#HilodelaVirgenMaría

Algunos le gritan ¡guapa!, otros la distinguen con el tratamiento de Señora o le añaden el de Santísima. En esta fiesta de la Asunción, el conocido como “Día de la Virgen”, las mil y una formas de dirigirnos a María #HilodelaVirgenMaría

A los no creyentes les llama la atención y es una de las preguntas típicas de los niños de catequesis: con tantas vírgenes con nombres y rostros distintos ¿cuántas existieron en realidad? 
Lo cierto es que la María histórica es solo una. Natural de Nazaret, vivió terrenalmente en el cambio del siglo I a.C. al I d.C.; pero a esta misma mujer la llamamos y la representamos de miles de formas distintas. 
Son las llamadas advocaciones marianas, las distintas maneras que tenemos de representarla, de llamarla, de pedir su protección. 
La raíz de la palabra advocación, de hecho, se encuentra en el verbo latino advocare, que significa dar asistencia legal, de donde viene el término español abogado (advocatus), que es quien defiende a una persona. 
En la conocida oración de la Salve, llamamos a María directamente «abogada nuestra» aunque, como decimos, hay innumerables formas de pedirle ayuda. 
Pero, si rezamos a María, ¿no estamos en cierto modo comparándola con Dios? ¿no estamos tratando como a una diosa a quien, a pesar de sus privilegios, no es más que una mujer? 


El Catecismo nos aclara que «Jesús, el único Mediador, es el Camino de nuestra oración»; mientras que «María, su Madre y nuestra Madre es pura transparencia de Él: María “muestra el Camino” [Odighitria], es su Signo, según la iconografía tradicional de Oriente y Occidente». 
Se refiere a un tipo de iconos de la Virgen en los que María nos señala con su mano el camino, que no es otro que a su Hijo. La Virgen de Czestochowa, por ejemplo, de la que era tan devoto San Juan Pablo II, es un icono del modelo denominado Odighitria.

La devoción a María solo tiene sentido en su Hijo. Ella únicamente nos muestra el Camino. La tradición católica lo ha resumido en la expresión “A Jesús, por María”. 

En esta fiesta de la Asunción celebramos, precisamente esa “transparencia” de María con su Hijo. 
La «llena de gracia» no podía más que seguir los pasos de su Hijo que, tras su resurrección, ascendió a los cielos. Por eso creemos que ella también está ya en cuerpo y alma junto a Él. 
Y de ahí que nos dirijamos a ella de forma especial implorando su intercesión. 
Rezándole a María no estamos más que siguiendo los pasos de su propio Hijo que fue, de hecho, el inventor de las peticiones a la Virgen. 


¿Quién si no su Hijo fue el primero en pedirle y en decirle cosas bonitas? 
“Mamá, pan”; “Mamá, agua”; “Mamá, pupa”; “Mamá, ven que tengo miedo”; “Mamá guapa”; “Mamá, te quiero”…

Al pie de la cruz, Jesús encargó a María ser la madre de su discípulo amado y, con él representando a toda la Iglesia, los cristianos acogemos a María también como nuestra madre. 
Jesús nos la entregó: “ahí tienes a tu madre”, y por eso podemos, con Él, decirle mamá y pedirle, con Él, por nuestras necesidades y miedos. 
En la Asunción celebramos que ella vive por siempre, y que vive en cuerpo y alma. Y es que ella es 100% humana, en todo igual a nosotros, excepto en el pecado. 
Por eso hay tantas formas de representar a María, pues la adoptamos como madre según la estética o sensibilidad de cada pueblo y de cada momento histórico. 
Y por eso podemos llamar a María de tantas maneras como circunstancias humanas se nos ocurran. 
Invocamos a María con los nombres de los lugares donde se la venera: Guadalupe, Fátima, Lourdes, Carmen (Monte Carmelo)… 
También con los de los sentimientos humanos por los que atravesamos: Virgen de la Alegría, de los Dolores, de la Amargura, de la Dulce Espera… 
Muchos nombres de la Virgen tienen su origen en misterios de fe como es el caso del de la Asunción, de la Natividad, de la Anunciación, de la Encarnación… 
Otras veces, los nombres provienen de virtudes o atributos de María: Virgen del Socorro, de los Remedios, Desatanudos, de la Piedad, Auxiliadora, Madre de Dios… 
o de distintos elementos naturales: del Mar, de la Montaña, del Río, de la Fuente, de la Peña, de las Nieves, de la Cueva… 


Una clasificación exhaustiva de todas las advocaciones es imposible de realizar porque la creatividad de los creyentes no tiene límites, 
pero en este día de la Virgen, donde miles y miles de pueblos en todo el mundo celebran sus fiestas patronales, podemos tratar de hacer un homenaje a nuestra madre recopilando cuantas más mejor. ¿Os parece? 
Se trataría de responder a este tuit con el nombre de la advocación mariana de nuestro pueblo o a la que le tenemos más devoción y, si es posible, una fotografía y una breve explicación para que todos la conozcamos. A ver cuántas somos capaces de reunir. Empiezo yo: 
Santa María de la Victoria, patrona de mi diócesis. Una imagen traída por los Reyes Católicos en el siglo XV y venerada desde entonces por mis paisanos de Málaga. RUEGA POR NOSOTROS

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