#HilodelaPresentación

–¡Tengo que lograr escapar! ¡Este no es mi sitio! ¡Tengo que entregar mi mensaje! –arrullaba nervioso en uno de los jaulones apilados en los aledaños del templo un joven palomo torcaz–
–¡He de llegar a mi destino! –seguía diciendo, mientras buscaba entre los finos barrotes, a izquierda y derecha, arriba y abajo, un lugar por el que poder salir volando–.
–¡Te quieres callar pichón! ¿No ves que nos estás poniendo nerviosos a todos –le contesta una vieja paloma, desde el jaulón contiguo–
–¡Eso eso! ¡Cállate un poco! –apoyaron varias de ellas–.
–¡No lo entendéis! Yo no soy un palomo normal, yo no he sido criado para los sacrificios en el templo. Yo soy un palomo mensajero y tengo que entregar el mensaje a mi dueño. Es urgente.
–¡Hemos dicho que te calles! –Gritaron desde todas las jaulas–.
–Haya paz, haya paz –calma una paloma blanca–. Ya sabemos, amigo, que a ti te crio y te entrenó un mago muy sabio de Persia…
Sabemos que él te había entregado hace varios meses a un pastor que había ido por aquel país y que te trajo hasta Jerusalén para que tú, llegado el momento, volaras de vuelta a casa de tu amo con el mensaje en tu pata de la mayor noticia jamás contada.
–¡Pero me han cazado por error! –replicó el palomo–.
–Siii. También sabemos que habías parado en la fuente a beber agua antes de meterte en el desierto y, en esas, ¡zas!, te cazó un chiquillo que luego te vendió por una moneda al comerciante de palomas…
Pero lo que queremos decirte es que, por más que grites, no vas a conseguir nada. Nada que no sea hacernos la vida imposible a las demás.
–¡Dejadla que se queje! –interrumpió una tórtola con una mancha marrón en las plumas de la cabeza con forma de capucha desde uno de los cajones superiores–.
Tiene derecho a querer cumplir su misión. Nosotras hemos nacido para esto, para dar nuestra vida en rescate por los pecados de los hombres, y a eso nos dedicamos. Pero ella…
–Tiene razón –continuó otra tórtola que tenía la misma mancha marrón–…
Nosotras no hemos seguido la costumbre de nuestras hermanas y no nos hemos emparejado (las tórtolas son el símbolo de la fidelidad en muchas culturas porque se unen a una pareja para toda la vida y no cambian ni aun tras la muerte de la compañera).
Nacimos para dar la vida por otros. Y a obedecer a este mandato dedicamos todas nuestras energías. No tenemos nada nuestro, ni nuestra propia vida. Este palomo nos necesita ahora. Allá vosotras si no la ayudáis.
–¡Haced lo que queráis con tal de que se calle de una vez! –contestaron las palomas en coro–
En eso, una joven pareja con un niño en brazos se paró ante el puesto del vendedor de aves y le pidió dos de las más baratas.
El comerciante sacó entonces de la jaula las dos tórtolas de la capucha marrón que, al unísono, picotearon con todas sus fuerzas las manos que las sostenían hasta lograr que las soltasen, yéndose a posar sobre el jaulón del palomo mensajero.
–¡Malditas tórtolas! –gritó el vendedor– mientras, de un salto, se abalanzó sobre ellas.
Logró atraparlas, pero tirando el jaulón al suelo y rompiéndolo en mil pedazos, momento que el palomo aprovechó para salir volando hasta el alero del templo.
Desde allí arriba pudo contemplar el final de la escena. El comerciante entregó las dos tórtolas a la familia, que entró en el templo.
Inmediatamente se les acercó un anciano que tomó al niño en brazos y se puso a bendecir a Dios diciendo: «¡Ahora Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz!»…
Aquellas palabras le recordaron la urgencia de entregar el mensaje que llevaba en su pata e inició su vuelo mientras veía cómo otra anciana, llena de alegría, se acercaba a contemplar al niño.
Durante los quince días que duró la travesía, el palomo no pudo dejar de pensar en las dos tórtolas, y en el sacrificio que hicieron por él y por aquella familia.
Pudiendo haberse escapado, prefirieron dejarse atrapar para salvarlo a él y para ofrecerse como víctimas en rescate por ellos.
En cuanto aterrizó en el palomar, el criado que lo atendía salió corriendo a buscar al señor de la casa y darle la noticia.
A pesar de los miles de kilómetros recorridos, nuestro intrépido palomo seguía en alerta. Prefería esperar a entregar su preciado mensaje antes de retirarse a descansar, pero enseguida llegó el dueño.
–¿Dónde estás palomo mío, mi más valiente guerrero? ¡Yo sabía que volverías pronto, que no me ibas a fallar! –lo halagaba, pletórico, mientras lo mecía con cariño pegándolo a su mejilla–. ¿A ver qué me has traído?
Con mucho cuidado, tomó el pequeño trozo de pergamino que venía liado a la pata del palomo, lo desenrolló y lo leyó con avidez:
«Querido Baltasar: Vuestra predicción tras ver la estrella es correcta. Los pastores confirman que ha nacido el Rey que esperaba el pueblo de Israel. Emprended el viaje previsto». #FindelHilo
P.D.: Dedicado a todos los consagrados que dedican su vida a liberar a los hombres y mujeres de las esclavitudes de hoy. Como las dos tórtolas, siguen ofreciendo su vida por Cristo, viviendo en castidad, obediencia y pobreza, y ayudando de forma anónima a llevar el mensaje de salvación a la humanidad entera.

2 respuestas a «#HilodelaPresentación»

  1. Lo mejor no es contar las historias, lo mejor es que al contarlas llegan al corazón y esa ingeniosa y clara manera de contarlas hace que el mensaje llegue a más gente, que el Señor tiene infinitas maneras de ponerse en contacto con nosotros y eligió a Antonio para volver a decirnos ¡ hola sigo aquí!.
    Gracias maestro por ser ese nexo tan maravilloso.
    Amo los hilos, Amo al Señor!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *