#HilodelaMano

Una mano separada del cuerpo que tiene vida propia… ¿Sabes que «Cosa» o «Dedos», el personaje de La Familia Addams, tiene un origen bíblico y una enseñanza muy acorde a esta vigilia de Todos los Santos? Te lo cuento en este #HilodeLaMano#TodosLosSantos

Supongo que ya conocerás a «Thing», que así se llama el personaje en la divertida serie de televisión y posteriores películas de la Addams Family. 
Es una simpática mano que está al servicio de los habitantes de la mansión encantada. 

Aunque no tiene ojos, ni oídos, está siempre pendiente de las necesidades de los miembros de la monstruosa familia. Es un sirviente de lo más atento.  

Como sabes, la Familia Addams es una parodia del cine clásico de terror y sus personajes son vampiros, monstruos de Frankenstein, brujas y jorobados. Personajes tipo tomados de aquí y allá y reunidos en una comedia gótica. 

Tampoco la palma de la mano autónoma es original, sino que podemos encontrarla nada más y nada menos que en la Biblia. Concretamente en el libro de Daniel.

El capítulo 5 de este libro del Antiguo Testamento narra la historia de un sacrilegio cometido por el rey babilonio Baltasar (no confundir con el mago de la tradición católica). Aunque yo te lo resumo ahora, el pasaje completo lo puedes consultar aquí,

El monarca usó los vasos sagrados destinados al culto del pueblo de Israel para emborracharse y adorar a sus dioses paganos. 

Y cuenta la Biblia que, en medio de esta bacanal, apareció una mano humana que se puso a escribir unas misteriosas palabras en la pared. Hay un famoso cuadro de Rembrandt que recoge el momento.

Finalmente, la reina le recomendó llamar a Daniel, un judío deportado en el país que ya había interpretado anteriormente visiones a su padre, el rey Nabucodonosor. 

Y Daniel le dio la explicación: La escritura trazada por la mano refleja tres palabras arameas: Mené, Mené, Teqel y Parsín. 
Mené significa: «Dios ha medido tu reino y le ha puesto fin». 
Tequel: «has sido pesado en la balanza y encontrado falto de peso». 
Y Parsín: «tu reino ha sido dividido y entregado a los medos y los persas». 
Tras la explicación, Baltasar mandó premiar a Daniel y, esa misma noche, el rey fue asesinado cumpliéndose así los negros augurios de la profecía manual. 

Como verás, el pasaje no tiene nada que envidiar a uno de esos relatos de Edgar Allan Poe tan propios para noches como esta. 
Pero la Palabra de Dios no es un cuento para pasar miedo, sino un mensaje de amor vivo y eficaz. 

¿Qué aprendemos de este pasaje? Pues que por mucho que se engría el ser humano, ante Dios somos insignificantes. 
Y que tantas veces nos distraemos con las cosas pasajeras de este mundo convirtiéndolas en diosecillos a los que adorar por que nos prometen una felicidad efímera, olvidando que Dios es el único capaz de llevarnos a la felicidad plena y permanente. 
Dios nos tiene medidos y pesados a cada uno y es por su misericordia que cada día abramos los ojos, respiremos y tengamos vida. 
La soberbia nos lleva al infierno, no porque Dios nos condene, sino porque nosotros renunciamos con ella a unirnos con Él, que es la fuente y la cumbre de nuestra felicidad. 
El hombre y la mujer necesitan de Dios a cada instante y es su Providencia la que los sostiene. 
El discípulo de Cristo es el que se hace como un niño, en el sentido de que se siente pequeño y necesitado de ayuda. 
El cristiano siempre pide a Dios que le «eche una mano» y es que la mano es el símbolo de la ayuda, de la protección. 
Hay muchas representaciones de la mano de Dios. 
Y no, no me refiero a esta famosa “mano de Dios”

Me refiero, por ejemplo, a esta de la Iglesia de San Clemente de Tahull

O a esta que aparece en la parte superior del famoso Cristo de San Damián o de San Francisco.

En esta fiesta de Todos los Santos hemos de pedir que Él nos ayude a serlo, que Él no aparte su mano providente de nuestra cabeza porque sin Él no podemos nada. 
Frente al infierno de nosotros mismos, el cielo del amor de Dios que es gratuito, que no necesita esfuerzo por nuestra parte pues es Él mismo Quien se ofrece. 
Y nos promete vivir con Él para siempre. 

Por cierto, que es ese mismo libro de Daniel el que recoge la primera alusión a la resurrección de la carne que encontramos en toda la Biblia. 
En el capítulo 12 se lee: «En aquel tiempo se salvará tu pueblo: todos los que se encuentren inscritos en el Libro. Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno» 

Era un concepto nuevo, pues los judíos no creían aún en la vida después de la muerte. 
No tenían el concepto de cuerpo y alma como nosotros por influencia griega. Así pues, con la muerte acababa todo. 
Así que este libro de Daniel que hoy nos ocupa nos lleva también de lleno a estas fiesta cristiana de Todos los Santos y seguidamente, la de Todos los fieles difuntos. 
Hoy la mano de Dios escribe para nosotros: Mené, Mené, Teqel y Parsín. 

¿Sabremos interpretar esta llamada a la conversión que es la muerte o seguiremos instalados en nuestro orgullo y en nuestra soberbia? 
¡Ánimo!, Dios pone su mano a nuestro servicio para ayudarnos a salir del infierno de nuestro individualismo, de nuestro yo. ¡El nos quiere santos! ¿OK? #FindelHilo