#HiloNavideño

–Papá, he visto en internet que el árbol de Navidad nació para adorar a Thor, un dios pagano. ¿Por qué entonces lo ponen muchos cristianos y hasta el Papa en la Plaza de San Pedro? #HiloNavideño #ReCristianizandolaNavidad

Dentro del coche, de camino a casa de los abuelos, donde esta noche celebrarían la Nochebuena, el adolescente Marcos somete a sus padres a un interrogatorio propio de quien está en ese periodo de comprender el mundo y de confrontar las ideas de sus mayores. 
–Pues porque la Navidad ya no es Navidad ni es nada, ya todo es consumo, fiesta y desparrame –contestó Germán, el padre de la criatura, en su habitual tono malhumorado– Aquí en España siempre hemos puesto el Belén, eso es lo tradicional: La Virgen, San José y el Niño. 
–Sí cariño, lo nuestro es el pesebre o el Belén –salió al quite Toñi, la madre, en su tono conciliador de costumbre–, pero el Papa no tiene un pelo de tonto. El árbol, que en su origen fue un símbolo pagano, ahora lo es también cristiano. 
–No me fío, Toñi, no me fío… Este papa tiene ideas demasiado abiertas, dicen que es un comunista. 
–Pues si le dices eso por poner el árbol de Navidad, que sepas que la idea de ponerlo todos los años en la Plaza de San Pedro no fue suya, sino de San Juan Pablo II, que de comunista, como tú sabrás, no tenía un pelo. 
–Eso es verdad, mamá, ayer en clase nos explicaron lo de la caída del muro de Berlín y que ese papa fue clave en la caída de los regímenes comunistas. 
–Claro, porque él sufrió en sus propias carnes el horror de aquello en su Polonia natal. Pero, a lo que vamos. Su intención poniendo el árbol era incluir en la celebración de la Navidad los símbolos que usaban los católicos del norte de Europa 
y no solo los de Italia, porque el Belén, Germán, tampoco es español, es italiano –le guiñó con soniquete al marido–. Lo inventó San Francisco de Asís, el santo de los pobres, de la ecología… otro al que hoy llamarías comunista. 
–Lo que tú digas, pero es más nuestro. 
–Jajaja, ¿nuestro? ¿y qué cosa no es nuestra cariño? No me seas cerril. El cristianismo no tiene una única cultura, sino que se puede encarnar en todas las culturas. 
Es lo que celebramos en Navidad, que Dios, que no es un ser humano, se hace de nuestra cultura, se hace humano como cualquiera de nosotros para, desde nuestro modo de vida, darnos su mensaje y salvarnos. 
Así lo hicieron los primeros cristianos que llegaron al norte de Europa donde, en esta época de cambio de estación, se veneraba a dioses paganos iluminando un árbol y colgándole adornos. 
En lugar de prohibírselo e imponerles sus costumbres, lo que hicieron los evangelizadores fue cristianizar esa cultura. 
Y buscaron cómo dar un nuevo significado simbólico tomando lo que de bueno había en esa cultura, porque Dios se hace presente en todos los pueblos y no hay que demonizar en principio ningún símbolo que lleve a los hombres al bien. 
Y es que el árbol tiene un gran significado bíblico que nos lleva a ver en él la Navidad. 
Por ejemplo, a la genealogía de Jesús, que se lee hoy en la Misa del gallo, se le llama el árbol de Jesé. 
–¿de Jesé? Será de José –inquirió el joven Marcos– 
–Bueno, José está también en ese árbol genealógico, en el último lugar, pero se refiere a Jesé, el padre del Rey David. Y es que el profeta Isaías anunció que el Mesías nacería del tronco de Jesé. Por eso el árbol nos habla del nacimiento del Salvador. 
El árbol, además, suele ser un pino, un abeto… un árbol de hoja perenne, que significa eternidad; y las bolas que colgamos nos recuerdan a la fruta del árbol del bien y del mal por el que los hombres caímos en el pecado. 
Así que con este nuevo árbol, atención, pensadlo bien, estamos diciendo que, con Jesús, el pecado será vencido para siempre. 
¿Es o no es un mensaje cristiano de lo más cañero? 
–Vale, sí, pero hay que pensar mucho –masculló el marido– 
–Pero espera, que hay más. Los lazos con que se adornan significan la unión de las personas entre sí y con Dios: la comunión, vamos; y ¿qué se pone en lo alto del árbol? La estrella de Belén que nos recuerda el nacimiento de Jesús. 
–Bueno, bueno, lo del árbol te lo admito, lo has explicado muy bien –contestó Germán– pero ¿y a esto? ¿cómo lo llamarías tú? jejejeje 
La rotonda por la que pasaban en ese momento estaba adornada con un reno luminoso.

–Bueno, vale, es verdad que muchos símbolos de la Navidad actual no tienen un origen cristiano, pero es cuestión de replanteárnoslo todo. 
Mira, papá, mira, Marcos, nuestra sociedad ya no es cristiana y difícilmente vamos a volver a lo que un día fuimos, eso es una pena pero hay que admitirlo. 
Enfrentarnos siempre de mal humor a la imparable ola de la increencia puede ser una estrategia, pero para mí nada útil porque los cristianos vamos a ser cada vez menos y nuestra voz cada vez más débil. 
¡Pero nadie podrá con nuestra histórica habilidad para cristianizarlo todo! 
La propia Navidad es la cristianización de la fiesta romana del sol invicto, que se celebraba el 25 de diciembre. Para nosotros nace “el Sol que nace de lo alto” del que habla Zacarías en el Evangelio de San Lucas. 
Nosotros la aprovechamos para colocar ahí la fiesta del nacimiento de nuestro Dios. ¿Y qué pasa? ¿Quién ganó? 
¿Por qué no seguimos hoy cristianizando los símbolos que utiliza la cultura dominante en nuestros días? 
Como no tiene fondo, olvidarán lo que significa, pero si le damos nosotros contenido se pueden convertir en símbolos poderosos, como pasó con el árbol. 
Mira, por ejemplo, ese reno que acabamos de ver junto a la fuente, en la rotonda. Yo, qué queréis que os diga, pero veo más bien un ciervo. 
Y podemos entenderlo como la cierva del salmo 42. Búscalo en Google, Marcos. 
–Jajaja es verdad. Pega un montón, porque la figura estaba al lado de una fuente y el salmo dice: “Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?” 
–¿Habéis visto? Así iban los pastores a ver a Jesús cuando les anunció el ángel que había nacido el niño. Corriendo, como alguien que va sediento, necesitado del agua viva. 
–Esa ha sido buena –gruñó Germán–, pero a ver qué tiene que ver con la Navidad, esta luz –dijo señalando a una farola con un copo de nieve–. Esa luz es para celebrar las fiestas de invierno, no la Navidad.

–¡Nada de eso! La nieve es símbolo de la bendición de Dios en la Biblia. Hay otro salmo que habla de que Dios nos envía la nieve… 
–Espera, que lo busco –corrió a decir Marcos, móvil en mano–. Sí, es el salmo 147 que dice: “Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz; manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza”. 
–Ahí lo tienes, los copitos, los muñecos de nieve que adornan nuestras calles nos hablan también de que el Señor va a enviar su palabra a la tierra, esparciéndola para que llegue a todos. 
Es el Verbo que se va a hacer carne y va a habitar entre nosotros. ¡Otro símbolo navideño! 
Y la blancura de la nieve nos habla también del cielo, porque los vestidos de Jesús en la transfiguración, dice el Evangelio, que eran “blancos como la nieve”. 
–Jajaja, papá, no vas a poder con mamá, te está troleando bien, bromeó Marcos 
–Seguro que con este no puede. Mira ese –sobre la carretera, un luminoso dibujaba unas figuras de regalos–. Esto no es Navidad, es comercio.

–Pues fíjate que sí que es Navidad. Porque el niño Jesús es el gran regalo de Dios a la humanidad. ¿Y qué trajeron los Reyes Magos al niño? Pues regalos de oro, incienso y mirra. 
De ahí deriva la costumbre de hacernos regalos, es una tradición profundamente cristiana, si no se cae en el consumismo. 
–Mira tú por dónde en este sí se dice Feliz Navidad –continuó el marido al pasar cerca de otro luminoso– pero lo de las botas… eso no cuela.

–Pues no te lo vas a creer, pero sí que es un símbolo cristiano. La historia es de San Nicolás, un obispo de la actual Turquía que luego dio origen a la figura de Papá Noel. 
–Este hombre bueno quiso ayudar a tres hermanas que estaban en un gran peligro por lo que necesitaban dinero urgentemente. 
Para conservar su anonimato (pues ayudaba a mucha gente sin que su mano izquierda supiera lo que hacía la derecha con el dinero que había heredado de sus padres) les echó tres bolsas con monedas por la chimenea 
Que cayeron en tres medias o calcetines o botas (según la tradición) que estaban allí secándose al calor del fuego. 
De ahí la costumbre en algunos lugares de poner los zapatos o los calcetines para recibir los regalos navideños. 
San Nicolás nos habla de algo tan navideño como es ayudar al necesitado y dar sin esperar nada a cambio. 
–Contigo no hay quien pueda ¿verdad? –se rindió Germán mientras aparcaba junto a la casa de sus suegros donde había una estrella luminosa averiada en la que solo se encendía una pequeña luz parpadeante–. 
–No es conmigo, Germán, es con la Navidad contra la que nadie puede. Porque, por mucho que se empeñen en descristianizarla, por mucho que le añadan o le quiten cosas a los símbolos externos, para los cristianos seguirá siendo única. 
Mira, con que una sola luz, como esa pobre de ahí, siga brillando, para mí seguirá hablándonos de la Navidad. 
Porque la Navidad es, sobre todo, luz en la oscuridad. Como dice el profeta Isaías, es que «una gran luz» brilla sobre «un pueblo que caminaba entre tinieblas». 
Después de todo este rollo, Marcos, espero que hayas entendido, que los símbolos externos son importantes, pues nos ayudan a vivir la fiesta. 
Pero que esta fiesta es principalmente interior. 
Y que mientras brille una tenue luz en tu corazón de creyente, Cristo será capaz de alumbrar al mundo entero. 
–Jo, mamá, gracias. ¡Y Feliz Navidad! #FindelHilo