#HilodelaSagradaFamilia

(El hilo original publicado en twitter está en este enlace)

El Evangelio de este domingo me va a servir para bajar a los bajos fondos y hablaros de algo de lo que nunca he oído hablar a nadie: de «los pecados de la Sagrada Familia». A partir de hoy, olvidarás esta imagen idílica de ellos. #HilodelaSagradaFamilia

La gente de su pueblo no creía a Jesús. Decían «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?» Siempre me ha chocado esta respuesta del pueblo de Nazaret porque si la Sagrada Familia fuera tal y como nos la han pintado siempre en las estampitas, lo normal es que la gente pensara que Jesús era un profeta desde chico. Esa familia que parece hablar casi en verso, que flota en vez de caminar, siempre amables, complacientes, ese niño que habla con los pajaritos… 

Son, claro, imágenes idealizadas de la santidad: la aureola, los gestos, las flores, las palomas… quieren expresar realidades sobrenaturales, pero no físicas. Pero para una generación como la nuestra, que ha crecido viendo fotografías de su familia que recogen solo la realidad natural y nada de realidad sobrenatural, las imágenes piadosas distorsionan lo que debemos aprender de Jesús, María y José. 

Y es que a veces confundimos “no pecar” con “ser buena persona”. En cierto modo, hay correspondencia, pero no siempre. Porque una cosa es ser buena persona y otra cosa es que una persona sea buena. Me explico: Por “buenas personas” entendemos personas que caen bien a todos, porque son generosos, atentos, amables… Hacen sentir bien a quienes les rodean y eso es valorado por todos. Una persona buena es la que busca siempre el bien, y eso, a veces, conlleva enfrentarse con el otro, no aprobar ciertas actitudes, poner en la verdad a quien se equivoca… 

Esta diferencia la vemos muchas veces en el noticiario cuando entrevistan a los vecinos de un asesino o de un estafador. Suelen decir: “No podemos creernos que haya hecho eso. Es un vecino ejemplar, siempre atento, buena persona…”. ¿A que lo has oído? 

El malvado sabe camuflarse, sabe complacer a quienes tiene alrededor para ganar sus simpatías y poder seguir haciendo el mal. De hecho, no le importa nada la gente y su amabilidad es un medio para alcanzar sus metas egoístas. 

En política saben esto también 😉 

Una persona buena no busca tanto quedar bien como hacer el bien, aunque los efectos de ese bien no sean inmediatos y llamativos, a veces tardan años en descubrirse. ¿O nunca has pensado eso de «¡Cuánta razón tenían mis padres cuando me decían aquello…!?» Y “aquello” era algo que a nosotros no nos gustaba nada, pero que nuestros padres sabían que era un bien. 

No les importaba que pensáramos mal de ellos, perder nuestro afecto, porque ellos buscaban nuestro bien. Eran “personas buenas” para nosotros. Quiero decir que el hecho de que Jesús y María estuvieran libres de pecado, no significa que, como personas fueran bien consideradas a su alrededor, idílicas, como en las estampas… De hecho, Jesús se ganó el odio de los judíos precisamente por ser una persona buena, es más, por ser la persona más buena de la historia. Y por lo tanto es normal que sus paisanos no creyeran su predicación porque, probablemente, a muchos de ellos no les cayera bien. Quizá (aventuro) algún vecino que le encargó un trabajo a San José le pidió factura sin IVA y este se negó; o alguna vecina de María empezó a malmeter contra otra y la Virgen la rechazó; o algún niño no aceptó que Jesús no quisiera ser cómplice de un robo… 

No sé, se me ocurren mil situaciones en las que los demás te piden hacer el mal para complacerles y hay que enfrentarse para no caer detrás. Y hablamos de que Jesús y María no tenían pecados, pero el bueno de San José, siendo un privilegiado por la gracia de Dios, no estaba libre y caería, como todos caemos, en los siete pecados capitales. En el Evangelio, los vecinos también sacan a relucir a los “hermanos” y “hermanas” (la Sagrada Familia extensa: tíos, primos…) y ahí, también habría de todo claro…

Y se escandalizan. No pueden entender que Dios se haya hecho hombre, pero hombre normal, no hombre con aureola. Hombre que tiene que levantarse con el sol para ganar el pan con el sudor de su frente, hombre que tiene que huir cuando los soldados de Herodes vienen a por él, hombre que no siempre es simpático, hombre que tiene necesidades fisiológicas… ¡Es un escándalo!

 

Hoy pasa igual con el mensaje que porta la Iglesia. La Iglesia no siempre es simpática. A veces, buscando el bien de la persona, no su reconocimiento, tiene que ser antipática. Y cae mal a unos y otros por su moral sexual, por su moral pro-vida, por su moral económica, por su moral ecológica, por su moral social con especial acento en las migraciones… 

¡Y encima los pecados de la familia! Que si abusos sexuales, que si corrupción, que si luchas de poder… Horroroso. Como a los de Nazaret, a la gente de hoy también le cuesta separar los pecados de “algunos” de la familia de los de toda la familia. Seguro que Jesús no tenía que ver con los pecados, quizá públicos, de sus primos y primas, pero son las consecuencias de la encarnación. Ser hombre es ser parte de una familia donde hay de todo. ¿No es maravilloso? 

La santidad de estampita es una aberración. La santidad se vive en el día a día, está mezclada con el pecado, los santos están lleno de barro, crecen como espigas entre cizaña. Y ahí viene San Pablo, también hoy, a hablarnos de la gracia que reciben los santos en medio de su debilidad. «Por eso –dice– muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo».

¿Que la Iglesia es pecadora? Bendito sea Dios, porque eso nos hace ser conscientes de la necesidad de estar cerca de nuestros hermanos pecadores (yo el primero) y con la vista puesta en quien nos da la gracia para salir de ahí. ¿Que no cae bien? Lástima para quien se escandalice, porque en ellos (como en los de Nazaret) no se podrán hacer los milagros que sí se hacen en quien cree la Palabra a pesar de las apariencias. ¿Que la Sagrada Familia (excepciones teológicas aparte) tenía pecados y no levitaba continuamente? Así es, porque eso es ser humano: ser débil, necesitado de Dios. Porque es ahí, en esa realidad cotidiana sin aureola, como la tuya, donde se hace presente la fuerza de Cristo. Porque cuando se es débil es cuando, con San Pablo, entonces se es fuerte. #FindelHilo

3 respuestas a «#HilodelaSagradaFamilia»

  1. Excelente reflexión, y muy buena apreciación de lo que en realidad es la Sagrada Familia, y como debemos diferenciar lo que es una buena persona de lo que es una persona buena, me gustó mucho el escrito y su contenido

  2. No veo porqué utilizar la estampita que si está bendita sería un Sacramental. Bastaba con explicar que se trata de un familia completamente entregada a Dios, padresve hijo. Que abarca más, si, tiene razón. Pero repito que no me parece utilizar la estampita, que para muchos por su fe, sienten protección a través de ella.

    1. Querida Ada. No era mi intención ofender ni faltar al respeto, solo llamar la atención sobre la forma en que comunicamos la fe en el siglo XXI. La imagen es preciosa en su contexto.

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