo. Dios nace para todos, sí, pero esta noche nace sólo para ti.
En tu ciudad, en tu barrio, en tu pueblo, en tu casa.
El eterno, se ha calzado en el tiempo, el todopoderoso, se ha anonadado, se ha empequeñecido para poder ponerse a tu lado, incluso por debajo de ti, para que tú que no puedes abarcarlo, puedas mecerlo en tus brazos.
De igual manera, este tiempo inmenso de miles de millones de años se ha resumido para ti en un solo día: Hoy.
Para que puedas meterlo en tu cabeza, para que puedas comprender lo incomprensible, para que puedas dimensionar lo inmenso.
Hoy te nace Jesús.
Hoy cambia tu historia y la historia del mundo.
Hoy es la noche santa en la que se nos anuncia una gran alegría que lo será para todo el pueblo.
Y a ti se te pasará la noticia como se le pasó al segador, como se le pasó al cambista, como se le pasó al tejedor… ¿Quiénes escucharon la buena noticia de parte del ángel?
Los pastores.
¿Y por qué ellos y no otros? Porque estaban velando a su rebaño. Estaban despiertos mientras todos los demás dormían.
Fíjate a tu alrededor. Verás cómo hoy todos duermen mientras el acontecimiento central de la historia de la humanidad les pasa por delante de sus narices.
Duermen «soñando» con un pavo en su punto, con un vestido que queda como un guante, con un regalo o con ver a sus nietos que vienen hoy…
Son sueños buenos y agradables, claro, pero sueñan, no andan «despiertos» a lo importante…
¿En qué estado estás tú? ¿También duermes en tus preparativos?
¡Despierta a la Navidad!
En una homilía para esta noche, Benedicto XVI nos hace notar también la diferencia entre los pastores y los magos. Los pastores vivían «cerca», mientras que los magos venían de muy lejos.
Los pastores entonces solo tenían que «pasar»: «pasemos pues hasta Belén…» (Lc 2, 15), mientras que los magos tuvieron que hacer un largo camino.
Igualmente hoy, las almas sencillas y humildes viven muy cerca de Jesús, lo reconocen muy fácilmente, solo tienen que «pasar». Son como sus vecinos.
Pero muchos de nosotros somos, como los magos, hombres y mujeres de ciencia, de filosofía, de tecnología, de proyectos de vida que nos hacen más largo el camino hacia el pesebre.
¿A qué distancia te sitúas de Jesús? Quizá nunca has vivido una Natividad porque tu vida consiste en alejarte del pesebre.
Quizá el sentido de tu vida, a lo que dedicas tus esfuerzos es a ser más, a tener más, a saber más, a ser más reconocido, a avanzar profesionalmente, a ser más querido por los que te rodean, a mejorar tu estatus…
Llevas el camino contrario al portal. El viaje se te hace muy pero que muy largo.
Jesús nos enseña el camino para reconocerlo: hacerse pequeño, pobre, indefenso… De ahí a Jesús hay un salto.
Te agobias porque hoy quieres ser tú Dios: que todo salga bien, que lo pases bien, que te regalen, que la cena sea estupenda, que todos disfruten, que sea una noche feliz… Quieres tener tu vida bajo control.
Deja hoy a Jesús ser Dios a su manera, abandonándote a la voluntad del Padre, aceptando ser el último, poniéndote por debajo de los demás, sin esperar reconocimiento sino amando como ama un bebé con su sonrisa…
Ahí está la clave del partido. Si consigues entrar en el verdadero sentido de la Navidad, que no es ganar como lo entiende el mundo, sino perder, habrás vencido esta paradójica final.
Y la celebración de esta noche será única, salgan como salgan las pompas con las que la adornamos.
Porque la alegría vendrá de dentro de tu corazón, no de fuera, y nada ni nadie podrá apagarla. Ni hoy ni nunca.
Será una alegría cósmica, milenaria, histórica…
Porque hoy es el día más grande desde la creación del mundo.
Es Natividad, vayamos a Él los que estamos cansados y agobiados, que Él nos aliviará. ¡Feliz Navidad! #FindelHilo
P.D. Este año, en el programa El Espejo de la Cadena @COPE en mi ciudad hemos preparado este programa especial para ayudarte a entrar en la Nochebuena basado en los #HilosDeNavidad. Escúchalo, bájatelo y compártelo para felicitar la Navidad diocesismalaga.es/cms/media/audi…